domingo, 14 de julio de 2019

COMO EN CHILE, como en casa y con cilantro


COMO EN CHILE, a 13 de julio de 2019, en la calle Fernando el Católico n.º 53 de Madrid, zona de Moncloa y aledaños.
Aunque sea una obviedad, pero hay que comentar que la comida típica de Chile es una mezcla entre los platos que llevaron los conquistadores españoles a aquellas tierras, cuya máxima representación es Pedro de Valdivia (que tienen como base principal el pollo, oveja, vacunos y trigo) y la gastronomía indígena. A esa mezcla hay que añadirle las influencias de la comida italiana, francesa y alemana.
Entrada a Como en Chile
¿Y qué se puede comer en Chile? Pues atendiendo a su geografía, parecería que escasea la tierra cultivable para frutas, verduras, hortalizas y legumbres, y sí abundaría el pescado por los tantísimos kilómetros de costa que tiene. Hay que tener en cuanta que Chile tiene una anchura media de 150 Kilómetros, con su parte andina y unos 5.000 de largo, que da para muchos barcos de pesca. También puede ser tierra de ganado vacuno, por los kilómetros de zonas verdes que pudiera tener en las cercanías de las zonas montañosas.
Una vez dentro de Como en Chile, nos encontramos con una zona de comedor no muy grande, con siete mesas que, en un momento dado, estaban completas, y de gentes variopintas, españoles, sudamericanos y algún despistado americano (por cómo se expresaba en inglés). Las mesas no tienen mantel y sí un tapete individual, su vaso y su copa y el pan que sirven es blando, tipo brioche pero no dulce (o el pan de torrijas de algunos establecimientos).
Interior de Como en Chile
Cuando nos sentamos a la mesa, la camarera, chilena de nacimiento, nos pregunta si sabemos en qué consiste la comida chilena, la decimos que precisamente venimos a Como en Chile, porque no lo sabemos y nos gustaría conocerla, y nos explica la mezcla de distintas gastronomías, en especial la española o criolla, y que al ser una zona un poco aislada de la geografía sudamericana, no tiene prácticamente influencias con los platos de los países que la rodean. Y es un comentario que no me esperaba, pensaba que la comida ecuatoriana o argentina estarían más presente en su dieta.
Antes de entrar a ver la carta, y como hace calor, pedimos pisco chileno y cerveza de Chile. Cerveza chilena la hay más o menos fuerte, con clara influencia de Alemania, y nos habla la camarera de una cerveza chilena con miel, cerveza de Valdivia (con su abejita en la etiqueta). Es obligatorio probarla, y en verdad es cerveza no muy fuerte, con un ligero toque de miel, que le da un sabor muy original, nada dulce ni empalagosa. Acompaña a la bebida un aperitivo que consiste en unas cucharitas de atún, pimiento, cebolla morada y cilantro, para abrir boca.
El pisco y la cerveza chilena de Valdivia
Como lo que nos interesa es probar lo más típico de Chile y comprobar, de paso, las diferencias con otras gastronomías, observamos que la carta de entrantes está llena de platos del país. Así que nos decidimos por pedir cuatro entrantes y no pedir segundos platos.
Uno de los entrantes típicos es la Palta Reina. Se trata de una cama de hojas de lechuga de varios tipos y sobre ella, un aguacate partido por la mitad, quitado el hueso, naturalmente, y ese hueco rellenado con migas de atún, cebolla y cilantro, adornado con una gamba y mahonesa. Destacar el sabor tan especial que le da el cilantro (o perejil chino) a los platos; un sabor más intenso y fresco.
La Palta Reina
Otro de los entrantes es el ceviche de corvina, distinto del ceviche de otros países sudamericanos, porque resulta más delicado de sabor al no llevar ají. El ceviche es un plato japonés que se extendió a través del Pacífico por toda Sudamérica, y llega a los distintos países en sus distintas versiones. El de Chile tiene su pescado fresco marinado en lima, cilantro, pimiento rojo y cebolla morada. Lo adornan con una hija de perejil.
El ceviche de corvina
Seguimos con la empanada de Pino al Horno, también típica de Chile; se trata de una empanada, digamos que el doble de grande que una empanadilla normal, rellena de carne de ternera picada, cebolla también picada muy fina, aceitunas, pasas y huevo. Viene acompañada de una salsa de tomate y pimiento que hemos vertido entre la carne y la masa de la empanada (que es de harina de trigo), que es el que le ha dado el toque picante.
Interior de la empanada de Pino al Horno
Con estos tres entrantes hemos quedado satisfechos, pero la camarera nos comenta que el cocinero ha preparado las típicas empanadillas de queso. No podemos dejar de probarlas, empanadillas recién fritas, una de queso con almeja macha rosada y la otra de camarones. Es la típica empanadilla frita, y rellena de una mezcla de quesos gouda, parmesano y harvatti que le da una consistencia que, una vez en la sartén no se deshaga o quede demasiado duro. Un plato muy interesante.
Las empanadillas de queso con almejas macha y camarones
Estamos llenos, tal vez nos habría sobrado una empanadilla, pero aun así, los postres no pueden faltar. Escogemos una tarta de limón, con merengue un poco tostado por encima que me resulta demasiado mazacoque y dulce. Y panqueque con sirope de fresa, helado de vainilla y láminas de almendra.


