sábado, 28 de septiembre de 2019

ZEST y las pocas calorias sabrosonas


ZEST, a 28 de septiembre de 2019, en la calle Recoletos n.º 10, entre Cibeles y Colón y en una calle que, aunque corta, se ha puesto de moda por la cantidad de restaurantes que lo jalonan.
Zest es un restaurante, podríamos decir, distinto; ha sido elegido porque sus platos están elaborados con ingredientes bajos en calorías, o realizados con técnicas que no acumulan grasas, pero con todo sabor.
Interior acogedor de Zest

Nos encontramos en el barrio de Salamanca, en un local muy acogedor. Somos los primeros en llegar y nos sitúan en una mesa pegada a la cristalera que da a la misma calle Recoletos; disfrutamos de toda la luz del mediodía y sus reflejos.
Nos acomodamos, y como siempre nos preguntan que si queremos algo de beber, y nos ofrecen la posibilidad de saborear un cóctel; ponemos cara de que a lo mejor sí, y nos comentan que los tienen con y sin alcohol. Y en un arranque de valentía nos decantamos por uno con alcohol a base de vodka, fruta de la pasión, jengibre y limón, y el otro sin alcohol, con sirope de vainilla y pomelo; ambos servidos en copa ancha y muy fresquitos. Una delicia que ha entrado de maravilla antes de ponernos a comer, aunque uno me resultado un tanto ácido (tiene limón y jengibre) y el otro dulce y muy agradable.


Cóctel con y sin alcohol

Mientras tanto, nos sirven en una cazuelita un carpacho de remolacha con escabeche de zanahoria, que más bien parecía un huevo frito de codorniz con su clara coloreada, pero no, allí estaba el sabor de la remolacha en todo su esplendor, regada de cebollino.
Carpacho de remolacha y escabeche de zanahoria

Degustamos este original aperitivo y el cóctel con y sin alcohol, y se presenta en nuestra mesa Marccelo, que es la persona que se encarga de hacer los cócteles. Nos explica la elaboración de los mismos, el toque original que le quiere dar y demostrarnos que trata a sus bebidas y a sus clientes con mimo. Atendemos a sus explicaciones y le preguntamos por el spritz italiano, cuando nos dice que él es argentino con ascendencia napolitana. Y quedamos en pasarnos otro día para que nos prepare un aperol spritz.
Leer la carta ha resultado un poco inquietante, porque los platos bajos en calorías están elaborados con ingredientes y técnicas que nos resultan extraños. Pero como venimos a probar y saborear platos nuevos, elegimos dos entrantes, podríamos decir que raros, dejando fuera las típicas croquetas. El primero sam de alitas de pollo deshuesadas cocinadas en salsa koreana y envueltas en hojas de sisho. No sirven el un plato 6 alitas deshuesadas, con un toque meloso, y envueltas en unas hojas de sisho, que es una planta aromática con un sabor que se podría semejar a la menta, aunque su hoja es más grande. Y su correspondiente cazuelita de salsa barbacoa koreana con semillas de sésamo, que aunque en su origen es picante, esta de hoy no lo estaba, y se agradece.
Se trata de mojar la alita y su hoja de sisho en la salsa barbacoa, y esa mezcla de la alita melosa, la hoja aromática y la salsa resulta sorprendente y muy agradable al paladar.
Detalle de las alitas deshuesadas envueltas en hoja de sisho


Otro de los entrantes que pedimos es un bao de pastrami o pan asiático cocido al vapor con pepinillos y mostaza. Un bao es un pan redondeado y blandito, de un centímetro de espesor, más o menos, que se puede doblar como una empanadilla, sin llegar a cerrarse, y meter dentro los ingredientes al gusto; en este caso el pastrami (carne de vacuno adobada con una mezcla de sal, pimentón, pimienta, laurel y cilantro, y luego asada a baja temperatura) con un revuelto de pedacitos pequeños de pepinillo con mostaza y una base de queso chedar. Realmente rico.
Bao de pastrami y pepinillos

De segundo plato escogemos, podríamos decir, unos fetuccini con champiñones y trufa. En Zest, la pasta no es tal, de trigo duro, sino que el plato se elabora con una raíz llamada konjac (con alto contenido en fibra) de color blanquecino y con una textura más fibrosa que la pasta tradicional. Pero bien puede pasar por pasta y el aderezo de la nata baja en calorías, las setas y el fuerte sabor de la trufa espolvoreada sobre los fetuccini, y la cebolleta resultan del todo un plato lleno de sabor.

