sábado, 9 de abril de 2022

AL-MOUNIA: Lo dulce y salado se entienden muy bien

AL-MOUNIA, a 9 de abril de 2022, en la calle Recoletos n.º 5 de Madrid, entre la plaza de Cibeles y la de Colón; se trata de una de esas calles que tiene Madrid con una gran oferta gastronómica por metro cuadrado. 

Esta semana que empieza el ramadán y que el presidente del gobierno español le ha hecho una visita al rey de Marruecos, parece un buen momento para visitar un restaurante en el que sirvan platos de la gastronomía marroquí. 

Al-Mounia, a la entrada del restaurante

Al-Mounia es un referente en Madrid, tanto por su cocina como por su oferta cultural y artística. Es un local en el que puedes sentir a Marruecos en toda su amplitud. La cocina marroquí es muy rica y variada, ya que en ella se mezclan las diversas culturas con las que la zona del norte de África se ha relacionado a lo largo de los siglos, la bereber, la árabe y la mediterránea, sobre todo. 

 El local fue inaugurado en 1966 y está decorado por manos artesanales de Marruecos, para dar brillo a la estancia, una decoración que parece que te remite a la Alhambra, con esos dibujos geométricos y arabescos en paredes y techos. 

Interior de Al-Mounia


Al Mounia es un local para disfrutar de la buena comida al mismo tiempo que se admira esa decoración en paredes, techos, mesas e incluso tapizados. Aunque eso sí, la mesa, muy al estilo marroquí, demasiado baja para mi gusto, de tal forma que se puede clavar la madera en las piernas, y con ese reborde que la hace un tanto incómoda. El local lleno, lo que es buena señal. El servicio atento y detallista; incluso tienen guardarropa. Como curiosidad, algunos camareros van vestidos con una chaquetilla roja y un sombrerito de fieltro del mismo color o también llamado fez, con su borla negra. 

La mesa en al-Mounia


En Al-Mounia podemos degustar los platos más típicos de la cocina marroquí, como el cous-cous o sémola cocida al vapor que acompaña a distintas carnes o pescados, la pastela ese pastel dulce y salado de masa de hojaldre y aroma de canela, mechoui o cordero entero asado a la brasa. 

En los últimos meses es difícil obtener una carta con los distintos platos que se ofrecen en papel, ahora tienes que descargar la carta por internet, a través de la aplicación Lens, y en verdad que a mí me resulta difícil decidir un menú con ese sistema; prefiero leer en papel los platos que se ofertan, porque me resulta más cómodo, aunque me creo que ese tiempo ya pasó. Así que, después de mucho mirar y dudar, nos decidimos por pedir un menú degustación a compartir y otro plato de brochetas con arroz. 

El bonito plato en el que hemos comido


Mientras nos decidimos con lo que nos apetece comer en el día de hoy, nos sirven un pequeño aperitivo con unas albóndigas de carne de ternera con salsa de tomate y uno rollitos de hojaldre rellenos de pollo. Buen empiece.

Aperitivo de albóndigas y rollitos de pollo


El menú degustación tiene todo lo más básico de la cocina marroquí y empezamos por una selección de cuatro entrantes servidos en unos cuencos pequeños: un delicioso humus suave y cremoso aderezado de piñones y aceite de oliva; tabulé o ensalada de tomate, cebolla, perejil y trigo acompañado de limón y aceite de oliva, todo cortado en pequeñísimos dados; zelouk o ensalada de berenjena asada y chekchouka o pisto con su tomate y pimiento. Con estos platos no puede faltar en la mesa el pan de pita para poder empujar o para envolver tan mágicos entrantes. 

Humos, zelouk, chekchouka y tabulé


El siguiente plato que nos sirven del menú degustación es la sabrosísima pastela, ese pastel  de hojaldre relleno de carne de pollo y frutos secos, y por encima, espolvoreada de azúcar glas y canela, típico de la cocina marroquí, pero que, en este caso, en vez de tener forma de tarta, nos lo sirven como un rollito. Es del todo impresionante y sublime esa mezcla de sabores, el azúcar dulce junto con la aromática canela y el salado del interior. Además, en el mismo palto, uno rollo alargado de pollo y otro pastelito de hojaldre de forma triangular relleno de verduras. Y acompañado de una suave salsa de tomate para poder mojar tan ricos pastelillos. 

