domingo, 13 de febrero de 2022

CASA BOTÍN: Asados en su punto, y punto.

CASA BOTÍN, o SOBRINOS DE BOTÍN, como figura en el cartel que hay encima de la puerta, a 12 de febrero de 2.022, situado en la calle de Cuchilleros 17, local de renombre y calle que nos hace recordar nuestros tiempos de juventud, de vinos y juergas. Tenemos la emblemática y bonita plaza Mayor y el coqueto y gastronómico mercado de San Miguel a tiro de piedra. 



Casa Botín, fundada en 1.725, es el restaurante más antiguo del mundo, según el libro Guinness de los Records; no podemos dejar de probar sus delicias en nuestro juego mensual. Tiene fama de ser uno de los locales que mejor conserva esa cocina tradicional madrileña, por eso nos tenemos que atrever con ese cochinillo y ese cordero asado estilo castellano. Cochinillos y corderos que vienen de la mejor zona de Segovia, de Riaza y Sepúlveda, asados y dorados en el horno calentado con leña de encina. Aunque tampoco nos vamos a olvidar de esos pescados, merluzas o lenguados, seguro que ricos-ricos, traídos de las lonjas. 

Un poco de historia, en 1.725 reinaba en España el primer Borbón, Felipe V y ya habían venido al mundo dos de los futuros reyes, Fernando VI, nacido en 1.713, hijo de María Luisa Gabriela de Saboya, su primera esposa, y Carlos III, nacido en 1.716, conocido como el mejor alcalde de Madrid, hijo de Isabel de Farnesio, su segunda esposa. 



El nombre de Botín, viene de Jean Botin, un cocinero francés que se aposentó en Madrid, y junto con esposa, de origen asturiano. Fue un sobrino de ella, llamado Cándido Remis, quien abrió un negocio en este Madrid de los austrias, hizo una reforma en la planta baja de este edificio de cuatro plantas, cerrando los soportales que había. Aquí se inicia el negocio Botin. En el siglo XIX se volvió a reformar esta planta baja, convirtiéndose en una casa de comidas, que no restaurante. Es en el siglo XX cuando el negocio llega a los actuales propietarios, la familia González. Tras la guerra civil, los hijos del matrimonio González, Antonio y José, se pusieron al frente del negocio, y lo han conservado, llegando hasta el día de hoy.
 
El nombre del emblemático Casa Botín, figura en diversos libros como en “Fortunata y Jacinta” del canario Galdós, en las “Greguerías” de Ramón Gómez de la Serna o en “El tiempo entre costuras” de María Dueñas.

Interior de la primera planta de Casa Botín


Casa Botín tiene en la planta baja, un mostrador, algunas mesas y la cocina; tiene mesas para comer también en la calle, pero a nosotros nos sitúan en la primera planta. A primera vista, muchas mesas y sillas, demasiado juntas unas de otras para el bicho que tenemos encima. Servicio muy atento, algunos camareros llevan pajarita negra sobre su uniforme blanco, otros no, y algunos llevan mascarilla con el logotipo del restaurante, otros solo la quirúrgica. En este restaurante, todos los camareros tienen una cierta edad, y me sorprende que no me haya llamado la atención, como sí pasó en La Ancha, el que las camareras no fuesen muy jóvenes. Es posible que estemos llenos de prejuicios. Mesas y sillas de madera que no parecen muy nuevas, cuadros, diplomas y cerámica en las paredes, paredes cubiertas de azulejos que ya tienen una edad hasta media altura. 

Botella de vino, pan y detalle de la azulejería


Nos traen la carta, y creo que es el primer sitio en el que no nos preguntan que si queremos beber algo de aperitivo. Pedimos vino y agua y tras ojear un poco la carta, decidimos que esta vez no vamos a pedir croquetas, porque es el plato que saboreamos casi siempre; optamos por pedir como entrante y para compartir unas manitas de cochinillo rebozadas. Sobre el plato, siete manitas de cochinillo pequeñas, jugosas, tiernas, rebozadas, aunque bastante sosas. Estas manitas son todo hueso, pero hueso y carne gelatinosa, que provoca el que tengamos que chuparnos los dedos constantemente. 