Los fetruccini con champiñones y trufa

El otro plato escogido son unas albóndigas de cordero con falso cuscús y especias marroquíes. Como su nombre indica, sirven cuatro albóndigas con un suave sabor a cordero, muy melosas por fuera aunque la carne resulta un poco apelmazada, y una base de falso cuscús con zanahoria y calabacín, que no debía de ser sémola, pero no sabemos exactamente de qué es, no terminamos de sacar el sabor para que digan que es bajo en calorías. Se podría tratar de konjac, también (y el cebollino que no falte).
Las albóndigas con falso cuscús

Viene de nuevo Marccelo, y como le hemos dicho que el cóctel con y sin alcohol nos ha gustado mucho, viene a preguntarnos si nos gusta el café. Y nos cuenta que nos va a preparar otro cóctel cuya base es el café. Miramos alrededor, y aunque el local está lleno, ninguna mesa tiene sobre ella más allá de la botella de agua. Parece que somos sus clientes favoritos y nos trata con esmero.

Y mientras viene esa bebida de café y los postres, nos dejan la relación de calorías de los platos que hemos comido, recuerdo bajos en calorías, en relación con su plato, digamos normal. Resulta que la tarta de queso normal tiene 285 calorías y la de Zest, 97; y un plato de pasta normal tiene 1000 calorías y la nueva pasta con raíz de konjac tiene 260 calorías. Interesante y con todo el sabor.

Pedimos esos postres bajos en grasas y nos decantamos por el Secreto de oreo, relleno ligero con topping de oreo, que resulta una copa con base de polvo de galleta oreo negra y una ligera mousse de queso filadelfia light y bola de helado de chocolate.
El Secreto de oreo

El otro postre es un tarta de queso fresca, con una breve base de galleta, ligera mousse de queso filadelfia y espuma de frambuesa, servida en un tarro de cristal y cerrado con su tapa. La espuma de frambuesa es, eso, espuma y no la mermelada que sirven en otras tartas, por lo que resulta muy ligera y nada pesada. Deliciosa y original.
La tarta de queso con espuma de frambuesa

Y por fin llega el cóctel de café. Aparece Marccelo con una copa de bola grande llena de hielo picado y sobre el hielo, dos vasitos de lo que parece café y espuma de café. Intentamos tomarlo de un trago pero no podemos porque la espuma es tan espesa que no deja pasar el líquido; poco a poco nos deshacemos de la espuma y del ligero café, que resulta ser descafeinado con unas gotas de licor 43...y otros ingredientes. Para nada resulta pesado ni fuerte por exceso de alcohol. En su punto y que no falte el adorno de los granos de café. 
Cóctel de café, llamado Estrella Pereira 

Ha resultado una experiencia muy agradable que no nos esperábamos y con la esperanza de volver a saborear un spritz italiano.



Como siempre, terminar con una señalización de los aseos, que me ha resultado divertida, moderna, aunque no sé si la señora o señorita también está baja en calorías.

sábado, 17 de agosto de 2019

DOÑALUZ: Sube al Madrid latino


DOÑALUZ, a 15 de Agosto de 2019, en la calle Montera n.º 10 de Madrid, zona Sol, centro, centro; centro neurálgico de la ciudad.
Es verano y toca disfrutar de una cena en una terracita de la capital, desde la que tener una buena vista de la ciudad y de paso, comer bien.
Después de una tarde calurosa, buscamos a DoñaLuz por la calle Montera; y nos ha costado trabajo encontrarla. Hemos tenido que sortear las mesas de una terraza en la calle, tocar el timbre de un portero automático, atravesar un pasillo (eso sí, muy bien iluminado con anuncios luminosos del restaurante) y después de subir hasta el quinto piso en el ascensor, aparecemos en DoñaLuz.
Cartel del restaurante en el pasillo de entrada

