lunes, 16 de mayo de 2022

STO GLOBO SUSHI ROOM: Buena comida japonesa en un local discreto.

 STO GLOBO SUSHI ROOM, a 14 de mayo de 2.022 en la calle Santa Teresa n.º 8 de Madrid, por la zona de Alonso Martínez y barrio de Justicia.

Toca comida japonesa, que hace tiempo que no degustamos esta delicia. Su página web indica que nos encontramos ante un restaurante distinto a todo lo que hayas podido probar antes. Materias primas de primerísima calidad, atún rojo, carne de wagyu, y aderezado con el toque personal del chef.

El wagyu es una especie bovina del Japón, cuya carne es muy apreciada por su textura, jugosidad y sabor, y utilizada en cocinas gourmet.

Logotipo de Sto globo

Local bastante pequeño en el que destaca esa decoración algo rústica de ladrillo a la vista y azulejos de color piedra en una parte, y en otra, papel con rosas de colores y fondo negro. Muy acogedor. Otro detalle que llama la atención es esa mesa situada como a un metro del suelo, que nos han ofrecido al llegar y hemos rechazado por parecer algo incómoda, y que debajo deben de haber aprovechado para dedicarlo a almacén. Curioso.

Interior de Sto Globo con la mesa en alto a la izquierda

Mesas de madera, servilletas de papel, platos decorados, los palillos de madera que no pueden faltar en un restaurante japonés y el platito para dejarlos descansar entre bocado y bocado.

Platos y palillos 

Pedimos unas cervezas japonesas, que vienen acompañadas de unos edemames de color verde brillante (vainas de soja inmaduras) pasados por la plancha un momento, servidos templados y muy sabrosos, mientras miramos la carta en el código QR. Me llama la atención que los dos camareros que sirven en las mesas sean españoles. Al poco sale una persona de la cocina y compruebo que tampoco tiene rasgos asiáticos. Todo muy sorprendente.

Edemames

Nos decidimos por pedir platos para compartir y empezamos por unas gyozas de pato, que son esa especie de empanadillas de masa muy fina ligeramente cocida y luego pasada por la plancha, acompañadas de una mahonesa de kimchi ligeramente picante, elaborada con col y jengibre. Se presentan sobre una hoja de bambú  y sobre ellas, un nido de alfalfa.

Gyozas de pato

También nos decidimos por las gyozas de langostinos y col china, acompañadas de escamas de bonito, esas delicadas láminas de lo que suponemos es bonito que le da al plato un toque especial. viene acompañada de la hoja de bambú y aderezado con vinagre de arroz. Espectaculares ambos platos.

Gyozas de langostinos

Seguimos con otro plato a compartir, un pan bao (pan al vapor que tiene una forma de lengua, que se dobla sobre sí mismo) relleno de daditos de atún rojo cocinado en salsa de soja, azúcar y sake (en teriyaki), coronado con un huevo de codorniz y unas tiras de cebolla morada encurtida. Ese pan bao tan suave delicado junto con el atún rojo supone una delicia para el paladar.

Pan bao con atún rojo en teriyaki

Otro plato impresionante a compartir ha sido el Rollo Sto Globo cocinado en la mesa. El camarero nos pone sobre la mesa una fuente con algo envuelto en papel albal sobre una capa de sal gorda; lleva algo de alcohol, lo flambea con una pistola hasta que se consume la llama. Al abrirlo, nos encontramos con una especie de makis de salmón natural con aguacate bajo unas tiras de salmón ahumado templado por el calor y bañado con salsa kabayaki, elaborada a base de soja baja en sal, agua, vino de arroz y azúcar, sobre todo. Y con semillas de sésamo dando ese toque especial. Espectacular.

Rollo Sto Globo flambeado

Rollo Sto Globo de salmón

Por último, teppanyaki de pato, con foie y shitake con salsa de sésamo y jengibre. Sobre el plato, finas lonchas de pato ligeramente templado aderezado con daditos de foie y setas chinas muy pequeñas o shitakes. Suave y tierno; para repetir.

