domingo, 10 de junio de 2018

TABERNA BALKANIKA: Bulgaria y Serbia también existen.


TABERNA BALKANIKA, el 9 de junio de 2018, en la calle Urquiza 15, a un paso de la zona comercial de la calle Alcalá.
La entrada de la taberna.Lo mejor está dentro.

Este mes nos hemos decantado por alejarnos por un momento de la comida asiática e italiana y nos adentramos a descubrir la comida que se sirve en los Balcanes, sobre todo, de Serbia y Bulgaria que sirven en la Taberna Balkanika.

Ya la entrada al restaurante impresiona, porque lo primero que nos encontramos es una especie de portal de unos ocho metros de largo, con arcos de piedra, para después descubrir el restaurante, propiamente dicho. Voy a ser un poco atrevida y decir que parece un antiguo templo reconvertido en restaurante, o una posada de hace siglos en Madrid, por la piedra y la amplitud. Es un local muy grande, para lo que esperábamos y con un decorado semejante a un mesón castellano, aunque no tan rústico. Manteles en las mesas y adornos en las paredes de trajes típicos de los Balcanes,  utensilios de cocina antiguos y dibujo de señora con traje típico.
Ensalada del chef. Todo color.
La carta que nos presentan es bastante amplia, y ahí empiezan las dudas sobre qué pedir. Y como no conocemos nada de la comida balcánica, nos decidimos por pedir de entrante una ensalada denominada del chef, que incluye cinco porciones de ensaladas de las zona, acompañadas de huevo duro, rodajas de un embutido similar al fuet, tomate (con bastante sabor a tomate), queso feta y pepino.

De las cinco ensaladas que nos presentan, una es la típica ensaladilla rusa y otra de pimientos asados que todos conocemos. De las otras tres, una de ellas de color blanco a base de crema de yogur, pepinos, ajo y eneldo (deliciosa) llamada ensalada SNEZHANKA, tipica de Bulgaria; otra, de un inusual color rojo llamada AIVAR de Serbia con una base de pimientos asados y berenjenas cortados en trozos muy pequeños; otra de ellas de un color naranja intenso llamada URNABES, también de Serbia, que resulta una crema hecha de pimientos rojos asados, queso feta, huevo duro ajo y perejil (la que más me ha impresionado).

Los deliciosos panes
Para acompañar los platos hemos pedido pan, que nosotros llamamos pan de pita, uno “normal” y otro con queso rallado por encima, panes del tamaño de un plato. Es verdad que con estos panes, para nuestra forma de comer resultan poco prácticos, porque son muy finos y no puedes ni empujar la comida ni mojar, pero estaban del todo deliciosos, sobre todo el “normal”.

Tras las ensaladas nos trajeron un plato llamado ZELEVI SARMI, que resultó ser una especie de albóndigas XXL, a base de arroz con carne picada de cerdo, envueltas en una hoja de repollo y salsa templada de yogur. Y la gracia del plato estaba en la hoja de repollo, que podría estar cocida y caramelizada, por la textura y el sabor que tenía tan atrayente, como si estuviese frita.

El SACH MIXTO todavía hirviendo
Para completar la comida pedimos un SACH MIXTO, trocitos de carne de pollo, ternera y cerdo en salsa, servido en la mesa en una cazuela humeante e hirviendo (¡como hacía chuf chuf!). Y lo mejor, los champiñones que acompañaban a la carne, y la salsa, que me recordaba a la salsa de ostras que sirven en los “chinos de toda la vida”, muy marrón y muy espesa. Si en un principio se veía que la cazuela tenía mucha salsa, cuando terminamos de servir la carne en los platos, ya se había consumido con el calor de la cazuela. De todo lo que degustamos, es lo que menos me emocionó, aunque es verdad que la carne estaba muy tierna.

Tarta de chocolate y crepé.
Detalle de la tarta biskvitena búlgara.
Y un final feliz: los postres; pedimos tarta de chocolate (con estratos de chocolate y galleta con coco), crepé de chocolate (fino, fino), tarta de chocolate blanco con coco (estratos de chocolate blanco y coco) y tarta biskvitena de Bulgaria (suave crema, galleta y caramelo). Y ocurre que en todas las comidas del juego, trato de decidir cuál de los postres me gusta más, porque siempre hay unos más apetitosos que otros; pero hoy no ha sido el caso, porque me han gustado los cuatro por igual. Un triunfo.