Nos sitúan en una mesa orientada al oeste, y en ese mismo momento se está poniendo el sol por entre los tejados de la capital; allí, tras las montañas de las estribaciones de la Sierra de Guadarrama. ¡Qué lujo, una puesta de sol, y el famoso reloj de la Puerta del sol ante nuestro ojos! Y una torre iluminada que creemos identificar como el hotel que hay en la plaza de Santa Ana.
El reloj de la Puerta del Sol desde la terraza de DoñaLuz

Madrid no se ve igual desde las alturas que a pie de calle.
Nos atiende un camarero muy atento, al que pedimos algo fresquito, como un mojito y un coctel especial DoñaLuz Gold. Después de la tarde calurosa, esos cócteles a tope de hielo en forma de daditos y su base de hierbabuena, ha sido un deleite veraniego en toda su extensión.

La decoración de la terraza no merece ninguna valoración, algunas macetas, algún farolillo, pero es que tampoco le hace falta; ese reloj de la Puerta del Sol iluminado y su bola por toda decoración, que casi lo tocas con la mano, y sobra cualquier otro artificio. Mesas sin manteles y platos de diseño, con sus cubiertos, que por cierto, no hemos utilizado; comer con las manos al anochecer también es una gozada.
El DoñaLuz Gold y el mojito muy fresquitos

Vemos que lo que prima es la gastronomía latina, y decidimos pedir tres entrantes o sabores previos,  que llaman ellos, para terminar con unas arepas (tortitas de maíz). El camarero nos ayuda para cambiar lo que hemos elegido, porque parece que hemos escogido dos platos de la carta con una base de patatas; así que al final, escogemos tres sabores previos, y luego se verá si pedimos algún sabor principal (que en DoñaLuz llaman así, en vez de segundos platos).


Antes de que nos traigan los platos, nos sirven en una, digamos, cazuelita, poco práctica todo hay que decirlo, porque no tiene buena base y se mueve mucho, de unas gotas de oro verde de Montserrat, aceite de aceituna pequeña, y sabor excelente, que invita a mojar ese pan tierno que nos han traído.
El oro verde de Montserrat en su platito/cazuelita

Escogemos unas lágrimas de pollo al estilo cajún con alioli de lima y cilantro. Estamos ante unas tiras de tierno y crujiente pollo, pollo que ha sido marinado en leche y limón unas horas y luego empanado con harina de maíz y distintas especias e incluso kikos molidos, estilo cajún, con una base de patatas en gajos, y lo acompaña una salsa verde, la de cilantro y lima. Y es curioso, porque es una mayonesa muy suave, en el que los sabores fuertes del cilantro y la lima no destacan; será para no enmascarar el rico sabor del pollo.
El pollo estilo cajún

Otro de los sabores previos que pedimos es el guacamole, jalapeños (ese pimiento pequeño y picante), dados de salmón y totopos de maíz, o lo que nosotros llamaríamos nachos. Y así, sobre una fuente redonda, llena de nachos y sobre ellos, el guacamole, y esa mezcla tan colorida de trocitos de tomate, pimiento rojo, salmón, cebolla morada y aros de jalapeños (que yo aparto porque no me apetece el picante). Y en el centro, una crema blanca y ácida, que parecía un queso de yogur ácido. Untar el nacho saladillo, y a la vez con ese toque picante que le da el roce con el jalapeño, con la crema agria, ofrece una mezcla de sabores muy interesante. Han servido a parte una salsa de la que nos han dicho que tengamos cuidado porque picaba un poco. La hemos probado, y no la hemos encontrado tan picante, aunque tampoco sabemos qué tenía,
El guacamole y los nachos con su crema agria

