domingo, 12 de agosto de 2018

LA BODEGA DE LOS SECRETOS: En las entrañas de Madrid.


LABODEGA DE LOS SECRETOS, a 11 de Agosto de 2018, en la calle San Blas nº 4, de espaldas a la calle Atocha y muy cerquita del paseo del Prado. Estamos en el barrio de las Letras, podemos visitar la casa de Cervantes, de Lope de Vega y del Ateneo.

Por uno de los pasillos
¡Vaya local, si se puede llamar así, curioso, que nos hemos encontrado! En realidad ha sido escogido precisamente por lo que es, y no por la comida en sí que nos pudiesen ofrecer, pero nos ha sorprendido muy gratamente: ha sido una nueva forma de comer en Madrid. Se trata de una antigua bodega reconvertida en restaurante, situada entre el Caixa Forum y el Ministerio de Administraciones Públicas, en una callecita pequeña, recoleta, tranquila y silenciosa. Un lujo en la canícula de la capital, con un mes de agosto caluroso.
El techo visto desde la mesa


Según la historia del local, se trata de una antigua bodega que data de hace unos 400 años, situada en la afueras de Madrid por aquellas fechas, y tal vez construida como escondite de mercancías para evitar impuestos y como refugio de personas en caso de apuro, con sus tantos pasillos  y con varias salidas para ser utilizadas en caso de persecuciones. Tal sucedió en las guerras napoleónicas o en la guerra civil española. 

Según entras desde la calle al local, hay que bajar una planta y nos encontramos con un pasillo a izquierda y derecha, todo ello de ladrillo visto, incluso el techo, con un cierto estilo románico porque, de hecho, parece ser que la bodega perteneció a unos monjes de la congregación de San Felipe Neri. Somos conducidos a un espacio o hueco en el que cabe una mesa con dos bancos en el que nos acoplamos los cuatro, eso sí, un poco ajustados. Posiblemente era uno de los sitios en los que las botellas de vino guardaban su tiempo de reposo hasta estar listas. La luz nos la sirve una lámpara que hay encima de la mesa, suficiente, y no parece que haya aire acondicionado, aunque hubo un momento en que se notó que la temperatura subía. Fuera, en la calle, hace calor.
Vasitos de gazpacho y el pan

Como siempre, nos preguntan que si queremos algo de beber; pedimos cervezas, nestea y agua; nos sirven unos vasitos de gazpacho de aperitivo, que nos sabe mucho a pimiento, demasiado líquido, demasiado suave. Y de paso nos ponen el pan en su  cestita.

El pulpo braseado con base de patata
La carta no parece muy extensa, aunque suficiente para poder elegir entre cierta variedad. Como siempre, pedimos cuatro entrantes: croquetas de jamón ibérico, con una besamel muy delicada; laminado de pez mantequilla con deconstrucción de trufa o filetes superfinos de pez mantequilla, creo que ahumada, regada con aceite y trufa molida por encima. Una delicia el pez mantequilla. Le sigue el pulpo braseado con aceite y pimentón de la Vera y puré de patata trufada de textura super suave.
La burrata con su crema de tomate

Delicioso pez mantequilla y trufa
Por último, burrata (queso suave italiano hecho de mozzarella y crema) sobre crema de tomate y albahaca con olivada de aceitunas negras y gotas de aceite verde flotando entre la crema de tomate. Han sido unos entrantes de lujo, y de los cuatro me quedo con la burrata y su crema de tomate; soy fan de los tomates en todas sus variaciones y presentaciones, y si es crudo, mejor.

