viernes, 10 de septiembre de 2021

CAÑITAS MAITE: Sorpresa manchega

CAÑITAS MAITE GASTRO, a 9 de septiembre de 2021, en la calle Tomás Pérez Úbeda n.º 6 de la población albaceteña de Casas Ibáñez.

No es que Madrid se nos quede pequeño, porque todavía tenemos muchas visitas pendientes en la capital del reino, pero en este mes de septiembre, y con días de vacaciones todavía pendientes, nos hemos liado la manta a la cabeza y buscado más allá de nuestros límites provinciales: Casas Ibáñez, al norte de la provincia de Albacete.

El restaurante se encuentra dentro del Hotel del mismo nombre, en el centro del pueblo. Lo han montado dos jóvenes del lugar, Javier Sanz y Juan Sahuquillo y han tratado de destacar la bondad de lo que da la tierra, seleccionando los mejores productos de temporada a ser posible de la propia comarca, y si no, buscando lo mejor en el resto del país. Además, quieren dar valor a la parrilla como forma importante en la elaboración de sus platos.

Hay panes artesanos con masa madre traída desde Asturias, espárragos de Tudela, marisco de la Ría de Arosa, carnes de animales gallegos, arroz de La Albufera. Pura calidad nacional.

Nos encontramos con un local moderno, en el que hay que bajar unas cuantas escaleras, pero que también dispone de ascensor. Mesas sin mantel con un trozo de madera a modo de salvamantel, copas para el vino y un conjunto de botellas vacías de varios colores frente a la ventana que le da un toque de color al local.


Cristalera de Cañitas Maite con sus botellas


El día de hoy ha resultado amable con la temperatura, nubes en el cielo, algo de calor, mantos de vides a lo largo del camino, lo que invita a tomar una cerveza fresquita después de este largo viaje desde Madrid, sólo para degustar las delicias de Cañitas Maite. Al mismo tiempo miramos todas las delicias que ofrece el restaurante, en cuya oferta los cocineros han querido diferenciar la carta de barra o tapeo más informal, de la de producto o carta con primeros, segundos, entrantes,…. Afortunadamente disponen de menú degustación, lo que significa que no tenemos que pensar mucho en lo que queremos probar; y es lo que pedimos, el menú degustación, compuesto de una mezcla de tapeo y carta.

Interior de Cañitas Maite



Y un detalle, nos preguntan si tenemos alergia o intolerancia a algún producto. Afortunadamente, la respuesta es que no, que podemos comer y probar de todo lo que nos ofrezcan.

Lo primero que nos sirven es un corte de avellana y foie, que parece un helado de sandwich pequeñito, con una galleta crujiente de avellana y de relleno, ese foie tan delicado que me recuerda mucho al micuit de pato, acompañado de una fina capa de mermelada de frutos rojos entre capa y capa, y adornado de virutas de almendra cruda. Buen comienzo.

El corte de avellana y foie


Seguimos con el Homenaje a la Matanza, en el que aparece una torta de maíz frito y especias ligeramente picantes, con forma de cerdito y relleno de una crema muy sabrosa con piñones y ajo mataero, que es un plato de la zona de Albacete a base de hígado y pan, en lo que parece una variante del morteruelo y típico en los días de matanza. Original la presentación del cerdito sobre unos palitos de madera.

Homenaje a la Matanza


Como las raciones son pequeñas, podemos probar muchos platos y sabores. Así, sobre la mesa aparece sobre un cilindro blanco como soporte, un Ninoyaki (parece un minidonut) de queso manchego de cabra con trufa negra, queso Granizo de La Rueda del Cabriel. Lo que parece un bizcochito redondo y de color negro, con semillas de sésamo por encima y polvo de pistacho en la base, se tiene que meter entero en la boca para paladear ese queso de cabra muy suave con el toque de trufa negra. Digno de probar incluso a esos a los que no les gusta el queso de cabra.