El tercer entrante lo dejo para el final, aunque nos los sirvieron los tres juntos, en el mismo momento. Y es que se trataba de unos tequeños de guayaba (fruta de piel verde y carne roja muy rica en vitamina C) con salsa agridulce. Los tequeños es un plato típico venezolano, que son canutillos fritos (hechos con una masa de harina, mantequilla, huevo y agua), rellenos esta vez con un membrillo de guayaba, que el saborearlos, daba la impresión de estar comiendo chocolate. Y como en el plato anterior, esa mezcla dulce con la salsa agridulce, ofrecía una mezcla de sabores muy especial. Viene acompañado de plátano frito en rodajas muy finas. Buenísimos.
Los tequeños de guayaba y la salsa agridulce

Y por eso yo los he dejado para el final, porque no pudimos pedir las arepas, que ya no nos entraban, y de paso, a mí me sirvió de postre.

Y la señalización de los cuartos de baño, en este caso, se trataba de una única puerta con los tres emblemas clásicos, eso sí, de colores y muy alegres. Un toque de color sobre una sobria puerta, aunque hay que hacer notar el estereotipo de hombre-azul, mujer-rosa, pero simpático.

domingo, 14 de julio de 2019

COMO EN CHILE, como en casa y con cilantro


COMO EN CHILE, a 13 de julio de 2019, en la calle Fernando el Católico n.º 53 de Madrid, zona de Moncloa y aledaños.
Aunque sea una obviedad, pero hay que comentar que la comida típica de Chile es una mezcla entre los platos que llevaron los conquistadores españoles a aquellas tierras, cuya máxima representación es Pedro de Valdivia (que tienen como base principal el pollo, oveja, vacunos y trigo) y la gastronomía indígena. A esa mezcla hay que añadirle las influencias de la comida italiana, francesa y alemana.
Entrada a Como en Chile
¿Y qué se puede comer en Chile? Pues atendiendo a su geografía, parecería que escasea la tierra cultivable para frutas, verduras, hortalizas y legumbres, y sí abundaría el pescado por los tantísimos kilómetros de costa que tiene. Hay que tener en cuanta que Chile tiene una anchura media de 150 Kilómetros, con su parte andina y unos 5.000 de largo, que da para muchos barcos de pesca. También puede ser tierra de ganado vacuno, por los kilómetros de zonas verdes que pudiera tener en las cercanías de las zonas montañosas.
Una vez dentro de Como en Chile, nos encontramos con una zona de comedor no muy grande, con siete mesas que, en un momento dado, estaban completas, y de gentes variopintas, españoles, sudamericanos y algún despistado americano (por cómo se expresaba en inglés). Las mesas no tienen mantel y sí un tapete individual, su vaso y su copa y el pan que sirven es blando, tipo brioche pero no dulce (o el pan de torrijas de algunos establecimientos).
Interior de Como en Chile
Cuando nos sentamos a la mesa, la camarera, chilena de nacimiento, nos pregunta si sabemos en qué consiste la comida chilena, la decimos que precisamente venimos a Como en Chile, porque no lo sabemos y nos gustaría conocerla, y nos explica la mezcla de distintas gastronomías, en especial la española o criolla, y que al ser una zona un poco aislada de la geografía sudamericana, no tiene prácticamente influencias con los platos de los países que la rodean. Y es un comentario que no me esperaba, pensaba que la comida ecuatoriana o argentina estarían más presente en su dieta.
Antes de entrar a ver la carta, y como hace calor, pedimos pisco chileno y cerveza de Chile. Cerveza chilena la hay más o menos fuerte, con clara influencia de Alemania, y nos habla la camarera de una cerveza chilena con miel, cerveza de Valdivia (con su abejita en la etiqueta). Es obligatorio probarla, y en verdad es cerveza no muy fuerte, con un ligero toque de miel, que le da un sabor muy original, nada dulce ni empalagosa. Acompaña a la bebida un aperitivo que consiste en unas cucharitas de atún, pimiento, cebolla morada y cilantro, para abrir boca.
El pisco y la cerveza chilena de Valdivia
Como lo que nos interesa es probar lo más típico de Chile y comprobar, de paso, las diferencias con otras gastronomías, observamos que la carta de entrantes está llena de platos del país. Así que nos decidimos por pedir cuatro entrantes y no pedir segundos platos.
Uno de los entrantes típicos es la Palta Reina. Se trata de una cama de hojas de lechuga de varios tipos y sobre ella, un aguacate partido por la mitad, quitado el hueso, naturalmente, y ese hueco rellenado con migas de atún, cebolla y cilantro, adornado con una gamba y mahonesa. Destacar el sabor tan especial que le da el cilantro (o perejil chino) a los platos; un sabor más intenso y fresco.
La Palta Reina
Otro de los entrantes es el ceviche de corvina, distinto del ceviche de otros países sudamericanos, porque resulta más delicado de sabor al no llevar ají. El ceviche es un plato japonés que se extendió a través del Pacífico por toda Sudamérica, y llega a los distintos países en sus distintas versiones. El de Chile tiene su pescado fresco marinado en lima, cilantro, pimiento rojo y cebolla morada. Lo adornan con una hija de perejil.
El ceviche de corvina
Seguimos con la empanada de Pino al Horno, también típica de Chile; se trata de una empanada, digamos que el doble de grande que una empanadilla normal, rellena de carne de ternera picada, cebolla también picada muy fina, aceitunas, pasas y huevo. Viene acompañada de una salsa de tomate y pimiento que hemos vertido entre la carne y la masa de la empanada (que es de harina de trigo), que es el que le ha dado el toque picante.
Interior de la empanada de Pino al Horno
Con estos tres entrantes hemos quedado satisfechos, pero la camarera nos comenta que el cocinero ha preparado las típicas empanadillas de queso. No podemos dejar de probarlas, empanadillas recién fritas, una de queso con almeja macha rosada y la otra de camarones. Es la típica empanadilla frita, y rellena de una mezcla de quesos gouda, parmesano y harvatti que le da una consistencia que, una vez en la sartén no se deshaga o quede demasiado duro. Un plato muy interesante.
Las empanadillas de queso con almejas macha y camarones
Estamos llenos, tal vez nos habría sobrado una empanadilla, pero aun así, los postres no pueden faltar. Escogemos una tarta de limón, con merengue un poco tostado por encima que me resulta demasiado mazacoque y dulce. Y panqueque con sirope de fresa, helado de vainilla y láminas de almendra.


