lunes, 10 de octubre de 2022

ICHIBAN: Palomitas para repetir

ICHIBAN, a 8 de octubre de 2022 en la avenida Alberto Alcocer n.º 22, bis de Madrid, barrio de Chamartín, calle dedicada a ese alcalde que tuvo Madrid entre el 5 de octubre de 1923 y el 3 de julio de 1924, con la dictadura de Miguel Primo de Rivera, y también desde el 28 de marzo de 1939 y el 15 de marzo de 1946, justo acabada la guerra civil y con Franco en el poder, cuyo nombre completo fue Alberto Alcocer y Ribacoba.

Nos encontramos con un local amplio y luminoso, con el color verde como punto fuerte en la decoración de paredes y techos y sillas, que ofrece alta comida asiática. Jóvenes camareros nos sitúan en mesas en las que se pueden sentar unas veinte personas formando una especie de corro cuadrado y en cuyo centro están situadas dos planchas para cocinar en las que un joven chef irá elaborando al momento esos platos teppanyaki, o a la plancha, a la vista del comensal.

Logotipo de Ichiban

Ichiban, que significa número uno o primero en japonés, aprovecha el espacio para la degustación de la cocina teppan, o cocina a la plancha, además de perfeccionar la técnica del sushi. Junto con los platos más célebres de la cocina japonesa, como la sopa miso, podemos degustar platos de fusión de esta alta cocina nipona con la occidental. Podemos encontrar gyozas, yakitoris, edamame, teppanyaki de veduras, sashimi, nigiris, y demás delicias.

Interior de Ichiban

Como buen restaurante japonés, en la mesa podemos encontrar palillos, además del cuenco en donde poder echar la típica salsa de soja para poder acompañar a los distintos platos. Y como bonito detalle, encontramos un mandil de color negro con el logotipo del local, que con buen estilo nos hemos colocado, para así no mancharnos mucho, suponemos que por si en algún momento salta algún alimento de la plancha hacia la camisa o camiseta del comensal. Sorpresa.

El mandil de Ichiban

Mientras degustamos una fresquita cerveza japonesa, una Sapporo, la más suave que ofrecen y un refresco, junto con unas chips de gambas, miramos la carta en el código QR; se nos hace difícil tomar una decisión sobre lo que queremos degustar.

Cerveza japonesa

Al final, nos decidimos por un entrante que tiene el bonito nombre de Palomitas de langostinos en tempura con salsa de miel y mostaza, y spicy mayo. Sobre  una base de lechugas, trocitos de langostino en tempura, crujientes, pero una tempura distinta a la habitual, de  color blanco,  con  una textura  entre  escamada o como  pequeñas bolitas y aderezadas con esa salsa de miel y mostaza y la otra salsa de spicy mayo, que no deja de ser una mayonesa ligeramente picante, elaborada con un toque de limón y el toque picante que da el wasabi, por ejemplo. De lo bueno, lo mejor.

Palomitas de langostinos

Seguimos con un nigiri de kobe, ese bocado de arroz con una lámina de carne de kobe por encima, esa carne que proviene de una raza bovina originaria de Japón, de gran jugosidad por su infiltración de grasa entre sus fibras musculares. Con un ligero toque picantes, ha resultado delicioso.

Nigiri de kobe

A continuación nos sirven un plato variado de nigiris flambeados, que cuenta con ocho piezas: dos de carne de toro, dos de foie, dos de huevo de codorniz casi frito y dos de anguila. Cada pieza empapada en salsa de soja, han resultado muy sabrosas; aunque hemos intentado saber a qué sabor correspondía cada pieza, dos nos han sabido a pescado, aunque de pescado sólo había uno, o dicho de otra forma, el que creíamos que era de foie, nos sabía a pescado. No podemos olvidar ese reclamo de wasabi y jengibre que los acompaña, para los más atrevidos. Curioso y buenísimo.

Nigiris flambeados

Nos atrevemos con otro plato curioso, que han llamado Saam de pescado frito, plato que parece tiene su origen en Corea. Sobre una hoja redondeada de lechuga, nos encontramos con láminas de lubina en tempura, de lo que ahora sí llamaríamos tempura tradicional, con su toque de cebollino y salsa mayonesa que le da esa jugosidad. Se envuelve el pescado en la hoja de lechuga, se empapa de salsa de soja y a comer. Espectacular.