Teppanyaki de pato

Como siempre, tenemos que dejar hueco para el postre, y en el día de hoy, por recomendación del camarero nos decidimos por una tarta cremosa de queso casera; y tan cremosa, que por dentro casi parece una natilla; viene acompañada de un helado que parecía de galleta. Una tarta sublime.

Tarta cremosa de queso casera

Y un ganache de chocolate blanco, crumble de te matcha, frutas liofilizadas y helado de lichi; sobre el plato una pequeña montaña de chocolate blanco y sobre ella el te en polvo que le da ese color verde tan bonito al postre y aderezado con trocitos diminutos de frutas a las que se le ha quitado todo el agua, y que con su color rojo y naranja (parece fresa y mango) le siguen dando un toque de color muy especial a este postre que ha resultado un tanto empalagoso.

Mochis de mango y ganache de chocolate blanco

Y como antojo final, unos mochis de mango. El mochi es un postre japonés hecho de arroz glutinoso, que le da una textura gomosa, y en este caso, rellenos de crema de mango. Diferente y divertido.

Como casi siempre, y para terminar, esa señalización de los aseos, que en el día de hoy han resultado simplemente correctos, tal vez reiterativos, sin nada más que añadir.







viernes, 29 de abril de 2022

EL TORMO: Quien prueba, repite.

 EL TORMO, a 29 de marzo de 2022, en la travesía de las Vistillas n.º 13 de Madrid, entre San Francisco el Grande y la catedral de La Almudena.

Este mes de abril me atrevo con dos experiencias, bien distintas ambas, pero ha surgido la ocasión de volver a ese local tan entrañable que es El Tormo, en el que tenía pendiente desde hace mucho tiempo el comer un cocido completo, siguiendo esa ruta que me propuse hace tiempo de probar el cocido en todos los restaurantes de la villa que tengan a bien servir un buen cocido, ruta que ya ha pasado por Llardy, Malacatín, La Cruz Blanca de Vallecas, y ahora, El Tormo.

Entrada a El Tormo

La buena de Mila, gran cocinera donde las halla, nos abre sus puertas a un grupo de amigos, amigos apasionados de la cultura y del arte, y también, por supuesto de la buena gastronomía.

Como ya he comentado en alguna otra ocasión El Tormo es un pedacito de Castilla La Mancha en Madrid, una especie de mesón con pocas mesas, lo que le hace al local un sitio muy acogedor, a lo que se suma la simpatía de Mila y su familia.

La buena de Mila y el puchero con la sopa

Mesón con mesas y sillas de madera, jarras de barro, lleno de fotos con gente famosa que se ha deleitado con la comida manchega y cuadros de paisajes.


Interior de El Tormo


Y algo original que no se encuentra en ningún otro restaurante, para acceder al interior hay que llamar a la puerta con una antigua aldaba.

Mila nos recibe con los brazos abiertos y una gran sonrisa; después de sentarnos y pedir unas cervezas, nos pone sobre la mesa el pan y pedazos de cebolla cruda y de guindillas, para acompañar a tan suculento plato, como se hacía a la antigua usanza.

La cebolla cruda y las guindillas

Y también como a la antigua usanza, aparece Mila con una cacerola de barro llena de sopa con un aspecto estupendo, que no hemos tenido por más que compararla con otra de tan infausto recuerdo que comimos en Talamanca del Jarama. Nos vamos sirviendo nosotras mismas de esa sopa caliente, de color dorado, ese color que le da el haberla aderezado con un poco de azafrán, ajo y perejil, según nos cuenta la cocinera, con fideo cabellín. Y todas hemos repetido tan suculenta sopa, incluso alguna más de dos veces.

La sopa de El Tormo

Mientras terminamos con la sopa, aparece Mila con una fuente de barro de por lo menos medio metro de largo en la que vuelca el cocido que trae directamente de la lumbre en otra cacerola de barro, llena a rebosar de garbanzos, patata, zanahoria, pollo, chorizo y morcillo, todo ello caliente y blandito. En su punto.

