domingo, 4 de febrero de 2024

LA VASCO ANDALUZA: Melva y bacalao

LA VASCO ANDALUZA, a 3 de febrero de 2024 en la calle Arturo Soria n.º 2, primera planta, de Madrid, en el barrio de Ciudad Lineal.

Este mes de febrero nos toca volver a probar esas recetas tradicionales que dejaron en herencia tantas abuelas de sitios tan distantes entre sí como el sur andaluz y el norte vasco. Distintas y distantes, sí, pero ni mezcladas ni hablar de cocina de fusión. Por eso podemos encontrar croquetas de txangurro o de rabo de toro al Pedro Ximénez, purrusalda de bacalao o ensaladilla de melva y langostinos, alubias de Tolosa o berza jerezana, como ejemplo de la gastronomía vasca y andaluza.


A los fogones de La Vasco Andaluza se encuentra Sergio Guerreiro, quien lleva 23 años cocinando para los demás y es gran conocedor de todas las cualidades del atún rojo y su mejor preparación culinaria.

La casualidad nos lleva nuevamente a pisar este barrio de Madrid, barrio relativamente nuevo, Ciudad Lineal, a una de las calles principales que lo atraviesan, la de Arturo Soria, ese urbanista nacido en Madrid en 1844, impulsor de un nuevo concepto de habitabilidad para las calles de su ciudad y para ese nuevo barrio que se estaba formando, que terminó por llamarse Ciudad Lineal, con calles anchas entre las que discurriría el tren o tranvía, a cuyos lados se situarían las casas que tendrían jardín, servicios municipales y mucho arbolado. Además fue el impulsor de la implantación de la red de telefonía en España, aunque esto último no pudo llevarlo a cabo tal y como él quería.


Nos encontramos con un local situado en el primer piso de un edificio en la esquina de la calle Arturo Soria con la de Alcalá, luminoso, sobrio en la decoración, las mesas con manteles y servilletas blancas de tela, y sobre ella, vaso para el agua y copa para el vino.

Interior de La Vasco Andaluza

Mientras miramos la carta, y como además hace un día demasiado cálido para ser primeros de febrero, nos pedimos un tinto de verano, aunque pedimos que nos echen poco hielo, que viene acompañado de unas aceitunas (que parecen de Campo Real) servidas en un vaso, en vez de en un platito; curioso.

Aceitunas y tinto de verano

Nos decidimos por pedir cuatro platos a compartir y mientras llegan, nos deleitan con un aperitivo de chistorra templada, muy apetecible.

Chistorra

Lo primero que nos sirven es con una ensaladilla de melva y langostinos; sobre el plato encontramos una ensaladilla con una patata cocida al punto, con la mahonesa justa para que no se haga muy pesada su consumición y por encima pedazos algo grandes de melva (que es un pez de la familia del atún pero más pequeño) y huevas de salmón. En la base del plato, lo que parece un pequeño chorro de aceite de oliva con escamas de trufa. Realmente deliciosa.

Ensaladilla de melva

A continuación nos ponen sobre la mesa lo que parece nunca falta en nuestras comidas y son las croquetas, que en el día de hoy lo son de txangurro, con un toque un poco picante que le pone la pimienta y otra de rabo de toro al Pedro Ximénez, con mucha carne y poca bechamel; ambas muy ligeras y muy sabrosas, dignas de cualquier premio.

Croquetas de txangurro y rabo de toro

Hemos probado la melva en conserva típica de las costas gaditanas y ahora toca catar un bocado de la cocina vasca, por lo que nos hemos decidido por una tortilla de bacalao al estilo personal del chef, muy poco hecha y a la que se le añade un chorrito de vino de Jerez, según la carta y en cuyo interior podemos saborear el pimiento rojo y verde, la cebolla y por supuesto, lascas de bacalao y sin nada de patata. Esta tortilla, con un poco de patata habría quedado más consistente para mi gusto, y eso que prefiero la tortilla poco hecha y con cebolla. Desde mi punto de vista, el plato menos logrado de los que hemos probado, aun valorando su buen sabor.