Los raviolis con su crema de setas
El bacalao confitado con pera
Vamos con los segundos: raviolis con crema de setas y queso: el toque que le da a la crema de setas el queso, la trufa que se intuye y el cebollino que se aprecia por encima del plato, lo hacen muy apetitoso. Bacalao confitado y gratinado con alioli de pera y azúcar mascavado (azúcar moreno y sin refinar) y sus gotas de aceite verde. Aunque el bacalao estaba en su punto, el aliño del alioli da como resultado un plato contundente, y aunque la pera, que parecía haber sido calentada en la plancha o confitada con el bacalao, le añadía un toque dulzón, ha resultado un plato un tanto pesado.
El solomillo con salsa de moixernos
El entrecot del Pirineo muy tierno

También pedimos entrecot del Pirineo braseado con sus patatitas asadas, muy tierno, y un solomillo de ternera con salsa moixernons (cierta clase de setas diminutas) que da como resultado una carne muy jugosa y de guarnición, brócoli y zanahoria. Y como soy poco carnívora, me quedo con los raviolis de setas y queso.

Y hoy sí que hemos pedido vino, vino de Ribeiro denominado San Clodio. Correcto.

Aunque los platos han resultado completos, hemos dejado un pequeño hueco para los postres, porque es nuestra filosofía el probarlos. Nos hemos decantado por el sorbete de mandarina, tiramisú de Jack Sparrow, torrija de toda la vida y couland de chocolate con helado de mango. Es difícil decidirse por alguno de los cuatro; como el tiramisú ha resultado con poco sabor a café y un tanto soso, doy mi voto a la torrija de toda la vida, grande y jugosa. Deliciosa.


El sorbete de mandarina
El couland con sus acompañantes

El tiramisú soso y la torrija de siempre










En contra de La bodega de los Secretos diré que nos cobraron dos euros por persona en concepto de pan y aperitivo, aperitivo que no habíamos pedido. Y aunque ya lo sabíamos porque lo habíamos visto en la página web, no deja de ser un detalle que no me gusta, aunque a cambio nos invitasen a los cafés. Prefiero que no me cobren ese aperitivo que no hemos pedido y pagar los cafés que sí nos apetecía tomar para acabar la fiesta.

Y con respecto a la indicación de los baños, comentar que este restaurante se inclinó por poner dos reseñas en lugar de una. Una de ellas con los carteles de Ladies y Gentlemen. Si me pongo a pensar en el Madrid de hace cuatro siglos, su picaresca, el intento de tomarle el pelo al de al lado que aun practicamos, el formato superformal traído de los países anglosajones me parece fuera de lugar. Por eso me quedo con la segunda acepción, en el que cabemos todos, incluso los que no se sienten aludidos por el adjetivo.

Como conclusión, un poco caro, pero muy original, un sitio para lucirse.


lunes, 16 de julio de 2018

EL BUND: Alta cocina china


ELBUND, a 14 de Julio de 2018, en la calle Arturo Baldasano nº 22, zona de Arturo Soria. Se trata de cocina china: cantonesa, shangainesa, sichuanesa, pequinesa o de Hangzhou, y escogida, como todos los veranos, por la terracita al aire libre.

El comedor al anochecer 

Nos encontramos con un chalet en una bocacalle de la calle Arturo Soria, al que le han reconvertido en restaurante con amplia terraza en dos niveles. Todo el inmueble está decorado con elementos orientales: elefantes, budas, fotos, vajillas, cerámica, … todo muy acorde. A nosotros nos sitúan en el nivel más bajo de la terraza y al fondo, junto al muro de separación con el chalet colindante, bajo un frondoso árbol y una sombrilla blanca, para que no nos caigan hojas del árbol, entendemos. Hace una noche estupenda, porque no hace mucho calor y la situación acompaña a que disfrutemos del momento.
Detalle de los dinsum de verduras y cordero


Una de las cosas que nos llama la atención cuando nos entregan la carta, es que la comida de Sichuan lleva salsa picante, y como no nos gusta mucho lo picante, decidimos preguntar por el resto de los platos antes de pedir.