Pastela, rollito de pollo y triángulo de verduras


En el menú degustación de la cocina marroquí no puede faltar el cous-cous, esa sémóla de trigo cocida al vapor, que viene acompañada de tiernísimos garbanzos, una brocheta de carne de ternera, y acompañado de zanahoria, cebolla caramelizada, lo que parecen hojas de repollo, y todo ello aderezado con dulces pasas, que nos envuelve, una vez más, en ese sabor dulce y salado al mismo tiempo tan espectacular. 

Cous-cous con brocheta de ternera


Para terminar con el menú degustación, un tajín de cordero y almendras, o lo que es lo mismo, una tierna paletilla de cordero, con la salsa de hornear el propio animal a la que se le ha añadido sésamo, y aderezado con almendras y ciruela negra. Otra vez esa mezcla de dulce y salado que emociona. 

Tajín de cordero y almendras


El menú degustación era para una persona, así que, para completar el menú hemos pedido unas brochetas de cordero, servidas en la mesa en su pincho pero que el camarero gentilmente nos ha desprendido la carne del hierro y puesto sobre el plato para poder saborearlas mejor, acompañadas de un sabroso y aromático arroz basmati al azafrán con cebolla caramelizada y pasas. De nuevo cruce de sabores dulce y salado. 



Hay que hacer notar que para mi sorpresa, todos los platos que nos han servido son suaves y delicados, sin ese toque de comida especiada, o picante y llena de hierbas aromáticas, que pensaba tenía la comida marroquí. En definitiva, comida con todo su sabor y sin artificios. 

Aunque la comida ha sido abundante, nos queda sitio para el postre y con el menú degustación nos sirven un pastel de almendras con chocolate blanco y un delicado te moruno, que es una buena forma de terminar una comida. A parte, el camarero nos sorprende cuando nos trae una bandeja llena de dulces; de chocolate, de frutos secos, baklava pestiños,… unos ocho pasteles de distintas clases, pero… sólo se puede escoger uno. Nos decidimos por el de chocolate negro, que es un pastelillo de lo que parece almendra y miel cubierto de chocolate, y por encima, un pedazo de nuez. Difícil elección, pero el resultado ha sido delicioso. 

Pasteles de chocolate blanco y negro

De toda la experiencia del día de hoy, me quedo con el cous-cous, la pastela y esa decoración del local tan suntuosa. Lo peor, la incómoda mesa, pero se perdona por la grata experiencia del día.


Tetera y te moruno


Para terminar el relato y para las curiosas de la señalización de los aseos, nada que objetar, muy adecuado al local en el que hemos disfrutado de tan grata experiencia.





martes, 22 de marzo de 2022

BEL MONDO: Italia en Madrid

 BEL MONDO, a 22 de marzo de 2022, en la calla Velázquez n.º 39 de Madrid, en pleno barrio de Salamanca.

Este mes nos permitimos el lujo de disfrutar de nuestra experiencia culinaria en un día de diario, así comprobaremos la diferencia que hay entre salir a comer un martes con un sábado. Y la diferencia notable que encuentro es que generalmente, hacemos la reserva sobre las dos de la tarde; en el día de hoy la tenemos a las 14,15 horas y cuando hemos entrado estaba el local lleno hasta la bandera y eso que el local es bastante grande. Problema, que está situado en un primer piso y no hay ascensor, o por lo menos yo no lo he visto, para posibilitar el acceso para las personas con algún problema de movilidad.

Logotipo de Bel Mondo

Nos encontramos con un restaurante de típica comida italiana, la tradicional de toda la vida; ya hacía tiempo que no saboreábamos pasta, pizzas o mozzarrellas.

Podemos probar esas pizzas que han fermentado durante 36 horas y se hornean a 420 grados en horno de leña durante 90 segundos, esa pasta hecha a mano todos los días, puerros asados, pescados del Mediterráneo, helados caseros y el buenísimo tiramisú.

Decoración en el rellano de la escalera

En la entrada, en la calle, dos chicas nos preguntan que si tenemos reserva y ya nos dicen que tenemos la mesa 76. Subimos al primer piso y mientras nos sentamos contemplamos el salón lleno de gente, a los camareros yendo de acá para allá ataviados con sus vaqueros y sus coloridas camisas de fondo de color gris con toques rosas y rojos, cortinas con flores, paredes llenas a rebosar con discos de vinilo, otras paredes llenas de libros y otra más con cintas de vídeo. Paredes en tonos pastel, sillones de color naranja; todo muy colorido y alegre.