Tortilla de bacalao

Para terminar y antes de los postres, nos hemos pedido una ración de callos, con pata y morro, partes del cuerpo del cerdo o de la ternera muy gelatinosas, además de un toque choricero. Sabrosos, calientes, tiernos, ligeramente picantes, con mucha salsa para mojar ese pan tan estupendo que nos han servido.

Callos



El pan

Hemos sido prudentes y no ha sobrado comida, como otras veces, por lo que sí nos queda sitio para el postre. Nunca puede faltar en nuestras visitas gastronómicas la tarta de queso y en el día de hoy era de queso Idiazábal, queso que se elabora principalmente en el País Vasco y Navarra con leche cruda de oveja de las razas latxa y carranzana, con daditos de membrillo. A esta tarta de queso no le hace falta echar por encima mermelada de ningún tipo ya que ella ya contiene todo el sabor. El otro postre elegido tras consultar al camarero es una crema de yogur y chocolate blanco, mezcla perfecta, aderezado con birutas de cacahuete garrapiñado y trocitos de mango; y una flor morada que parecía un pensamiento pequeño de adorno. Realmente deliciosos.

Tarta de queso y crema de yogur

Para terminar, la señalización de los aseos, me ha resultado original y claro para un español, aunque también he pensado que si nos visita un coreano, por ejemplo, que no sabe castellano, tendría algún problema.








Como anécdota de la experiencia del mes de febrero, esa cajita tan cuqui en la que nos han traído la cuenta y que nos ha llamado mucho la atención.

La cajita en la que han traído la cuenta


domingo, 14 de enero de 2024

KINZA: Sopa borsh y pastel Merovik

KINZA, a 13 de enero de 2024 en la calle San Bernardo n.º 22 de Madrid, en pleno centro de Madrid, calle que nace en la plaza de Santo Domingo y termina en la glorieta de Quevedo. Mide aproximadamente un kilómetro y medio y anteriormente fue conocida con el nombre de Calle Ancha de San Bernardo. Esta calle está rodeada por los barrios de Universidad, Palacio, Arapiles y Trafalgar.

La calle de San Bernardo debe su nombre al santo francés Bernardo de Claraval, que vivió en el siglo XI y se le conoce por su obra reformadora de la orden cisterciense.

En esta calle tan emblemática de Madrid y muy cerca de Kinza, podemos encontrar la iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, el Palacio de Justicia o la Antigua Universidad Central.

Logotipo de Kinza

Kinza, que significa cilantro y que es una hierba muy utilizada en la cocina georgiana, es un restaurante que vive de la gastronomía típica de Georgia, ese país situado en el Caúcaso, que fue antigua república soviética, y en el que conviven las altas montañas con las playas del Mar Negro.

A los fogones de Kinza se encuentra la chef Nana Shubitidze y entre sus platos podemos descubrir, si sabemos y tenemos buen paladar, especias de la zona, como la sal svaneti, azafrán de Imertin, cilantro o comino; podemos degustar sopas, como la kharcho (a base de ternera y tomates), la matsoni o sopa de yogur. También presentan platos cuya base principal es el pollo, o el suluguni, típico queso georgiano. 


Traspasamos las puertas de Kinza y nos encontramos con un local acogedor, aunque las mesas se encuentran un poco juntas las unas de las otras. Mesas de madera con salvamanteles individuales, copa y vaso, servilletas de papel y platos con una muy bonita decoración. Camareros atentos, todos vestidos de negro, y alguno nativo de la misma Georgia.

