lunes, 18 de julio de 2022

LOBITO DE MAR: Pescados, mariscos y piña

LOBITO DE MAR, a 16 de julio de 2022, en la calle Jorge Juan n.º 10 de Madrid, barrio de Salamanca, zona noble llena de restaurantes y mucha moda.

Logotipo de Lobito de Mar

Estamos en el mes de julio, el calor cae sobre Madrid con mucho descaro y toca terraceo y comer algo fresquito, aunque en esta noche de sábado no se puede estar en la calle por el calor que hace y hay que buscar un interior con aire acondicionado y dejar la terraza para cuando bajen un poco las temperaturas. 

Lobito de Mar es un restaurante que forma parte del grupo del chef nacido en Marbella Dani García; este chef tiene nada menos que tres Estrellas Michelín, por su restaurante La Calima y por Dani García Restaurante y con un sol de la Guía Repsol por su restaurante Lobito de Mar. Cocina internacional y sobre todo marisco y pescados del día son sus señas de identidad. Podemos encontrar percebes, coquinas, navajas, lubinas, rodaballos, lenguados,… y buenos arroces; y no puede faltar el atún en todas sus variedades. 

Interior de Lobito de Mar

Agradeciendo el fresco que nos ofrece el restaurante entramos en Lobito de Mar y lo primero que nos encontramos es un mostrador en la que se exhiben rodaballos, lenguados, carabineros y gambas de un tamaño que parece que le están diciendo al visitante “atrévete conmigo”; se aprecia un ligero olor a marisco que todo lo envuelve y el suave olor del humo de la plancha o brasas que abren el apetito.

El local es bastante amplio, dividido en varios ambientes, con una decoración muy marinera en la parte que nos ha tocado a nosotros y música ambiente muy suave. Manteles y servilletas de tela y platos y vasos con un estilo discreto. El servicio de camareros, muy atento y profesional, hablando inglés fluidamente cuando era menester o preparando un guacamole en el momento, como se hizo en la mesa que estaba a nuestro lado. 

Cóctel Baso de Sapo

Esta vez, antes de ver la carta y pensar en los que nos apetece comer esta noche, sabiendo que en la carta también hay sitio para probar cócteles, nos atrevemos con un Beso de Sapo, a base de licor de melón de la variedad piel de sapo, ginebra y algo de soda, y con mucho hielo; muy fresquito para un día con tan altas temperaturas.

Aceite Castillo de Canena


Mientras miramos la carta y nos decidimos, nos sirven de aperitivo un gazpacho muy ligero y fresco, para abrir boca, y un aceite de Jaén, Castillo de Canena, con ese color entre dorado y verdoso auténticamente delicioso, para mojar pan. 

Miramos la carta a través del código QR, y entre los pescados y mariscos que ofrecen vemos un plato que se llama precisamente Lobito de Mar, y sin saber qué es, es lo primero que pedimos. Se trata de una ración de bocaditos de cazón en adobo, frito y muy delicado al paladar y servido con una mahonesa con ajo asado. Espectacular.


Lobito de Mar

Terminado con el cazón, nos retiran el plato y los cubiertos que había en un principio en la mesa, y nos colocan otros platos, pero estos ya tienen el logotipo del restaurante Lobito de Mar, y como curiosidad, decir que los tenedores los colocan en la mesa boca abajo, con los pinchos tocando el mantel. 

Plato de Lobito de Mar con el tenedor boca abajo

Tras el Lobito de Mar, nos sirven un carpaccio de atún; en la fuente, tres finas láminas de atún crudo, de tres partes diferentes del pez, el descargamento o solomillo, el tarantelo o parte central y la ventresca, que es la parte del vientre, perfectamente diferenciables en su color y aspecto, y sobre una base de aceite de oliva y vinagre de arroz. Según la camarera que nos atiende, se tiene que comer por ese mismo orden, primero el descargamento, luego el tarantelo y finalizar con la ventresca. Me quedo con la parte de descargamento, tal vez la parte que tiene más sabor y la menos fibrosa. A destacar esa base de aceite y vinagre de arroz que todavía conserva el sabor del atún, que hizo que mojásemos pan y seguir comiendo.

Carpaccio de atún

En Lobito de Mar, restaurante especializado en pescados y mariscos, no podemos dejar de probar alguno de los mariscos que ofertan, así que nos decidimos por unos carabineros a la plancha. En la fuente, dos carabineros abiertos por la mitad que pesaban 310 gramos, rojos, grandes, estupendos y en su punto. Estos carabineros venían acompañados de una berenjena cortada en bastones, frita muy ligeramente en tempura o tal vez asada, algo sosa, pero muy acorde para acompañar al marisco. 