Mila volcando el cocido en la fuente de barro

Y para que no falte de nada, otra fuente con el repollo aderezado con ajo y pimentón y todas las puntas y huesos con los que se ha cocinado el caldo y el cocido.

Fuente de cocido y puchero de sopa

No contentas con todo esto sobre la mesa, nos vuelve a volcar en la fuente de barro otra vez otra cacerola llena de las mismas viandas. Terminamos resoplando, porque vemos que vamos a tener que dejar parte del cocido y de la sopa en los pucheros, que no vamos a poder comérnoslo todo, y es una pena. Pero no importa porque Mila se ofrece para que podamos llevarnos todo lo que ha sobrado; y eso hacemos, en tupers y tarros de cristal nos llevamos esa sopa dorada y ese cocido tan estupendo que ha sobrado, porque no nos podíamos permitir bajo ningún concepto que se desperdiciase ninguna comida.

El repollo

Y para terminar, no puede faltar en El Tormo, unos miguelitos caseros de hojaldre y crema que nos traen de postre, además del queso de la Mancha cortado en triángulos, y trocitos de mostillo, ese dulce elaborado con una reducción de mosto de la uva y almendras, de un color marrón, y alajú, ese dulce típico de Cuenca hecho con almendra, pan rallado tostado y naranja.

Miguelitos, queso, mostillo y alajú

Para terminar tan estupendo momento gastronómico, chupitos de orujo, licor de hierbas y resolí, además del café de puchero o infusión.

Comida y sitio para repetir. De hecho, ya tenemos la reserva para otra experiencia culinaria en El Tormo.

sábado, 9 de abril de 2022

AL-MOUNIA: Lo dulce y salado se entienden muy bien

AL-MOUNIA, a 9 de abril de 2022, en la calle Recoletos n.º 5 de Madrid, entre la plaza de Cibeles y la de Colón; se trata de una de esas calles que tiene Madrid con una gran oferta gastronómica por metro cuadrado. 

Esta semana que empieza el ramadán y que el presidente del gobierno español le ha hecho una visita al rey de Marruecos, parece un buen momento para visitar un restaurante en el que sirvan platos de la gastronomía marroquí. 

Al-Mounia, a la entrada del restaurante

Al-Mounia es un referente en Madrid, tanto por su cocina como por su oferta cultural y artística. Es un local en el que puedes sentir a Marruecos en toda su amplitud. La cocina marroquí es muy rica y variada, ya que en ella se mezclan las diversas culturas con las que la zona del norte de África se ha relacionado a lo largo de los siglos, la bereber, la árabe y la mediterránea, sobre todo. 

 El local fue inaugurado en 1966 y está decorado por manos artesanales de Marruecos, para dar brillo a la estancia, una decoración que parece que te remite a la Alhambra, con esos dibujos geométricos y arabescos en paredes y techos. 

Interior de Al-Mounia


Al Mounia es un local para disfrutar de la buena comida al mismo tiempo que se admira esa decoración en paredes, techos, mesas e incluso tapizados. Aunque eso sí, la mesa, muy al estilo marroquí, demasiado baja para mi gusto, de tal forma que se puede clavar la madera en las piernas, y con ese reborde que la hace un tanto incómoda. El local lleno, lo que es buena señal. El servicio atento y detallista; incluso tienen guardarropa. Como curiosidad, algunos camareros van vestidos con una chaquetilla roja y un sombrerito de fieltro del mismo color o también llamado fez, con su borla negra. 

La mesa en al-Mounia


En Al-Mounia podemos degustar los platos más típicos de la cocina marroquí, como el cous-cous o sémola cocida al vapor que acompaña a distintas carnes o pescados, la pastela ese pastel dulce y salado de masa de hojaldre y aroma de canela, mechoui o cordero entero asado a la brasa. 

En los últimos meses es difícil obtener una carta con los distintos platos que se ofrecen en papel, ahora tienes que descargar la carta por internet, a través de la aplicación Lens, y en verdad que a mí me resulta difícil decidir un menú con ese sistema; prefiero leer en papel los platos que se ofertan, porque me resulta más cómodo, aunque me creo que ese tiempo ya pasó. Así que, después de mucho mirar y dudar, nos decidimos por pedir un menú degustación a compartir y otro plato de brochetas con arroz. 