Ninoyaki de queso de cabra y trufa negra


Llegamos a lo que parece la reina de Cañitas Maite, la croqueta de jamón ibérico, galardonada como la mejor croqueta del mundo en el Madrid Fusión 2021. Sobre una base de papada de cerdo frita como si fuesen palomitas, se sitúa la mejor croqueta del mundo, y sobre ella, una pequeña loncha de jamón Joselito. Doy fe de que es una de las mejores croquetas que he probado, tan suave, elaborada con mantequilla, leche fresca de oveja y láminas de jamón de bellota Joselito con su tocinito; el jamón estaba para repetir y las cortecitas de papada suponen un bocado muy divertido.

La mejor croqueta del mundo 2021


Vamos con el roll de costilla de vaca; en un pan de brioche elaborado con mantequilla, se rellana con esa carne del costillar de la vaca que ha estado en cocción unas 36 horas a baja temperatura. Viene aderezada de cebolla, salsa barbacoa y una emulsión de chipotle (chile jalapeño ahumado), y según el camarero, se tiene que comer con las manos, que, como se sabe, se utilizaron para comer antes que los cubiertos. Buenísima esa carne tan tierna y el contraste con ese pan brioche ligeramente dulce y el picante del complemento.

El roll de costilla de vaca


No puede falta algo de verdura, y en este menú degustación nos sorprenden con unas alcachofas baby, con yema de huevo castellano y láminas de papada. Alcachofas de Lodosa, Navarra, confitadas en aceite y luego fritas, de las que han desaparecido todas esas hebras que las hacen tan incómodas para comer, y en el centro una yema de huevo castellana cocinada a baja temperatura y envuelta en láminas de papada Joselito. Hay que mezclar bien los tres componentes, untar de yema esa alcachofa y aderezarla con la laminilla de papada ibérica. Impresionante, sobre todo para mí, que me gustan mucho las alcachofas. Con este plato nos sirven pan de maíz (con masa madre traída desde Asturias) y pan de trigo, porque un plato con huevo siempre necesita pan para mojar. Un acierto, porque el pan parecía, recién hecho.

Las alcachofas baby, el pan y el salvamantel


Un plato un tanto sorprendente por su presentación, un carabinero abierto, rojo muy rojo, marinado en manteca de orza durante 12 horas, primero asado y terminado de cocinar en las brasas. Se tiene que comer intentando llevar todo el jugo de la cabeza hacia la carne de la cola y yo, que no soy de marisco, me ha resultado muy agradable al paladar.

El carabinero 


Finalizamos los platos degustación, antes de los postres, con una Presa Joselito asada y muy tierna y pisto de verduritas (cortado el calabacín y el pimiento en pedazos muy, muy pequeños). El camarero se ofrece a pasar por la plancha otra vez la presa, por si creemos que está poco hecha, pero la notamos en su punto, suave, tierna y con mucho sabor. Otra delicia.

Presa Joselito


El menú degustación ofrece dos postres. Afortunadamente hemos comido estupendamente, pero nos queda hueco para saborear esa flan de nata fresca de oveja con yogur y elaborado a baja temperatura, uno de los flanes más cremosos que he probado nunca.

El flan con yogur


Otro postre más original, un Cacao en Potencia. Una rueda de chocolate sablé (ideal para la base del dulce), toffee (a base de nata, mantequilla y azúcar), ganache para el relleno (con chocolate de cobertura y nata caliente) y streusel de cacao (hecho a base de mantequilla, azúcar, cacao, almendra y harina) con helado de haba tonka (es una semilla de capa rugosa y negra de aroma intenso) por encima con especias ligeramente picantes. Aunque estaba buenísimo, esa mezcla de texturas y sabores del cacao ha sido el plato más contundente, así que, menos mal que lo hemos tomado en lugar de este festín tan espectacular.

El cacao en Potencia

Y para los curiosos o curiosas de la señalización de los aseos, ahí va el de Cañitas Maite, original aunque también algo parecido al de Rocacho.