Saam de pescado frito

Terminamos los entrantes con un Tiradito de pez limón, con aguacate y lo que parecen lágrimas amarillas, que no hemos terminado de saber qué es. El pez limón (también llamado seriola o lecha) aparece cortado en láminas muy finas y está adornado con un pedacito de aguacate y macerado en lo que puede ser zumo de lima. Tal vez el plato menos interesante.

Tiradiro de pez limón

Llega el momento de ver al chef ponerse a utilizar la plancha con todos sus utensilios y aderezos, en donde va a preparar un teppanyaki (que es el tipo de cocina japonesa elaborada en una plancha de acero) de sepia para alguno de los otros comensales que se sientan en esta mesa comunal y para nosotros, un teppanyaki de solomillo y setas eryngii y espinacas. Ese joven chef, manejando con mucho estilo dos paletas, prepara el solomillo junto con las setas (setas de cardo en este caso) y las hojas de espinacas frescas; sobre la plancha corta la carne con un buen cuchillo, como si fuese mantequilla. Una combinación muy interesante.

El chef preparando el teppanyaki

Teppanyaki de solomillo, setas y espinacas

Cuando el chef termina de elaborar el teppanyaki de solomillo, casca dos huevos, los ha puesto sobre la plancha caliente, ha mezclado la yema con la clara, pero sin batir y ha realizado una especie de rollito o crepé, lo ha cortado en trozos pequeños, y desde su sitio, frente a la plancha, ha lanzado al aire el bocado y dirigido a la boca del comensal con la pretensión de que lo atrapásemos al vuelo. De las ocho personas que nos sentamos en la mesa, sólo seis lo hemos intentado y sólo una lo ha conseguido. Tal vez la principal misión del mandil fuese la de no mancharnos con el juego del huevo, con la muy alta probabilidad de que cayese sobre la camisa y no en la boca. Divertido.

Para acompañar al teppanyaki de solomillo hemos querido acompañarlo con un arroz frito, también hecho al momento sobre la plancha por ese chef tan diligente. Arroz frito con zanahoria, maíz, guisantes, cebolla y huevo.

Arroz frito elaborado al momento

No podemos de dejar de probar los postres que ofrecen en Ichiban, y tras consultar a la camarera, nos decidimos por una milhojas de té matcha, o té verde, con su suave crema entre tres cortes de milhojas y acompañado de una bola de helado del mismo té. Crujiente y delicioso.

Milhojas de té matcha

El otro postre especial que probamos es un dorayaki de chocolate o pancake japonés relleno de crema de chocolate, junto una bola de helado, también de chocolate. Un dulce muy suave y cremoso.

Dorayaki de chocolate

Y para concluir, esa señalización de los aseos, que en este caso han resultado muy discretos, normalitos y nada originales para un sitio con una gastronomía tan especial.


Como conclusión, otro sitio para repetir experiencia culinaria.

domingo, 28 de agosto de 2022

ATOCHA TANDOORI: Cocina casera y mucha amabilidad

 ATOCHA TANDOORI,  a 27 de agosto de  2022,  en  el  paseo de  Santa  María  de  la Cabeza n.º 27 de Madrid.

El motivo por el que este mes de agosto se haya escogido este restaurante de gastronomía india, es que está situado en la trayectoria que sigue el autobús número 6 de la EMT, ese que va desde la plaza de Benavente a Orcasitas; es uno de esos sitios que viaje tras viaje siempre se me ocurre que sería un sitio muy interesante para visitar y degustar lo que nos ofrezcan. Por fin toca visitarlo, sabiendo, además, que ofrecen el servicio a domicilio.

Entrada y logotipo de Atocha Tandoori

Podemos encontrar samosas, esas empandillas con masa de hojaldre y rellenas de ternera o verduras y aderezadas con las típicas especias indias; platos de tandoori, esa forma de cocina en la India con un horno de barro que puede alcanzar una temperatura de 480 grados, acompañados de esa mezcla de diversas especias del país, comino y pimienta, cúrcuma, canela, nuez moscada, e incluso jengibre; también podemos encontrar pollo y cordero cocinados con curry o gambas guisadas con leche de coco.