Carabineros a la plancha y fuente de berenjenas

Como quedaba hueco para el postre, preguntamos a la camarera lo que ella recomendaría; nos habla de la tarta de queso y de la piña. Así que sin mirar la carta, pedimos tarta de queso fresco que más que una tarta parecía una mousse de queso, suave, cremosa, que casi se derrite en la boca. Todo un manjar. Y si la tarta era una delicia, la piña balsámica recomendada no se queda atrás: un cuarto de piña fresca cortada en trozos y aliñada con miel, menta, lima y algo de azúcar. Un final feliz y merecido.

Tarta de queso y piña

Como siempre, el fin del relato siempre hablo de la señalización de los aseos. Y en Lobito de Mar, está muy acorde con la intención del restaurador de darle al mar la atención que se merece, aunque en el de caballeros no aprecio muy bien lo que significa el dibujo.

Señoras

Señores

Y antes de llegar a los aseos, para seguir con el interés por el mar y sus habitantes, una bonita y luminosa decoración.

Decoración del interior de Lobito de Mar


sábado, 25 de junio de 2022

MARINA VENTURA: El arroz manda

MARINA VENTURA, a 25 de junio  de 2022, en  la  calle  Ventura  de  la  Vega  nº 13  de Madrid, en  el coqueto  barrio de las Letras, entre la plaza de  Santa  Ana, calle  Huertas  y Congreso de los Diputados.

Estamos ya en verano y dejamos atrás los platos de cuchara con su líquido elemento y nos adentramos en la degustación de las ensaladas y sopas frías, y por qué no, probar una buena paella valencia en el centro de Madrid.

Logotipo de Marina Ventura

Marina  Ventura  es  un  restaurante  de  comida  mediterránea, y especializado en arroces, arroces secos, melosos y caldosos; se puede  degustar la auténtica paella valenciana (ya se sabe, no arroz con cosas), con verduras, con sepia, y otras delicias.

Interior de Marina Ventura

Después  de  pasear  un  rato  por  el  barrio  de  Las Letras,  ya  que  llegamos  con  tiempo suficiente  hasta la hora de la reserva, nos adentramos en un local con forma alargada y con mesas a  ambos  lados de la pared. A esta primera hora de la tarde el local ya está casi lleno, buena señal. Local muy luminoso y decoración algo vintage, con frascas en las estanterías y botes de  cola-cao de mediados del siglo pasado, mesas con mantel de tela ocupando sólo la zona  de  los  comensales  y  servilletas también  de  tela.  La actitud de los  camareros muy correcta y profesional y el jefe de sala, muy atento,  que incluso nos invitó a volver al local otro día. 

Mientras miramos la carta a través del móvil, pedimos cerveza y vermut, para abrir boca, que viene acompañada de un humus estupendo, esa crema de garbanzos típica de los países del Mediterráneo Oriental, aderezado con aceite de oliva de un bonito color verde que le da el haber sido aderezado con albahaca y sus colines. Buen comienzo.

Humus y colines

Como la cocción de  la paella o  cualquier tipo de arroz lleva  su tiempo, nos pedimos  unos entrantes mientras  esperamos, y nos decantamos por  una trilogía de croquetas,  compuesta por  dos de boletus,  dos de  jamón y  una tigre,  esta última con su bechamel y  trocitos  de mejillón,  muy  suave.  Aunque  no  han  sido  las  croquetas  más  interesantes  que  hemos probado, porque nos gusta  esa  bechamel  que se  deshace en  la boca,  han  supuesto  unos bocados muy apetitosos, porque tanto la de jamón como la de boletus, tenían bastante sabor de lo que llevaban.

Croquetas de jamón, boletus y un tigre

Seguimos esperando y nos ponen sobre la mesa un cestillo con una media ración de chopitos, esas puntillitas crujientes que son cefalópodos de la familia de la sepia. En su punto.

Media ración de chopitos

La idea de conocer Marina Ventura era degustar una auténtica paella valenciana, pero al final nos hemos decidido por un arroz caldoso Marina Ventura con bogavante, rape, gambas, sepia y un toque picante. Sobre la mesa una sartén negra y honda en la que se termina de cocer ese arroz caldoso junto con trocitos pequeños del rico bogavante, sepia o rape, junto con las gambas, y mucho caldo, que poco a poco se va consumiendo. Con un bonito color rosado y con ese ligero toque picante que le da la pimienta, nos ha dado para un primer plato de arroz y repetir por dos veces más.