El bonito plato en el que hemos comido


Mientras nos decidimos con lo que nos apetece comer en el día de hoy, nos sirven un pequeño aperitivo con unas albóndigas de carne de ternera con salsa de tomate y uno rollitos de hojaldre rellenos de pollo. Buen empiece.

Aperitivo de albóndigas y rollitos de pollo


El menú degustación tiene todo lo más básico de la cocina marroquí y empezamos por una selección de cuatro entrantes servidos en unos cuencos pequeños: un delicioso humus suave y cremoso aderezado de piñones y aceite de oliva; tabulé o ensalada de tomate, cebolla, perejil y trigo acompañado de limón y aceite de oliva, todo cortado en pequeñísimos dados; zelouk o ensalada de berenjena asada y chekchouka o pisto con su tomate y pimiento. Con estos platos no puede faltar en la mesa el pan de pita para poder empujar o para envolver tan mágicos entrantes. 

Humos, zelouk, chekchouka y tabulé


El siguiente plato que nos sirven del menú degustación es la sabrosísima pastela, ese pastel  de hojaldre relleno de carne de pollo y frutos secos, y por encima, espolvoreada de azúcar glas y canela, típico de la cocina marroquí, pero que, en este caso, en vez de tener forma de tarta, nos lo sirven como un rollito. Es del todo impresionante y sublime esa mezcla de sabores, el azúcar dulce junto con la aromática canela y el salado del interior. Además, en el mismo palto, uno rollo alargado de pollo y otro pastelito de hojaldre de forma triangular relleno de verduras. Y acompañado de una suave salsa de tomate para poder mojar tan ricos pastelillos. 

Pastela, rollito de pollo y triángulo de verduras


En el menú degustación de la cocina marroquí no puede faltar el cous-cous, esa sémóla de trigo cocida al vapor, que viene acompañada de tiernísimos garbanzos, una brocheta de carne de ternera, y acompañado de zanahoria, cebolla caramelizada, lo que parecen hojas de repollo, y todo ello aderezado con dulces pasas, que nos envuelve, una vez más, en ese sabor dulce y salado al mismo tiempo tan espectacular. 

Cous-cous con brocheta de ternera


Para terminar con el menú degustación, un tajín de cordero y almendras, o lo que es lo mismo, una tierna paletilla de cordero, con la salsa de hornear el propio animal a la que se le ha añadido sésamo, y aderezado con almendras y ciruela negra. Otra vez esa mezcla de dulce y salado que emociona. 

Tajín de cordero y almendras


El menú degustación era para una persona, así que, para completar el menú hemos pedido unas brochetas de cordero, servidas en la mesa en su pincho pero que el camarero gentilmente nos ha desprendido la carne del hierro y puesto sobre el plato para poder saborearlas mejor, acompañadas de un sabroso y aromático arroz basmati al azafrán con cebolla caramelizada y pasas. De nuevo cruce de sabores dulce y salado. 



Hay que hacer notar que para mi sorpresa, todos los platos que nos han servido son suaves y delicados, sin ese toque de comida especiada, o picante y llena de hierbas aromáticas, que pensaba tenía la comida marroquí. En definitiva, comida con todo su sabor y sin artificios. 

Aunque la comida ha sido abundante, nos queda sitio para el postre y con el menú degustación nos sirven un pastel de almendras con chocolate blanco y un delicado te moruno, que es una buena forma de terminar una comida. A parte, el camarero nos sorprende cuando nos trae una bandeja llena de dulces; de chocolate, de frutos secos, baklava pestiños,… unos ocho pasteles de distintas clases, pero… sólo se puede escoger uno. Nos decidimos por el de chocolate negro, que es un pastelillo de lo que parece almendra y miel cubierto de chocolate, y por encima, un pedazo de nuez. Difícil elección, pero el resultado ha sido delicioso. 