Interior de Bel Mondo
Nos colocan a la entrada del salón y vemos pasar a parte del pijerío de Madrid y alrededores. Casi todos gente joven y guapa, así como los camareros, jóvenes y guapos. Debe ser porque casi todos son italianos, según nos han contado.

Mesas con manteles y servilletas de tela, sobre la mesa un salero de loza de colores, una aceitera con un aceite verde muy sabroso, y una botella de agua con forma de pez, platos con dibujos muy simpáticos y coloridos. Muy interesante.

Simpático plato de Bel Mondo

Como siempre, nos preguntan que si queremos alguna bebida; pedimos cerveza y vermut rojo, este vermut con demasiado hielo y poco licor, y también nos preguntan que si queremos unas aceitunas y pan, a lo que contestamos afirmativamente. Ha sido un detalle, porque en otros sitios te lo ponen sobre la mesa, te lo cobran sin preguntar si lo quieres, pero aquí sí que preguntan; es un dato a tener en cuenta.

Sobre un platito pequeño unas aceitunas aliñadas con especias y que no resultan nada avinagradas por lo que han sido muy agradables de comer. Y esa fuente con pan blanco, pan con cereales y focaccia, ese pan plano con especias.


El plato de aceitunas aliñadas y el pan

A Bel Mondo hemos venido a probar la Pizza The Royals, que es una pizza de pasta fina con los bordes más gruesos, con tomate natural de San Marzano, diría que de sabor suave pero de notable presencia, con pequeños trozos de mozzarella de búfala, prosciutto crudo (ese jamón transalpino), pequeñas olivas taggiasche verdes y negras de Liguria y grandes hojas de albahaca. Todo una sorpresa de pizza, nada que ver con las de Ginos, por ejemplo, porque la que ofrece Bel Mondo tiene la masa suave y blanda, ese borde que es más grueso, incluso parece pan, y se saborea intensamente ese tomate.

Pizza The Royals con los bordes más gruesos

El otro plato estrella de Bel Mondo, y que tenemos que probar sí o sí, son los spaguettis carbonara servidos en una rueda de queso pecorino, plato que en Bel Mondo llaman Carbomamma. Ante nosotros aparece el camarero con un queso pecorino vaciado (del tamaño de un queso manchego) y moviendo unos spaguettis frescos con crema carbonara a base de yema de huevo y ese queso pecorino que se va deshaciendo con el calor de la pasta caliente, acompañado de unos láminas de guanciale tostado (carne de cerdo de la Toscana parecido a nuestro bacon) y ligerísimo toque de pimienta, sin albahaca, sin orégano, pero eso sí, siempre al dente. Presentación espectacular y sabor insuperable.

Carbomamma
Nos queda sitio para el postre y en un italiano no puede faltar un tiramisú, con su queso mascarpone, café y cacao, más líquido que cremoso, que cosa curiosa, no lo sirven en raciones individuales, sino que sobre un cuenco, el camarero va cortando raciones de una bandeja grande y echando lo que corresponde. Tres pedazos de tiramisú.

Y una tarta de queso de lo más cremoso que he probado, esa tarta que en Bel Mondo han llamado “Te queso mucho”, con un leve toque de vainilla y que no necesita mermelada que lo acompañe. Lo mejor del día.

Tarta de queso y tiramisú

Para finalizar el comentario de la experiencia culinaria de marzo, y para mis amigas curiosas que les llama la atención la señalización de los aseos, esto es lo que había en Bel Mondo, el de señores chirría sobremanera y el de señoras pura delicadeza. Espero que con el tiempo y a no mucho tardar, cambien al señor Berlusconi por el David de Miguel Ángel.







domingo, 13 de febrero de 2022

CASA BOTÍN: Asados en su punto, y punto.

CASA BOTÍN, o SOBRINOS DE BOTÍN, como figura en el cartel que hay encima de la puerta, a 12 de febrero de 2.022, situado en la calle de Cuchilleros 17, local de renombre y calle que nos hace recordar nuestros tiempos de juventud, de vinos y juergas. Tenemos la emblemática y bonita plaza Mayor y el coqueto y gastronómico mercado de San Miguel a tiro de piedra. 