Me gustaría terminar esta entrada comentando que, una vez que nos trasladamos tan lejos de casa, decidimos hacer turismo manchego, y el chef de Cañitas Maite nos recomendó visitar el pueblo de Alcalá del Júcar, parece ser que es considerado uno de los pueblos más bonitos de España, con un castillo en lo alto y casas horadadas en la piedra. 



Alcalá del Júcar

sábado, 7 de agosto de 2021

ROCACHO: Chuleta de vaca de trabajo?

ROCACHO, a 6 de agosto de 2021, en la calle Padre Damián n.º 38, zona Chamartín, muy cerquita del estadio Santiago Bernabeu, en estos momentos en obras por lo que parece están montando un techo nuevo para el campo. 

Rocacho es un referente en Madrid de la cocina tradicional, que basa sus platos en el producto de calidad. Es un asador moderno, en el que destaca la parrilla de carbón de encina y en donde se ofrece la mayor selección de cortes de cárnicas El Capricho de Madrid, carnes consideradas de las mejores del mundo, y que se surten de ganado que vive en la provincia de León. 

Entrada de Rocacho



El restaurante tiene su propio local, con mesas de madera, sillas de mimbre, y manteles y servilletas de tela; han levantado una terraza con en techo que se puede abrir y cerrar al gusto. En la noche de la cena, hacía en Madrid una ligera brisa y en cierto momento se cerró el tejado móvil. 
La terraza de Rocacho



Para empezar, no iniciamos la cena con vermut, que parece un aperitivo más mañanero, ni cervecita, nos fuimos directamente a pedir un albariño para abrir boca, que nos fue servido con uvas congeladas para conservar el frío con el que nos gusta saborear el vino blanco, y que llegó acompañado de un aperitivo detalle de la casa, un maki (sin el alga nori) de atún con queso filadelfia y salsa teriyaqui (esa salsa hecha con salsa de soja, jengibre y azúcar moreno) un toque japonés para empezar bien la experiencia culinaria de agosto. Como detalle, esas pequeñas pinzas para coger el preciado bocado.

El aperitivo



Rocacho dispone de un carta bastante amplia, y es difícil decidirse por algún entrante, puesto que el final, ya se sabía que iba a terminar con un chuletón XXL y había que pensar muy bien el qué comer y mirar bien la cantidad de las raciones para no pasarnos y tener que dejar algo en los platos. 

Lo primero que nos sirven sobre la mesa es una burrata rellena de pesto con tomatitos asados y polvo de aceituna negra. Impresionante ese queso tan cremoso y tan blanco, acompañado de esa salsa de pesto verde que le da la albahaca, sobre una cama de tomatitos cherry y hojitas de berro; no olvidar esa crema de pesto con sus sabrosos piñones desbordando el queso una vez que lo hemos partido, porque el interior de la burrata estaba lleno de sabrosa salsa pesto. Una preciosidad de presentación en un plato exquisito. 
Burrata con salsa pesto



Así, nos atrevimos también con la Torrija de foie con hongos salteados y crujiente de cecina. La verdad es que escogimos este entrante por la curiosidad de ver la torrija de foie, ver y comprobar lo que el chef había ideado para poner el nombre de torrija a un plato salado. Sobre el plato una torrija súper esponjosa con una leve capa de caramelo dulce en la superficie, nada empalagosa, y acompañada de unos boletus salteados en su punto, unos daditos de foie muy cremosos y sobre la torrija, una pequeña loncha de cecina al horno muy crujiente. La mezcla de todos los ingredientes en la boca resulta deliciosa.