Pasteles de chocolate blanco y negro

De toda la experiencia del día de hoy, me quedo con el cous-cous, la pastela y esa decoración del local tan suntuosa. Lo peor, la incómoda mesa, pero se perdona por la grata experiencia del día.


Tetera y te moruno


Para terminar el relato y para las curiosas de la señalización de los aseos, nada que objetar, muy adecuado al local en el que hemos disfrutado de tan grata experiencia.





martes, 22 de marzo de 2022

BEL MONDO: Italia en Madrid

 BEL MONDO, a 22 de marzo de 2022, en la calla Velázquez n.º 39 de Madrid, en pleno barrio de Salamanca.

Este mes nos permitimos el lujo de disfrutar de nuestra experiencia culinaria en un día de diario, así comprobaremos la diferencia que hay entre salir a comer un martes con un sábado. Y la diferencia notable que encuentro es que generalmente, hacemos la reserva sobre las dos de la tarde; en el día de hoy la tenemos a las 14,15 horas y cuando hemos entrado estaba el local lleno hasta la bandera y eso que el local es bastante grande. Problema, que está situado en un primer piso y no hay ascensor, o por lo menos yo no lo he visto, para posibilitar el acceso para las personas con algún problema de movilidad.

Logotipo de Bel Mondo

Nos encontramos con un restaurante de típica comida italiana, la tradicional de toda la vida; ya hacía tiempo que no saboreábamos pasta, pizzas o mozzarrellas.

Podemos probar esas pizzas que han fermentado durante 36 horas y se hornean a 420 grados en horno de leña durante 90 segundos, esa pasta hecha a mano todos los días, puerros asados, pescados del Mediterráneo, helados caseros y el buenísimo tiramisú.

Decoración en el rellano de la escalera

En la entrada, en la calle, dos chicas nos preguntan que si tenemos reserva y ya nos dicen que tenemos la mesa 76. Subimos al primer piso y mientras nos sentamos contemplamos el salón lleno de gente, a los camareros yendo de acá para allá ataviados con sus vaqueros y sus coloridas camisas de fondo de color gris con toques rosas y rojos, cortinas con flores, paredes llenas a rebosar con discos de vinilo, otras paredes llenas de libros y otra más con cintas de vídeo. Paredes en tonos pastel, sillones de color naranja; todo muy colorido y alegre.

Interior de Bel Mondo
Nos colocan a la entrada del salón y vemos pasar a parte del pijerío de Madrid y alrededores. Casi todos gente joven y guapa, así como los camareros, jóvenes y guapos. Debe ser porque casi todos son italianos, según nos han contado.

Mesas con manteles y servilletas de tela, sobre la mesa un salero de loza de colores, una aceitera con un aceite verde muy sabroso, y una botella de agua con forma de pez, platos con dibujos muy simpáticos y coloridos. Muy interesante.

Simpático plato de Bel Mondo

Como siempre, nos preguntan que si queremos alguna bebida; pedimos cerveza y vermut rojo, este vermut con demasiado hielo y poco licor, y también nos preguntan que si queremos unas aceitunas y pan, a lo que contestamos afirmativamente. Ha sido un detalle, porque en otros sitios te lo ponen sobre la mesa, te lo cobran sin preguntar si lo quieres, pero aquí sí que preguntan; es un dato a tener en cuenta.

Sobre un platito pequeño unas aceitunas aliñadas con especias y que no resultan nada avinagradas por lo que han sido muy agradables de comer. Y esa fuente con pan blanco, pan con cereales y focaccia, ese pan plano con especias.


El plato de aceitunas aliñadas y el pan

A Bel Mondo hemos venido a probar la Pizza The Royals, que es una pizza de pasta fina con los bordes más gruesos, con tomate natural de San Marzano, diría que de sabor suave pero de notable presencia, con pequeños trozos de mozzarella de búfala, prosciutto crudo (ese jamón transalpino), pequeñas olivas taggiasche verdes y negras de Liguria y grandes hojas de albahaca. Todo una sorpresa de pizza, nada que ver con las de Ginos, por ejemplo, porque la que ofrece Bel Mondo tiene la masa suave y blanda, ese borde que es más grueso, incluso parece pan, y se saborea intensamente ese tomate.