Interior de Kinza

Mientras nos sirven coca cola y vermut, vamos viendo la carta para ver cuales son los platos más típicos y originales de la gastronomía georgiana. Y como hace un día frío y desapacible propio del mes de enero, nos decidimos por empezar con unos caldos. Y probamos la sopa chikhirtma, con una base de un caldo algo espesito de pollo con huevo, en el que podemos apreciar pedazos de pollo y hojas de cilantro. Y la sopa borsh elaborada con remolacha y en el podemos ver pedazos de carne de ternera y patata, además de cebolla y zanahoria. Esta sopa es bastante más líquida que la chikhirtma, aunque tiene un ligero toque picante, porque tal vez lleve algo de pimienta, además del cilantro y bastante eneldo. Ha sido un buen comienzo.

Sopa chikhirtma

Sopa borsh

Decidimos seguir probando la cocina georgiana y nos decantamos por compartir unas badrijani, que son unos rollos de berenjena frita con un interior de crema suave de nueces, acompañado de semillas de granada y canónigos, además de una especie de pan frito en forma de rosquilla. Su sabor y textura muy rico, pero ha resultado algo contundente, además de ser un plato que han servido frío.

Badrijani

No puede faltar en un restaurante georgiano que se precie el khachapuri; se trata de una base de pan en forma de barca en cuyo centro encontramos queso del lugar aderezado con una yema de huevo, que el camarero mezcla, queso y huevo, en la misma mesa. Parece raro, pero ese queso georgiano tiene bastante sabor y a la vez es bastante cremoso.

Khachapuri

Tampoco podemos dejar de saborear los famosos khinkali, que son una especie de empanadillas con esa masa elaborada a mano a base de harina, aceite, leche y mantequilla, y  rellenos con carne picada, generalmente de buey o cordero, aderezada con diversas especias, como cilantro o perejil, y con un suave caldo que los hace muy jugosos. Tenemos que dejar que reposen un rato, puesto que las han servido muy calientes, y se trata de darles la vuelta para que el jugo interior se mezcle con la carne y resulte más sabroso. También ha resultado un plato algo contundente, de tal forma que no hemos podido terminar con las seis piezas que venían en el plato.

Khinkalis

Pero como siempre nos gusta probar los postres caseros que ofrecen los distintos restaurantes y las distintas gastronomías, hemos decidido dejar dos khinkali, que amablemente el camarero nos ha envuelto para llevar a casa y hemos pedido la carta de postres, insistiendo en que nos gustaría probar lo que tengan elaborado de forma casera. La carta que nos han enseñado no es lo que entendemos por la carta de postres, sino que nos han mostrado unas tarjetas postales con el nombre, foto e ingredientes de cada postre. Ante la duda de cual elegir entre dos que parece que podemos probar, le pedimos consejo al camarero sobre cual de los dos es el menos empalagoso, a lo que nos responde que el medovik, aunque a él, personalmente, le gusta más el napoleón.

La original forma de presentar la carta de postres

El pastel medovik, elaborado a base de suave bizcocho en láminas en las que se va interponiendo capas de crema agria y miel. Estupenda elección.

Pastel Merovik

Y para terminar, la señalización de los aseos, no nos ha descubierto nada nuevo, aunque hay que hacer mención, que, aunque había dos habitáculos, uno para señoras y otro para caballeros, compartían el mismo lavabo a través de una abertura en la pared, lavabo largo y estrecho, con el grifo situado justo en el lado de la persona que lo utiliza, o puesto del revés.






sábado, 9 de diciembre de 2023

EL LINCE: Lentejas y casquería

EL LINCE, a 7 de diciembre de 2023 en la calle Príncipe de Vergara n.º 289 de Madrid, calle que nombra a ese príncipe de Vergara que fue don Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro, a quien Amadeo de Saboya le concedió el título de príncipe el 2 de enero de 1872. El título quiso reconocer que el general Espartero firmó el abrazo de Vergara en 1839 con el general Rafael Maroto, este último luchaba con las tropas carlistas, mientras que el que luego fue príncipe de Vergara lo hacía defendiendo a Isabel II.