Y de la señalización de los baños, considerar un pro: que las imágenes griegas/romanas parecen muy acorde con el sitio. Y la contra, que al de caballeros se le ha añadido el emblema tradicional de los aseos, y la de señoras, por ende, se ha quedado un pelín coja. ¿Y esto por qué? Pues tal vez porque los que tenemos una edad, y no llevamos gafas, no distinguimos bien la silueta, y al final tenemos que preguntar que cuál es el aseo que nos corresponde. Y para ahorrar tiempo, se decide añadir el emblema tradicional al aseo que está más cerca de los comensales. Filosofía barata la mía.


Si tenéis que invitar a alguien a comer o cenar, es un sitio muy interesante y barato.


domingo, 13 de mayo de 2018

RONDA 14: Explosión de sabores en un bocado


RONDA 14, 12 de Mayo de 2018, en la calle General Oraá 25, en pleno barrio de Salamanca.

¿Cómo expresar con palabras, el disfrute intenso de la experiencia culinaria de la que gozamos en RONDA 14?

Puedo empezar comentando que nos situaron en la planta baja del local, cerca de un ventanal grande, y una decoración muy sencilla: mesas, sillas y prácticamente ningún adorno en las paredes que rompa el monocolor de las mismas. Y al fondo, cuatro cocineros a la vista, aunque no se pueda ver cómo trabajan, todos jóvenes, preparando sobre la marcha lo que luego comeremos. A destacar el gorro negro con calaveritas de colores que utiliza uno de ellos; los otros utilizan gorros o cintas para el pelo, pero grises o negros. El toque de color imprime alegría y le quita seriedad al sábado.

La presentación de cubiertos y la salsa de soja
No es un restaurante muy lujoso, como se podría pensar por la zona en donde se encuentra , pero está lleno y todas las mesas ocupadas. Y lo primero que notas cuando te sientas, es que efectivamente estamos ante una cocina de fusión, por la forma de servir los cubiertos. Y la salsa de soja que no falte.

Como siempre pedimos unos entrantes para compartir, y hoy los segundos también serán a para compartir, porque nos encontramos con unos platos de fusión que mezcla muy acertadamente las cocinas japonesas y peruanas, introduciendo entre ellas un toque asturiano. Es difícil de calificar, pero las mezclas están conseguidas en su punto exacto.


Ceviche de xarda
Empezamos con un ceviche de xarda (palabra asturiana que es la caballa en castellano) con calamares, kikos, cebolla roja, lima y cilantro, todo ello servido con leche de tigre. El secreto está en mezclarlo todo bien y servirlo como una sopa. Y cada bocado deja un sabor final a frutos secos, que puede derivar del rebozado de los calamares con cereales sin gluten. Tanto la lima como el cilantro, que tienen un sabor intenso y puede enmascarar otros sabores, están utilizados en su justa medida, y dejan sitio al resto de los ingredientes. Espectacular.
Las hamburguesas de guayu y el tartar de vieiras

Seguimos con una hamburguesa de wagyu (carne de vacuno originaria de Japón), rocoto (especie de pimiento picante peruano) y queso azul, aderezado, además con cebollino, mahonesa japonesa (¿que tiene un toque de wasabi?). Y como en el plato anterior, el toque picante es tan leve, que puedes apreciar el sabor de la carne y del queso azul. Le sigue el tartar de vieiras con ají amarillo.

El roll de mar y montaña
A continuación nos sirvieron el llamado Roll de mar y montaña, mezcla de langostino, en el interior, y  carne roja al punto, encima, y un crujiente de patatas paja. El contraste entre el marisco y la carne resulta interesante, porque no desentona la variedad de sabor y textura. Le sigue un Roll de cangrejo con caparazón blando con huevas de pez volador con salsa de curry y mahonesa.
Gyozas de anticucho

Continuamos con una gyozas de anticucho (corazón de vaca de la comida tradicional peruana) con picada y cilantro, servido con trocitos de carne sobre el plato y crema de ají panca (salsa típica peruana de ají y aceite) rodeando el plato en finas líneas anaranjadas. Picaba lo justo para no resultar desagradable.

Gunkan de huevo trufado
No pudimos dejar de pedir el gunkan de huevo trufado; el olor intenso de la trufa invade los alrededores de la nariz. Podría tratarse de un huevo de codorniz, que una vez en la boca explota la yema e inunda el paladar con todo su sabor potenciado con la trufa. Aquí se nota la influencia nipona porque                           parecía un auténtico maki.
Cachopinos de ternera y setas.