Manitas de cochinillo rebozadas


De primero, una sopa castellana, con mucho ajo laminado, hilos de jamón serrano y con mucho pan. No puede faltar un huevo escalfado por encima que rompemos para que esa yema amarillita se mezcle con esa sopa de pan, que también ha resultado sosa y con poco sabor. Es posible que esa sopa castellana estuviese hecha con agua y no con algún caldo de ave, que le da más sabor. 

Sopa castellana con huevo


De segundo, a lo que hemos venido a casa Botín, cochinillo y cordero asado. Nos lo traen a la mesa ya emplatado, con su salsita y viene acompañado de dos patatas pequeñas, cocidas y con su piel. La carne tierna y jugosa, la piel del cochinillo tostada y en su punto, aunque no me parece que pueda ser partido con un plato, como hace el señor Cándido de Segovia. 

Cochinillo asado de Casa botín
Cordero asado de Casa Botín


Por suerte, aunque ha sido una comida contundente, nos queda hueco para el postre, así que pedimos una tarta de queso, receta de la abuela, una tarta estupenda, bastante gordita, muy jugosa y acompañada de una mermelada de arándanos al lado de la tarta, no por encima como en otras ocasiones. Otro dulce es el que puede ser el postre estrella de la casa, llamado Tarta Botín, un bizcocho con crema. Sobre el plato un bizcocho en tres capas muy empapado y entre medias dos capas de crema pastelera muy suave. Por encima, una capa de lo que parece un merengue tostado muy suave que se deshace en la boca en cada bocado. 

Tarta Botín






Tarta de queso 















Una última consideración, desde mi punto de vista de visitadora de restaurantes y catadora amateur, Casa Botín está sobrevalorada. Es cierto que los asados estaban en su punto correcto, pero los hemos probado mejores; creo que la visita a Botín no será la que mejor recuerdo nos deje en la memoria.

Como siempre y para mis amigas curiosas, la señalización de los aseos, esa dama y ese caballero de época, quedan muy acorde con un local abierto hace siglos, aunque eso sí, sobra esa placa en la que se lee damas o la silueta del señor.


domingo, 23 de enero de 2022

LA ANCHA: Cuchareo en puchero

 LA ANCHA, a 22 de enero de 2022, en la calle Zorrilla n.º 7 de Madrid, justo por detrás del edificio del Congreso de los Diputados, una calle señorial aunque algo oscura en un día de invierno.

Nos encontramos con un restaurante que, según su página web, dedica con mucho mimo toda su atención a los productos de temporada, tanto verduras, como carnes o pescados, elaborando platos tradicionales, esas recetas de toda la vida fáciles de reconocer. El menú cambia diariamente, porque está sujeto a lo que ese día mejor se ofrezca en los puestos del mercado.

Logotipo en la entrada de La Ancha


Se trata de un local familiar inaugurado hace más de 100 años, en 1919 y pertenece al mismo grupo que el restaurante llamado Las Tortillas de Gabino, que ya visitamos en 2018. La Ancha de la calle Zorrilla es también conocida como La de las Tres Columnas; será por esas tres columnas de hierro forjado que delimita espacios en la sala de entrada y que a nosotros nos ha tocado, hombro con hombro, perfecto para apoyar el bolso.

Interior de La Ancha


Casi todo el local tenía como decoración botellas de licor sobre estantes, esas botellas de distintas formas y colores, botellas blancas o verdes, con esos distintos colores que ofrecen los licores, sobre todo blanco y ámbar, que provoca un ambiente relajante. Y justo delante de mí, botella de licor Aperol junto a la de Campari, licores con los que se elabora el splizt aperol típico de la toscana italiana, de tan gratos recuerdos para mi. Y paredes blancas

Para nosotros, un espacio amplio, las mesas con mantel blanco de tela y servilletas del mismo color, algunas sillas con reposabrazos y otras no, y el plato con el logotipo del restaurante. Todo muy elegante.