Logotipo de El Lince

EL LINCE, restaurante de comida de temporada, eso que día a día nos ofrecen los mercados, además de carnes, pescados y mariscos, trabajan los productos de casquería en su versión más popular. A los fogones se encuentra el chef Javi Estévez, fundador de la Tasquería (en donde estuvimos en marzo de este mismo año tomando el menú degustación), nacido en 1983 y de origen soriano. En marzo de 2019 a El Lince se le concedió un sol de la guía Repsol. Aquí podemos degustar embutidos y quesos, lengua de ternera en ensalada, callos con su pata y su morro, oreja de cerdo, mollejas de cordero o bacalao, entre otras delicias. 

Interior de El Lince

Es una mañana desapacible, llueve y parece que El Lince tiene bastantes reservas por lo que nos ofrecen comer en una mesa alta o en la terraza cubierta. Decidimos comer en la terraza, aunque la temperatura sea un poco baja; pero enseguida nos han puesto una estufa que ha caldeado bastante el ambiente. 

Después de pedir coca-cola y cerveza, que viene acompañada de unas aceitunas gordas y machacadas, miramos la carta mientras el camarero que nos atiende nos cuenta que fuera de carta tienen unas lentejas estofadas; y es lo primero que decidimos probar.

Aceitunas de aperitivo

Mientras vienen las lentejas, y para abrir boca, nos ofrecen un aperitivo, que viene junto con la cesta del pan, muy original: huevo duro relleno de ropa vieja y bechamel en lugar de mayonesa. Lo sirven calentito y dado el día que hace, se agradece. 

Huevo duro relleno de ropa vieja y pan

Antes de las lentejas nos sirven uno de los platos a compartir, unas croquetas de cecina, elaboradas con una bechamel muy suave, como a mí me gusta, en la que tal vez lleve algo de caldo del cocido dado el color que tenían por dentro. Y las coronaban, una pequeña loncha de cecina. Ricas, ricas. 

Croquetas de cecina

Y después unas lentejas estofadas, plato caliente, con su patata, su zanahoria y su cebolla y aderezadas con trocitos de lengua de ternera y foie rallado. Como complemento al plato, una ración de ese fiambre de lengua de ternera ahumada, presentado en lonchas muy finas, adornada con cebollino picado por encima. Están tan buenas, que dan ganas de repetir. 

lentejas estofadas y lengua de ternera

Como queremos probar varios platos, nos decidimos por pedir medias raciones y el siguiente que nos ofrecen es una oreja de cerdo acompañada de salsa brava, una pizca de zumo de lima que ha hecho que se potencie su sabor y tajín (sazonador a base de chile, limón y sal de mar), presentada de una forma muy original, como su fuesen tres lonchas de carne, muy tierna, melosa, jugosa y muy suave, dado los ingredientes que lo aderezaban. Y por encima, un adorno de hojitas tiernas.
 
Oreja de cerdo

Siguiente media ración que nos apetece probar, unas mollejas de cordero al ajillo, aliñadas con una yema de huevo, apionabo (que es una planta parecida al apio, pero del que se utiliza sólo la raíz), y acompañadas de tirabeques, (especie de guisante del que se utiliza la vaina tierna y de un color verde brillante) y trocitos de espárragos trigueros. Tal vez sea el plato menos conseguido, el que tenía menos sabor, de todos los que hemos probado, aun estando muy bueno. 

Mollejas de cordero al ajillo

Y no podemos dejar pasar la oportunidad de probar los callos, tal vez la comida rey de la casquería, así que, pedimos otra media ración de callos tiernos y sabrosos, demasiado picantes para mi gusto, aunque eso sí, terminamos de mojar el pan en tan rica salsa. 