La tarta de limón
El panqueque

Mejor los entrantes que el postre.




¿Y no resulta muy divertida y original la señalización de los aseos? Clara influencia criolla.

domingo, 16 de junio de 2019

TRIKKI NUEVA ORLEANS: Los tomates verdes fritos son algo más que una película.


TRIKKI NUEVA ORLEANS TRADITIONAL CUISINE, a 15 de junio de 2019, en la calle Santa Engracia n.º 109 de Madrid, Chamberí, zona coqueta.
Se trata de un restaurante que, según su página, está especializado en platos de Nueva Orleans y Venezuela (porque uno de los socios es de este país). La gastronomía de esta parte de Norteamérica tiene claras influencias de la cocina acadia (zona de la antigua Canadá francesa), española, caribeña, italiana o del oeste de África.
El interior de Trikki y sus lámparas-tambor

Para entender la base de la gastronomía de Nueva Orleans, hay que remitirse a esa tribu de los cajún, que habitaba en la Canadá francesa (Acadia) y que se trasladaron a la actual Luisiana tras la incorporación de esos territorios a la Corona Británica. Esta tribu de los cajún se llevó consigo sus platos tradicionales, cuya base la forman fundamentalmente, cebolla, pimientos y apio. A eso hay que sumar las influencias de las cocinas francesas, italianas y españolas y tenemos la cocina de Nueva Orleans, sin olvidar esa mezcla con la cocina proveniente de los antiguos esclavos que venían de África.
La original carta de Trikki

Echamos un vistazo a la carta mientras saboreamos una cerveza de Milwaukee, pero enseguida nos dejamos asesorar por la camarera, tras comentar que queremos probar los platos más tradicionales.
Tras sus consejos, pedimos como entrante los famosos tomates verdes fritos, que no son sólo una película, sino que sobre un plato alargado, nos sirven nuestra ración compuesta de 6 gruesas rodajas de tomates verdes, pero que muy verdes, y aun así tiernos, y fritos con una tempura con toque picante, y una salsa remoulade para darle más sabor. La salsa remoulade es una mayonesa con mostaza de Dijón, que también pica, a la que se le añade pedacitos muy pequeños de lo que parecen alcaparras  o pepinillos, por su sabor, y con tomillo o eneldo. Interesante.
Tomates verdes fritos con salsa remoulade

Comentar que es la segunda vez que probamos los tomates verdes fritos en un restaurante de cocina de Nueva Orleans, y en unos tiene el toque picante y en el otro no. Tengo la impresión de que la verdadera cocina de esta parte de Norteamérica es picante.
Y el segundo entrante recomendado es la Nola Onion Mum. ¡Cómo explicar lo que nos sirven!. Se trata de una tierna y gran cebolla a la que se le han dado varios cortes en vertical, para permitir que se pueda abrir en capas y gajos, y formar un flor, servida frita en tempura y acompañada de tres salsas, la ya comentada remoulade, la salsa cajún (también un poco picante al añadirle cayena a la mayonesa, orégano, ajo en polvo y aceite oliva virgen) y ¡oh, sorpresa! salsa de sirope de chocolate. Es un placer arrancar un pétalo de esa flor de cebolla frita y añadirle una pizca de sirope de chocolate, o cualquiera de las otras dos salsas. El contraste del sabor de la delicada cebolla frita con el dulzor del sirope de chocolate es muy impactante. Plato muy original.