Como los hay enamorados de los dimsun (especie de empanadillas hechas con una oblea de masa blanca, posiblemente de arroz y al vapor), y aunque los hemos probado en muchos sitios, nos decidimos a seguir probando estas especialidades de la cocina oriental. Según nos cuenta el chef, la masa la hace el cocinero en el momento en que se hace el pedido y es por eso que están tan jugosas. 


Detalle del shengjian y el shaomei
Nos decidimos por el dinsum de verduras, todo relleno de verduras cortadas en pedacitos muy pequeños en el que se intuye espinacas, y, tal vez, cebolleta, pimiento verde y apio, con un sabor intenso que no termino de identificar (¿tal vez jengibre?). Por el jiaozi de cordero, de tamaño más pequeño que el dinsum, menos redondo, y más hueco, pero con un relleno de cordero exquisito y servidos ambos en recipiente de madero y/o bambú.

También pedimos de entrante un shengjian shangaines relleno de carne y un toque de jengibre, con una base crujiente y sésamo, y un shaomei cantonés, a base de verduras y con una gamba en la corona, que técnicamente no es un dinsum al no estar envuelto en la oblea blanca.

Y para empezar, nos parece alta cocina china. Ni asomo de rollitos de primavera, ni arroz tres delicias, ni pollo al limón.

La pasta cortada al momento
Seguimos con los segundos platos, que también compartiremos. Empezamos con la pasta cortada en el momento y salteada, y nos encontramos con unos tallarines pero de un centímetro de ancho, cortados en varios tamaños y servidos con una salsa ligera y un toque efímero de carne, cebolla, gambas y espinacas. Nunca habíamos comido una pasta tan ancha y tan sabrosa, y se puede comer por sí sola, o acompañada de carnes, porque va bien con todo.

El arroz frito de la casa
Otro plato que nos sirvieron fue pato crujiente, (ni pato laqueado ni pato cantonés) que estaba rebozado, si es que se puede denominar así, de una masa crujiente, y servido con una salsa a parte, que yo no probé, por lo que no sé si picaba, y que preferí comerlo junto con la pasta.

Seguimos con un arroz frito de la casa, arroz blanco con trocitos de pimiento rojo y huevo, casi envuelto en una delgada oblea que parecía la masa del crepé, aunque un poco sosa. Y aunque tenía pocos aderezos, resultó un arroz muy sabroso

El cerdo a la pequinesa
Probamos también el cerdo a la pequinesa, que resultaron ser unos rollitos, pero no hechos con la masa de hojaldre, rellenos de carne de cerdo cortada en trozos muy finos, con zanahoria en tiras y otras verduras, y tal vez un toque picante, pero tan leve, que no todos lo percibimos.


Las berejenas de la abuela hirviendo
Y terminamos con las berenjenas al estilo de la abuela, cuatro medias berenjenas, supongo que asadas y servidas en una fuente de calor hirviendo, con una salsa espesa, muy oscura, que me vuelve a recordar a la salsa de ostras de los chinos de toda la vida. En su punto y qué maravilla de plato cocinado con una verdura tan humilde, porque no todo el sabor estaba en la salsa.

Quedaba hueco para los postres, y nos recomendaron los helados de la casa. Pedimos helado de te verde y de chocolate, sorbete de mandarina y tarta de tres chocolates; tal vez demasiado fría, para mi gusto, pero deliciosa.


La deliciosa tarta de tres chocolates
Y todavía alguien se atrevió a pedir un te, para concluir la jornada, y en vez de azúcar, se endulzó el brebaje con lichis (típico fruto chino con sabor parecido a la uva). Original.

¿Shangai, Pekín, Cantón? Me quedo con todo. Espectacular y no tan caro como creíamos. Mesas con manteles blancos y sus palillos (cuchillo y tenedor para los poco atrevidos), platos blancos con diseño original, sillones de mimbre, suelo de madera, camareros muy atentos a los platos vacíos (e interesándose por las marcas de los móviles que usamos), botella de agua premium... Y silencio y mucha tranquilidad; intuíamos, tal vez, que los vecinos estaban cerca, las ventanas abiertas y había que bajar la voz.