Plato con el logotipo de La Ancha


Junto con la carta nos traen un vermut rojo y cerveza, que viene acompañado por unas patatas fritas, de las de bolsa de toda la vida, la verdad que muy buenas, como recién fritas y nada aceitosas. También nos ponen sobre la mesa un poco de mantequilla con su cuchillo de untar, para degustar con un poquito de pan. Una mantequilla sobria y apetecible cuando vas con un poco de hambre, como nos ocurre a nosotros.

Aquí podemos encontrar jamón ibérico, coquinas de Huelva, anchoas del Cantábrico, pulpo gallego, tortilla española, alubias de Tolosa, y una gran selección de carnes y pescados.

Y como es invierno, y hoy hace frío, aunque haya un sol espléndido, es tiempo que invita a degustar comidas de cuchareo; en la carta, además de entrantes, carnes, pescados, y verduras, podemos degustar lentejas, pote asturiano, alubias y sopas. Placer invernal.

Me gustaría comentar algo que me ha llamado la atención desde que hemos entrado, y me sorprende eso mismo, que me haya llamado la atención, muy gratamente, por cierto, y es que algunas de las camareras tenían cierta edad, digamos que rondando los cincuenta, que no eran chicas y chicos jóvenes altos, guapos y estupendos, que pueblan todos los restaurantes que visitamos todos los meses.

La decisión está tomada: comenzaremos con dos entrantes para seguir con la legumbre y terminar con un postre casero y café.

Para empezar a abrir boca, media ración de cazón en adobo, sorprendentemente blandito (no como lo hemos comido en otros locales, que resultaba un tanto seco), con un buen toque de vinagre del adobo, bien frito y condimentado. El cazón viene acompañado de unas patatas al ali-oli tiernas, en su punto justo de sal, ajo y perejil. Una combinación original que nos da pie a seguir descubriendo nuevos platos y sabores

Cazón en adobo con patatas alioli


Otro entrante, esta vez un poco más contundente, una tortilla española guisada con callos. En una cazuela de barro, una tortilla de patata muy poco cuajada con callos a la madrileña por encima, esos callos con sus trocitos de jamón y su pedazo de chorizo. La camarera nos sirve en un plato la mitad de la ración y la otra mitad se queda en la cazuela para poder mojar toda la salsa de esos callos maravillosos de sabor, que junto con el bocado de la tortilla es puro deleite. Si hay que poner algún pero a este delicioso plato sería que algunos trozos de callos estaban un pelín duros, aunque no se desvirtuaba su excelente presentación.

Tortilla guisada con callos


Este mismo plato ya lo comimos cuando estuvimos en Las Tortillas de Gabino en 2018, y nos sorprendió y gustó antes, y nos sorprende y gusta también en 2022, aunque me sorprende que este plato no estuviese más caliente, nos lo han servido en su punto y hay que comerlo rápido para que no se quede frío.

Toca el cuchareo; en unos pucheros de metal que pesan lo suyo, nos sirven una lentejas estofadas melosas con su patata cortada en pequeños trocitos y algún pedazo de jamón o bacon, que apenas se deja notar. Un plato discreto en comparación con el pote asturiano, ese plato de alubias con patatas, grelos, sus trocitos de jamón y su trocito de morcilla asturiana que le daba un sabor intenso al plato. Dos humildes platos y gran diferencia de sabor que le daba la morcilla a uno y la sencillez del otro.

Lentejas estofadas


Pote asturiano


Como en los pucheros había sobrado condumio para repetir, hemos pedido platos limpios y el que ha comido lentejas, pues ha probado el pote asturiano, y el que ha comido pote asturiano, se ha atrevido con las lentejas.

Los pucheros con las lentejas y el pote


Después de tan suculentos y humildes platos de legumbre, no queda mucho hueco para el postre, pero allá vamos, con un ligero flan adornado con nata y una tarta guinnes de cerveza negra, con una capa de crema de queso por encima y que ha resultado un poco densa, no era suave y tierno bizcocho, que después de los platos de puchero ha resultado un tanto pesada, aunque muy buena de sabor.