La tarta de limón
El panqueque

Mejor los entrantes que el postre.




¿Y no resulta muy divertida y original la señalización de los aseos? Clara influencia criolla.

domingo, 16 de junio de 2019

TRIKKI NUEVA ORLEANS: Los tomates verdes fritos son algo más que una película.


TRIKKI NUEVA ORLEANS TRADITIONAL CUISINE, a 15 de junio de 2019, en la calle Santa Engracia n.º 109 de Madrid, Chamberí, zona coqueta.
Se trata de un restaurante que, según su página, está especializado en platos de Nueva Orleans y Venezuela (porque uno de los socios es de este país). La gastronomía de esta parte de Norteamérica tiene claras influencias de la cocina acadia (zona de la antigua Canadá francesa), española, caribeña, italiana o del oeste de África.
El interior de Trikki y sus lámparas-tambor

Para entender la base de la gastronomía de Nueva Orleans, hay que remitirse a esa tribu de los cajún, que habitaba en la Canadá francesa (Acadia) y que se trasladaron a la actual Luisiana tras la incorporación de esos territorios a la Corona Británica. Esta tribu de los cajún se llevó consigo sus platos tradicionales, cuya base la forman fundamentalmente, cebolla, pimientos y apio. A eso hay que sumar las influencias de las cocinas francesas, italianas y españolas y tenemos la cocina de Nueva Orleans, sin olvidar esa mezcla con la cocina proveniente de los antiguos esclavos que venían de África.
La original carta de Trikki

