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| Interior de Macarela |
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| Decoración de Macarela |
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| Tortillita de camarones y croqueta de rabo de toro |
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| Cazón en adobo |
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| Chocos con salsa de ajo negro |
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| Atún picante |
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| Tataki de descargamento |
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| Tres en uno |
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| Obleas |
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| tarta de queso payoyo |
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| Tarta de chocolate y galleta |
Una vez al mes experimentamos nuevas cocinas, nuevos platos, nuevos sabores.
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| Interior de Macarela |
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| Decoración de Macarela |
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| Tortillita de camarones y croqueta de rabo de toro |
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| Cazón en adobo |
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| Chocos con salsa de ajo negro |
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| Atún picante |
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| Tataki de descargamento |
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| Tres en uno |
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| Obleas |
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| tarta de queso payoyo |
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| Tarta de chocolate y galleta |
TATEMA, a 26 de junio de 2021 en la calle Argumosa n.º 11 de Madrid, en el cogollo del barrio de Lavapiés, esa zona que se ha puesto tan de moda en los últimos años.
El lema de TATEMA, impreso en su logotipo y en las tarjetas de visita es AMOR POR LA BRASA, y parece que lo llevan escrito en casi todos sus platos.
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| Logotipo de TATEMA |
Nos encontramos con un restaurante modesto, abierto a finales de 2019, con mesas de madera y pequeñas, con manteles individuales de papel y que eran al mismo tiempo la carta, así como las servilletas; local con una decoración muy discreta, en colores cálidos y con una iluminación tenue.
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| Interior de TATEMA |
TATEMA es cierto, basa su comida en la cocina a la brasa, pero no hay que esperar grandes piezas de carne asada en las brasas, sino que su cocina es algo más. Tatema es una técnica culinaria de los primeros pobladores de México, que podemos asociar con la palabra chamuscar o tostar. El resultado es una cocina viajera, llena de sabores, salsas y especias.
Mientras leemos la carta, que es ese mantel individual de papel, decidimos empezar con un cóctel fresquito llamado Paloma Albahaca, con base de tequila, cordial de albahaca y tónica de pomelo, con su rodaja de pomelo, sus hojas de albahaca y sus cubitos de hielo. Y entre trago y trago decidirnos por alguno de esos platos de nombre tan sonoro como mazorca tatemada o colita de cuadril.
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| Cóctel Paloma Albahaca |
Lo bueno de TATEMA es la oferta en carta de las medias raciones, tal vez pensado para el tapeo, lo que nos da la oportunidad de abarcar más sabores si optamos por esas medias raciones. Y eso hacemos, nos decantamos por pedir dos medias raciones como entrantes y un segundo a compartir.
El primer plato que nos ponen sobre la mesa son unas Patatas con salsa picante y alioli de ajos asados. Sobre un cuenco mediano, unas patatitas del tamaño de un dedo gordo, con piel, tipo patata arrugá canaria, pero más pequeñas, con una salsa de la que intuyo una base de tomate con un ligero toque picante, pero tan ligero que no produce rechazo a los que nos nos gusta mucho que nos arda el paladar y una salsa mayonesa con un muy discreto toque de ajo, y adornado con ese cebollino de intenso color verde. En verdad un plato muy sencillo y a la vez sorprendente de sabor.
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| Patatines con salsa picante y alioli de ajos asados |
Y otra media ración a la que han llamado Pollo negro, radicchio, aguacate y salsa de remolacha encurtida. Sobre el plato un pedazo de pollo que podría ser de la parte del contramuslo por lo jugoso que estaba, muy tostado con algunas partes pequeñas casi quemadas por ese color negro que presentaba, pero que para nada resultaba desagradable. Como adorno, unos tomates cherry y una hoja de repollo morado que envuelve una crema de aguacate, y rodeando el plato, una salsa de remolacha encurtida, con ese sabor intenso que da el vinagre, que mezclado con el pollo ha resultado delicioso.