La cebolla frita con el sirope de chocolate y la salsa remoulade

Como segundos platos, insistimos en los platos típicos de Nueva Orleans, que resultan ser el gumbo y la jambalaya.

El gumbo es un plato cuya base es el arroz con trocitos de pollo, chorizo criollo y langostinos, con su salsa de carne. Llama la atención de este plato el pimiento verde que proviene de África y se llama ocra, pequeño y con sus semillas que por su tamaño, no se pueden quitar. En un principio, pensamos que era este ingrediente el que le daba el toque picante, pero no, es un pimiento que no pica, lo que pica es la pimienta blanca y que es el que hace que el caldo utilizado quede espeso.
El gumbo con su arroz, ocra y langostinos

Y la jambalaya. Si el gumbo pica según lo pruebas, la jambalaya te deja ese regusto picante intenso en la boca una vez terminas con el último bocado. Ambos platos tienen la misma base e ingredientes, pero a la jambalaya le falta el caldo, y resulta más contundente y menos interesante. 


La seca jambalaya

Vamos con los postres. No hay gran variedad, pero una vez que nos comentan que todos son caseros, nos decidimos por la tarta de queso con chocolate blanco y mermelada de tomate natural (hecha con esos tomates que ya no son verdes y pasan al rojo y no sirven para el plato más emblemático). Y el quesillo venezolano, que es una mezcla de flan y tocino de cielo, en su sabor, pero no en forma, aderezada de sirope de caramelo. Me quedo con la tarta de queso, jugosa y nada empalagosa.


El quesillo venezolano y la tarta de queso con mermelada de tomate

Se nota la importancia del jazz en Trikki Nueva Orleans por la música ambiente o la decoración con saxofones o esos tambores utilizados como lámparas.
Destacar la amabilidad de las camareras y su profesionalidad, contestando a las preguntas sobre ingredientes y formas de cocinar. Y comentar como anécdota, lo incómodo que era el mango del tenedor, porque no se podía coger bien.

Por último, y como siempre, la señalización de los aseos; de lo más divertido que hemos encontrado hasta ahora. El restaurante no era muy grande y había únicamente un cuarto de baño, para todos los públicos, obviamente.

domingo, 9 de junio de 2019

PERLA DEL PACÍFICO: Ecuador contundente.


PERLA DEL PACÍFICO, a 8 de junio de 2019 en la avenida de Rafaela Ibarra n.º 37 de Madrid, barrrio de Usera, muy cerquita de la Junta Municipal y de la Biblioteca .
Por una de esas casualidades de la vida, sin pretenderlo, porque no tocaba salir a comer fuera de casa, hemos quedado a comer en este restaurante ecuatoriano al que le teníamos echado el ojo desde hace tiempo. Ya habíamos probado los platos, peruanos, venezolanos, bolivianos, colombianos, y nos quedaba pendiente la cocina ecuatoriana. Teníamos ganas de comprobar las semejanzas o diferencias entre ellas, y nos encontramos con una mezcla de todas las cocinas latinas.
La entrada a Perla del Pacífico

Nos pedimos unas cervezas para abrir boca y en este caso no nos sirven aperitivo, como en otros sitios, para, a continuación, traernos la carta. Y nos vamos a la sección de platos típicos, ¡cómo no!
Aquí no parece que haya primeros, segundos y postre. Miramos las mesas y vemos sobre ellas un plato-fuente (de arcopal blanco) con abundante comida, que presumimos plato único (estamos ante una especie de plato combinado). Y casi todos incluyen carne o pescado, arroz y plátano frito.
Alguien tiene ganas de un encebollado, pero como ya lo ha probado en otras ocasiones, se decide por una Fritada.Se trata de un plato a base de trozos grandes de cerdo frito, con su plátano maduro y frito su molde de arroz, tortilla ecuatoriana (hecha a base de puré de patata y queso) y ensalada con su aguacate. Es un plato típico de la zona de Sierra de Ecuador.
La Fritada de cerdo