Casa Botín, fundada en 1.725, es el restaurante más antiguo del mundo, según el libro Guinness de los Records; no podemos dejar de probar sus delicias en nuestro juego mensual. Tiene fama de ser uno de los locales que mejor conserva esa cocina tradicional madrileña, por eso nos tenemos que atrever con ese cochinillo y ese cordero asado estilo castellano. Cochinillos y corderos que vienen de la mejor zona de Segovia, de Riaza y Sepúlveda, asados y dorados en el horno calentado con leña de encina. Aunque tampoco nos vamos a olvidar de esos pescados, merluzas o lenguados, seguro que ricos-ricos, traídos de las lonjas. 

Un poco de historia, en 1.725 reinaba en España el primer Borbón, Felipe V y ya habían venido al mundo dos de los futuros reyes, Fernando VI, nacido en 1.713, hijo de María Luisa Gabriela de Saboya, su primera esposa, y Carlos III, nacido en 1.716, conocido como el mejor alcalde de Madrid, hijo de Isabel de Farnesio, su segunda esposa. 



El nombre de Botín, viene de Jean Botin, un cocinero francés que se aposentó en Madrid, y junto con esposa, de origen asturiano. Fue un sobrino de ella, llamado Cándido Remis, quien abrió un negocio en este Madrid de los austrias, hizo una reforma en la planta baja de este edificio de cuatro plantas, cerrando los soportales que había. Aquí se inicia el negocio Botin. En el siglo XIX se volvió a reformar esta planta baja, convirtiéndose en una casa de comidas, que no restaurante. Es en el siglo XX cuando el negocio llega a los actuales propietarios, la familia González. Tras la guerra civil, los hijos del matrimonio González, Antonio y José, se pusieron al frente del negocio, y lo han conservado, llegando hasta el día de hoy.
 
El nombre del emblemático Casa Botín, figura en diversos libros como en “Fortunata y Jacinta” del canario Galdós, en las “Greguerías” de Ramón Gómez de la Serna o en “El tiempo entre costuras” de María Dueñas.

Interior de la primera planta de Casa Botín


Casa Botín tiene en la planta baja, un mostrador, algunas mesas y la cocina; tiene mesas para comer también en la calle, pero a nosotros nos sitúan en la primera planta. A primera vista, muchas mesas y sillas, demasiado juntas unas de otras para el bicho que tenemos encima. Servicio muy atento, algunos camareros llevan pajarita negra sobre su uniforme blanco, otros no, y algunos llevan mascarilla con el logotipo del restaurante, otros solo la quirúrgica. En este restaurante, todos los camareros tienen una cierta edad, y me sorprende que no me haya llamado la atención, como sí pasó en La Ancha, el que las camareras no fuesen muy jóvenes. Es posible que estemos llenos de prejuicios. Mesas y sillas de madera que no parecen muy nuevas, cuadros, diplomas y cerámica en las paredes, paredes cubiertas de azulejos que ya tienen una edad hasta media altura. 

Botella de vino, pan y detalle de la azulejería


Nos traen la carta, y creo que es el primer sitio en el que no nos preguntan que si queremos beber algo de aperitivo. Pedimos vino y agua y tras ojear un poco la carta, decidimos que esta vez no vamos a pedir croquetas, porque es el plato que saboreamos casi siempre; optamos por pedir como entrante y para compartir unas manitas de cochinillo rebozadas. Sobre el plato, siete manitas de cochinillo pequeñas, jugosas, tiernas, rebozadas, aunque bastante sosas. Estas manitas son todo hueso, pero hueso y carne gelatinosa, que provoca el que tengamos que chuparnos los dedos constantemente. 

Manitas de cochinillo rebozadas


De primero, una sopa castellana, con mucho ajo laminado, hilos de jamón serrano y con mucho pan. No puede faltar un huevo escalfado por encima que rompemos para que esa yema amarillita se mezcle con esa sopa de pan, que también ha resultado sosa y con poco sabor. Es posible que esa sopa castellana estuviese hecha con agua y no con algún caldo de ave, que le da más sabor. 

Sopa castellana con huevo


De segundo, a lo que hemos venido a casa Botín, cochinillo y cordero asado. Nos lo traen a la mesa ya emplatado, con su salsita y viene acompañado de dos patatas pequeñas, cocidas y con su piel. La carne tierna y jugosa, la piel del cochinillo tostada y en su punto, aunque no me parece que pueda ser partido con un plato, como hace el señor Cándido de Segovia. 