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| Pollo negro, radicchio, aguacate y salsa de remolacha |
Como segundo plato y para compartir, lo que en TATEME han llamado Raya, okra, escabeche caliente de zanahoria y puré de apionabo. Un plato delicado y fresco de pescado que lo envuelve una deliciosa salsa de escabeche de zanahoria ligeramente ácida, y a su lado, ese puré de apionabo, que es un tipo de apio pero con raíz de nabo muy popular en Francia. Una mezcla ideal, la frescura del apionabo y la salsa de zanahoria escabechada. Y la raya, que nunca antes había probado, parece un pescado blanco, muy suave y delicado al paladar. Adornando el plato, ese pimiento verde llamado okra. Un plato diferente que hay que probar, porque es todo un acierto.
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| Raya, okra, escabeche de zanahoria y puré de apionabo |
Llegamos a los postres, y aunque la carta no es muy abundante, escogemos un Brioche relleno de helado de dulce de leche, templado en parrilla. Ante nuestros ojos, dos rebanadas de pan de molde de brioche que envuelven un helado de dulce de leche, que no ha resultado muy empalagoso, y adornado con birutas de pistacho.
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| Brioche relleno de helado de dulce de leche |
Y recomendado por la camarera, Tarta de limón Tatema; nos encontramos con un dulce que lo forma una base de crema de limón y adornado con cuadraditos de sobaos y lo que en Madrid llamamos suspiros, ese dulce a base de merengue horneado y almendra, a la que se le ha añadido láminas de almendra. Muy original y sabroso.
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| Tarta de limón TATEMA |
Un restaurante muy recomendable para los que quieran probar sabores nuevos, sobre todo las salsas, con buen servicio y no demasiado caro y al que no le he encontrado ningún pero.
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| Interior de La Fonda |
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| Solteritas y su precioso color |
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| Ceviche de camarones |
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| Tamal con su salsa y arepas |
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| Sobrebarriga tierna |
GAMAN DE LUIS ARÉVALO, a 17 de abril de 2021, en la calle Ferrer del Río n.º 7 de Madrid, por la calle Francisco Silvela.
Se trata de un restaurante cuya cocina se basa en esa fusión que se puso de moda hace algunos años entre los platos japoneses y peruanos, lo que se llama cocina nikkei.
Luis Arévalo, peruano de nacimiento, ha trabajado en Chile, Suiza, para terminar recalando en Madrid, formando parte de ese exitoso proyecto llamado Nikkei 225, restaurante de los primeros que visitamos allá por 2010, mas o menos.
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| Logotipo de Gaman |
La cocina de Gaman tiene como principios básicos el sabor, el aroma, el frescor y por supuesto, la técnica con que se elaboran esos productos de temporada.
Por esa mezcla de cocina peruana y japonesa podemos encontrar ceviches, tartares, gyozas, niguiris, rolls, atún, aguacate,…
Nuestra reserva se encuentra dentro de la sala, sala decorada con colores tierra que parecen pedir calma y sosiego, aunque también hay mesas en el exterior, como manda la situación a la que nos aboca el bicho.
Nos encontramos con un salón relativamente pequeño, pocas mesas para lo que esperaba encontrar en alguien que había trabajado en Nikkei 225. Servicio muy atento, explicando los ingredientes de cada plato. Palillos para comer, copas para vino y servilletas de tela.
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| Interior de Gaman |
Como siempre, nos preguntan si queremos tomar algo de aperitivo, nos ofrecen cerveza, pisco, e inmediatamente decimos que sí, que nos apetece un pisco fresquito. El pisco es un aguardiente elaborado en Perú y Chile con la destilación de la uva, pero sin la crianza en barricas de madera. A la vista, un pisco podría confundirse con un vaso de limonada, por el color, pero el que nos sirven en Gaman no tiene nada que ver con el limón y sí con el vino y su posible estado de contento a futuro (no sé si me he explicado bien). Menos mal que junto con el pisco, nos sirvieron de acompañamiento unos edamames salteados con escamas de sal, sésamo tostado y ajo frito. Los edamames son las vainas tiernas de la soja hervidas con sal, con un resultado muy sabroso para el haba interior y mucho más cuando lo envuelves en esa salsa rosada.