Otro de los platos elegidos es un Hornado, cuya base es el cerdo horneado, con su tortilla ecuatoriana, su molde arroz cocido, plátano maduro y ensalada. Se podía escoger entre arroz cocido o mote (especie de crema de maíz cocido).
El Hornado ecuatoriano
Y Bandera, un plato que lleva en el centro un molde de arroz blanco cocido, callos, ceviche, plátano frito y carne guisada. Es un plato combinado completo y contundente, que ya sólo con la carne guisada, tierna y jugosa, con su salsa, y mezclada con el arroz sería suficiente. Si le añadimos esos callos bien lavados (o guatita en Ecuador) con una salsa amarilla a base de pasta de maní y cilantro, con sus patatas y un ceviche muy delicado (con su tomate, su cebolla morada, sus langostinos...), porque su sabor no peca de exceso de lima, resulta un plato especial. Y el plátano frito que no falte.
Parece ser que la Bandera es un plato típico de la zona de Guayaquil, y que debe su nombre a la exigencia de clientes de hace unos 50 años de mezclar en un único plato varias texturas, sabores y colores. Conseguido.
Bandera con su ceviche y sus langostinos
He de comentar que se trata de un restaurante de barrio, al que imagino va gente trabajadora, que aprovecha el fin de semana para comer fuera de casa y las comidas que añoran. Es un local sin muchas pretensiones, con su mantel individual de papel con el emblema del local, y cubiertos enrollados con la servilleta también de papel. Incluso preguntamos que si tienen algún postre casero y nos dicen que no. Eso sí, el precio por comensal lo compensa, menos de 12 euros, y hemos salido muy satisfechos.
Decoración muy sencilla y sin ambiciones y servicio atento, aunque hay que señalar que casi todo eran camareras. En femenino.


Y la señalización de los aseos, divertida y personalizada, con el emblema del restaurante.





martes, 21 de mayo de 2019

CASA GALLETA: Discreta María.


CASA GALLETA, a 18 de Mayo de 2019, en la calle Castelló n.º 12 de Madrid, barrio Salamanca y muy cerca del Retiro, pulmón del foro que hay que cuidar y mucho.
Este sitio ha sido escogido, por las buenísimas sensaciones que nos generó la visita que hicimos hace dos años a otro restaurante de esta misma cadena, que se llama El Perro y la Galleta, y situados ambos muy cerca uno de otro. La proximidad del Retiro debe inspirar al grupo de restauración Fontaneda.
Entrada a Casa Galleta
En su página se anuncian como el restaurante más castizo del grupo Bar Galleta; será porque entre sus platos se encuentra la celebérrima tortilla de patata. Y que no falten los rebozados de galleta, en vez de pan rallado o harina, todo un invento.


Decoración de Casa Galleta con sus gramófonos
Si la decoración de El Perro y la Galleta nos entusiasmó, toda una pared llena de cabezas de perro de trapo de distintas razas, y ataviados con distintos disfraces, fue un espectáculo singular y divertido, en Casa Galleta destacan los gramófonos, botellas y muebles antiguos, y los retratos o esas cabezas de toro tejidas con esparto.
Como siempre, nos preguntan si queremos algo de beber, y nos pedimos unas cervezas fresquitas que vienen acompañadas con unas salsas de tomate natural, crema de olivas negras y mousse de setas, que nosostros saboreamos untando las rebanadas de pan. Entre crema y crema, ojeamos la carta. Como siempre, difícil la elección.