Y por último, nos sirvieron los cachopinos de ternera, (plato típico asturiano, aunque este cachopo es enano y casi cabía en un diente en comparación con los originales), con queso de cabra, setas y espinacas, presentado con una espuma de piquillos en la cima que se deshacía en la boca. Y las patatitas asadas que no falten. Auténtica delicia.

Todos los platos son servidos como pequeños bocados, tipo maki, o pequeños rollitos, algunos de ellos para comer de una sola vez y mezclar en la boca todos los sabores, como los gunkan. Y no echamos de menos el pan, no se necesita.


Coulant de chocolate y helado de piña
Pasión de coco y crema de maracuyá
Y como los platos no resultaron muy contundentes, nos quedó sitio para los postres: coulant de chocolate con helado de piña, pasión de coco y menta, y bizcocho roto de avellanas y coco. Comentar que el coulant estaba templado; cuando lo partes, se desparrama sobre el plato un chocolate sabroso y templado, para mí en su punto, ideal. Original es la pasión de coco y menta es los que más llamó la atención; se trata de media bola de coco rallado del tamaño de una manzana y envuelto en chocolate y en medio un agujero del que sale una crema de maracuyá y servido con helado de menta (para mí de hierbabuena).
Si la explosión de sabores ha colmado todas las expectativas, el tema de la señalización de los aseos ha resultado poco original y muy serio. Una cocina de fusión es algo relativamente novedoso, por eso las placas de los aseos, en la que se lee tan sólo SEÑORAS y CABALLEROS, así en mayúsculas, como se ve en las fotos, y que parece que nos retrotraen al siglo pasado, o al anterior; como que está fuera de lugar, como que no pega. ¿Un decorador habría buscado un cartel más acorde?

Si te gusta comer y probar nuevas cocinas y sabores, tienes que pasarte por RONDA 14. Notable muy alto


lunes, 7 de mayo de 2018

MAD GRILL: Carne por un tubo bajo ruedas de bicicleta.



MAD GRILL, 5 de Mayo de 2018 en la calle Campoamor 13, barrio de Chueca.

Esta comida no entra en el juego, técnicamente, pero volvemos a tener un evento familiar, celebramos el cumpleaños de los chicos y nos gusta estar los cuatro juntos y comiendo, que, como ocio, es una de las cosas que más nos apetece hacer. Así que, allá va el comentario.
Estamos en una taberna con mesas de madera, sin mantel, y sillas también de madera, éstas muy vintage y muy desgastadas, como las que había en casa mi abuela.

No se trata de una lugar muy glamuroso; paredes desnudas y a destacar que las luces del techo han sido ensambladas en ruedas de bicicleta. Muy original.
Hemos llegado muy pillados de tiempo, porque se nos ha ocurrido ir al centro en coche y había un atasco importante. Nos hemos encontrado con que en toda la calle en donde está la taberna había una mercadillo de artículos de artesanía, que, obviamente no nos ha dado tiempo a echar un vistazo, por las prisas. Supongo que lo ponen los sábados aunque yo no lo sabía, pero es una actividad muy interesante. Da mucha vida al barrio.
La presentación de la carta es bastante sencilla, dos hojas escritas. Y de entrantes nos hemos decantado por unos nachos con Chili Bowl, a base de carne y judías con tomate. No picaba en absoluto y con unas cervecitas, han entrado de maravilla.

De segundo, los chicos  han elegido  carne, algo nada sorprendente y les han servido dos hamburguesas (una Fancy Burguer con foie y una Pulled Pork Burguer) con patatas fritas. Las hamburguesas han sido pedidas expresamente al punto, pero en MAD GRILL el punto ha resultado un tanto crudo (a tener en cuenta). Y un costillar a la barbacoa para chuparse los dedos; estaba muy jugoso y tierno y lo acompañaban con una ensalada de col en un vasito de aluminio (tamaño vaso de vino). Felicidades por la elección.


Yo, que soy de poca carne, he preferido una ensalada Cobb, con lechugas, tomates cherry, queso azul, trocitos de pollo y picatostes, bacon, huevo duro y guacamole. Las ensaladas están buenas de todas las formas, colores y sabores, pero ésta iba acompañada, además, de una salsa mahonesa con especias, para servir al gusto, también presentada en un vasito de aluminio. Buenísima, pero demasiada ensalada, de tal forma que he tenido que dejar un poco. Mi plato no ha quedado limpio, y eso duele.

Y ocurre que las raciones eran tan contundentes, que no había hueco para los postres; nos hemos conformado con un tradicional helado de bolas de chocolate y vainilla, y dos cafés. Pobre para lo que nos gusta experimentar.