La señalización de los baños, muy acorde con el lugar. Creo que sobran las palabras porque la imagen lo dice todo: señor y señora orientales con los vestidos tradicionales de alguna cultura de China, intuyo que muy antigua, todo lujo, mucho color.

Si queréis quedar bien, y que amigos y familia se animen a probar la comida china, si no la conocen, es el sitio ideal

domingo, 10 de junio de 2018

TABERNA BALKANIKA: Bulgaria y Serbia también existen.


TABERNA BALKANIKA, el 9 de junio de 2018, en la calle Urquiza 15, a un paso de la zona comercial de la calle Alcalá.
La entrada de la taberna.Lo mejor está dentro.

Este mes nos hemos decantado por alejarnos por un momento de la comida asiática e italiana y nos adentramos a descubrir la comida que se sirve en los Balcanes, sobre todo, de Serbia y Bulgaria que sirven en la Taberna Balkanika.

Ya la entrada al restaurante impresiona, porque lo primero que nos encontramos es una especie de portal de unos ocho metros de largo, con arcos de piedra, para después descubrir el restaurante, propiamente dicho. Voy a ser un poco atrevida y decir que parece un antiguo templo reconvertido en restaurante, o una posada de hace siglos en Madrid, por la piedra y la amplitud. Es un local muy grande, para lo que esperábamos y con un decorado semejante a un mesón castellano, aunque no tan rústico. Manteles en las mesas y adornos en las paredes de trajes típicos de los Balcanes,  utensilios de cocina antiguos y dibujo de señora con traje típico.
Ensalada del chef. Todo color.
La carta que nos presentan es bastante amplia, y ahí empiezan las dudas sobre qué pedir. Y como no conocemos nada de la comida balcánica, nos decidimos por pedir de entrante una ensalada denominada del chef, que incluye cinco porciones de ensaladas de las zona, acompañadas de huevo duro, rodajas de un embutido similar al fuet, tomate (con bastante sabor a tomate), queso feta y pepino.

De las cinco ensaladas que nos presentan, una es la típica ensaladilla rusa y otra de pimientos asados que todos conocemos. De las otras tres, una de ellas de color blanco a base de crema de yogur, pepinos, ajo y eneldo (deliciosa) llamada ensalada SNEZHANKA, tipica de Bulgaria; otra, de un inusual color rojo llamada AIVAR de Serbia con una base de pimientos asados y berenjenas cortados en trozos muy pequeños; otra de ellas de un color naranja intenso llamada URNABES, también de Serbia, que resulta una crema hecha de pimientos rojos asados, queso feta, huevo duro ajo y perejil (la que más me ha impresionado).

Los deliciosos panes
Para acompañar los platos hemos pedido pan, que nosotros llamamos pan de pita, uno “normal” y otro con queso rallado por encima, panes del tamaño de un plato. Es verdad que con estos panes, para nuestra forma de comer resultan poco prácticos, porque son muy finos y no puedes ni empujar la comida ni mojar, pero estaban del todo deliciosos, sobre todo el “normal”.

Tras las ensaladas nos trajeron un plato llamado ZELEVI SARMI, que resultó ser una especie de albóndigas XXL, a base de arroz con carne picada de cerdo, envueltas en una hoja de repollo y salsa templada de yogur. Y la gracia del plato estaba en la hoja de repollo, que podría estar cocida y caramelizada, por la textura y el sabor que tenía tan atrayente, como si estuviese frita.