Torrija de foie y cecina



Más entrantes, unos tacos de cangrejo de cáscara blanda, aguacate y con emulsión de kimchi. Sobre unas tortillitas de maíz, unos pequeños trozos de cebolla morada, aguacate y salsa kimchi, y sobre ello, un cangrejo frito y tan blando que se podían comer las patas y todo. Un éxito en la elección por su originalidad. 
Tacos de cangrejo blando y aguacate



Y si en la carta ofrecen croquetas, hay que probarlas (a este paso vamos a saborear todas las croquetas que sirven Madrid). Las de Rocacho son unas croquetas de una bechamel muy cremosa y suave, con pedacitos de cecina, y sobre la croqueta, una loncha también de cecina. Para repetir, pero todavía nos quedan cosas por probar.
Croqueta de cecina



Hasta aquí, también hay que destacar que nos han cambiado los platos y cubiertos con cada entrante, y la original forma en que vienen servidas las viandas, esas fuente y platos tan diferentes: plato negro, lo que parece pizarra, soporte blanco, otro de madera para sujetar los tacos para que no se desmoronen,… 

Y la reina de la cena, una chuleta de vaca de trabajo de 90 días de maduración, con un peso de unos 1.300 gramos y acompañada de una pequeña fuente de patatas fritas, en su punto de fritura. Le han llamado en El Capricho "Vaca de trabajo" porque es una vaca criada de forma diferente, ya que son animales con una gran limpieza hormonal en la que se aseguran de que la vaca no ha parido en el último año. Y el tema de la maduración de la carne, que se ha puesto de moda en los últimos años, se hace para ablandarla, porque la carne de vaca recién sacrificada contrae los músculos por la ausencia de agua y de oxígeno; el objetivo de la maduración es aumentar la terneza de las carnes sin renunciar al sabor. Ya se sabe que debemos disminuir el consumo de carne, de todo tipo de carne, y de vaca en particular, por el tema de las emisiones de efecto invernadero que emiten los propios animales, pero no podíamos sustraernos a probar esa delicia de pedazo de chuletón, del que dan ganas de rebañar hasta el hueso. Carne al punto, rosada y tierna, con unas escamas de sal. Espectacular. 

Chuleta de vaca de trabajo antes de pasar por las brasas















Chuleta de vaca de trabajo a la brasa y fileteada



Al final resultó demasiada comida, y es una pena, porque ya no nos dio el estómago para probar un postre casero de Rocacho, que seguro estaría para chuparse los dedos.

Y para los curiosos o curiosas a los que les llama la atención la señalización de los aseos, aquí va el de Rocacho, original, discreto, sin dar pie a confusiones.


lunes, 2 de agosto de 2021

ATRAPALLADA: Marisco y filloas

ATRAPALLADA, a 30 de julio de 2021 en el paseo de las Acacias 12, zona Embajadores.

Por culpa del bicho, ya sabéis, el coronavirus, hemos estado varios meses sin poder salir a degustar ricos platos, así que este mes de julio ha sido propicio para repetir experiencia culinaria, recuperar tiempo perdido, y de paso aprovechar para encontrarnos en un restaurante muy antiguo en Madrid, del que yo hace muchos años sabía de su existencia, y de nombre, ATRAPALLADA.

Logotipo de ATRAPALLADA


Se trata de un restaurante de cocina gallega y de mercado, un salón muy amplio y con varios reservados, con una decoración sencilla, una combinación de madera y cuerdas, con manteles y servilletas de tela, y la cerveza servida en copa, lo que nos dice bastante de la calidad del lugar. Tiene mesas en la calle, una gran terraza con bastantes mesas, pero nosotros preferimos cenar en el interior, nos resulta más acogedor.


Interior de ATRAPALLADA


Teníamos pendiente desde hace tiempo el volver a un restaurante gallego a degustar esas delicias del norte, y sobre todo, disfrutar de una cena a base de marisco.

Como siempre, nada más sentarnos, nos preguntan si queremos algo de beber, y optamos por unas cervecitas fresquitas, que vienen acompañadas de un aperitivo muy original: un platito de gazpacho en su punto, muy claro y suave, en el que flotan gotitas de aceite de oliva y con un delicado sabor a pepino. Excelente empiece, porque además, sobre la mesa el camarero deja un cestillo con tres panes, dos de ellos blancos y otro con pasas, que tienen una pinta estupenda.