Interior de Atocha Tandoori

Cuando llegamos, el local está vacío, pero poco a poco van entrando más comensales. Como hace calor nos pedimos unos refrescos mientras nos traen la carta, esta vez en papel, como a la antigua usanza, por lo que no hay que utilizar el móvil para descargar el código QR, lo que a estas alturas tecnológicas parece asombroso.

El local que tiene dispuestas las mesas junto a la puerta de entrada, con el mostrador en medio de la sala y las cocinas al fondo, incluso dispone de mesas en la calle, para aquellos a los que les apetezca comer fuera. Ambiente discreto, adornado con cuadros con motivos orientales o fotografías del país y en donde se impone el color rojo o granate en paredes, manteles y servilletas.

Otra parte del interior de Atocha Tandoori

Mientras decidimos qué pedir, nos sirven una especie de oblea de pan acompañado de una degustación de salsas de tres colores: la blanca, elaborada con yogur, pepino y pimiento, muy fresca; la verde, a base de chili verde, yogur y hierbabuena, ligeramente picante; y la roja, con mango seco, ajo y especias de la India. Mojamos la oblea de pan en las salsas para catarlas y comprobar la gran diferencia de sabores entre ellas. Me inclino por la roja, por el intenso y original sabor que le da el mango, sin despreciar la salsa de yogur y pepino tan refrescante.

Las salsas de mango, pepino y chili

Oblea de pan para mojar las salsas

Una de las ideas que tengo de la gastronomía india, tal vez equivocada, es que es bastante picante. Tras consultar la carta, le comentamos al camarero sobre nuestros gustos y las posibles opciones con poco picante; nos decidimos por iniciar nuestra cata con unas samosas de carne de ternera, esas empanadillas triangulares hechas de masa hojaldrada que envuelven una deliciosa carne de ternera y guisantes, aderezada con cilantro y especias indias. Muy recomendables.

Samosas de ternera

Una de las bases de la comida india son las legumbres, por eso, por recomendación del camarero, nos atrevemos con un Daal Tarka, o curry de lentejas rojas guisadas con ajo y cilantro. En un cuenco, dos raciones de lentejas guisadas, algo sosas y nada de picante. Dal o daal se refiere a las legumbres secas de la India y servidas con una textura muy cremosa. Un plato servido tibio muy aceptable en este día caluroso.

Daal Tarka o curry de lentejas 

Seguimos con un Lamb Bhuna o cordero cocinado con cebolla fresca y salsa de cebolla. En otro cuenco, pedazos de tierno cordero con una salsa suave, que podría contener crema de tomate, por el color rojo con el que se presenta en la mesa.

El Daal Tarka y el Lamb Bhuna viene acompañado de una fuente de arroz con comino y especias de la India, típico del país; se trata de una fuente de un aromático arroz basmati  aderezado con distintas especias, como pimienta, canela o clavos, además de cominos; llama la atención esos pequeños tallos de color rojo y amarillo que el camarero ha llamado “flor de yoba” (o algo parecido), que son los pétalos de la flor, que le han dado al plato un toque de color y que nos ha servido para mezclar el plato de lentejas y el del cordero con este arroz tan oloroso y que ha resultado delicioso. Para mi gusto, mejor la mezcla del plato de cordero con el arroz y comentar que el plato de arroz no sabía tanto a comino con relación a la cantidad que dicha semilla aparece en la fuente.

Arroz con comino y pan de pita o naan

No podía faltar en la mesa un pan de pita, o naan, con cilantro, templado y muy suave al paladar, que nos ha servido para acompañar, empujar y empapar tanto la carne como las salsas o el arroz.

Queda sitio para el postre, así que, le preguntamos otra vez al camarero que qué nos recomienda, y nos propone degustar un Soan Papdi o postre para niños, que lo forman unos hilos de caramelo, almendra, harina de garbanzos, pistachos y cardamomo al que le han dado una forma de cubo; un postre muy original, dulce, intenso, y que parecía una bala de paja minúscula que se deshace en las manos en cuanto la tocas. Y la tarta de zanahoria, con la textura de un bizcocho borracho, muy jugosa, elaborada con mucha zanahoria, que le ha dado ese agradable sabor dulce, nada empalagoso y cubierto con una fina capa de coco rallado. Deliciosa.