Cochinillo asado de Casa botín
Cordero asado de Casa Botín


Por suerte, aunque ha sido una comida contundente, nos queda hueco para el postre, así que pedimos una tarta de queso, receta de la abuela, una tarta estupenda, bastante gordita, muy jugosa y acompañada de una mermelada de arándanos al lado de la tarta, no por encima como en otras ocasiones. Otro dulce es el que puede ser el postre estrella de la casa, llamado Tarta Botín, un bizcocho con crema. Sobre el plato un bizcocho en tres capas muy empapado y entre medias dos capas de crema pastelera muy suave. Por encima, una capa de lo que parece un merengue tostado muy suave que se deshace en la boca en cada bocado. 

Tarta Botín






Tarta de queso 















Una última consideración, desde mi punto de vista de visitadora de restaurantes y catadora amateur, Casa Botín está sobrevalorada. Es cierto que los asados estaban en su punto correcto, pero los hemos probado mejores; creo que la visita a Botín no será la que mejor recuerdo nos deje en la memoria.

Como siempre y para mis amigas curiosas, la señalización de los aseos, esa dama y ese caballero de época, quedan muy acorde con un local abierto hace siglos, aunque eso sí, sobra esa placa en la que se lee damas o la silueta del señor.


domingo, 23 de enero de 2022

LA ANCHA: Cuchareo en puchero

 LA ANCHA, a 22 de enero de 2022, en la calle Zorrilla n.º 7 de Madrid, justo por detrás del edificio del Congreso de los Diputados, una calle señorial aunque algo oscura en un día de invierno.

Nos encontramos con un restaurante que, según su página web, dedica con mucho mimo toda su atención a los productos de temporada, tanto verduras, como carnes o pescados, elaborando platos tradicionales, esas recetas de toda la vida fáciles de reconocer. El menú cambia diariamente, porque está sujeto a lo que ese día mejor se ofrezca en los puestos del mercado.

Logotipo en la entrada de La Ancha


Se trata de un local familiar inaugurado hace más de 100 años, en 1919 y pertenece al mismo grupo que el restaurante llamado Las Tortillas de Gabino, que ya visitamos en 2018. La Ancha de la calle Zorrilla es también conocida como La de las Tres Columnas; será por esas tres columnas de hierro forjado que delimita espacios en la sala de entrada y que a nosotros nos ha tocado, hombro con hombro, perfecto para apoyar el bolso.

Interior de La Ancha


Casi todo el local tenía como decoración botellas de licor sobre estantes, esas botellas de distintas formas y colores, botellas blancas o verdes, con esos distintos colores que ofrecen los licores, sobre todo blanco y ámbar, que provoca un ambiente relajante. Y justo delante de mí, botella de licor Aperol junto a la de Campari, licores con los que se elabora el splizt aperol típico de la toscana italiana, de tan gratos recuerdos para mi. Y paredes blancas

Para nosotros, un espacio amplio, las mesas con mantel blanco de tela y servilletas del mismo color, algunas sillas con reposabrazos y otras no, y el plato con el logotipo del restaurante. Todo muy elegante.

Plato con el logotipo de La Ancha


Junto con la carta nos traen un vermut rojo y cerveza, que viene acompañado por unas patatas fritas, de las de bolsa de toda la vida, la verdad que muy buenas, como recién fritas y nada aceitosas. También nos ponen sobre la mesa un poco de mantequilla con su cuchillo de untar, para degustar con un poquito de pan. Una mantequilla sobria y apetecible cuando vas con un poco de hambre, como nos ocurre a nosotros.

Aquí podemos encontrar jamón ibérico, coquinas de Huelva, anchoas del Cantábrico, pulpo gallego, tortilla española, alubias de Tolosa, y una gran selección de carnes y pescados.

Y como es invierno, y hoy hace frío, aunque haya un sol espléndido, es tiempo que invita a degustar comidas de cuchareo; en la carta, además de entrantes, carnes, pescados, y verduras, podemos degustar lentejas, pote asturiano, alubias y sopas. Placer invernal.