Gazpacho de aperitivo


La carta es bastante abundante, tanto en entrantes como en carnes y pescados, pero parece que nos atrae el tema del marisco, y aunque hay en la mesa diversidad de opiniones sobre los entrantes a compartir, porque no todos los comensales son fan del marisco, nos atrevemos con cuatro entrantes a compartir, y tras comprobar cómo de abundantes son las raciones, pedir unos segundos para cada uno u otra ración.

Así, de primeras, nos llama la atención un plato denominado Cocochas de bacalao crujiente con mahonesa de algas. Quien haya probado las cocochas, sabrá que es un plato delicioso, por eso sí o sí había que probar el plato; resultó un plato de cocochas rebozadas sobre una base de patatas paja, que resultaron un tanto duras, pero con un acompañamiento de una suave mahonesa de algas que resaltaba el sabor de las cocochas, dándole un toque muy acertado.

Cocochas de bacalao crujiente


Otro entrante a compartir fue, y no podía faltar en Atrapallada, el Pulpo a la gallega con sus cachelos. Un plato típico de la cocina gallega, su pulpo a la gallega, pero que no es fácil dar con su punto exacto de cocción: o queda muy duro o baboso, pero el de esta noche estaba en su punto, perfecta cocción, con sus cachelos bien cocidos, su aceite y su pimentón ligeramente picante. Un acierto.

Pulpo  a la gallega


Y un marisco, marisco: navajas diría que a la brasa ligeramente calientes y con ese aceite con un toque cítrico que lo acompaña. En su punto, porque no estaban nada duras.

Navajas


No podía faltar en la mesa ese ración de croquetas, en este caso de jamón y de carabineros, con una suave bechamel que se deshace en la boca y con mucho sabor a los tropezones que la acompañan, también sobre una base de patatas paja. A destacar ese color naranja de la bechamel de la croqueta de carabinero.

Croquetas de jamón y carabineros


En este punto nos preguntamos si pedir unos segundos o completar la noche con otro entrante y después, continuar con los postres. Así lo decidimos, y terminamos la pequeña degustación de marisco con unas zamburiñas, gorditas y rosadas, con ese toque de aceite y cítrico y el sabor de las brasas.

Zamburiñas a la brasa


Nos queda hueco para el postre y el camarero nos recomienda la tarta de queso, esa tarta de queso casera y al horno, cremosa y con un ligerísimo toque de limón que es pura delicia, y adornada con ese azúcar glas. 




Tarta casera de queso

Tampoco podían faltar las filloas, ese crepé frito y enrollado y con una crema por dentro y su toque de canela. 

Filloas de crema

Como la señalización de los aseos resultó algo curiosa, que se sale de lo que en los últimos restaurantes ha sido la tónica, ahí van las fotos. Y yo me pregunto, ¿son de hombre y mujer, o de macho y hembra?





lunes, 12 de julio de 2021

MACARELA: El atún es el rey

MACARELA, a 9 de julio de 2021, en la calle Monte Esquinza n.º 39 de Madrid, puro barrio de Chamberí. 

Después de visitar en los últimos meses restaurantes internacionales, sabores del mundo, de Colombia, de México, cocina japo-peruana y demás, hoy nos vamos a quedar en la piel de toro, vamos a visitar un restaurante especializado en la cocina gaditana. Nos preparamos para degustar salmorejo, tortillas de camarones, y demás delicias. 

Interior de Macarela



Nos encontramos con una taberna acogedora, de dos alturas, con mesas de madera, platos con discretos colores, sin mantel y con servilletas de papel. Y en las paredes, siluetas de deliciosos atunes. 