La tarta de zanahoria y el Soan Papdi

Muy amable, el camarero nos ofrece un chupito por cuenta de la casa, al mismo tiempo que pedimos la cuenta. Así que, aceptamos una copita de licor de manzana sin alcohol; junto con la cuenta, en la misma bandeja, nos ofrecen un combinado de hierbas y especias digestivas, a base de canela, jengibre, anís y cardamomo. Probamos un poco del combinado, aunque se hace difícil comer alguno de los componentes.

Especias digestivas

Como el camarero nos ve que estamos muy interesados en la gastronomía del lugar, ya que preguntamos por ingredientes y tipos de cocción, nos ha empezado a contar un poco su vida, y para nuestra sorpresa, nos comenta que es de Bangladesh, que tiene una abuela con 115 años y que desde la independencia de Pakistán hace 52 años, su país es más próspero, porque el fruto de todo lo que fabrican y producen se queda allí, en su país, y el dinero no sale rumbo a Pakistán o Reino Unido.

Nuestro atento camarero nos cuenta que no quiere volver a Bangladesh y que en el restaurante trabajan pakistaníes, indios, bangladesíes y ecuatorianos.

Y todavía nos queda tiempo para una última invitación de este sorprendente y agradable restaurante, el té de la abuela de nuestro amable camarero, té al que según la receta de la abuela, se le añade limón, cardamomo, clavo y jengibre. Contundente y con un ligero sabor salado.

Los aseos, al fondo a la derecha, como en muchos locales, y la señalización, discreta, demasiado vista, poco original y un poco dejada.






Como resumen de la experiencia de agosto, un restaurante muy recomendable, con comida casera en el que hay que destacar la amabilidad de los camareros, las samosas y la tarta de zanahoria.

lunes, 18 de julio de 2022

LOBITO DE MAR: Pescados, mariscos y piña

LOBITO DE MAR, a 16 de julio de 2022, en la calle Jorge Juan n.º 10 de Madrid, barrio de Salamanca, zona noble llena de restaurantes y mucha moda.

Logotipo de Lobito de Mar

Estamos en el mes de julio, el calor cae sobre Madrid con mucho descaro y toca terraceo y comer algo fresquito, aunque en esta noche de sábado no se puede estar en la calle por el calor que hace y hay que buscar un interior con aire acondicionado y dejar la terraza para cuando bajen un poco las temperaturas. 

Lobito de Mar es un restaurante que forma parte del grupo del chef nacido en Marbella Dani García; este chef tiene nada menos que tres Estrellas Michelín, por su restaurante La Calima y por Dani García Restaurante y con un sol de la Guía Repsol por su restaurante Lobito de Mar. Cocina internacional y sobre todo marisco y pescados del día son sus señas de identidad. Podemos encontrar percebes, coquinas, navajas, lubinas, rodaballos, lenguados,… y buenos arroces; y no puede faltar el atún en todas sus variedades. 

Interior de Lobito de Mar

Agradeciendo el fresco que nos ofrece el restaurante entramos en Lobito de Mar y lo primero que nos encontramos es un mostrador en la que se exhiben rodaballos, lenguados, carabineros y gambas de un tamaño que parece que le están diciendo al visitante “atrévete conmigo”; se aprecia un ligero olor a marisco que todo lo envuelve y el suave olor del humo de la plancha o brasas que abren el apetito.

El local es bastante amplio, dividido en varios ambientes, con una decoración muy marinera en la parte que nos ha tocado a nosotros y música ambiente muy suave. Manteles y servilletas de tela y platos y vasos con un estilo discreto. El servicio de camareros, muy atento y profesional, hablando inglés fluidamente cuando era menester o preparando un guacamole en el momento, como se hizo en la mesa que estaba a nuestro lado. 

Cóctel Baso de Sapo

Esta vez, antes de ver la carta y pensar en los que nos apetece comer esta noche, sabiendo que en la carta también hay sitio para probar cócteles, nos atrevemos con un Beso de Sapo, a base de licor de melón de la variedad piel de sapo, ginebra y algo de soda, y con mucho hielo; muy fresquito para un día con tan altas temperaturas.

Aceite Castillo de Canena


Mientras miramos la carta y nos decidimos, nos sirven de aperitivo un gazpacho muy ligero y fresco, para abrir boca, y un aceite de Jaén, Castillo de Canena, con ese color entre dorado y verdoso auténticamente delicioso, para mojar pan. 