Pizza The Royals con los bordes más gruesos

El otro plato estrella de Bel Mondo, y que tenemos que probar sí o sí, son los spaguettis carbonara servidos en una rueda de queso pecorino, plato que en Bel Mondo llaman Carbomamma. Ante nosotros aparece el camarero con un queso pecorino vaciado (del tamaño de un queso manchego) y moviendo unos spaguettis frescos con crema carbonara a base de yema de huevo y ese queso pecorino que se va deshaciendo con el calor de la pasta caliente, acompañado de unos láminas de guanciale tostado (carne de cerdo de la Toscana parecido a nuestro bacon) y ligerísimo toque de pimienta, sin albahaca, sin orégano, pero eso sí, siempre al dente. Presentación espectacular y sabor insuperable.

Carbomamma
Nos queda sitio para el postre y en un italiano no puede faltar un tiramisú, con su queso mascarpone, café y cacao, más líquido que cremoso, que cosa curiosa, no lo sirven en raciones individuales, sino que sobre un cuenco, el camarero va cortando raciones de una bandeja grande y echando lo que corresponde. Tres pedazos de tiramisú.

Y una tarta de queso de lo más cremoso que he probado, esa tarta que en Bel Mondo han llamado “Te queso mucho”, con un leve toque de vainilla y que no necesita mermelada que lo acompañe. Lo mejor del día.

Tarta de queso y tiramisú

Para finalizar el comentario de la experiencia culinaria de marzo, y para mis amigas curiosas que les llama la atención la señalización de los aseos, esto es lo que había en Bel Mondo, el de señores chirría sobremanera y el de señoras pura delicadeza. Espero que con el tiempo y a no mucho tardar, cambien al señor Berlusconi por el David de Miguel Ángel.







domingo, 13 de febrero de 2022

CASA BOTÍN: Asados en su punto, y punto.

CASA BOTÍN, o SOBRINOS DE BOTÍN, como figura en el cartel que hay encima de la puerta, a 12 de febrero de 2.022, situado en la calle de Cuchilleros 17, local de renombre y calle que nos hace recordar nuestros tiempos de juventud, de vinos y juergas. Tenemos la emblemática y bonita plaza Mayor y el coqueto y gastronómico mercado de San Miguel a tiro de piedra. 



Casa Botín, fundada en 1.725, es el restaurante más antiguo del mundo, según el libro Guinness de los Records; no podemos dejar de probar sus delicias en nuestro juego mensual. Tiene fama de ser uno de los locales que mejor conserva esa cocina tradicional madrileña, por eso nos tenemos que atrever con ese cochinillo y ese cordero asado estilo castellano. Cochinillos y corderos que vienen de la mejor zona de Segovia, de Riaza y Sepúlveda, asados y dorados en el horno calentado con leña de encina. Aunque tampoco nos vamos a olvidar de esos pescados, merluzas o lenguados, seguro que ricos-ricos, traídos de las lonjas. 

Un poco de historia, en 1.725 reinaba en España el primer Borbón, Felipe V y ya habían venido al mundo dos de los futuros reyes, Fernando VI, nacido en 1.713, hijo de María Luisa Gabriela de Saboya, su primera esposa, y Carlos III, nacido en 1.716, conocido como el mejor alcalde de Madrid, hijo de Isabel de Farnesio, su segunda esposa. 



El nombre de Botín, viene de Jean Botin, un cocinero francés que se aposentó en Madrid, y junto con esposa, de origen asturiano. Fue un sobrino de ella, llamado Cándido Remis, quien abrió un negocio en este Madrid de los austrias, hizo una reforma en la planta baja de este edificio de cuatro plantas, cerrando los soportales que había. Aquí se inicia el negocio Botin. En el siglo XIX se volvió a reformar esta planta baja, convirtiéndose en una casa de comidas, que no restaurante. Es en el siglo XX cuando el negocio llega a los actuales propietarios, la familia González. Tras la guerra civil, los hijos del matrimonio González, Antonio y José, se pusieron al frente del negocio, y lo han conservado, llegando hasta el día de hoy.
 