Tarta de cerveza guinnes



Flan con nata


Además de todo lo que hemos podido comer, las camareras nos han regalado un helado de yogur con crema de higo y unas rosquillitas fritas, que ya no hemos sido capaces de comer y que nos hemos traído a casa.

Como conclusión, un local cómodo con platos sabrosos, buena atención y no muy caro para lo que esperábamos, tanto por la fama como por la ubicación del restaurante. Destacar como lo mejor de la jornada, esas camareras que siguen teniendo la oportunidad de trabajar en un gremio que exige juventud y belleza, sirviendo esos platos calientes de toda la vida.

Para las curiosas de las señalizaciones de los aseos, comentar que cuando pregunté que dónde estaban los baños, me dicen "la primera puerta a la derecha", y como no vi ninguna indicación de que fuesen los aseos, hice foto de lo que vi. Sólo cuando ya salía y me iba, me di cuenta de que sí había emblema, pero muy pequeño y ya no pude hacer foto. La foto que hice es del aseo de señoras desde dentro, y enfrente, la puerta del aseo de señores, en donde no se aprecia señalización ninguna.

 

Foto del aseo de señoras por dentro

jueves, 9 de diciembre de 2021

VERDURA & BRASA: Color y sabor en la mesa

 VERDURA & BRASA, a 8 de diciembre de 2021, en la calle Espronceda n.º 27 de Madrid, zona de Chamberí, muy cerca de Nuevos Ministerios.

Entramos en invierno y es hora de degustar esas verduras típicas de esta estación, cardo, berenjena, coliflor, alcachofas, pimientos; ensaladas y menestras, lo que en el día de hoy ofrezca el mercado.

Logotipo del restaurante

Nada más entrar en el local, nos da la bienvenida una mesa enorme en donde se exponen esas verduras de temporada luciendo majestuosas: berenjenas moradas, calabacines verdes, pimientos rojos y verdes, tomates rojos, una bonita combinación de colores y formas. 

El local exhibe una decoración discreta, de colores cálidos, hojas verdes en las paredes, no sé si de papel o tela, cuadros con verduras, mesas con mantel de tela, estufita de leña al lado. A destacar, esos platos adornados con dibujos de de verduras y hortalizas, como espárragos, nabos, pimientos…

Interior del local


Para abrir boca, pedimos unas cervezas y vermut, que vienen acompañadas de unas aceitunas verdes tamaño gigante y aceitunas negras, con trozos de pimiento y cebolla. Muy sabrosas.

Mientras miramos la carta con el código QR y decidimos qué saborear en un día otoñal, nos animan la comida con un detalle: una crema de coliflor con piñones servida en un platito degustación, deliciosa. La jornada comienza con buen pie, porque de inmediato nos ponen sobre la mesa panes calientes con algunos colines tiernos.

Aperitivo de crema de coliflor


El chef ha hecho una serie de recomendaciones para el día de hoy, y decidimos escoger una de ellas como entrante y para compartir: una menestra de setas con huevo poché. Nos sirven una mezcla de hongos, a saber, setas, champiñones y níscalos, con una suave crema y por encima, un huevo poché o escalfado, ya se sabe, cocido sin cáscara a baja temperatura, quedando la clara sólida y la yema cremosa. Una mezcla exquisita, aún con su ligero toque de pimienta, cayena y lo que parece, pizca de hojas de eneldo.

Menestra de setas con huevo poché


Otro entrante que nos ha llamado la atención, que por eso estamos en el local ideal para saborear verduras, es el carpaccio de calabacín ecológico con salsa pesto, rúcula y piñones. Un plato estrella, con ese calabacín cortado en finísimas láminas, formando una especie de corona, con ese simpático color blanqui-verde, y por encima, la rúcula, la salsa pesto y una montaña de queso rallado. Con ese aderezo de aceite, vinagre y salsa pesto, ha resultado un plato delicioso, aunque algo contundente con el añadido del queso.