Me gustaría comentar algo que me ha llamado la atención desde que hemos entrado, y me sorprende eso mismo, que me haya llamado la atención, muy gratamente, por cierto, y es que algunas de las camareras tenían cierta edad, digamos que rondando los cincuenta, que no eran chicas y chicos jóvenes altos, guapos y estupendos, que pueblan todos los restaurantes que visitamos todos los meses.

La decisión está tomada: comenzaremos con dos entrantes para seguir con la legumbre y terminar con un postre casero y café.

Para empezar a abrir boca, media ración de cazón en adobo, sorprendentemente blandito (no como lo hemos comido en otros locales, que resultaba un tanto seco), con un buen toque de vinagre del adobo, bien frito y condimentado. El cazón viene acompañado de unas patatas al ali-oli tiernas, en su punto justo de sal, ajo y perejil. Una combinación original que nos da pie a seguir descubriendo nuevos platos y sabores

Cazón en adobo con patatas alioli


Otro entrante, esta vez un poco más contundente, una tortilla española guisada con callos. En una cazuela de barro, una tortilla de patata muy poco cuajada con callos a la madrileña por encima, esos callos con sus trocitos de jamón y su pedazo de chorizo. La camarera nos sirve en un plato la mitad de la ración y la otra mitad se queda en la cazuela para poder mojar toda la salsa de esos callos maravillosos de sabor, que junto con el bocado de la tortilla es puro deleite. Si hay que poner algún pero a este delicioso plato sería que algunos trozos de callos estaban un pelín duros, aunque no se desvirtuaba su excelente presentación.

Tortilla guisada con callos


Este mismo plato ya lo comimos cuando estuvimos en Las Tortillas de Gabino en 2018, y nos sorprendió y gustó antes, y nos sorprende y gusta también en 2022, aunque me sorprende que este plato no estuviese más caliente, nos lo han servido en su punto y hay que comerlo rápido para que no se quede frío.

Toca el cuchareo; en unos pucheros de metal que pesan lo suyo, nos sirven una lentejas estofadas melosas con su patata cortada en pequeños trocitos y algún pedazo de jamón o bacon, que apenas se deja notar. Un plato discreto en comparación con el pote asturiano, ese plato de alubias con patatas, grelos, sus trocitos de jamón y su trocito de morcilla asturiana que le daba un sabor intenso al plato. Dos humildes platos y gran diferencia de sabor que le daba la morcilla a uno y la sencillez del otro.

Lentejas estofadas


Pote asturiano


Como en los pucheros había sobrado condumio para repetir, hemos pedido platos limpios y el que ha comido lentejas, pues ha probado el pote asturiano, y el que ha comido pote asturiano, se ha atrevido con las lentejas.

Los pucheros con las lentejas y el pote


Después de tan suculentos y humildes platos de legumbre, no queda mucho hueco para el postre, pero allá vamos, con un ligero flan adornado con nata y una tarta guinnes de cerveza negra, con una capa de crema de queso por encima y que ha resultado un poco densa, no era suave y tierno bizcocho, que después de los platos de puchero ha resultado un tanto pesada, aunque muy buena de sabor.

Tarta de cerveza guinnes



Flan con nata


Además de todo lo que hemos podido comer, las camareras nos han regalado un helado de yogur con crema de higo y unas rosquillitas fritas, que ya no hemos sido capaces de comer y que nos hemos traído a casa.

Como conclusión, un local cómodo con platos sabrosos, buena atención y no muy caro para lo que esperábamos, tanto por la fama como por la ubicación del restaurante. Destacar como lo mejor de la jornada, esas camareras que siguen teniendo la oportunidad de trabajar en un gremio que exige juventud y belleza, sirviendo esos platos calientes de toda la vida.

Para las curiosas de las señalizaciones de los aseos, comentar que cuando pregunté que dónde estaban los baños, me dicen "la primera puerta a la derecha", y como no vi ninguna indicación de que fuesen los aseos, hice foto de lo que vi. Sólo cuando ya salía y me iba, me di cuenta de que sí había emblema, pero muy pequeño y ya no pude hacer foto. La foto que hice es del aseo de señoras desde dentro, y enfrente, la puerta del aseo de señores, en donde no se aprecia señalización ninguna.

 

Foto del aseo de señoras por dentro

jueves, 9 de diciembre de 2021

VERDURA & BRASA: Color y sabor en la mesa

 VERDURA & BRASA, a 8 de diciembre de 2021, en la calle Espronceda n.º 27 de Madrid, zona de Chamberí, muy cerca de Nuevos Ministerios.