En cuanto al servicio, comentar que tardaron bastante en traer la ensalada; casi se habían terminado la carnaza cuando llegó. Aunque eso sí, las camareras muy atentas, que incluso al final de la comida preguntaron que qué tal habíamos comido; pregunta de compromiso pero que se agradece.

Y en cuanto a la señalización de los baños, digamos que no creo haberlo encontrado en ningún sitio. Tiene su punto de humor y es de agradecer.






domingo, 8 de abril de 2018

DON LISANDER: Pasta fresca con sus aderezos y una tarta de limón.


DON LISANDER. 7 de Abril de 2018, en la calle Infanta Mercedes nº 92. Nos encontramos con un restaurante italiano al uso: pasta fresca y pizzas, sobre todo, y situado muy cerquita de plaza Castilla, así que casi podemos tocar con la mano las Torres Kio.
Unos cuadros de la decoración en un aseo
La decoración del local me recuerda a otros restaurantes italianos, con cuadros de coches y motos, recurrente, e incluso una hélice de no sé que vehículo, en las escaleras de bajada al piso inferior. En la mesa nos espera una botella de aceite que resulta ser de Jaén.
Entre que miramos la carta y nos traen las bebidas, nos ponen en la mesa un entrante con unas rodajas de salchichón y unos colines cortitos y extragruesos, que luego nos cobrarán por ello 3 euros.  ¡Vaya!
Nos disponemos a pedir y nos dice la persona que nos toma nota que fuera de carta tienen alcachofas y …. adjudicado, para nosotros las alcachofas, porque sólo queda una ración y a nosotros nos privan. También pedimos como entrantes y a compartir una pizza lisander y una ensalada Cosa Nostra.
Los entrantes
La pizza lisander fina, fina
Las alcachofas, rebozadas y con una salsa de tomate casero en el centro para mojar, espectaculares, parecía una tempura ligera. La ensalada llevaba rúcula (con ese sabor tan peculiar) bacon, nueces, queso parmesano en láminas y acompañado de una pipeta con su vinagre balsámico (supongo que de Módena) para servir al gusto. Original. Y la pizza lisander, hecha de masa muy, muy fina (aunque yo prefiero la masa un poco más gruesa), con su tomate y queso, y con huevos de codorniz y salchichas, servida en una tabla de madera. Por supuesto que me quedo con las alcachofas, a las que tal vez, les faltaba un pelín de sal.
Agnolottis de espinacas
De segundo pedimos dos platos de pasta fresca y escalopines a la marsala, estos, sin empanar y acompañados de una crema de patata deliciosa. Uno de los platos de pasta fresca eran linguini, para mí fetuccinis, con salsa de setas y trufa. Y el otro eran agnolottis, una especie de raviolis de color verde, pero mucho más grandes y redondos, rellenos de crema de espinacas, con una bola de queso mozarella en el centro, frutos secos y una especie de salsa pesto como base. En un principio parecía un plato algo soso y seco, pero según avanzas en la cata, si se acompaña con una porción del queso, un poco de nuez y una pasa, mejora enteramente la prestancia del plato.
En cuanto a los linguini, nos pareció el plato mejor conseguido; esa salsa de nata con champiñones y ese sabor intenso de la trufa era difícil de superar.
Y para que no nos falte nada, acompañamos el segundo plato con focaccia, o masa de pan muy fina o la masa de la pizza con una pizca de aceite y orégano.
Siempre dejamos sitio a los postres, porque una comida de este tipo no está completa si no degustamos los postres caseros que nos ofrecen. En este caso nos decantamos por el chantilly, (crema ligera de merengue, nata, vainilla y canela, con helado de frutos rojos), un postre muy fresco y sabroso, el famoso tiramisú, servido en un vaso corto de cristal y la tarta de limón.
La original tarta de limón
Los postres ricos, ricos
Y ahora lo memorable, imaginaros la escena, porque a nosotros se nos pusieron los ojos como platos: viene la camarera y pone una cuchara a cada uno y a uno de nosotros, además, un mantel personal de plástico fino. ¿Para qué? Pues bien, a continuación pone en la mesa una bandeja en la que hay un molde redondo, especie de picatostes que resultaron ser galleta y dos mangas pasteleras, una con crema de limón y otra con merengue . Pone el molde en el centro del mantelito, a continuación los picatostes/galleta de base, después la crema de limón, por encima el merengue y por último lo flambea. Todo en nuestra mesa; y como es la primera vez que vemos una presentación así, pues nos quedamos pasmados y sorprendidos y encima estaba estupendo de sabor.
Con relación al servicio de mesa debemos considerarlo correcto, aunque no es de recibo que te cobren un servicio de entrantes, que ellos denominan aperitivo, que no has solicitado.
A considerar, también, que el agua que nos sirvieron era Acqua Panna, de la Toscana. Un detalle que se escapa en el aceite.