Carpaccio de calabacín, rúcula y salsa pesto


Vamos con los segundos: una tempura de gambas, espárragos trigueros partidos en dos y a lo largo y aros de cebolla dulce, acompañada de salsa de soja y una estupenda salsa romesco (salsa hecha a base de tomates, pimiento y almendra). Una tempura muy bien hecha para unas verduras en su punto, con ese sabor intenso del esparrago verde y la sutileza de la cebolla dulce.

Tempura de espárragos, gambas y cebolla con salsas


Como no estamos en un vegetariano, sino que estamos en un restaurante que mima las verduras y hortalizas de temporada, no hemos tenido empacho en probar un llamado Tomahawk steak de carne roja a la parrilla. Sobre el plato, un chuletón fileteado y a su lado el hueso, por si alguien lo quiere rebañar. Una carne roja, poco hecha, sabrosa y muy tierna.

Tomahawk en su punto


Aunque estamos un tanto llenos, siempre hay que hacerle un hueco a los postres, y en especial, si son caseros. Parece que queremos probar todas las tartas de queso que se ofrezcan por la ciudad, así que nos decidimos a probar lo que más se le parece, un souflé de queso con mermelada de frambuesa: pequeño bollo que al partirlo, sale al exterior una rica y suave crema de queso. Delicioso.

Otro postre típico, tiramisú de soletilla de café y mascarpone, servido en una taza con su asa, y en el que hay que hundir bien la cuchara para poder alcanzar la soletilla empapada en café y el queso, con su cacao por encima. Una mezcla increíblemente buena.

Ambos postres vienen adornados con fresas en láminas y hojas de hierbabuena y servidos en platos originales.

Souflé de queso y tiramisú


Y para terminar, la inevitable comparación de la señalización de los aseos, que en este caso me ha resultado elegante, glamuroso y original.





martes, 9 de noviembre de 2021

SEOUL: El picante no es problema.

SEOUL, a 9 de noviembre de 2021, día de La Almudena, en la Ronda de Segovia 25, muy cerca del derruido estadio Vicente Calderón. 

Hoy 9 de noviembre es fiesta en Madrid, día de su patrona, La Almudena, y pensando que la zona de la calle Bailén y alrededores iba a estar muy concurrida, hemos salido pronto de casa para no pillar atasco. Hemos paseado por el centro, caminando por la calle Atocha, plaza Mayor, calle Toledo, para terminar bajando por la ronda de Segovia hasta casi el cruce con el paseo de los Melancólicos. 

Entrada a SEOUL

Nos hemos encontrado con un restaurante pequeño, discreto, con pocas mesas, con manteles individuales de papel, tenedor y cuchara, y palillos de metal, la primera vez que veo algo así, porque siempre son de madera. En las mesas, el típico hornillo o plancha de la cocina coreana, que sirve para cocinar directamente las carnes y pescados, y de ahí, a la boca, pero con cuidado para no abrasarte. Decoración sencilla y servicio atento, siendo dos personas de origen asiático las que atendían las mesas. 

Interior de SEOUL


Para empezar, hemos pedido unas cervezas coreanas (tenemos la costumbre de probarlo casi todo), servidas con un pequeño aperitivo a base de brotes de soja con un toque de vinagre y sésamo y una hierba muy verde que no hemos sabido identificar. 

Cerveza coreana

Después de mirar la carta, era obligado decantarse por unas empanadillas coreanas o mandu, dos para cada uno, con una oblea blanca y suave, fritas y rellenas de algo de carne y alguna verdura que tampoco hemos sabido identificar, solamente el cebollino. 

Empanadillas coreanas



Tampoco podíamos dejar de probar la tempura de verduras o yachetuiguim, esas tiernas rodajas de berenjena, batata, calabacín, patata y cebolla, servida como en una especie de montañita y acompañada de una salsa de soja en cuenco a parte. Empapar la verdura con esa tempura recién frita en esa salsa de soja es todo un manjar. 