El nombre del emblemático Casa Botín, figura en diversos libros como en “Fortunata y Jacinta” del canario Galdós, en las “Greguerías” de Ramón Gómez de la Serna o en “El tiempo entre costuras” de María Dueñas.

Interior de la primera planta de Casa Botín


Casa Botín tiene en la planta baja, un mostrador, algunas mesas y la cocina; tiene mesas para comer también en la calle, pero a nosotros nos sitúan en la primera planta. A primera vista, muchas mesas y sillas, demasiado juntas unas de otras para el bicho que tenemos encima. Servicio muy atento, algunos camareros llevan pajarita negra sobre su uniforme blanco, otros no, y algunos llevan mascarilla con el logotipo del restaurante, otros solo la quirúrgica. En este restaurante, todos los camareros tienen una cierta edad, y me sorprende que no me haya llamado la atención, como sí pasó en La Ancha, el que las camareras no fuesen muy jóvenes. Es posible que estemos llenos de prejuicios. Mesas y sillas de madera que no parecen muy nuevas, cuadros, diplomas y cerámica en las paredes, paredes cubiertas de azulejos que ya tienen una edad hasta media altura. 

Botella de vino, pan y detalle de la azulejería


Nos traen la carta, y creo que es el primer sitio en el que no nos preguntan que si queremos beber algo de aperitivo. Pedimos vino y agua y tras ojear un poco la carta, decidimos que esta vez no vamos a pedir croquetas, porque es el plato que saboreamos casi siempre; optamos por pedir como entrante y para compartir unas manitas de cochinillo rebozadas. Sobre el plato, siete manitas de cochinillo pequeñas, jugosas, tiernas, rebozadas, aunque bastante sosas. Estas manitas son todo hueso, pero hueso y carne gelatinosa, que provoca el que tengamos que chuparnos los dedos constantemente. 

Manitas de cochinillo rebozadas


De primero, una sopa castellana, con mucho ajo laminado, hilos de jamón serrano y con mucho pan. No puede faltar un huevo escalfado por encima que rompemos para que esa yema amarillita se mezcle con esa sopa de pan, que también ha resultado sosa y con poco sabor. Es posible que esa sopa castellana estuviese hecha con agua y no con algún caldo de ave, que le da más sabor. 

Sopa castellana con huevo


De segundo, a lo que hemos venido a casa Botín, cochinillo y cordero asado. Nos lo traen a la mesa ya emplatado, con su salsita y viene acompañado de dos patatas pequeñas, cocidas y con su piel. La carne tierna y jugosa, la piel del cochinillo tostada y en su punto, aunque no me parece que pueda ser partido con un plato, como hace el señor Cándido de Segovia. 

Cochinillo asado de Casa botín
Cordero asado de Casa Botín


Por suerte, aunque ha sido una comida contundente, nos queda hueco para el postre, así que pedimos una tarta de queso, receta de la abuela, una tarta estupenda, bastante gordita, muy jugosa y acompañada de una mermelada de arándanos al lado de la tarta, no por encima como en otras ocasiones. Otro dulce es el que puede ser el postre estrella de la casa, llamado Tarta Botín, un bizcocho con crema. Sobre el plato un bizcocho en tres capas muy empapado y entre medias dos capas de crema pastelera muy suave. Por encima, una capa de lo que parece un merengue tostado muy suave que se deshace en la boca en cada bocado. 

Tarta Botín






Tarta de queso 















Una última consideración, desde mi punto de vista de visitadora de restaurantes y catadora amateur, Casa Botín está sobrevalorada. Es cierto que los asados estaban en su punto correcto, pero los hemos probado mejores; creo que la visita a Botín no será la que mejor recuerdo nos deje en la memoria.

Como siempre y para mis amigas curiosas, la señalización de los aseos, esa dama y ese caballero de época, quedan muy acorde con un local abierto hace siglos, aunque eso sí, sobra esa placa en la que se lee damas o la silueta del señor.