Y por último tenemos el tema de los baños y su señalización. Parece que con un símbolo no había suficiente y había que poner dos, el tradicional de la silueta señora/señor y una foto de los años 50 de un actor/actriz (?) en bañador. Parece que el tema de la  igualdad de género no está muy bien compensada: el en actitud deportiva y ella como posando. Aunque es original, chirría un poco.





En definitiva, una experiencia culinaria más que notable.


domingo, 4 de marzo de 2018

EL TORMO. !Vamos a por el arroz con liebre!


EL TORMO. 3 de Marzo de 2018. Por tercera vez, y sin que sirva de precedente, volvemos a El Tormo, para probar otro guiso estrella de Milagros, el arroz caldoso con liebre y de paso celebrar una fiesta familiar. ¿Qué mejor sitio?. Es verdad que una de las normas no escritas del juego, es no repetir sitios, pero en este caso el arroz con liebre no se parece en nada al menú degustación del mes anterior, por eso decidimos repetir sitio, que no plato. Y previa reserva, nos presentamos a la hora de la cita a degustar ese arroz con liebre, que se preveía estar de rechupete.

Y como el arroz es un plato que tiene su tiempo, y hasta que esté en su punto, Enrique nos puso un platito de pisto y otro de morteruelo, para abrir boca, no aburrirnos y no mirar con envidia a los de la mesa de al lado. Y nos sorprendió que, aun siendo los mismos platos que comimos quince días antes y tener los mismos ingredientes, y según Milagros en la misma proporción, una pequeña variación en las especias, en este caso posiblemente el orégano en el pisto, nos hizo descubrir nuevos sabores. El morteruelo, para el que no lo sepa, especie de paté fibroso hecho de perdiz, faisán, jamón, costilla de cerdo y un poco de hígado para ligar la masa. Y la misma sensación que con el pisto: tenía un sabor más delicado que hace quince días. Capricho de las especias y/o hierbas.

Llega el arroz caldoso con liebre, una cazuela para cuatro que cuando llega a la mesa, piensas “Con todo esto comen ocho personas”. A la primera cucharada parecía que al arroz le faltaba un punto, pero es verdad que un minuto más y cuando hubiésemos terminado estaría pasado. Y al momento, ya no había caldo y vino Milagros y echó tres cazos de caldo, que al poco tiempo ya se había consumido. Lo que en un principio resulta un arroz con poco sabor, va cogiendo al fuerte sabor de la liebre (que a mí me recuerda al sabor del hígado), y hace que cada bocado resulte más sabroso.

Y tras el arroz, los postres: alajú, mostillo y hoy también hojaldres de La Mancha, una especie de Miguelitos de la Roda más pequeños y sin crema, pero con sabor a manteca. Y los licores de antaño. Entono el mea culpa de no hacer mención al vino, pero soy más de comer que de beber, y aunque Enrique nos sirvió vino, supongo que de algún sitio de La Mancha, no me molesté en preguntar qué vino era. Es una fiesta de sabores concentrada en quince días. Y me quedo sin lugar a dudas con el menú degustación del mes de febrero. Y como estudiantes poco aplicados, nos queda pendiente para septiembre el cocido.

Y los “boteritos” seguían colgados en sus puertas.

domingo, 25 de febrero de 2018

EL TORMO. Las viandas de Alonso Quijano.


EL TORMO en la travesía de Las Vistillas nº 13 de Madrid. Especialistas en platos que aparecen en El Quijote, de Castilla La Mancha. 17 de Febrero de 2018

Pisto manchego
Una de las normas no escritas de nuestro juego, es que no se puede repetir restaurante, porque precisamente se trata de descubrir sabores y cocinas nuevas. Pero decidimos hacer una excepción con El Tormo, porque nos pareció cuando lo visitamos la primera vez que era digno de repetirse. Y casi siempre que hemos vuelto a comer en un mismo sitio, fuera de este juego, nos ha decepcionado. Por eso nos daba un cierto respeto esta visita. Y no.
Gazpacho del pastor