Callos

Como nos queda hueco para los postres, nos decidimos por una torrija de pan de brioche, dulce, jugoso y templado, con una fina capa de caramelo frío por encima y acompañado de helado de limón. Y el otro postre, un flan de queso, presentado como si fuese una cuña de tarta de queso, aderezado con salsa de regaliz y de remolacha, cuya mezcla de sabores ha resultado espectacular, y lo digo yo, que no me gusta el regaliz negro, y acompañado de frutos rojos. Los dos postres han resultado tan increíbles, que no sabría decir cual de ellos repetiría.
 
Brioche con helado y flan de queso

La señalización de los aseos, normal y sin complicaciones, ya visto en otros restaurantes.



domingo, 3 de diciembre de 2023

MIYAMA: Sopa miso, nigiris y anguila.

MIYAMA, a 2 de diciembre del 2023 en la calle de la Flor Baja n.º 5 de Madrid, entre la  plaza de España y Gran Vía.

Esta calle de la Flor Baja, nombre curioso donde los halla y que termina en la calle Leganitos, se debe a que en esta parte de la ciudad, en una zona elevada, había unos jardines y huertos con flores altas cuya zona de entrada lo era por la parte de las flores bajas y atravesando una bonita escalinata. Cuando se inicia la construcción del entramado de calles de la zona, desaparecen los jardines, pero se sigue conservando el nombre de las calles de Flor Alta y Flor Baja. La calle de la Flor Alta está situada muy cerca de la de la Flor Baja, entre la calle Libreros y San Bernardo.

Volvemos de nuevo, después de más de 10 años a MIYAMA, (que significa montaña bonita), que tiene el honor de ser el primer restaurante que visitamos cuando comenzamos esta aventura gastronómica, aunque por aquel entonces, el MIYAMA que visitamos fue el del paseo de la Castellana n.º 45.

Logotipo de MIYAMA

En MIYAMA, como buen japonés, podemos degustar sushi, nigiri, sashimi, pescado fresco y platos de la cocina japonesa contemporánea y vanguardista o guisos tradicionales japoneses, tempuras, además de la típica sopa de miso.

Interior de MIYAMA Flor Baja

Nos encontramos con un local con una decoración muy discreta, poca decoración en las paredes y colores cálidos; en las mesas, un mantel individual por persona y con palillos en vez de tenedor, como no puede ser de otra forma. El local no es muy grande pero está muy bien atendido por tres camareras y un camarero, muy atentos y con un tiempo de espera muy correcto entre platos.

Como siempre, y mientras miramos la carta pedimos una cerveza y una coca-cola y a la par que la bebida nos presentan un aperitivo típico de la cocina japonesa, un platito de alga wakame con ese bonito color verde, con semillas de sésamo. Esta alga es originaria de las costas de Corea y Japón, y tiene un gran contenido en yodo, calcio y ácido fólico.

Aperitivo de wakame

Queremos seguir probando muchas cosas de la gastronomía japonesa, así que no queda más remedio que pedir varios platos y compartirlos; empezamos esta degustación con una sopa miso, elaborada con caldo dashi, o caldo de pescado, acompañada de algas wakame, y por tanto rica en ácido fólico y antioxidantes, y de pasta de miso en daditos o tofu. Caliente y sabrosa para un día de frío.

En el interior encontramos la sopa miso

Seguimos con una tempura variada en la que probamos diversas verduras, como calabacín, berenjena, zanahoria, pimiento, brócoli y pescado blanco, además de langostinos, rebozado con una tempura muy delicada y acompañada con un salsa ponzu, salsa elaborada con vinagre de arroz, salsa de soja y zumo de limón o naranja, en la que empapamos cada pieza y que le da a las verduras un grato sabor a limón.

Tempura

Dentro de la gastronomía japonesa, destacan las gyozas, esa especie de empanadillas típicas de la cocina oriental, y las que sirven en Miyama destacan por la suavidad de la masa que envuelve ese cerdo con verduras al vapor y después pasadas un momento por la plancha. Nos sirven seis piezas acompañadas de la salsa ponzu, servido caliente y de una delicadeza especial, de las mejores gyozas que hemos probado.