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| Edamames verdes con salsa |
Entre trago y trago de pisco, y cada vez más eufóricos y sonrientes, nos van sirviendo poco a poco el menú degustación, cuyo primer plato consiste en unas gyozas de langostino cocidas al vapor con curry japonés y huacatay. Las gyozas son empanadillas japonesas hechas de masa de harina de trigo, maicena, agua y sal, y cuyo relleno da para muchas variedades: cerdo, marisco, pollo, champiñones... Dan mucho juego. Para mi gusto, al ser cocidas al vapor, quedan un poco sosas, aunque la salsa huacatay, que es una hierba aromática con un sabor parecido a la albahaca, le da más sabor. Cogimos la gyoza con una cuchara acompañado de esa salsa con huacatay, en la que intuimos ají picante, y no resultó tan sosa.
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| Gyozas de langostino |
Continuamos con un saam de corvina, con reducción de sudado de pescado y encurtidos, servidas sobre unas hojitas de lechuga. Se trata de un pequeño bocado de corvina marinada sobre esas hojas de lechuga y que se come envolviendo el saam en la lechuga, y así bocado a bocado. Y coronando el saam, lo que parecen unas patatas paja.
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| Saam de corvina |
Seguimos con un plato humilde y simpático, un jurel (ese pescado azul conocido también como chicharro) con guisantes, sitakes (esas setas de color marrón tan sabrosas de origen en el Asia oriental) sobre crema de miso (es una pasta que se obtiene a partir de soja, sola o acompañada de algunos cereales, como arroz, cebada o centeno, fermentada con sal marina). Nos encontramos con varias lonchas de jurel sobre una salsa color mostaza y láminas de sitakes, y sobre el pescado, algunos guisantes. Un contraste estupendo, aunque fue uno de los platos que más picaban.
A estas alturas ya nos percatamos de que la comida nikkei, no sé si toda pero sí la de Gaman, pica bastante y que el pescado está crudo y aderezado con distintas salsas. Además, con cada nuevo plato, nos cambian la cuchara con la que coger el bocado y la salsa que lo acompaña; para no dejar ni una gota.
A continuación nos sirven un tiradiro de hamachi (que es un pescado bastante graso muy utilizado en Japón) cortado muy fino, con erizo de mar y emulsión de jalapeños y sisho. Parece que el plato tiene un toque del conocido wasaby y viene acompañado de daditos de lo que parece batata o zanahoria, por el color naranja que tiene y el dulzor que se saborea. Delicioso.
Ya se sabe, menú degustación, platos grandes o de diseño (ver las fotos) y bocado pequeño, pero sabroso. Así que vamos con las ocho piezas de sushi variado y a gusto del chef, entre los que encontramos una lubina con cremoso de aguacate y tabasco y el atún con tallos de wasaby al momento, y acompañados de esa salsa de soja en la que mojar los preciados bocados.
El sushi de calamar con miso y el salmón flameado con chalaquita (mezcla de pescado tomate, cebolla y ajonjoli, por ejemplo) y su toque picante.
Otros más, el tartar de vieira con cebollino y el pez mantequilla (uno de los pescados más sabrosos y delicados que he probado) con ese toque picante que se va enseguida del paladar.

sushi de vieira y de pez mantequilla
Y más, el salmonete con escabeche de cebolla (éste no pica) y el batallaqui de calamar (especie de maki, esa delicia envuelta en alga negra nori) relleno con las patitas salteadas del calamar con mantequilla y ajo, muy blando y sabroso.

Sushi de salmonete 
Batallaqui de calamar
Y antes del postre, terminamos con un temaki de atún marinado o gamba cristal. Sobre el plato una especie de cucurucho en el que se aprecia el atún, el arroz, el aguacate y esas minúsculas gambas cristal, que podrían ser camarones, con el siempre toque picante. Delicioso. Y para concluir con los platos principales, y a destacar que no es un pescado como los anteriores, una panceta glaseada en chicha morada y puré de papa seca, con su cebolla morada, con un toque entre dulzón y picante, tal vez por lo que se intuye salsa de soja y rocoto (o ají picante).

Temaki de atún marinado 
Panceta glaseada
Yo, que no soy de picante, los platos de Gaman me han resultado muy gratos al paladar, sabrosos; una experiencia muy interesante.