Estamos en un local pequeño que acoge unas 5 ó 6 mesas y que el día que lo visitamos había unas 12 personas. Una mesa vacía porque una reserva falló.
Está situado muy cerca del Palacio Real, pero en una calle muy cortita que no tiene nada, sólo El Tormo y viviendas y un bar en la esquina; si vas por esa calle, es que o vives allí o vas a El Tormo, pasando antes por el bar para empezar con una cerveza.
Gazpachos manchegos

No hay carta, o por lo menos a nosotros no nos lo ofrecieron y es que sirven el menú degustación o, imagino, cocina de encargo. Comimos, por este orden: pisto manchego con un huevo, chorizos (uno para cada uno y de sabor suave y poco grasoso), gazpacho del pastor, gazpacho manchego o galianos (poco sabor en comparación con el plato anterior), atascaburras (crema muy suave de patatas con bacalao y nueces), morteruelo, codornices al chocolate y bacalao a la manchega.
Atascaburras

Me quedo con el gazpacho del pastor, especie de torta con algo de carne, y atascaburras, la crema de patatas y bacalao, qué suavidad de crema y qué sabor a bacalao, sin que se note su presencia.
Todos los platos servidos en cazuelitas de barro por Enrique, y de paso nos explica en qué consiste cada plato, su composición (perdiz, faisán, jamón, costillas, pan ácimo, entre otros) su antigüedad, toda una lección.
Y de postre, mostillo (una especie de membrillo con nueces) con queso, alajú (especie de turrón con nueces) y las quesadillas, aunque me resultaron un poco secas. Y los chupitos de aguardiente, café y orujo que no falten.

Y qué decir de Milagros, el alma del TORMO, que de vez en cuando sale a comprobar el resultado de sus guisos, atenta a los comentarios (siempre buenos) lo que hace que nos sintamos como en familia y con ganas de volver. Y de hecho, lo haremos en marzo a probar el arroz con liebre.
Una experiencia gastronómica que me deja sin palabras. La sensación de que en todo Madrid no vamos a encontrar una comida que tiene una antigüedad de unos quinientos años, que ya se nombra en el Quijote, que seguramente no ha sufrido cambios en las recetas. Irrepetible.




Para ser justos, debemos ponerle un pero a El Tormo y es el pan. Resulta un poco fuera de lugar que sirvan pan blanco de barra, con los buenos panes rústicos u hogazas que se hornean en Madrid. 

Y en el plano de los aseos, la señalización me resultó original, con dos aseos, uno para señoras y otro para caballeros, con sendos cuadritos estilo Botero. Sin complejos.


Ni el local, ni las recetas se pueden perder. Sería como perder un idioma minoritario o un animal en peligro de extinción. ¡Relevo generacional, ya!


domingo, 18 de febrero de 2018

LAMIAN: Asia en el plato


LAMIAN, en la plaza de los Mostenses 4 de Madrid. Cocina oriental de fusión. 20 de Enero de 2018.

Es un local que resulta una tasca al uso, y con poco glamour: mesas de madera, un único plato para todas las comidas y sus palillos unidos, sin funda de papel. Al que quiso se le facilitó tenedor.
Y qué decir de la comida; pedimos 5 platos para los cinco: pulpo con panceta, hongos en tempura, tepanyaki de oreja, empanadillas de gambas y Jackie Chang no es Bruce Lee (si hay un plato con nombre original, es éste). No pedimos vino.
Tarjeta Lamian
Texturas y sabores originales, de fusión en resumen, y me quedo con el pulpo con panceta y salsa coreana, con una ensalada con bastante sabor a cilantro, que me recuerda a la comida vietnamita.
El servicio, muy atento, con gente muy joven (les sobran los tatuajes); incluso nos preguntaron que cual era el plato que más nos había gustado, como si supiesen que estábamos en pleno “juego”.
En el capítulo de los aseos y su forma de indicar si es de señoras o caballeros, el de Lamian me ha resultado original, tal vez porque nunca lo había visto. En la puerta de caballeros figura un OS y en el de señoras, AS. Claro que para saber cual te corresponde, tienes que mirar ambas puertas.


Experiencia con notable alto, muy satisfactoria. Precio medio 32 euros.

Semanas después de escribir este pequeño apunte, vi en una revista especializada que Julio Zhang, de quien reconozco no haber oído hablar, es cocinero singular y que destacó en el local antes de que se llamase Lamian y abrir otro local, por su cocina de fusión oriental original. Ha dejado en Lamian unos buenos discípulos cocineros/as. Enhorabuena.