El SACH MIXTO todavía hirviendo
Para completar la comida pedimos un SACH MIXTO, trocitos de carne de pollo, ternera y cerdo en salsa, servido en la mesa en una cazuela humeante e hirviendo (¡como hacía chuf chuf!). Y lo mejor, los champiñones que acompañaban a la carne, y la salsa, que me recordaba a la salsa de ostras que sirven en los “chinos de toda la vida”, muy marrón y muy espesa. Si en un principio se veía que la cazuela tenía mucha salsa, cuando terminamos de servir la carne en los platos, ya se había consumido con el calor de la cazuela. De todo lo que degustamos, es lo que menos me emocionó, aunque es verdad que la carne estaba muy tierna.

Tarta de chocolate y crepé.
Detalle de la tarta biskvitena búlgara.
Y un final feliz: los postres; pedimos tarta de chocolate (con estratos de chocolate y galleta con coco), crepé de chocolate (fino, fino), tarta de chocolate blanco con coco (estratos de chocolate blanco y coco) y tarta biskvitena de Bulgaria (suave crema, galleta y caramelo). Y ocurre que en todas las comidas del juego, trato de decidir cuál de los postres me gusta más, porque siempre hay unos más apetitosos que otros; pero hoy no ha sido el caso, porque me han gustado los cuatro por igual. Un triunfo.

Y de la señalización de los baños, considerar un pro: que las imágenes griegas/romanas parecen muy acorde con el sitio. Y la contra, que al de caballeros se le ha añadido el emblema tradicional de los aseos, y la de señoras, por ende, se ha quedado un pelín coja. ¿Y esto por qué? Pues tal vez porque los que tenemos una edad, y no llevamos gafas, no distinguimos bien la silueta, y al final tenemos que preguntar que cuál es el aseo que nos corresponde. Y para ahorrar tiempo, se decide añadir el emblema tradicional al aseo que está más cerca de los comensales. Filosofía barata la mía.


Si tenéis que invitar a alguien a comer o cenar, es un sitio muy interesante y barato.


domingo, 13 de mayo de 2018

RONDA 14: Explosión de sabores en un bocado


RONDA 14, 12 de Mayo de 2018, en la calle General Oraá 25, en pleno barrio de Salamanca.

¿Cómo expresar con palabras, el disfrute intenso de la experiencia culinaria de la que gozamos en RONDA 14?

Puedo empezar comentando que nos situaron en la planta baja del local, cerca de un ventanal grande, y una decoración muy sencilla: mesas, sillas y prácticamente ningún adorno en las paredes que rompa el monocolor de las mismas. Y al fondo, cuatro cocineros a la vista, aunque no se pueda ver cómo trabajan, todos jóvenes, preparando sobre la marcha lo que luego comeremos. A destacar el gorro negro con calaveritas de colores que utiliza uno de ellos; los otros utilizan gorros o cintas para el pelo, pero grises o negros. El toque de color imprime alegría y le quita seriedad al sábado.

La presentación de cubiertos y la salsa de soja
No es un restaurante muy lujoso, como se podría pensar por la zona en donde se encuentra , pero está lleno y todas las mesas ocupadas. Y lo primero que notas cuando te sientas, es que efectivamente estamos ante una cocina de fusión, por la forma de servir los cubiertos. Y la salsa de soja que no falte.

Como siempre pedimos unos entrantes para compartir, y hoy los segundos también serán a para compartir, porque nos encontramos con unos platos de fusión que mezcla muy acertadamente las cocinas japonesas y peruanas, introduciendo entre ellas un toque asturiano. Es difícil de calificar, pero las mezclas están conseguidas en su punto exacto.