El aperitivo de cremas de tomate, aceitunas negras y setas
Pedimos para compartir unos entrantes, medias raciones, y como nos gusta probarlo todo, nos hemos decidido por las berenjenas rebozadas en galleta con pomodoro y parmesano. La presentación del plato es excelente, y un primer bocado resulta un poco soso, porque ese primer bocado coincide, lógicamente con el extremo de la berenjena, en donde no llega ni el tomate ni el queso, pero cuando se funde la berenjena con las lascas de queso parmesano y la salsa pomodoro (salsa de tomate con su ajo, cebolla y albahaca), resulta una combinación muy sabrosa. A destacar que no se notaba que la berenjena estaba rebozada en galleta María, porque no tenía un especial sabor dulce.
Las berenjenas con parmesano y pomodoro
El otro entrante que pedimos, y por recomendación del jefe de sala, las alcachofas confitadas con salsa romesco y parmesano. Nos sirven tres señoras alcachofas, buen tamaño, con lascas de parmesano por encima y sobre la salsa romesco. La salsa romesco podría semejarse a un salmorejo rojito, pero sus ingredientes son almendras tostadas, tomates y pimientos asados, con su aceite y vinagre. Me entusiasman las alcachofas, y éstas estaban estupendas. Y la salsa romesco, original y sabrosa.
Las señoras alcachofas con parmesano y salsa romesco
Como segundos platos nos hemos decantado por unos tacos de maíz con bacalao rebozado, aguacate y crema de pimiento del piquillo. Sobre el plato hay cuatro tortitas de maiz en forma de barco, y sobre ellas, un pedazo de bacalao rebozado en forma de bastón con suelo de aguacate y por encima, juliana de pimiento, cebolla morada y un toque de mayonesa. Con un ligero toque picante, resulta muy agradable al paladar.
Los tacos de bacalao
El otro segundo plato que pedimos es un arroz negro con alcachofas y tiras de sepia. Yo, que no soy de marisco, me ha resultado un plato muy sabroso e interesante, porque no sabía mucho a marisco, aunque tampoco destacaba el sabor de la alcachofa. Lo acompañaban con una ración de alioli.
El arroz negro con chipirones y alcachofas
Los postres, imprescindibles. Nos decidimos por los que incluyan galleta María, la reina del local, y la tarta de queso y la de chocolate lo incluyen. En la tarta de queso, como corresponde, la galleta María está en la base y el lateral, para que se arme. En el caso de la tarta de chocolate, en la base del vaso ponen una galleta, y sobre ella un poco de chocolate, otra galleta, otro poco de chocolate, ... hasta terminar con una galleta. Un poco empalagosa y contundente.

La tarta de queso 
La tarta de chocolate
Y una vez que terminamos, nos damos cuenta de que casualmente, hemos repetido los mismos postres que comimos en El Perro y La Galleta. Y también el plato de los tacos de maíz con bacalao. Interesante, porque nos gusta experimentar cocinas y platos distintos, y en este caso, sin pretenderlo, hemos repetido.                                                             Curioso.
En cuanto a la señalización de los baños, sin comentarios porque está repetido con otro restaurante, la primera vez que ocurre. Sólo decir que muy serio para un restaurante tan divertido, a la vez que vintage. Como está repetido, no aporto foto.



domingo, 28 de abril de 2019

BIZIKLETAK: Hay que ir y probar


BIZIKLETAK, a 27 de abril de 2019, en la calle Meléndez Valdés n.º 52 de Madrid, Moncloa, zona Universitaria, de exámenes y protestas, apuntes y fotocopiadoras, cañas y buen rollo.
Se trata de un restaurante, o gastrobar según su página web, que mezcla cocinas vasca, catalana, mejicana y peruana.
La entrada del local y su logotipo
¿Y qué es un gastrobar? Pues según los entendidos, un local en donde sirven tapas de autor, con un toque distinguido, añado yo. La intención es acercar la alta cocina a las clases populares a un precio asequible. Cuando has tomado pinchos en San Sebastián y Bilbao, puede parecer una sutil copia de los pinchos, pero en plan tapa, o servido en plato, para más comodidad.
Estamos en un restaurante pequeño, con pocas mesas y con una decoración con tonalidades muy acogedoras, suaves. Nos llama la atención esos espejos con forma de ventana, o ese sillín de bici a la que se le han añadido dos herramientas de mecánico y parece la cabeza de un venado con sus cuernos. O las lámparas, ruedas pequeñas de bici, incluso esas fotos pequeñitas de platos de comidas.