El caldero con el arroz con gambas, sepia, rape...

Este plato es lo más parecido a lo que conocemos como arroz con bogavante, pero con un toque picante.

Plato de arroz con el marisco

Esta vez no ha quedado mucho espacio para el postre, así que hemos decidido compartir una manzana crujiente caramelizada con helado de vainilla y toffe. Sobre una base de lo que el camarero ha llamado nido griego, que es un fideo muy fino elaborado a base de frutos secos y miel, que forma una pequeña madeja crujiente, y por encima trocitos de manzana caramelizada servida caliente y coronando el dulce, un delicado helado de vainilla, adornado de unas hojas de hierbabuena. Una buena sensación esa mezcla de la manzana caliente con el frío del helado. como adorno del plato, un zigzag de crema de leche y azúcar glas. Un final de comida estupendo.

Crujiente de manzana con helado

Para terminar, la anecdótica señalización de los aseos, que en el día de hoy no ha resultado muy original.



lunes, 16 de mayo de 2022

STO GLOBO SUSHI ROOM: Buena comida japonesa en un local discreto.

 STO GLOBO SUSHI ROOM, a 14 de mayo de 2.022 en la calle Santa Teresa n.º 8 de Madrid, por la zona de Alonso Martínez y barrio de Justicia.

Toca comida japonesa, que hace tiempo que no degustamos esta delicia. Su página web indica que nos encontramos ante un restaurante distinto a todo lo que hayas podido probar antes. Materias primas de primerísima calidad, atún rojo, carne de wagyu, y aderezado con el toque personal del chef.

El wagyu es una especie bovina del Japón, cuya carne es muy apreciada por su textura, jugosidad y sabor, y utilizada en cocinas gourmet.

Logotipo de Sto globo

Local bastante pequeño en el que destaca esa decoración algo rústica de ladrillo a la vista y azulejos de color piedra en una parte, y en otra, papel con rosas de colores y fondo negro. Muy acogedor. Otro detalle que llama la atención es esa mesa situada como a un metro del suelo, que nos han ofrecido al llegar y hemos rechazado por parecer algo incómoda, y que debajo deben de haber aprovechado para dedicarlo a almacén. Curioso.

Interior de Sto Globo con la mesa en alto a la izquierda

Mesas de madera, servilletas de papel, platos decorados, los palillos de madera que no pueden faltar en un restaurante japonés y el platito para dejarlos descansar entre bocado y bocado.

Platos y palillos 

Pedimos unas cervezas japonesas, que vienen acompañadas de unos edemames de color verde brillante (vainas de soja inmaduras) pasados por la plancha un momento, servidos templados y muy sabrosos, mientras miramos la carta en el código QR. Me llama la atención que los dos camareros que sirven en las mesas sean españoles. Al poco sale una persona de la cocina y compruebo que tampoco tiene rasgos asiáticos. Todo muy sorprendente.

Edemames

Nos decidimos por pedir platos para compartir y empezamos por unas gyozas de pato, que son esa especie de empanadillas de masa muy fina ligeramente cocida y luego pasada por la plancha, acompañadas de una mahonesa de kimchi ligeramente picante, elaborada con col y jengibre. Se presentan sobre una hoja de bambú  y sobre ellas, un nido de alfalfa.

Gyozas de pato

También nos decidimos por las gyozas de langostinos y col china, acompañadas de escamas de bonito, esas delicadas láminas de lo que suponemos es bonito que le da al plato un toque especial. viene acompañada de la hoja de bambú y aderezado con vinagre de arroz. Espectaculares ambos platos.

Gyozas de langostinos

Seguimos con otro plato a compartir, un pan bao (pan al vapor que tiene una forma de lengua, que se dobla sobre sí mismo) relleno de daditos de atún rojo cocinado en salsa de soja, azúcar y sake (en teriyaki), coronado con un huevo de codorniz y unas tiras de cebolla morada encurtida. Ese pan bao tan suave delicado junto con el atún rojo supone una delicia para el paladar.