Para concluir, el postre, un helado de copoazú (que es cacao blanco de Brasil, en este caso) con mango, y sopa de café. Diferente.
CHIRÓN RESTAURANTE, a 27 de marzo de 2020 en la calle Alarcón 27 de Valdemoro, en pleno centro de la localidad.
Como seguimos parcialmente encerrados en nuestras casas o localidades porque el bicho sigue entre nosotros y no nos han vacunado para poder empezar a tener una vida medianamente normal, vamos a tirar la casa por la ventana y a darnos un homenaje en un restaurante con una estrella Michelín.
Chirón Restaurante basa su gastronomía en platos de la cultura madrileña y de las dos Castillas. Existen varios menús degustación, cuya diferencia principal estriba en el número de platos y precio, claro, y cuya materia prima se quiere que provenga esencialmente de esta zonas. Se intenta dar prioridad a productos de la zona de Las Vegas madrileña, por lo que han ideado los menús denominados Jarama, Tajuña y Tajo.
Partiendo de la gastronomía castellana y recetas tradicionales, nos transportan a nuevos sabores de la tierra con influencias de platos del resto del mundo.
Cuando se realiza la reserva, ya tienes que decidir cual de los menús quieres reservar, así que, sin complejos, nos decidimos por el Menú Degustación Tajo, el más completo, con 10 aperitivos, 7 platos, 2 postres y un dulce final.
Chirón Restaurante está situado en el centro de Valdemoro, en una primera planta de un coqueto local, con una decoración en las paredes de esbeltas aves en tonos muy cálidos y una cristalera de vivos colores en el techo que le da al local cierta alegría. Manteles y servilletas de tela, cada plato servido en un plato o soporte de distinto diseño (ver las fotos), cambio de cubierto con cada plato y mesas auxiliares para servir a las mesas los complicados platos. Camareros muy en su papel, explicando la composición de cada original plato y siempre listos para llenar los vasos, tanto de vino como de agua (botellas de agua con la etiqueta del propio restaurante), según la elección de cada comensal.
Tras la pregunta de si queremos tomar algo antes de empezar con el menú degustación, pedimos vermut blanco y cerveza, y nos sirven vermut Zecchini y cerveza La Verbena, ambos aperitivos elaborados en el mismo Valdemoro.
Para comenzar nos sirven una aceituna de gran tamaño y con relleno de un souflé de vermut del propio Valdemoro, en el que la acidez de la aceituna se come un tanto el sabor del vermut; una crema templada de alcachofas con vainilla y pipas, muy suave y con aspecto de souflé (se ha obtenido esa textura porque se ha servido la crema a través de un sifón); y una croqueta muy delicada de jamón ibérico. Increíble la combinación de sabores entre la crema de alcachofas y la humilde pipa, hay que comprobarlo.
Continuamos con una pequeña/gran sorpresa, degustación de una selección de aceites de Madrid, un arbequina de Villaconejos de un color entre verde y dorado, un changlot real de la huerta de Carabaña y un aceite de cosecha temprana de picual de Villarejo de Salvanés. Lo acompaña un precioso y tierno pan de masa madre en el que empapar el rico y espeso aceite. Puro deleite el arbequina.
El siguiente y sorprendente plato es una infusión o caldo que se realiza en la misma mesa. En una especie de tetera se introducen hierbas como tomillo, romero, apio fresco, naranja seca, jengibre o piparra (guindilla de carne tierna y piel fina) a la que se añade un caldo hecho a base de conejo, perdiz y liebre aderezado todo con aceite ahumado de Santa Cruz de Retamar. Se sirve su punto, con una temperatura perfecta, entra muy bien. Al tiempo que se organiza el caldo de caza, nos colocan en la mesa un tasajo de ciervo (una pequeña loncha) y una colección de verduritas encurtidas y crudas, como una lámina de zanahoria, un mini pepinillo o una rodaja de nabo junto con una escasa flor de coliflor, todo ello para contraste del sabor con el caldo de hierbas y caza.