Decoración de Macarela



De entrada, nos pensamos si pedir una bebida de aperitivo, tipo vermut o nestea, pero nos decantamos por empezar con un vino verdejo fresquito, que en una noche de verano entra muy bien. La carta no parece muy extensa, pero se nos van los ojos a las croquetas, las tortillas de camarones, la fritura y los chocos. Así, sobre la mesa y para empezar unas croquetas de rabo de toro, con una besamel ligera y el sabor de la carne, discreta y bien emulsionada con la crema. Y a su lado, unas finas tortillitas de camarones (plato que no podía faltar en un gaditano), con un tamaño más grande de lo habitual, en la que se aprecian esos camaroncitos rosados y una masa ligeramente esponjosa en el centro y crujiente en sus bordes. Deliciosas. 
Tortillita de camarones y croqueta de rabo de toro



Más entrantes: tacos de cazón en adobo (también conocido como bienmesabe), ese pescado frito de sabor especial y ligeramente picante, y la intensidad del adobo con un toque de comino; y unos chocos (también conocido como sepia) fritos y a su lado, un salsa mayonesa de ajo negro que le da a los chocos una intensidad que no desentona. Ambos entrantes servidos en esos cestillos tan de moda.

Cazón en adobo



Chocos con salsa de ajo negro 



Ya veníamos preparados para degustar el plato típico de la cocina gaditana, el atún, y después de empaparnos de la carta optamos por un Atún picante a la parrilla: trozos de atún del tamaño de un dedo con una crema roja picante. Se trata de empapar el trozo de atún en su salsa y degustar el picante junto con el crujiente que lo acompaña. 

Atún picante



Otro forma de presentar el atún: Tataki de descargamento (el plato en la carta se llamaba así). Se trata de rodajas finas de atún rojo (el corte de la parte interior del lomo negro, la parte menos grasa del pez) ligeramente selladas en la plancha, sí, muy ligeramente, y aderezado con una mayonesa de wasaby, salsa de soja y acompañado de wakame o ensalada de algas marinas. Sublime. 

Tataki de descargamento



Otro plato escogido es el Tres en uno o tartar, sashimi y tataki. En un único plato podemos apreciar y degustar el tartar de atún, ese atún crudo cortado en dados y aderezado con unas gotas de lima; el tataki o ese atún ligeramente sellado y que conserva todo su sabor y el sashimi o ese atún cortado en finas rodajas y aderezado con salsa de soja y zumo de cítricos. Todo ello acompañado de una mayonesa de wasaby, salsa siracha picante, wakame y obleas para ayudarse con el pez. De este plato, lo importante es el corte preciso que se le tiene que dar al atún para que su presentación quede perfecta. 

Tres en uno



Obleas



Aunque la carta de postres no es muy extensa, nos atrevimos a probar la tarta de queso payoyo (queso elaborado con leche de cabra y oveja de Villaluenga del Rosario, Cádiz), que es esa tarta ligeramente esponjosa, con intenso sabor a queso, acompañada de crema de mango y servida algo caliente. Y la tarta de chocolate y galleta, finas capas de chocolate sobre ligeras capas de galleta, con una bola de helado por encima. Espectacular. 

tarta de queso payoyo


Tarta de chocolate y galleta


Aunque no tenga fotos de la señalización de los aseos, decir que estaban marcados con una M y una H.


lunes, 28 de junio de 2021

TATEMA: Trabajo bien hecho

 

TATEMA, a 26 de junio de 2021 en la calle Argumosa n.º 11 de Madrid, en el cogollo del barrio de Lavapiés, esa zona que se ha puesto tan de moda en los últimos años.

El lema de TATEMA, impreso en su logotipo y en las tarjetas de visita es AMOR POR LA BRASA, y parece que lo llevan escrito en casi todos sus platos.

Logotipo de TATEMA


Nos encontramos con un restaurante modesto, abierto a finales de 2019, con mesas de madera y pequeñas, con manteles individuales de papel y que eran al mismo tiempo la carta, así como las servilletas; local con una decoración muy discreta, en colores cálidos y con una iluminación tenue.