Tempura de verduras

A continuación nos han servido un arroz con marisco en cuenco de piedra o jemulbap. Efectivamente, en un cuenco bastante caliente aparece una buena ración de arroz y por encima una salsa espesa, posiblemente a base de soja, con tiernos mejillones, trozos de gambas y sepia y trocitos de pimiento de varios colores. Toca remover el plato, y apreciamos lo que podría ser alga nori, laminillas de ese alga negra que envuelve los makis japoneses y que le ha dado a este plato un sabor a mar más intenso, aunque también se puede mezclar con una salsa roja algo picante que nos han servido junto con la cazuela, y que yo, por precaución no he utilizado. Delicioso. 

Arroz con mariscos en cuenco de piedra

Como en todas las mesas está instalado el típico hornillo de la cocina coreana, ese que nos permite hacer carnes a la plancha y comer directamente, nos atrevemos a pedir costillas de ternera al estilo de Corea y ternera macerada en salsa de soja o bulgogui. En una fuente nos traen esos filetes del costillar de la res, y pequeños trozos de ternera macerada; pinzas para coger la carne, tijeras para cortas esos filetes, que en algunos casos eran muy largos, a poner sobre esa plancha y esperar unos minutos a que se doren. En otro plato, pequeñas hojas de lechuga que vamos untando de pasta de soja algo picante y sobre la que ponemos la carne recién hecha. Y a comer. 

La carne preparada para la plancha, la plancha y las hojas de lechuga con la pasta de soja listo para ser utilizado.











Sobre la cocina coreana, hay que comentar que muchos de sus platos son picantes, pero un picante suave, por lo menos el que sirven en Seoul, y a la vez, son platos que adolecen de sal, porque casi todos los platos vienen acompañados de alguna salsa, salsas que tienen bastante sabor. 

Como nos queda un hueco para los postres, nos decidimos por un tiramisú coreano, parecido al italiano, pero en vez de queso mascarpone, parece hecho con crema pastelera, y en lugar de espolvorearlo de cacao por encima, viene adornado con una pasta de color morado con un corazón blanco en el centro. Muy bueno y recomendable. 

Tiramisú coreano

Otro postre que hemos probado es el panqueque de calabaza, bollo frito con relleno de crema de calabaza dulce algo empalagosa y un helado de color violeta, pero que no hemos podido identificar su sabor y adornado con un chorro de caramelo. 

Panqueque de calabaza y helado

Para terminar con los postres, un granizado de cítrico y pera, suave y fresquito, muy delicado y suave para ser de cítricos.

Granizado de cítrico

Y como siempre, para las curiosas que me leen, la señalización de los aseos, fino y elegante para un local en apariencia, modesto.


lunes, 18 de octubre de 2021

ORELLANA: Esta vez sí, lo mejor, los postres.

ORELLANA, a 16 de octubre de 2021, en la calle Orellana n.º 6 de Madrid, barrio de Las Salesas, entre Colón y la plaza de Alonso Martínez. Después de un verano intenso, disfrutando de una gastronomía de diseño, paladar sabroso, chuletones gourmet, delicias minion, y otras exquisiteces, este mes toca centrarnos en la comida castiza y tradicional, con un toque de fusión de inspiración andaluza. Platos populares que el chef Guillermo Salazar imprime su experiencia personal. Así pues, podemos encontrar guisos de atún, torreznos, carrilleras, callos, chipirones en su tinta,... 

Entrada de Orellana con su logotipo

Nos encontramos con un local de ambiente moderno, con mesas altas para cuatro personas con sus altos taburetes para degustar tapas, y mesas bajas, más pegadas a la pared, con su mantel, servilleta de tela y logotipo de la casa en el plato. Como única decoración, alacenas que exhiben botes de conservas de atún, de habitas, de espárragos, de confituras, de pimentón, de espárragos, ... Botes de cristal tamaño XXL con encurtidos de todas clases, aceitunas, cebollas, alcachofas, ... Y en las paredes, espejos en los que se han escrito los platos que figuran en la carta y su precio. Me ha recordado mucho a las tascas de hace sesenta años; sólo faltaban los toneles con los vinos y vermut a granel. 