Continuamos con las sorpresas y sobre una especie de rama de árbol con tres bandejitas, nos encontramos con un especial bocadillo de calamares, que más bien parecía un trozo de shusi, servido en frío y con un perfecto sabor de marisco; un cocido de taba con su hierbabuena y su carne y con presencia de humus de garbanzos; y una rosquilla de morteruelo suave y delicada.
Y llega el yogur de morcilla, servido en un tarro de cristal de los antiguos yogures, con suave puré de patata, y una morcilla a la vez dulce y picante, dulzor que le da la manzana con la que se ha condimentado.
Seguimos con la ostra de mojete con tomates semisecos y pepino encurtido y servido en la mesa con un helado de tomate en polvo y aderezado con unas gotas de delicioso aceite.
Otro plato, el guisante lágrima con un pil pil de berberechos, servido en caliente y con un gran berberecho en la cima del pequeño plato.
Llegamos al conejo de campo servido en un escabeche de algas de un color verde intenso, y acompañado de pequeñísimo camarones fritos. Nos encontramos con 5 pedacitos de conejo y guisados de dos formas diferentes, unos como a la plancha y otros como una especie de mini albóndiga. Muy original y sabroso.
Vamos con el soldadito de Pavía, que para quien no lo sepa, es una tajada de bacalao rebozado, y en este caso servido en una caja de madera y con una cama de lo que podría ser a simple vista virutas de madera, pero que en realidad son como obleas cortadas en tiritas muy finas. La fritura del bacalao muy ligera, de tal forma que se deshacía a cada bocado. Ese soldadito de Pavía, se dice, se comenta, que nació en la famosa tasca Casa Labra de Madrid.
Siguiente: una mini cazuela con unos sabrosos y ligeros callos de bacalao a la madrileña, con ese suave toque picante, y digo ligeros porque no tenían esa dureza que a veces tienen los callos de ternera. Un manjar para quien le guste el sabor intenso de los callos.
La merluza no puede faltar en un menú degustación, y en esta ocasión nos presentan una rodaja pequeña del estupendo pescado con una base de pimientos del piquillo y una salsa de los mismos pimientos, y aderezado en la superficie con ese polvillo negro que deja el pimiento al ser asado. Delicioso.
Continuamos con el arroz de mar y monte, ya se sabe, carne y pescado, con carne que parece de caza y aderezado con hierbas del litoral; va acompañado de un pequeño tasajo de liebre y una salsa muy espesa entiendo que elaborada con la cocción de los animales de caza.
Terminamos los diez aperitivos y los siete platos platos con un estupendo lomo asado de ciervo con parmentier de patata y trufa. Deliciosas las cremas que acompañan al venado.
A estas alturas sentimos que aunque los platos son pequeños, estamos llenos y satisfechos con todo lo que nos han servido. Incluso la camarera nos da la enhorabuena por cómo hemos dejado los platos, entendiendo que hemos probado todo, todo, que nos lo hemos comido todo, todo; en mi caso, incluso los guisantes.
Pero todavía quedan los postres y nos sorprenden con un mojito de melón y anís de Chinchón, con hierbabuena y lima, servido en vez de en vaso, en una especie de probeta, y sobre una fuente que emite una especie de vapor, que poco a poco va llenado la mesa. Espectacular la presentación, lo mismo que el sabor de la combinación del melón y el anís, más a melón que a anís, todo hay que decirlo.
Y qué decir del huevo thai; sobre una fuente nos presentan lo que parece un huevo crudo, que resulta ser una especie de cáscara de chocolate y dentro un crema de coco, hierbas frescas y vainilla, haciendo de clara y una crema como de curri haciendo de yema. Todo un descubrimiento la mezcla de sabores y colores.
Todavía les queda un pequeño hueco para un dulce final, que consiste en un pastelito de almendra, una nube de violetas y una gominola de frambuesa. Un detalle agradable.
Hacía tiempo que no disfrutábamos de una comida tan especial, en la que todos los platos tuviesen una nota de sobresaliente, y prácticamente, ningún pero.
Un último comentario, después de esta super experiencia, la señalización de los aseos, que resultó correcta, no ha lugar comentario alguno. Y fijarse bien en todos los recipientes en los que se sirve la comida, que son impactantes.