Interior de TATEMA


TATEMA es cierto, basa su comida en la cocina a la brasa, pero no hay que esperar grandes piezas de carne asada en las brasas, sino que su cocina es algo más. Tatema es una técnica culinaria de los primeros pobladores de México, que podemos asociar con la palabra chamuscar o tostar. El resultado es una cocina viajera, llena de sabores, salsas y especias.

Mientras leemos la carta, que es ese mantel individual de papel, decidimos empezar con un cóctel fresquito llamado Paloma Albahaca, con base de tequila, cordial de albahaca y tónica de pomelo, con su rodaja de pomelo, sus hojas de albahaca y sus cubitos de hielo. Y entre trago y trago decidirnos por alguno de esos platos de nombre tan sonoro como mazorca tatemada o colita de cuadril.

Cóctel Paloma Albahaca


Lo bueno de TATEMA es la oferta en carta de las medias raciones, tal vez pensado para el tapeo, lo que nos da la oportunidad de abarcar más sabores si optamos por esas medias raciones. Y eso hacemos, nos decantamos por pedir dos medias raciones como entrantes y un segundo a compartir.

El primer plato que nos ponen sobre la mesa son unas Patatas con salsa picante y alioli de ajos asados. Sobre un cuenco mediano, unas patatitas del tamaño de un dedo gordo, con piel, tipo patata arrugá canaria, pero más pequeñas, con una salsa de la que intuyo una base de tomate con un ligero toque picante, pero tan ligero que no produce rechazo a los que nos nos gusta mucho que nos arda el paladar y una salsa mayonesa con un muy discreto toque de ajo, y adornado con ese cebollino de intenso color verde. En verdad un plato muy sencillo y a la vez sorprendente de sabor.

Patatines con salsa picante y alioli de ajos asados


Y otra media ración a la que han llamado Pollo negro, radicchio, aguacate y salsa de remolacha encurtida. Sobre el plato un pedazo de pollo que podría ser de la parte del contramuslo por lo jugoso que estaba, muy tostado con algunas partes pequeñas casi quemadas por ese color negro que presentaba, pero que para nada resultaba desagradable. Como adorno, unos tomates cherry y una hoja de repollo morado que envuelve una crema de aguacate, y rodeando el plato, una salsa de remolacha encurtida, con ese sabor intenso que da el vinagre, que mezclado con el pollo ha resultado delicioso.

Pollo negro, radicchio, aguacate y salsa de remolacha


Como segundo plato y para compartir, lo que en TATEME han llamado Raya, okra, escabeche caliente de zanahoria y puré de apionabo. Un plato delicado y fresco de pescado que lo envuelve una deliciosa salsa de escabeche de zanahoria ligeramente ácida, y a su lado, ese puré de apionabo, que es un tipo de apio pero con raíz de nabo muy popular en Francia. Una mezcla ideal, la frescura del apionabo y la salsa de zanahoria escabechada. Y la raya, que nunca antes había probado, parece un pescado blanco, muy suave y delicado al paladar. Adornando el plato, ese pimiento verde llamado okra. Un plato diferente que hay que probar, porque es todo un acierto.

Raya, okra, escabeche de zanahoria y puré de apionabo


Llegamos a los postres, y aunque la carta no es muy abundante, escogemos un Brioche relleno de helado de dulce de leche, templado en parrilla. Ante nuestros ojos, dos rebanadas de pan de molde de brioche que envuelven un helado de dulce de leche, que no ha resultado muy empalagoso, y adornado con birutas de pistacho.

Brioche relleno de helado de dulce de leche


Y recomendado por la camarera, Tarta de limón Tatema; nos encontramos con un dulce que lo forma una base de crema de limón y adornado con cuadraditos de sobaos y lo que en Madrid llamamos suspiros, ese dulce a base de merengue horneado y almendra, a la que se le ha añadido láminas de almendra. Muy original y sabroso.

Tarta de limón TATEMA


Un restaurante muy recomendable para los que quieran probar sabores nuevos, sobre todo las salsas, con buen servicio y no demasiado caro y al que no le he encontrado ningún pero.