Ceviche de xarda
Empezamos con un ceviche de xarda (palabra asturiana que es la caballa en castellano) con calamares, kikos, cebolla roja, lima y cilantro, todo ello servido con leche de tigre. El secreto está en mezclarlo todo bien y servirlo como una sopa. Y cada bocado deja un sabor final a frutos secos, que puede derivar del rebozado de los calamares con cereales sin gluten. Tanto la lima como el cilantro, que tienen un sabor intenso y puede enmascarar otros sabores, están utilizados en su justa medida, y dejan sitio al resto de los ingredientes. Espectacular.
Las hamburguesas de guayu y el tartar de vieiras

Seguimos con una hamburguesa de wagyu (carne de vacuno originaria de Japón), rocoto (especie de pimiento picante peruano) y queso azul, aderezado, además con cebollino, mahonesa japonesa (¿que tiene un toque de wasabi?). Y como en el plato anterior, el toque picante es tan leve, que puedes apreciar el sabor de la carne y del queso azul. Le sigue el tartar de vieiras con ají amarillo.

El roll de mar y montaña
A continuación nos sirvieron el llamado Roll de mar y montaña, mezcla de langostino, en el interior, y  carne roja al punto, encima, y un crujiente de patatas paja. El contraste entre el marisco y la carne resulta interesante, porque no desentona la variedad de sabor y textura. Le sigue un Roll de cangrejo con caparazón blando con huevas de pez volador con salsa de curry y mahonesa.
Gyozas de anticucho

Continuamos con una gyozas de anticucho (corazón de vaca de la comida tradicional peruana) con picada y cilantro, servido con trocitos de carne sobre el plato y crema de ají panca (salsa típica peruana de ají y aceite) rodeando el plato en finas líneas anaranjadas. Picaba lo justo para no resultar desagradable.

Gunkan de huevo trufado
No pudimos dejar de pedir el gunkan de huevo trufado; el olor intenso de la trufa invade los alrededores de la nariz. Podría tratarse de un huevo de codorniz, que una vez en la boca explota la yema e inunda el paladar con todo su sabor potenciado con la trufa. Aquí se nota la influencia nipona porque                           parecía un auténtico maki.
Cachopinos de ternera y setas.

Y por último, nos sirvieron los cachopinos de ternera, (plato típico asturiano, aunque este cachopo es enano y casi cabía en un diente en comparación con los originales), con queso de cabra, setas y espinacas, presentado con una espuma de piquillos en la cima que se deshacía en la boca. Y las patatitas asadas que no falten. Auténtica delicia.

Todos los platos son servidos como pequeños bocados, tipo maki, o pequeños rollitos, algunos de ellos para comer de una sola vez y mezclar en la boca todos los sabores, como los gunkan. Y no echamos de menos el pan, no se necesita.


Coulant de chocolate y helado de piña
Pasión de coco y crema de maracuyá
Y como los platos no resultaron muy contundentes, nos quedó sitio para los postres: coulant de chocolate con helado de piña, pasión de coco y menta, y bizcocho roto de avellanas y coco. Comentar que el coulant estaba templado; cuando lo partes, se desparrama sobre el plato un chocolate sabroso y templado, para mí en su punto, ideal. Original es la pasión de coco y menta es los que más llamó la atención; se trata de media bola de coco rallado del tamaño de una manzana y envuelto en chocolate y en medio un agujero del que sale una crema de maracuyá y servido con helado de menta (para mí de hierbabuena).
Si la explosión de sabores ha colmado todas las expectativas, el tema de la señalización de los aseos ha resultado poco original y muy serio. Una cocina de fusión es algo relativamente novedoso, por eso las placas de los aseos, en la que se lee tan sólo SEÑORAS y CABALLEROS, así en mayúsculas, como se ve en las fotos, y que parece que nos retrotraen al siglo pasado, o al anterior; como que está fuera de lugar, como que no pega. ¿Un decorador habría buscado un cartel más acorde?

Si te gusta comer y probar nuevas cocinas y sabores, tienes que pasarte por RONDA 14. Notable muy alto


lunes, 7 de mayo de 2018

MAD GRILL: Carne por un tubo bajo ruedas de bicicleta.



MAD GRILL, 5 de Mayo de 2018 en la calle Campoamor 13, barrio de Chueca.