Miramos la carta a través del código QR, y entre los pescados y mariscos que ofrecen vemos un plato que se llama precisamente Lobito de Mar, y sin saber qué es, es lo primero que pedimos. Se trata de una ración de bocaditos de cazón en adobo, frito y muy delicado al paladar y servido con una mahonesa con ajo asado. Espectacular.


Lobito de Mar

Terminado con el cazón, nos retiran el plato y los cubiertos que había en un principio en la mesa, y nos colocan otros platos, pero estos ya tienen el logotipo del restaurante Lobito de Mar, y como curiosidad, decir que los tenedores los colocan en la mesa boca abajo, con los pinchos tocando el mantel. 

Plato de Lobito de Mar con el tenedor boca abajo

Tras el Lobito de Mar, nos sirven un carpaccio de atún; en la fuente, tres finas láminas de atún crudo, de tres partes diferentes del pez, el descargamento o solomillo, el tarantelo o parte central y la ventresca, que es la parte del vientre, perfectamente diferenciables en su color y aspecto, y sobre una base de aceite de oliva y vinagre de arroz. Según la camarera que nos atiende, se tiene que comer por ese mismo orden, primero el descargamento, luego el tarantelo y finalizar con la ventresca. Me quedo con la parte de descargamento, tal vez la parte que tiene más sabor y la menos fibrosa. A destacar esa base de aceite y vinagre de arroz que todavía conserva el sabor del atún, que hizo que mojásemos pan y seguir comiendo.

Carpaccio de atún

En Lobito de Mar, restaurante especializado en pescados y mariscos, no podemos dejar de probar alguno de los mariscos que ofertan, así que nos decidimos por unos carabineros a la plancha. En la fuente, dos carabineros abiertos por la mitad que pesaban 310 gramos, rojos, grandes, estupendos y en su punto. Estos carabineros venían acompañados de una berenjena cortada en bastones, frita muy ligeramente en tempura o tal vez asada, algo sosa, pero muy acorde para acompañar al marisco. 

Carabineros a la plancha y fuente de berenjenas

Como quedaba hueco para el postre, preguntamos a la camarera lo que ella recomendaría; nos habla de la tarta de queso y de la piña. Así que sin mirar la carta, pedimos tarta de queso fresco que más que una tarta parecía una mousse de queso, suave, cremosa, que casi se derrite en la boca. Todo un manjar. Y si la tarta era una delicia, la piña balsámica recomendada no se queda atrás: un cuarto de piña fresca cortada en trozos y aliñada con miel, menta, lima y algo de azúcar. Un final feliz y merecido.

Tarta de queso y piña

Como siempre, el fin del relato siempre hablo de la señalización de los aseos. Y en Lobito de Mar, está muy acorde con la intención del restaurador de darle al mar la atención que se merece, aunque en el de caballeros no aprecio muy bien lo que significa el dibujo.

Señoras

Señores

Y antes de llegar a los aseos, para seguir con el interés por el mar y sus habitantes, una bonita y luminosa decoración.

Decoración del interior de Lobito de Mar


sábado, 25 de junio de 2022

MARINA VENTURA: El arroz manda

MARINA VENTURA, a 25 de junio  de 2022, en  la  calle  Ventura  de  la  Vega  nº 13  de Madrid, en  el coqueto  barrio de las Letras, entre la plaza de  Santa  Ana, calle  Huertas  y Congreso de los Diputados.

Estamos ya en verano y dejamos atrás los platos de cuchara con su líquido elemento y nos adentramos en la degustación de las ensaladas y sopas frías, y por qué no, probar una buena paella valencia en el centro de Madrid.

Logotipo de Marina Ventura

Marina  Ventura  es  un  restaurante  de  comida  mediterránea, y especializado en arroces, arroces secos, melosos y caldosos; se puede  degustar la auténtica paella valenciana (ya se sabe, no arroz con cosas), con verduras, con sepia, y otras delicias.