Echamos un vistazo a la carta mientras saboreamos una cerveza de Milwaukee, pero enseguida nos dejamos asesorar por la camarera, tras comentar que queremos probar los platos más tradicionales.
Tras sus consejos, pedimos como entrante los famosos tomates verdes fritos, que no son sólo una película, sino que sobre un plato alargado, nos sirven nuestra ración compuesta de 6 gruesas rodajas de tomates verdes, pero que muy verdes, y aun así tiernos, y fritos con una tempura con toque picante, y una salsa remoulade para darle más sabor. La salsa remoulade es una mayonesa con mostaza de Dijón, que también pica, a la que se le añade pedacitos muy pequeños de lo que parecen alcaparras  o pepinillos, por su sabor, y con tomillo o eneldo. Interesante.
Tomates verdes fritos con salsa remoulade

Comentar que es la segunda vez que probamos los tomates verdes fritos en un restaurante de cocina de Nueva Orleans, y en unos tiene el toque picante y en el otro no. Tengo la impresión de que la verdadera cocina de esta parte de Norteamérica es picante.
Y el segundo entrante recomendado es la Nola Onion Mum. ¡Cómo explicar lo que nos sirven!. Se trata de una tierna y gran cebolla a la que se le han dado varios cortes en vertical, para permitir que se pueda abrir en capas y gajos, y formar un flor, servida frita en tempura y acompañada de tres salsas, la ya comentada remoulade, la salsa cajún (también un poco picante al añadirle cayena a la mayonesa, orégano, ajo en polvo y aceite oliva virgen) y ¡oh, sorpresa! salsa de sirope de chocolate. Es un placer arrancar un pétalo de esa flor de cebolla frita y añadirle una pizca de sirope de chocolate, o cualquiera de las otras dos salsas. El contraste del sabor de la delicada cebolla frita con el dulzor del sirope de chocolate es muy impactante. Plato muy original.


La cebolla frita con el sirope de chocolate y la salsa remoulade

Como segundos platos, insistimos en los platos típicos de Nueva Orleans, que resultan ser el gumbo y la jambalaya.

El gumbo es un plato cuya base es el arroz con trocitos de pollo, chorizo criollo y langostinos, con su salsa de carne. Llama la atención de este plato el pimiento verde que proviene de África y se llama ocra, pequeño y con sus semillas que por su tamaño, no se pueden quitar. En un principio, pensamos que era este ingrediente el que le daba el toque picante, pero no, es un pimiento que no pica, lo que pica es la pimienta blanca y que es el que hace que el caldo utilizado quede espeso.
El gumbo con su arroz, ocra y langostinos

Y la jambalaya. Si el gumbo pica según lo pruebas, la jambalaya te deja ese regusto picante intenso en la boca una vez terminas con el último bocado. Ambos platos tienen la misma base e ingredientes, pero a la jambalaya le falta el caldo, y resulta más contundente y menos interesante. 


La seca jambalaya

Vamos con los postres. No hay gran variedad, pero una vez que nos comentan que todos son caseros, nos decidimos por la tarta de queso con chocolate blanco y mermelada de tomate natural (hecha con esos tomates que ya no son verdes y pasan al rojo y no sirven para el plato más emblemático). Y el quesillo venezolano, que es una mezcla de flan y tocino de cielo, en su sabor, pero no en forma, aderezada de sirope de caramelo. Me quedo con la tarta de queso, jugosa y nada empalagosa.


El quesillo venezolano y la tarta de queso con mermelada de tomate

Se nota la importancia del jazz en Trikki Nueva Orleans por la música ambiente o la decoración con saxofones o esos tambores utilizados como lámparas.
Destacar la amabilidad de las camareras y su profesionalidad, contestando a las preguntas sobre ingredientes y formas de cocinar. Y comentar como anécdota, lo incómodo que era el mango del tenedor, porque no se podía coger bien.

Por último, y como siempre, la señalización de los aseos; de lo más divertido que hemos encontrado hasta ahora. El restaurante no era muy grande y había únicamente un cuarto de baño, para todos los públicos, obviamente.

domingo, 9 de junio de 2019

PERLA DEL PACÍFICO: Ecuador contundente.