Gyozas

Y no podemos dejar de probar una selección de nigiris, ese bocado de arroz coronado generalmente con un lámina de pescado, y que en este caso son de atún, de toro o esa parte más grasa del atún, pescado blanco, salmón, vieira, calamar (tal vez el más basto de todos), de langostino tigre, de huevas de salmón, de lomo alto de buey (el único de carne) y el buenísimo de anguila, el mejor nigiri probado en mucho tiempo. 

El plato blanco en el que nos sirven los nigiris, que tiene forma de lágrima, viene con un poco de wasabi y de jengibre para poder dar un toque picante a la salsa de soja que nos ponemos para dar más sabor a los nigiris, todo ello al gusto del comensal.

Nigiris de pescado, marisco y de lomo de buey

Otro plato típico de la gastronomía japonesa que queremos probar es el uramaki dragón, que es ese sushi de arroz enrollado, con el alga nori en su interior (y no en el exterior, que es lo que le diferencia del maki) y relleno de langostino, aguacate y por encima un trozo de anguila, otra vez, ese pescado sabroso y poco conocido en la cocina española.

Uramaki dragón

Y de postre, y para terminar, uno de los dos que según el camarero ha sido elaborado por los cocineros, postre casero, y es un harumaki de chocolate; se trata de una fina masa de hojaldre en forma de rollito pero rellena de una crema de chocolate muy espesa acompañado de un helado de vainilla y dos arándanos. O lo que es lo mismo, un rollito de primavera dulce relleno de chocolate. Demasiado empalagoso para mi gusto.

Harumaki de chocolate

Para terminar, la señalización de los aseos, ha resultado poco original, para un sitio con una gastronomía tan especial.




domingo, 5 de noviembre de 2023

KILLO MADRID: Sabores de Cádiz y otros.

KILLO MADRID, a 3 de noviembre de 2023 en la calle Andrés Mellado de Madrid, esquina con la calle Joaquín María López, zona Moncloa, calles que homenajean a don Andrés Mellado y Fernández, quien fue un político y ministro bajo el reinado de Alfonso XIII, además de periodista y abogado. Nacido en Málaga, fue miembro del partido liberal-conservador y ejerció el cargo de ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes en 1905 y alcalde de Madrid entre 1889 y 1990. Y a don Joaquín María López, cuyo nombre completo era Joaquín María López de Oliver y López de Platas, nacido en Villena, Alicante, fue un político español de ideología progresista del siglo XIX y que fue presidente del gobierno en dos ocasiones.

Logotipo de Killo Madrid

Nos encontramos con un restaurante moderno que intenta mezclar los sabores de Cádiz con el moderno Madrid, que tiene como lema “Come y calla”, pretendiendo con ello que el cliente saboree los platos que le han colocado sobre la mesa, sin olvidar la conversación que se plantee entre plato y plato y que da pie a comentar los sabores y emplatados de todo lo ofrecido.

Interior de Killo Madrid

Al entrar podemos ver que las mesas y sillas que están situadas junto a la barra son altas, y para nuestro gusto, algo incómodas; así que, preguntamos si no disponen de mesas más bajas, a lo que nos dicen que sí, que en la planta de arriba; allí nos dirigimos y contemplamos una decoración bastante sobria, destacando esos baldosines de un bonito color azul que cubren la casi totalidad de las paredes, con una estilosa cortina de macramé situada a media altura, que cubre un trozo de pared; y esas lámparas de junquillo, aunque colocadas un poco bajas, de forma que te puedes dar con ellas al menor movimiento de brazos.

En Killo Madrid podemos encontrar cervezas artesanales, como la que hemos saboreado, un tercio de nombre Cachonda, además de cócteles, camarones, ensaladillas, cazón, atún, chipirones, y con platos con toques de la gastronomía italiana, o salsas de ascendencia oriental; e incluso podemos degustar las ricas alcachofas de Tudela.