Interior de Marina Ventura

Después  de  pasear  un  rato  por  el  barrio  de  Las Letras,  ya  que  llegamos  con  tiempo suficiente  hasta la hora de la reserva, nos adentramos en un local con forma alargada y con mesas a  ambos  lados de la pared. A esta primera hora de la tarde el local ya está casi lleno, buena señal. Local muy luminoso y decoración algo vintage, con frascas en las estanterías y botes de  cola-cao de mediados del siglo pasado, mesas con mantel de tela ocupando sólo la zona  de  los  comensales  y  servilletas también  de  tela.  La actitud de los  camareros muy correcta y profesional y el jefe de sala, muy atento,  que incluso nos invitó a volver al local otro día. 

Mientras miramos la carta a través del móvil, pedimos cerveza y vermut, para abrir boca, que viene acompañada de un humus estupendo, esa crema de garbanzos típica de los países del Mediterráneo Oriental, aderezado con aceite de oliva de un bonito color verde que le da el haber sido aderezado con albahaca y sus colines. Buen comienzo.

Humus y colines

Como la cocción de  la paella o  cualquier tipo de arroz lleva  su tiempo, nos pedimos  unos entrantes mientras  esperamos, y nos decantamos por  una trilogía de croquetas,  compuesta por  dos de boletus,  dos de  jamón y  una tigre,  esta última con su bechamel y  trocitos  de mejillón,  muy  suave.  Aunque  no  han  sido  las  croquetas  más  interesantes  que  hemos probado, porque nos gusta  esa  bechamel  que se  deshace en  la boca,  han  supuesto  unos bocados muy apetitosos, porque tanto la de jamón como la de boletus, tenían bastante sabor de lo que llevaban.

Croquetas de jamón, boletus y un tigre

Seguimos esperando y nos ponen sobre la mesa un cestillo con una media ración de chopitos, esas puntillitas crujientes que son cefalópodos de la familia de la sepia. En su punto.

Media ración de chopitos

La idea de conocer Marina Ventura era degustar una auténtica paella valenciana, pero al final nos hemos decidido por un arroz caldoso Marina Ventura con bogavante, rape, gambas, sepia y un toque picante. Sobre la mesa una sartén negra y honda en la que se termina de cocer ese arroz caldoso junto con trocitos pequeños del rico bogavante, sepia o rape, junto con las gambas, y mucho caldo, que poco a poco se va consumiendo. Con un bonito color rosado y con ese ligero toque picante que le da la pimienta, nos ha dado para un primer plato de arroz y repetir por dos veces más.

El caldero con el arroz con gambas, sepia, rape...

Este plato es lo más parecido a lo que conocemos como arroz con bogavante, pero con un toque picante.

Plato de arroz con el marisco

Esta vez no ha quedado mucho espacio para el postre, así que hemos decidido compartir una manzana crujiente caramelizada con helado de vainilla y toffe. Sobre una base de lo que el camarero ha llamado nido griego, que es un fideo muy fino elaborado a base de frutos secos y miel, que forma una pequeña madeja crujiente, y por encima trocitos de manzana caramelizada servida caliente y coronando el dulce, un delicado helado de vainilla, adornado de unas hojas de hierbabuena. Una buena sensación esa mezcla de la manzana caliente con el frío del helado. como adorno del plato, un zigzag de crema de leche y azúcar glas. Un final de comida estupendo.

Crujiente de manzana con helado

Para terminar, la anecdótica señalización de los aseos, que en el día de hoy no ha resultado muy original.



lunes, 16 de mayo de 2022

STO GLOBO SUSHI ROOM: Buena comida japonesa en un local discreto.

 STO GLOBO SUSHI ROOM, a 14 de mayo de 2.022 en la calle Santa Teresa n.º 8 de Madrid, por la zona de Alonso Martínez y barrio de Justicia.

Toca comida japonesa, que hace tiempo que no degustamos esta delicia. Su página web indica que nos encontramos ante un restaurante distinto a todo lo que hayas podido probar antes. Materias primas de primerísima calidad, atún rojo, carne de wagyu, y aderezado con el toque personal del chef.

El wagyu es una especie bovina del Japón, cuya carne es muy apreciada por su textura, jugosidad y sabor, y utilizada en cocinas gourmet.