PERLA DEL PACÍFICO, a 8 de junio de 2019 en la avenida de Rafaela Ibarra n.º 37 de Madrid, barrrio de Usera, muy cerquita de la Junta Municipal y de la Biblioteca .
Por una de esas casualidades de la vida, sin pretenderlo, porque no tocaba salir a comer fuera de casa, hemos quedado a comer en este restaurante ecuatoriano al que le teníamos echado el ojo desde hace tiempo. Ya habíamos probado los platos, peruanos, venezolanos, bolivianos, colombianos, y nos quedaba pendiente la cocina ecuatoriana. Teníamos ganas de comprobar las semejanzas o diferencias entre ellas, y nos encontramos con una mezcla de todas las cocinas latinas.
La entrada a Perla del Pacífico

Nos pedimos unas cervezas para abrir boca y en este caso no nos sirven aperitivo, como en otros sitios, para, a continuación, traernos la carta. Y nos vamos a la sección de platos típicos, ¡cómo no!
Aquí no parece que haya primeros, segundos y postre. Miramos las mesas y vemos sobre ellas un plato-fuente (de arcopal blanco) con abundante comida, que presumimos plato único (estamos ante una especie de plato combinado). Y casi todos incluyen carne o pescado, arroz y plátano frito.
Alguien tiene ganas de un encebollado, pero como ya lo ha probado en otras ocasiones, se decide por una Fritada.Se trata de un plato a base de trozos grandes de cerdo frito, con su plátano maduro y frito su molde de arroz, tortilla ecuatoriana (hecha a base de puré de patata y queso) y ensalada con su aguacate. Es un plato típico de la zona de Sierra de Ecuador.
La Fritada de cerdo

Otro de los platos elegidos es un Hornado, cuya base es el cerdo horneado, con su tortilla ecuatoriana, su molde arroz cocido, plátano maduro y ensalada. Se podía escoger entre arroz cocido o mote (especie de crema de maíz cocido).
El Hornado ecuatoriano
Y Bandera, un plato que lleva en el centro un molde de arroz blanco cocido, callos, ceviche, plátano frito y carne guisada. Es un plato combinado completo y contundente, que ya sólo con la carne guisada, tierna y jugosa, con su salsa, y mezclada con el arroz sería suficiente. Si le añadimos esos callos bien lavados (o guatita en Ecuador) con una salsa amarilla a base de pasta de maní y cilantro, con sus patatas y un ceviche muy delicado (con su tomate, su cebolla morada, sus langostinos...), porque su sabor no peca de exceso de lima, resulta un plato especial. Y el plátano frito que no falte.
Parece ser que la Bandera es un plato típico de la zona de Guayaquil, y que debe su nombre a la exigencia de clientes de hace unos 50 años de mezclar en un único plato varias texturas, sabores y colores. Conseguido.
Bandera con su ceviche y sus langostinos
He de comentar que se trata de un restaurante de barrio, al que imagino va gente trabajadora, que aprovecha el fin de semana para comer fuera de casa y las comidas que añoran. Es un local sin muchas pretensiones, con su mantel individual de papel con el emblema del local, y cubiertos enrollados con la servilleta también de papel. Incluso preguntamos que si tienen algún postre casero y nos dicen que no. Eso sí, el precio por comensal lo compensa, menos de 12 euros, y hemos salido muy satisfechos.
Decoración muy sencilla y sin ambiciones y servicio atento, aunque hay que señalar que casi todo eran camareras. En femenino.


Y la señalización de los aseos, divertida y personalizada, con el emblema del restaurante.





martes, 21 de mayo de 2019

CASA GALLETA: Discreta María.


CASA GALLETA, a 18 de Mayo de 2019, en la calle Castelló n.º 12 de Madrid, barrio Salamanca y muy cerca del Retiro, pulmón del foro que hay que cuidar y mucho.
Este sitio ha sido escogido, por las buenísimas sensaciones que nos generó la visita que hicimos hace dos años a otro restaurante de esta misma cadena, que se llama El Perro y la Galleta, y situados ambos muy cerca uno de otro. La proximidad del Retiro debe inspirar al grupo de restauración Fontaneda.
Entrada a Casa Galleta
En su página se anuncian como el restaurante más castizo del grupo Bar Galleta; será porque entre sus platos se encuentra la celebérrima tortilla de patata. Y que no falten los rebozados de galleta, en vez de pan rallado o harina, todo un invento.