Pan bao con atún rojo en teriyaki

Otro plato impresionante a compartir ha sido el Rollo Sto Globo cocinado en la mesa. El camarero nos pone sobre la mesa una fuente con algo envuelto en papel albal sobre una capa de sal gorda; lleva algo de alcohol, lo flambea con una pistola hasta que se consume la llama. Al abrirlo, nos encontramos con una especie de makis de salmón natural con aguacate bajo unas tiras de salmón ahumado templado por el calor y bañado con salsa kabayaki, elaborada a base de soja baja en sal, agua, vino de arroz y azúcar, sobre todo. Y con semillas de sésamo dando ese toque especial. Espectacular.

Rollo Sto Globo flambeado

Rollo Sto Globo de salmón

Por último, teppanyaki de pato, con foie y shitake con salsa de sésamo y jengibre. Sobre el plato, finas lonchas de pato ligeramente templado aderezado con daditos de foie y setas chinas muy pequeñas o shitakes. Suave y tierno; para repetir.

Teppanyaki de pato

Como siempre, tenemos que dejar hueco para el postre, y en el día de hoy, por recomendación del camarero nos decidimos por una tarta cremosa de queso casera; y tan cremosa, que por dentro casi parece una natilla; viene acompañada de un helado que parecía de galleta. Una tarta sublime.

Tarta cremosa de queso casera

Y un ganache de chocolate blanco, crumble de te matcha, frutas liofilizadas y helado de lichi; sobre el plato una pequeña montaña de chocolate blanco y sobre ella el te en polvo que le da ese color verde tan bonito al postre y aderezado con trocitos diminutos de frutas a las que se le ha quitado todo el agua, y que con su color rojo y naranja (parece fresa y mango) le siguen dando un toque de color muy especial a este postre que ha resultado un tanto empalagoso.

Mochis de mango y ganache de chocolate blanco

Y como antojo final, unos mochis de mango. El mochi es un postre japonés hecho de arroz glutinoso, que le da una textura gomosa, y en este caso, rellenos de crema de mango. Diferente y divertido.

Como casi siempre, y para terminar, esa señalización de los aseos, que en el día de hoy han resultado simplemente correctos, tal vez reiterativos, sin nada más que añadir.







viernes, 29 de abril de 2022

EL TORMO: Quien prueba, repite.

 EL TORMO, a 29 de marzo de 2022, en la travesía de las Vistillas n.º 13 de Madrid, entre San Francisco el Grande y la catedral de La Almudena.

Este mes de abril me atrevo con dos experiencias, bien distintas ambas, pero ha surgido la ocasión de volver a ese local tan entrañable que es El Tormo, en el que tenía pendiente desde hace mucho tiempo el comer un cocido completo, siguiendo esa ruta que me propuse hace tiempo de probar el cocido en todos los restaurantes de la villa que tengan a bien servir un buen cocido, ruta que ya ha pasado por Llardy, Malacatín, La Cruz Blanca de Vallecas, y ahora, El Tormo.

Entrada a El Tormo

La buena de Mila, gran cocinera donde las halla, nos abre sus puertas a un grupo de amigos, amigos apasionados de la cultura y del arte, y también, por supuesto de la buena gastronomía.

Como ya he comentado en alguna otra ocasión El Tormo es un pedacito de Castilla La Mancha en Madrid, una especie de mesón con pocas mesas, lo que le hace al local un sitio muy acogedor, a lo que se suma la simpatía de Mila y su familia.

La buena de Mila y el puchero con la sopa

Mesón con mesas y sillas de madera, jarras de barro, lleno de fotos con gente famosa que se ha deleitado con la comida manchega y cuadros de paisajes.


Interior de El Tormo


Y algo original que no se encuentra en ningún otro restaurante, para acceder al interior hay que llamar a la puerta con una antigua aldaba.

Mila nos recibe con los brazos abiertos y una gran sonrisa; después de sentarnos y pedir unas cervezas, nos pone sobre la mesa el pan y pedazos de cebolla cruda y de guindillas, para acompañar a tan suculento plato, como se hacía a la antigua usanza.

La cebolla cruda y las guindillas

Y también como a la antigua usanza, aparece Mila con una cacerola de barro llena de sopa con un aspecto estupendo, que no hemos tenido por más que compararla con otra de tan infausto recuerdo que comimos en Talamanca del Jarama. Nos vamos sirviendo nosotras mismas de esa sopa caliente, de color dorado, ese color que le da el haberla aderezado con un poco de azafrán, ajo y perejil, según nos cuenta la cocinera, con fideo cabellín. Y todas hemos repetido tan suculenta sopa, incluso alguna más de dos veces.