Saboreamos la cerveza artesanal y un vermut, que nos han servido con un aperitivo de una mouse de garbanzos, listo para untar en los pequeños panecillos calientes que lo acompañan, aderezado con sésamo y en el que se intuía el toque de curry o cúrcuma y que le ha dado a la mouse un ligero toque dorado y muy sabroso.

Mouse de garbanzos

Después de ver la carta y de consultar a la amable camarera, nos decidimos por probar la alcachofa de Tudela confitada, que viene rellena de una sabrosa carne de morcillo de vaca y cocinada a baja temperatura durante unas 12 horas, adornada con lo que parece cebolla frita en tiras. Una forma muy original de servir una humilde alcachofa, pero delicioso el contraste de sabores. Un acierto.

Alcachofa de Tudela rellena de carne

En un restaurante que se precie de disponer de lo mejor de Cádiz y su entorno, no puede faltar el cazón, así que, nos atrevemos con ese cazón frito rebozado en maíz acompañado de una crema de patatas revolconas y un par de piparras encurtidas. Muy jugoso el pescado, con un toque correcto en el adobo del cazón y en el que no se dejaba apreciar bien el sabor de esas patatas revolconas. Un plato que merece una repetición. Y como adorno extra, ese cebollino picado que le da un toque mágico a la crema de patatas.

Cazón con crema de patatas revolconas

Seguimos probando platos que nos recuerdan el sabor del mar y por eso nos atrevemos con unos linguines de sepia, aderezados con una boloñesa de choco y espuma de alioli. El linguine, es esa pasta aplastada originaria de Liguria, muy parecida al spaguetti. En este caso, el linguine estaba hecho con la tinta de la sepia, que le daba ese toque de color negro y un sabor a fruto del mar, con un ligero toque picante y con una crema de queso, burrata, que es ese queso fresco elaborado con leche de vaca, pero de textura más suave que la mozzarella, y que mezclando linguine, burrata, y salsas ha resultado un plato delicioso, además de muy atractivo por ese adorno elaborado con la tinta de la sepia y servido en forma de red y el cebollino, que le da ese atractivo color verde a todos los platos.

Linguines con salsa y burrata

No nos podemos olvidar del atún que tan bien saben tratar en las costas gaditanas, así que , por recomendación de la camarera, decidimos probar las costillas de atún salvaje de la almadraba aderezado con salsa teriyaki, ya se sabe, esa salsa oriental elaborada a base de salsa de soja, azúcar o cualquier otro elemento dulce y sake o cualquier otro licor, que tan buenos sabores da a los platos, acompañados de pequeños dados de piña asada, que le ha dado al  plato un estupendo sabor dulce y polvo de cacahuete. Tal vez ha sido el plato menos agradecido de los que hemos probado, porque aunque de sabor estaba muy bueno, lo hemos encontrado algo seco.

costillas de atún con salsa teriyaki

Para terminar, no podemos dejar de probar los postres caseros que nos ofrecen, así que, nos decidimos por pedir una tarta de queso (aunque por un error de la camarera nos han servido una crema catalana) que podemos decir, estaba correcta, tanto en su presentación como de sabor, y una mouse de chocolate blanco, adornado con ralladura de coco y polvo de galleta y acompañado de salsa de mango. Mejor sabor y presentación de la mouse de chocolate blanco, original y delicioso, adornado con esa crema de mango que más parecía un huevo de codorniz frito, y esas láminas superfinas de chocolate blanco.

Crema catalana

Mouse de chocolate blanco








Y para terminar, y como siempre, una foto de la señalización de los aseos, original y divertida, aunque a decir verdad, el aseo de señoras se identificaba perfectamente, el de señores, ha dado para mirar y pensar un rato en lo que su diseñador nos ha querido contar.