Decoración de Casa Galleta con sus gramófonos
Si la decoración de El Perro y la Galleta nos entusiasmó, toda una pared llena de cabezas de perro de trapo de distintas razas, y ataviados con distintos disfraces, fue un espectáculo singular y divertido, en Casa Galleta destacan los gramófonos, botellas y muebles antiguos, y los retratos o esas cabezas de toro tejidas con esparto.
Como siempre, nos preguntan si queremos algo de beber, y nos pedimos unas cervezas fresquitas que vienen acompañadas con unas salsas de tomate natural, crema de olivas negras y mousse de setas, que nosostros saboreamos untando las rebanadas de pan. Entre crema y crema, ojeamos la carta. Como siempre, difícil la elección.


El aperitivo de cremas de tomate, aceitunas negras y setas
Pedimos para compartir unos entrantes, medias raciones, y como nos gusta probarlo todo, nos hemos decidido por las berenjenas rebozadas en galleta con pomodoro y parmesano. La presentación del plato es excelente, y un primer bocado resulta un poco soso, porque ese primer bocado coincide, lógicamente con el extremo de la berenjena, en donde no llega ni el tomate ni el queso, pero cuando se funde la berenjena con las lascas de queso parmesano y la salsa pomodoro (salsa de tomate con su ajo, cebolla y albahaca), resulta una combinación muy sabrosa. A destacar que no se notaba que la berenjena estaba rebozada en galleta María, porque no tenía un especial sabor dulce.
Las berenjenas con parmesano y pomodoro
El otro entrante que pedimos, y por recomendación del jefe de sala, las alcachofas confitadas con salsa romesco y parmesano. Nos sirven tres señoras alcachofas, buen tamaño, con lascas de parmesano por encima y sobre la salsa romesco. La salsa romesco podría semejarse a un salmorejo rojito, pero sus ingredientes son almendras tostadas, tomates y pimientos asados, con su aceite y vinagre. Me entusiasman las alcachofas, y éstas estaban estupendas. Y la salsa romesco, original y sabrosa.
Las señoras alcachofas con parmesano y salsa romesco
Como segundos platos nos hemos decantado por unos tacos de maíz con bacalao rebozado, aguacate y crema de pimiento del piquillo. Sobre el plato hay cuatro tortitas de maiz en forma de barco, y sobre ellas, un pedazo de bacalao rebozado en forma de bastón con suelo de aguacate y por encima, juliana de pimiento, cebolla morada y un toque de mayonesa. Con un ligero toque picante, resulta muy agradable al paladar.
Los tacos de bacalao
El otro segundo plato que pedimos es un arroz negro con alcachofas y tiras de sepia. Yo, que no soy de marisco, me ha resultado un plato muy sabroso e interesante, porque no sabía mucho a marisco, aunque tampoco destacaba el sabor de la alcachofa. Lo acompañaban con una ración de alioli.
El arroz negro con chipirones y alcachofas
Los postres, imprescindibles. Nos decidimos por los que incluyan galleta María, la reina del local, y la tarta de queso y la de chocolate lo incluyen. En la tarta de queso, como corresponde, la galleta María está en la base y el lateral, para que se arme. En el caso de la tarta de chocolate, en la base del vaso ponen una galleta, y sobre ella un poco de chocolate, otra galleta, otro poco de chocolate, ... hasta terminar con una galleta. Un poco empalagosa y contundente.

La tarta de queso 
La tarta de chocolate
Y una vez que terminamos, nos damos cuenta de que casualmente, hemos repetido los mismos postres que comimos en El Perro y La Galleta. Y también el plato de los tacos de maíz con bacalao. Interesante, porque nos gusta experimentar cocinas y platos distintos, y en este caso, sin pretenderlo, hemos repetido.                                                             Curioso.
En cuanto a la señalización de los baños, sin comentarios porque está repetido con otro restaurante, la primera vez que ocurre. Sólo decir que muy serio para un restaurante tan divertido, a la vez que vintage. Como está repetido, no aporto foto.