La sopa de El Tormo

Mientras terminamos con la sopa, aparece Mila con una fuente de barro de por lo menos medio metro de largo en la que vuelca el cocido que trae directamente de la lumbre en otra cacerola de barro, llena a rebosar de garbanzos, patata, zanahoria, pollo, chorizo y morcillo, todo ello caliente y blandito. En su punto.

Mila volcando el cocido en la fuente de barro

Y para que no falte de nada, otra fuente con el repollo aderezado con ajo y pimentón y todas las puntas y huesos con los que se ha cocinado el caldo y el cocido.

Fuente de cocido y puchero de sopa

No contentas con todo esto sobre la mesa, nos vuelve a volcar en la fuente de barro otra vez otra cacerola llena de las mismas viandas. Terminamos resoplando, porque vemos que vamos a tener que dejar parte del cocido y de la sopa en los pucheros, que no vamos a poder comérnoslo todo, y es una pena. Pero no importa porque Mila se ofrece para que podamos llevarnos todo lo que ha sobrado; y eso hacemos, en tupers y tarros de cristal nos llevamos esa sopa dorada y ese cocido tan estupendo que ha sobrado, porque no nos podíamos permitir bajo ningún concepto que se desperdiciase ninguna comida.

El repollo

Y para terminar, no puede faltar en El Tormo, unos miguelitos caseros de hojaldre y crema que nos traen de postre, además del queso de la Mancha cortado en triángulos, y trocitos de mostillo, ese dulce elaborado con una reducción de mosto de la uva y almendras, de un color marrón, y alajú, ese dulce típico de Cuenca hecho con almendra, pan rallado tostado y naranja.

Miguelitos, queso, mostillo y alajú

Para terminar tan estupendo momento gastronómico, chupitos de orujo, licor de hierbas y resolí, además del café de puchero o infusión.

Comida y sitio para repetir. De hecho, ya tenemos la reserva para otra experiencia culinaria en El Tormo.

sábado, 9 de abril de 2022

AL-MOUNIA: Lo dulce y salado se entienden muy bien

AL-MOUNIA, a 9 de abril de 2022, en la calle Recoletos n.º 5 de Madrid, entre la plaza de Cibeles y la de Colón; se trata de una de esas calles que tiene Madrid con una gran oferta gastronómica por metro cuadrado. 

Esta semana que empieza el ramadán y que el presidente del gobierno español le ha hecho una visita al rey de Marruecos, parece un buen momento para visitar un restaurante en el que sirvan platos de la gastronomía marroquí. 

Al-Mounia, a la entrada del restaurante

Al-Mounia es un referente en Madrid, tanto por su cocina como por su oferta cultural y artística. Es un local en el que puedes sentir a Marruecos en toda su amplitud. La cocina marroquí es muy rica y variada, ya que en ella se mezclan las diversas culturas con las que la zona del norte de África se ha relacionado a lo largo de los siglos, la bereber, la árabe y la mediterránea, sobre todo. 

 El local fue inaugurado en 1966 y está decorado por manos artesanales de Marruecos, para dar brillo a la estancia, una decoración que parece que te remite a la Alhambra, con esos dibujos geométricos y arabescos en paredes y techos. 

Interior de Al-Mounia


Al Mounia es un local para disfrutar de la buena comida al mismo tiempo que se admira esa decoración en paredes, techos, mesas e incluso tapizados. Aunque eso sí, la mesa, muy al estilo marroquí, demasiado baja para mi gusto, de tal forma que se puede clavar la madera en las piernas, y con ese reborde que la hace un tanto incómoda. El local lleno, lo que es buena señal. El servicio atento y detallista; incluso tienen guardarropa. Como curiosidad, algunos camareros van vestidos con una chaquetilla roja y un sombrerito de fieltro del mismo color o también llamado fez, con su borla negra. 

La mesa en al-Mounia


En Al-Mounia podemos degustar los platos más típicos de la cocina marroquí, como el cous-cous o sémola cocida al vapor que acompaña a distintas carnes o pescados, la pastela ese pastel dulce y salado de masa de hojaldre y aroma de canela, mechoui o cordero entero asado a la brasa. 

En los últimos meses es difícil obtener una carta con los distintos platos que se ofrecen en papel, ahora tienes que descargar la carta por internet, a través de la aplicación Lens, y en verdad que a mí me resulta difícil decidir un menú con ese sistema; prefiero leer en papel los platos que se ofertan, porque me resulta más cómodo, aunque me creo que ese tiempo ya pasó. Así que, después de mucho mirar y dudar, nos decidimos por pedir un menú degustación a compartir y otro plato de brochetas con arroz. 