Entramos en invierno y es hora de degustar esas verduras típicas de esta estación, cardo, berenjena, coliflor, alcachofas, pimientos; ensaladas y menestras, lo que en el día de hoy ofrezca el mercado.

Logotipo del restaurante

Nada más entrar en el local, nos da la bienvenida una mesa enorme en donde se exponen esas verduras de temporada luciendo majestuosas: berenjenas moradas, calabacines verdes, pimientos rojos y verdes, tomates rojos, una bonita combinación de colores y formas. 

El local exhibe una decoración discreta, de colores cálidos, hojas verdes en las paredes, no sé si de papel o tela, cuadros con verduras, mesas con mantel de tela, estufita de leña al lado. A destacar, esos platos adornados con dibujos de de verduras y hortalizas, como espárragos, nabos, pimientos…

Interior del local


Para abrir boca, pedimos unas cervezas y vermut, que vienen acompañadas de unas aceitunas verdes tamaño gigante y aceitunas negras, con trozos de pimiento y cebolla. Muy sabrosas.

Mientras miramos la carta con el código QR y decidimos qué saborear en un día otoñal, nos animan la comida con un detalle: una crema de coliflor con piñones servida en un platito degustación, deliciosa. La jornada comienza con buen pie, porque de inmediato nos ponen sobre la mesa panes calientes con algunos colines tiernos.

Aperitivo de crema de coliflor


El chef ha hecho una serie de recomendaciones para el día de hoy, y decidimos escoger una de ellas como entrante y para compartir: una menestra de setas con huevo poché. Nos sirven una mezcla de hongos, a saber, setas, champiñones y níscalos, con una suave crema y por encima, un huevo poché o escalfado, ya se sabe, cocido sin cáscara a baja temperatura, quedando la clara sólida y la yema cremosa. Una mezcla exquisita, aún con su ligero toque de pimienta, cayena y lo que parece, pizca de hojas de eneldo.

Menestra de setas con huevo poché


Otro entrante que nos ha llamado la atención, que por eso estamos en el local ideal para saborear verduras, es el carpaccio de calabacín ecológico con salsa pesto, rúcula y piñones. Un plato estrella, con ese calabacín cortado en finísimas láminas, formando una especie de corona, con ese simpático color blanqui-verde, y por encima, la rúcula, la salsa pesto y una montaña de queso rallado. Con ese aderezo de aceite, vinagre y salsa pesto, ha resultado un plato delicioso, aunque algo contundente con el añadido del queso.

Carpaccio de calabacín, rúcula y salsa pesto


Vamos con los segundos: una tempura de gambas, espárragos trigueros partidos en dos y a lo largo y aros de cebolla dulce, acompañada de salsa de soja y una estupenda salsa romesco (salsa hecha a base de tomates, pimiento y almendra). Una tempura muy bien hecha para unas verduras en su punto, con ese sabor intenso del esparrago verde y la sutileza de la cebolla dulce.

Tempura de espárragos, gambas y cebolla con salsas


Como no estamos en un vegetariano, sino que estamos en un restaurante que mima las verduras y hortalizas de temporada, no hemos tenido empacho en probar un llamado Tomahawk steak de carne roja a la parrilla. Sobre el plato, un chuletón fileteado y a su lado el hueso, por si alguien lo quiere rebañar. Una carne roja, poco hecha, sabrosa y muy tierna.

Tomahawk en su punto


Aunque estamos un tanto llenos, siempre hay que hacerle un hueco a los postres, y en especial, si son caseros. Parece que queremos probar todas las tartas de queso que se ofrezcan por la ciudad, así que nos decidimos a probar lo que más se le parece, un souflé de queso con mermelada de frambuesa: pequeño bollo que al partirlo, sale al exterior una rica y suave crema de queso. Delicioso.

Otro postre típico, tiramisú de soletilla de café y mascarpone, servido en una taza con su asa, y en el que hay que hundir bien la cuchara para poder alcanzar la soletilla empapada en café y el queso, con su cacao por encima. Una mezcla increíblemente buena.

Ambos postres vienen adornados con fresas en láminas y hojas de hierbabuena y servidos en platos originales.

Souflé de queso y tiramisú


Y para terminar, la inevitable comparación de la señalización de los aseos, que en este caso me ha resultado elegante, glamuroso y original.