Esta comida no entra en el juego, técnicamente, pero volvemos a tener un evento familiar, celebramos el cumpleaños de los chicos y nos gusta estar los cuatro juntos y comiendo, que, como ocio, es una de las cosas que más nos apetece hacer. Así que, allá va el comentario.
Estamos en una taberna con mesas de madera, sin mantel, y sillas también de madera, éstas muy vintage y muy desgastadas, como las que había en casa mi abuela.

No se trata de una lugar muy glamuroso; paredes desnudas y a destacar que las luces del techo han sido ensambladas en ruedas de bicicleta. Muy original.
Hemos llegado muy pillados de tiempo, porque se nos ha ocurrido ir al centro en coche y había un atasco importante. Nos hemos encontrado con que en toda la calle en donde está la taberna había una mercadillo de artículos de artesanía, que, obviamente no nos ha dado tiempo a echar un vistazo, por las prisas. Supongo que lo ponen los sábados aunque yo no lo sabía, pero es una actividad muy interesante. Da mucha vida al barrio.
La presentación de la carta es bastante sencilla, dos hojas escritas. Y de entrantes nos hemos decantado por unos nachos con Chili Bowl, a base de carne y judías con tomate. No picaba en absoluto y con unas cervecitas, han entrado de maravilla.

De segundo, los chicos  han elegido  carne, algo nada sorprendente y les han servido dos hamburguesas (una Fancy Burguer con foie y una Pulled Pork Burguer) con patatas fritas. Las hamburguesas han sido pedidas expresamente al punto, pero en MAD GRILL el punto ha resultado un tanto crudo (a tener en cuenta). Y un costillar a la barbacoa para chuparse los dedos; estaba muy jugoso y tierno y lo acompañaban con una ensalada de col en un vasito de aluminio (tamaño vaso de vino). Felicidades por la elección.


Yo, que soy de poca carne, he preferido una ensalada Cobb, con lechugas, tomates cherry, queso azul, trocitos de pollo y picatostes, bacon, huevo duro y guacamole. Las ensaladas están buenas de todas las formas, colores y sabores, pero ésta iba acompañada, además, de una salsa mahonesa con especias, para servir al gusto, también presentada en un vasito de aluminio. Buenísima, pero demasiada ensalada, de tal forma que he tenido que dejar un poco. Mi plato no ha quedado limpio, y eso duele.

Y ocurre que las raciones eran tan contundentes, que no había hueco para los postres; nos hemos conformado con un tradicional helado de bolas de chocolate y vainilla, y dos cafés. Pobre para lo que nos gusta experimentar.


En cuanto al servicio, comentar que tardaron bastante en traer la ensalada; casi se habían terminado la carnaza cuando llegó. Aunque eso sí, las camareras muy atentas, que incluso al final de la comida preguntaron que qué tal habíamos comido; pregunta de compromiso pero que se agradece.

Y en cuanto a la señalización de los baños, digamos que no creo haberlo encontrado en ningún sitio. Tiene su punto de humor y es de agradecer.






domingo, 8 de abril de 2018

DON LISANDER: Pasta fresca con sus aderezos y una tarta de limón.