El bonito plato en el que hemos comido


Mientras nos decidimos con lo que nos apetece comer en el día de hoy, nos sirven un pequeño aperitivo con unas albóndigas de carne de ternera con salsa de tomate y uno rollitos de hojaldre rellenos de pollo. Buen empiece.

Aperitivo de albóndigas y rollitos de pollo


El menú degustación tiene todo lo más básico de la cocina marroquí y empezamos por una selección de cuatro entrantes servidos en unos cuencos pequeños: un delicioso humus suave y cremoso aderezado de piñones y aceite de oliva; tabulé o ensalada de tomate, cebolla, perejil y trigo acompañado de limón y aceite de oliva, todo cortado en pequeñísimos dados; zelouk o ensalada de berenjena asada y chekchouka o pisto con su tomate y pimiento. Con estos platos no puede faltar en la mesa el pan de pita para poder empujar o para envolver tan mágicos entrantes. 

Humos, zelouk, chekchouka y tabulé


El siguiente plato que nos sirven del menú degustación es la sabrosísima pastela, ese pastel  de hojaldre relleno de carne de pollo y frutos secos, y por encima, espolvoreada de azúcar glas y canela, típico de la cocina marroquí, pero que, en este caso, en vez de tener forma de tarta, nos lo sirven como un rollito. Es del todo impresionante y sublime esa mezcla de sabores, el azúcar dulce junto con la aromática canela y el salado del interior. Además, en el mismo palto, uno rollo alargado de pollo y otro pastelito de hojaldre de forma triangular relleno de verduras. Y acompañado de una suave salsa de tomate para poder mojar tan ricos pastelillos. 

Pastela, rollito de pollo y triángulo de verduras


En el menú degustación de la cocina marroquí no puede faltar el cous-cous, esa sémóla de trigo cocida al vapor, que viene acompañada de tiernísimos garbanzos, una brocheta de carne de ternera, y acompañado de zanahoria, cebolla caramelizada, lo que parecen hojas de repollo, y todo ello aderezado con dulces pasas, que nos envuelve, una vez más, en ese sabor dulce y salado al mismo tiempo tan espectacular. 

Cous-cous con brocheta de ternera


Para terminar con el menú degustación, un tajín de cordero y almendras, o lo que es lo mismo, una tierna paletilla de cordero, con la salsa de hornear el propio animal a la que se le ha añadido sésamo, y aderezado con almendras y ciruela negra. Otra vez esa mezcla de dulce y salado que emociona. 

Tajín de cordero y almendras


El menú degustación era para una persona, así que, para completar el menú hemos pedido unas brochetas de cordero, servidas en la mesa en su pincho pero que el camarero gentilmente nos ha desprendido la carne del hierro y puesto sobre el plato para poder saborearlas mejor, acompañadas de un sabroso y aromático arroz basmati al azafrán con cebolla caramelizada y pasas. De nuevo cruce de sabores dulce y salado. 



Hay que hacer notar que para mi sorpresa, todos los platos que nos han servido son suaves y delicados, sin ese toque de comida especiada, o picante y llena de hierbas aromáticas, que pensaba tenía la comida marroquí. En definitiva, comida con todo su sabor y sin artificios. 

Aunque la comida ha sido abundante, nos queda sitio para el postre y con el menú degustación nos sirven un pastel de almendras con chocolate blanco y un delicado te moruno, que es una buena forma de terminar una comida. A parte, el camarero nos sorprende cuando nos trae una bandeja llena de dulces; de chocolate, de frutos secos, baklava pestiños,… unos ocho pasteles de distintas clases, pero… sólo se puede escoger uno. Nos decidimos por el de chocolate negro, que es un pastelillo de lo que parece almendra y miel cubierto de chocolate, y por encima, un pedazo de nuez. Difícil elección, pero el resultado ha sido delicioso. 

Pasteles de chocolate blanco y negro

De toda la experiencia del día de hoy, me quedo con el cous-cous, la pastela y esa decoración del local tan suntuosa. Lo peor, la incómoda mesa, pero se perdona por la grata experiencia del día.


Tetera y te moruno


Para terminar el relato y para las curiosas de la señalización de los aseos, nada que objetar, muy adecuado al local en el que hemos disfrutado de tan grata experiencia.