Logotipo de Sto globo

Local bastante pequeño en el que destaca esa decoración algo rústica de ladrillo a la vista y azulejos de color piedra en una parte, y en otra, papel con rosas de colores y fondo negro. Muy acogedor. Otro detalle que llama la atención es esa mesa situada como a un metro del suelo, que nos han ofrecido al llegar y hemos rechazado por parecer algo incómoda, y que debajo deben de haber aprovechado para dedicarlo a almacén. Curioso.

Interior de Sto Globo con la mesa en alto a la izquierda

Mesas de madera, servilletas de papel, platos decorados, los palillos de madera que no pueden faltar en un restaurante japonés y el platito para dejarlos descansar entre bocado y bocado.

Platos y palillos 

Pedimos unas cervezas japonesas, que vienen acompañadas de unos edemames de color verde brillante (vainas de soja inmaduras) pasados por la plancha un momento, servidos templados y muy sabrosos, mientras miramos la carta en el código QR. Me llama la atención que los dos camareros que sirven en las mesas sean españoles. Al poco sale una persona de la cocina y compruebo que tampoco tiene rasgos asiáticos. Todo muy sorprendente.

Edemames

Nos decidimos por pedir platos para compartir y empezamos por unas gyozas de pato, que son esa especie de empanadillas de masa muy fina ligeramente cocida y luego pasada por la plancha, acompañadas de una mahonesa de kimchi ligeramente picante, elaborada con col y jengibre. Se presentan sobre una hoja de bambú  y sobre ellas, un nido de alfalfa.

Gyozas de pato

También nos decidimos por las gyozas de langostinos y col china, acompañadas de escamas de bonito, esas delicadas láminas de lo que suponemos es bonito que le da al plato un toque especial. viene acompañada de la hoja de bambú y aderezado con vinagre de arroz. Espectaculares ambos platos.

Gyozas de langostinos

Seguimos con otro plato a compartir, un pan bao (pan al vapor que tiene una forma de lengua, que se dobla sobre sí mismo) relleno de daditos de atún rojo cocinado en salsa de soja, azúcar y sake (en teriyaki), coronado con un huevo de codorniz y unas tiras de cebolla morada encurtida. Ese pan bao tan suave delicado junto con el atún rojo supone una delicia para el paladar.

Pan bao con atún rojo en teriyaki

Otro plato impresionante a compartir ha sido el Rollo Sto Globo cocinado en la mesa. El camarero nos pone sobre la mesa una fuente con algo envuelto en papel albal sobre una capa de sal gorda; lleva algo de alcohol, lo flambea con una pistola hasta que se consume la llama. Al abrirlo, nos encontramos con una especie de makis de salmón natural con aguacate bajo unas tiras de salmón ahumado templado por el calor y bañado con salsa kabayaki, elaborada a base de soja baja en sal, agua, vino de arroz y azúcar, sobre todo. Y con semillas de sésamo dando ese toque especial. Espectacular.

Rollo Sto Globo flambeado

Rollo Sto Globo de salmón

Por último, teppanyaki de pato, con foie y shitake con salsa de sésamo y jengibre. Sobre el plato, finas lonchas de pato ligeramente templado aderezado con daditos de foie y setas chinas muy pequeñas o shitakes. Suave y tierno; para repetir.

Teppanyaki de pato

Como siempre, tenemos que dejar hueco para el postre, y en el día de hoy, por recomendación del camarero nos decidimos por una tarta cremosa de queso casera; y tan cremosa, que por dentro casi parece una natilla; viene acompañada de un helado que parecía de galleta. Una tarta sublime.

Tarta cremosa de queso casera

Y un ganache de chocolate blanco, crumble de te matcha, frutas liofilizadas y helado de lichi; sobre el plato una pequeña montaña de chocolate blanco y sobre ella el te en polvo que le da ese color verde tan bonito al postre y aderezado con trocitos diminutos de frutas a las que se le ha quitado todo el agua, y que con su color rojo y naranja (parece fresa y mango) le siguen dando un toque de color muy especial a este postre que ha resultado un tanto empalagoso.

Mochis de mango y ganache de chocolate blanco

Y como antojo final, unos mochis de mango. El mochi es un postre japonés hecho de arroz glutinoso, que le da una textura gomosa, y en este caso, rellenos de crema de mango. Diferente y divertido.

Como casi siempre, y para terminar, esa señalización de los aseos, que en el día de hoy han resultado simplemente correctos, tal vez reiterativos, sin nada más que añadir.