DON LISANDER. 7 de Abril de 2018, en la calle Infanta Mercedes nº 92. Nos encontramos con un restaurante italiano al uso: pasta fresca y pizzas, sobre todo, y situado muy cerquita de plaza Castilla, así que casi podemos tocar con la mano las Torres Kio.
Unos cuadros de la decoración en un aseo
La decoración del local me recuerda a otros restaurantes italianos, con cuadros de coches y motos, recurrente, e incluso una hélice de no sé que vehículo, en las escaleras de bajada al piso inferior. En la mesa nos espera una botella de aceite que resulta ser de Jaén.
Entre que miramos la carta y nos traen las bebidas, nos ponen en la mesa un entrante con unas rodajas de salchichón y unos colines cortitos y extragruesos, que luego nos cobrarán por ello 3 euros.  ¡Vaya!
Nos disponemos a pedir y nos dice la persona que nos toma nota que fuera de carta tienen alcachofas y …. adjudicado, para nosotros las alcachofas, porque sólo queda una ración y a nosotros nos privan. También pedimos como entrantes y a compartir una pizza lisander y una ensalada Cosa Nostra.
Los entrantes
La pizza lisander fina, fina
Las alcachofas, rebozadas y con una salsa de tomate casero en el centro para mojar, espectaculares, parecía una tempura ligera. La ensalada llevaba rúcula (con ese sabor tan peculiar) bacon, nueces, queso parmesano en láminas y acompañado de una pipeta con su vinagre balsámico (supongo que de Módena) para servir al gusto. Original. Y la pizza lisander, hecha de masa muy, muy fina (aunque yo prefiero la masa un poco más gruesa), con su tomate y queso, y con huevos de codorniz y salchichas, servida en una tabla de madera. Por supuesto que me quedo con las alcachofas, a las que tal vez, les faltaba un pelín de sal.
Agnolottis de espinacas
De segundo pedimos dos platos de pasta fresca y escalopines a la marsala, estos, sin empanar y acompañados de una crema de patata deliciosa. Uno de los platos de pasta fresca eran linguini, para mí fetuccinis, con salsa de setas y trufa. Y el otro eran agnolottis, una especie de raviolis de color verde, pero mucho más grandes y redondos, rellenos de crema de espinacas, con una bola de queso mozarella en el centro, frutos secos y una especie de salsa pesto como base. En un principio parecía un plato algo soso y seco, pero según avanzas en la cata, si se acompaña con una porción del queso, un poco de nuez y una pasa, mejora enteramente la prestancia del plato.
En cuanto a los linguini, nos pareció el plato mejor conseguido; esa salsa de nata con champiñones y ese sabor intenso de la trufa era difícil de superar.
Y para que no nos falte nada, acompañamos el segundo plato con focaccia, o masa de pan muy fina o la masa de la pizza con una pizca de aceite y orégano.
Siempre dejamos sitio a los postres, porque una comida de este tipo no está completa si no degustamos los postres caseros que nos ofrecen. En este caso nos decantamos por el chantilly, (crema ligera de merengue, nata, vainilla y canela, con helado de frutos rojos), un postre muy fresco y sabroso, el famoso tiramisú, servido en un vaso corto de cristal y la tarta de limón.
La original tarta de limón
Los postres ricos, ricos
Y ahora lo memorable, imaginaros la escena, porque a nosotros se nos pusieron los ojos como platos: viene la camarera y pone una cuchara a cada uno y a uno de nosotros, además, un mantel personal de plástico fino. ¿Para qué? Pues bien, a continuación pone en la mesa una bandeja en la que hay un molde redondo, especie de picatostes que resultaron ser galleta y dos mangas pasteleras, una con crema de limón y otra con merengue . Pone el molde en el centro del mantelito, a continuación los picatostes/galleta de base, después la crema de limón, por encima el merengue y por último lo flambea. Todo en nuestra mesa; y como es la primera vez que vemos una presentación así, pues nos quedamos pasmados y sorprendidos y encima estaba estupendo de sabor.
Con relación al servicio de mesa debemos considerarlo correcto, aunque no es de recibo que te cobren un servicio de entrantes, que ellos denominan aperitivo, que no has solicitado.
A considerar, también, que el agua que nos sirvieron era Acqua Panna, de la Toscana. Un detalle que se escapa en el aceite.

Y por último tenemos el tema de los baños y su señalización. Parece que con un símbolo no había suficiente y había que poner dos, el tradicional de la silueta señora/señor y una foto de los años 50 de un actor/actriz (?) en bañador. Parece que el tema de la  igualdad de género no está muy bien compensada: el en actitud deportiva y ella como posando. Aunque es original, chirría un poco.





En definitiva, una experiencia culinaria más que notable.