Interior de Orellana

Detalle de la decoración

Como siempre, lo primero que nos preguntan cuando nos sentamos es que si queremos algo de beber. Para abrir boca, pedimos vermut (no preguntan que si blanco o rojo y nos sirven vermut rojo) y cerveza de trigo, que figura en uno de los carteles. Primera sorpresa, no les queda cerveza de trigo, así que nos conformamos con una cerveza normal, ¡qué remedio!. El aperitivo viene acompañado de unas olivas machacadas y aliñadas de pimentón, ajo y guindilla. 

Echamos un ojo a la carta y nos llama la atención los platos que denominan guisos, pero como entre los entrantes hay croquetas, nos decidimos por pedir, en primer lugar, esa maravilla que es un lujo si está bien hecha; así que nos deleitamos con una croqueta de rabo de toro recién frita, caliente, con una bechamel suave y cremosa en la que destacan los trocitos de la carne, pero que ha resultado un pelín pasada de sal para lo que estamos acostumbrados. 

Croquetas de rabo de toro

Seguimos con una ración de cazón en adobo, que me ha parecido un plato singular porque no se suele ofertar mucho en los restaurantes, servido sobre tabla de madera y papel con el logotipo de la casa, con una fritura en su punto, caliente y aderezada con un toque de pimienta por encima, que le ha dado un toque de color en esta mañana un poco otoñal. Este plato viene acompañado de una mayonesa ligera  con unas gotas de aceite por encima. Ya se sabe, taco de cazón pringado de esa mayonesa y a la boca. Delicioso.

Cazón en adobo

Un guiso que nos ha llamado la atención y hemos decidido probar, han sido los chipirones en su tinta con arroz blanco. Sobre un plato de barro, tiernos chipirones envueltos en una espesa salsa negra y sabrosa, acompañada de un arroz blanco pensado para que sea envuelto con la salsa de la tinta, y coloreado con verde cebollino, para resaltar en ese plato blanquinegro. Una buena elccción

Chipirones en su tinta con arroz blanco

Para terminar, otro guiso castizo, callos, pata y morro, típico plato madrileño servido en plato de barro, pero que en este caso han resultado espesos, fuertes, y con un ligero sabor dulce que no los hacía muy apetecibles, y ese toque de cebollino verde que no le pegaba mucho. Aunque hay que hacer notar que estaban muy tiernos. 

Callos, pata y morro 

Como siempre, hay que dejar hueco para el postre y aunque no había mucha oferta, nos decidimos por pedir postres caseros y seguir probando las tartas de queso que se ofertan por Madrid, y en Orellana sirven una de queso payoyo, ese queso elaborado con leche de cabra que proviene de la sierra de Cádiz, la conocida como cabra payoya, y leche de oveja. Viene acompañado de un poquito de mermelada. Deliciosa. 

Tarta de queso payoyo

Y el cremoso de chocolate, toffee, aceite de oliva y sal, que resulta una especie de rueda de crema de chocolate en cuyo centro se concentra un crema más suave, también de chocolate, una textura más ligera en la que se intuye el aceite de oliva y en la que se aprecian escamas de sal. Una delicia el chocolate con sal. 

Cremoso de chocolate y toffee

Por hacer un pequeño resumen de la experiencia gastronómica de octubre, comentar que lo mejor han sido los postres y lo peor, que el pan nos lo han servido cuando ya habíamos degustado los dos primeros platos y esa taza de porcelana toda desportillada (esas tazas deterioradas que utilizaban nuestras abuelas) en la que nos han traído la cuenta. A lo peor resulta que este elemento ha sido escogido así por algún misterioso motivo, que lo hace imprescindible en Orellana, pero a mí me ha parecido un detalle poco elegante.

Taza en la que nos han servido la cuenta

Y para mis amigas curiosas, esas que siempre esperan ver la señalización de los aseos, esta vez van a gozar, porque en Orellana son de lo más original. Ahí van.