Ya sabemos que no hay menú en la carta y que todo es a base de tapas, así que después de mucho dudar decidimos que con cuatro tapas a compartir, tendríamos suficiente, porque como siempre digo, hay que hacer hueco y probar los postres.

El huevo campero con setas y purés trufado
Lo primero que nos ponen sobre la mesa, después de matar la sed con una cerveza Calatrava (de Ciudad Real, como no podía ser de otro modo) y unas patatas fritas con salsa de aperitivo, nos sirven un huevo campero con puré trufado, setas de temporada y cebolla frita en una minicazuelita. Y sí, se distinguen perfectamente todos los ingredientes, se ve el huevo y la cebolla frita y se saborea ese puré con el gran sabor y aroma de la trufa. Empezamos con buen pie.

Los ravioles de lámina de chocolate
Le siguen los raviolis de lámina de chocolate relleno de molleja de cordero y hongos en salsa Pedro Ximenez. Tal vez haya sido la tapa más impersonal, porque no se distinguían los componentes, léase el chocolate o la molleja de cordero, pero sí hay que hacer hincapié en esa salsa Pedro Ximénez, que le da un toque dulzón al plato.
Continuamos con el rollito de arroz relleno de txangurro con salsa de jengibre. Nos sirven cuatro rollitos que intentamos comer de un bocado. Y otra vez notamos y saboreamos perfectamente ese txangurro y esa salsa de jengibre (con ese toque singular entre picante y dulce), con la cobertura de arroz y pedazos de lechuga en su interior. Tal vez la tapa que más nos ha gustado.
El rollito de arroz con txangurro
El steak tartar al homo 
Y por último, casi, nos ponen sobre la mesa un steak tartar al humo. Tapa muy peculiar, pedacitos muy pequeños de carne con cebolleta, pepinillo y alcaparras, servida en plato de pizarra y sobre él, una campana de cristal transparente. Nos dice la camarera que lo dejemos reposar un minuto, y cuando levantamos la campana, ¡qué olor a humo de chimenea! Increíble.

El bao de cochinita pibil
Parece que los cuatro platos que habíamos pedido al principio, se nos han quedado cortos, por eso pedimos un bao mexicano con cochinita pibil y cebolla morada. El bao es una especie de pan de mollete pero más esponjoso, que, relleno de cochinita pibili, (ese cerdo asado y desmenuzado, aderezado con achiote, que le da ese color rojo) resulta junto con la cebolla morada, un plato espectacular y sabroso para el final de la experiencia.
El bizcocho de queso Idiazabal y helado

Los postres. Si buenas, sabrosas y bien presentadas estaban las tapas, hay que hacer una mención muy especial al bizcocho de queso Idiazábal, con helado de nueces y pedacitos de manzana confitada. Cada ingrediente por su lado, una maravilla, pero juntos en un sólo bocado, de saltarse las lágrimas del placer.
El chocolate con sal y pan

Y otro postre, bolas de chocolate con sal sobre pan y aceite de oliva, con un ligerísimo toque de jengibre. La mezcla del chocolate con la sal, aunque pueda parecer una excentricidad, es un excelente maridaje.


Siempre hago mención a la señalización de los aseos, y en este caso, con dos trazos y un punto, han marcado las siluetas de  ellos y ellas. 

También quiero destacar el logotipo del local, un diseño mezcla de bicicleta, platos y cubiertos, muy  sencillo y muy bonito.

El original emblema de Bizikletak

domingo, 24 de marzo de 2019

TABERNA LA CARMENCITA: De lo antiguo, lo mejor.


TABERNA LA CARMENCITA, a 23 de Marzo de 2019, en la calle Libertad nº 16, zona Chueca, con sus zonas modernas y de diseño, y según su página, es una de las más antiguas de Madrid, data de 1854. Por fuera, la taberna parece un local moderno, pero según atraviesas la puerta, te retraes a principios del siglo anterior. Si os pasáis por allí no dejéis de fijaros en la barra y su pila de aluminio.
Los azulejos de La Carmencita por dentro

La fachada de La Carmencita 
En el mes de Marzo del 2019, han decidido homenajear a las comidas que aparecen en El Quijote, su gastronomía y lo han llamado “Letras y ollas”. Por eso, de primeras, cuando nos presentan la carta, comentamos que queremos degustar esos platos mencionados en El Quijote, aunque ya hemos experimentado estas comidas en El Tormo, queremos ver como lo presentan en otros restaurante.


Taberna La Carmencita es un restaurante no muy grande, con las paredes de azulejos, mesas pequeñas, sin manteles y platos y cubiertos que tienen pinta de ser muy antiguos. Somos dos, y la mesa me resulta pequeña e incómoda. Y además está lleno hasta la bandera. Me recuerda mucho a Malacatín.

El paté de ternera y sus rebanadas de pan
Antes de servir los platos nos ofrecen de aperitivo un paté de ternera, de hígado de ternera con su cebollino. Se identifica perfectamente el sabor del hígado de ternera, sabor suave en este caso, que untado en esas rebanadas de pan tan finas, tostadas y crujientes, entra de maravilla.


La sopa de Matahambre con su cuchara
Y la carta dedicada a El Quijote sólo lo componen cuatro platos: Sopa de Matahambre, Cordero a la Calderetilla, Duelos y Quebrantos y Torrija. Pensábamos que los platos de El Quijote serían más numerosos, que habría más donde escoger; pero, teniendo en cuenta que los Duelos y Quebrantos es un plato de casquería, a base de sesos de cordero, decidimos pedir de la propia carta del restaurante, que tiene muy buena pinta. Y no puedo sustraerme a probar algo de El Quijote, y como no soy mucho de casquería, me pido una Sopa de Matahambre, que es en definitiva un sopa castellana, con sus rebanaditas de pan superfinas y ligeramente tostadas, que ya habíamos probado con el paté de ternera, y un huevo. Aunque no es un día muy frío, una sopa caliente ha cumplido su cometido.
Los callos a la madrileña



Las albóndigas de verdel y su salsa verde
Y después de mucho pensar nos decidimos por pedir varias medias raciones, probar los callos a la madrileña y unos entremeses calientes, que lo componen unas croquetas de jamón, rabas tiernas y dos taquitos de queso de cabra rebozados, acompañados de patatas paja. Del todo espectacular. Y esos callos, nada picantes, tiernos y delicados, si se puede decir que un plato de callos es delicado.

Los calamares en su tinta 
Tras esos entrantes tan bien elaborados, no sirven otra media ración de calamares en su tinta, con esa tinta espesa y su cogollito de arroz, y otra media ración de albóndigas de verdel en salsa verde muy ligera. El verdel es un pescado azul, también llamado sarda y la salsa verde que lo envuelve es delicada y sabrosa. Todo sabor a pescado, que podría ser merluza, pero es verdel, según la carta. Y que no falte la montañita de arroz. Otra delicia.


La tarta de queso
Y vamos con los postres, que según la carta son caseros. Y sigue siendo difícil de decidirse; al final optamos por una tarta de queso, con queso ecológico de Mª Jesús, con una base de galleta y un queso que te va a dejar con ganas de ir a conocerla. Todo eso dice la carta. Resulta una tarta muy delicada, y con poco sabor, tal vez un poco sosa, pero coronada con una gran frambuesa.
La tarta de chocolate



Y la tarta de galleta y chocolate, con mucho chocolate y muy espeso y esos platos de diseño tan antiguo.

Comentar que a la hora de pagar nos regalaron uno de los postres, porque consideraron que habían tardado más de la cuenta en servirlos. Un detalle a tener en cuenta de su profesionalidad.


Y dejo para el final esa señalización de los aseos, que en el caso de Taberna La Carmencita, me parece muy adecuado para la antigüedad del lugar. Y lo que ya he comentado alguna vez, me resulta curioso las muchas formas de indicar los cuartos de baño, y que no se repitan.

Un sitio muy recomendable