| Cochinillo asado de Casa botín |
Una vez al mes experimentamos nuevas cocinas, nuevos platos, nuevos sabores.
domingo, 13 de febrero de 2022
CASA BOTÍN: Asados en su punto, y punto.
domingo, 23 de enero de 2022
LA ANCHA: Cuchareo en puchero
LA ANCHA, a 22 de enero de 2022, en la calle Zorrilla n.º 7 de Madrid, justo por detrás del edificio del Congreso de los Diputados, una calle señorial aunque algo oscura en un día de invierno.
Nos encontramos con un restaurante que, según su página web, dedica con mucho mimo toda su atención a los productos de temporada, tanto verduras, como carnes o pescados, elaborando platos tradicionales, esas recetas de toda la vida fáciles de reconocer. El menú cambia diariamente, porque está sujeto a lo que ese día mejor se ofrezca en los puestos del mercado.
Logotipo en la entrada de La Ancha
Se trata de un local familiar inaugurado hace más de 100 años, en 1919 y pertenece al mismo grupo que el restaurante llamado Las Tortillas de Gabino, que ya visitamos en 2018. La Ancha de la calle Zorrilla es también conocida como La de las Tres Columnas; será por esas tres columnas de hierro forjado que delimita espacios en la sala de entrada y que a nosotros nos ha tocado, hombro con hombro, perfecto para apoyar el bolso.
| Interior de La Ancha |
Casi todo el local tenía como decoración botellas de licor sobre estantes, esas botellas de distintas formas y colores, botellas blancas o verdes, con esos distintos colores que ofrecen los licores, sobre todo blanco y ámbar, que provoca un ambiente relajante. Y justo delante de mí, botella de licor Aperol junto a la de Campari, licores con los que se elabora el splizt aperol típico de la toscana italiana, de tan gratos recuerdos para mi. Y paredes blancas
Para nosotros, un espacio amplio, las mesas con mantel blanco de tela y servilletas del mismo color, algunas sillas con reposabrazos y otras no, y el plato con el logotipo del restaurante. Todo muy elegante.
Plato con el logotipo de La Ancha
Junto con la carta nos traen un vermut rojo y cerveza, que viene acompañado por unas patatas fritas, de las de bolsa de toda la vida, la verdad que muy buenas, como recién fritas y nada aceitosas. También nos ponen sobre la mesa un poco de mantequilla con su cuchillo de untar, para degustar con un poquito de pan. Una mantequilla sobria y apetecible cuando vas con un poco de hambre, como nos ocurre a nosotros.
Aquí podemos encontrar jamón ibérico, coquinas de Huelva, anchoas del Cantábrico, pulpo gallego, tortilla española, alubias de Tolosa, y una gran selección de carnes y pescados.
Y como es invierno, y hoy hace frío, aunque haya un sol espléndido, es tiempo que invita a degustar comidas de cuchareo; en la carta, además de entrantes, carnes, pescados, y verduras, podemos degustar lentejas, pote asturiano, alubias y sopas. Placer invernal.
Me gustaría comentar algo que me ha llamado la atención desde que hemos entrado, y me sorprende eso mismo, que me haya llamado la atención, muy gratamente, por cierto, y es que algunas de las camareras tenían cierta edad, digamos que rondando los cincuenta, que no eran chicas y chicos jóvenes altos, guapos y estupendos, que pueblan todos los restaurantes que visitamos todos los meses.
La decisión está tomada: comenzaremos con dos entrantes para seguir con la legumbre y terminar con un postre casero y café.
Para empezar a abrir boca, media ración de cazón en adobo, sorprendentemente blandito (no como lo hemos comido en otros locales, que resultaba un tanto seco), con un buen toque de vinagre del adobo, bien frito y condimentado. El cazón viene acompañado de unas patatas al ali-oli tiernas, en su punto justo de sal, ajo y perejil. Una combinación original que nos da pie a seguir descubriendo nuevos platos y sabores
| Cazón en adobo con patatas alioli |
Otro entrante, esta vez un poco más contundente, una tortilla española guisada con callos. En una cazuela de barro, una tortilla de patata muy poco cuajada con callos a la madrileña por encima, esos callos con sus trocitos de jamón y su pedazo de chorizo. La camarera nos sirve en un plato la mitad de la ración y la otra mitad se queda en la cazuela para poder mojar toda la salsa de esos callos maravillosos de sabor, que junto con el bocado de la tortilla es puro deleite. Si hay que poner algún pero a este delicioso plato sería que algunos trozos de callos estaban un pelín duros, aunque no se desvirtuaba su excelente presentación.
Este mismo plato ya lo comimos cuando estuvimos en Las Tortillas de Gabino en 2018, y nos sorprendió y gustó antes, y nos sorprende y gusta también en 2022, aunque me sorprende que este plato no estuviese más caliente, nos lo han servido en su punto y hay que comerlo rápido para que no se quede frío.
Toca el cuchareo; en unos pucheros de metal que pesan lo suyo, nos sirven una lentejas estofadas melosas con su patata cortada en pequeños trocitos y algún pedazo de jamón o bacon, que apenas se deja notar. Un plato discreto en comparación con el pote asturiano, ese plato de alubias con patatas, grelos, sus trocitos de jamón y su trocito de morcilla asturiana que le daba un sabor intenso al plato. Dos humildes platos y gran diferencia de sabor que le daba la morcilla a uno y la sencillez del otro.
Como en los pucheros había sobrado condumio para repetir, hemos pedido platos limpios y el que ha comido lentejas, pues ha probado el pote asturiano, y el que ha comido pote asturiano, se ha atrevido con las lentejas.
Los pucheros con las lentejas y el pote
Después de tan suculentos y humildes platos de legumbre, no queda mucho hueco para el postre, pero allá vamos, con un ligero flan adornado con nata y una tarta guinnes de cerveza negra, con una capa de crema de queso por encima y que ha resultado un poco densa, no era suave y tierno bizcocho, que después de los platos de puchero ha resultado un tanto pesada, aunque muy buena de sabor.

Tarta de cerveza guinnes 
Flan con nata
Además de todo lo que hemos podido comer, las camareras nos han regalado un helado de yogur con crema de higo y unas rosquillitas fritas, que ya no hemos sido capaces de comer y que nos hemos traído a casa.
Como conclusión, un local cómodo con platos sabrosos, buena atención y no muy caro para lo que esperábamos, tanto por la fama como por la ubicación del restaurante. Destacar como lo mejor de la jornada, esas camareras que siguen teniendo la oportunidad de trabajar en un gremio que exige juventud y belleza, sirviendo esos platos calientes de toda la vida.
Para las curiosas de las señalizaciones de los aseos, comentar que cuando pregunté que dónde estaban los baños, me dicen "la primera puerta a la derecha", y como no vi ninguna indicación de que fuesen los aseos, hice foto de lo que vi. Sólo cuando ya salía y me iba, me di cuenta de que sí había emblema, pero muy pequeño y ya no pude hacer foto. La foto que hice es del aseo de señoras desde dentro, y enfrente, la puerta del aseo de señores, en donde no se aprecia señalización ninguna.
jueves, 9 de diciembre de 2021
VERDURA & BRASA: Color y sabor en la mesa
VERDURA & BRASA, a 8 de diciembre de 2021, en la calle Espronceda n.º 27 de Madrid, zona de Chamberí, muy cerca de Nuevos Ministerios.
Entramos en invierno y es hora de degustar esas verduras típicas de esta estación, cardo, berenjena, coliflor, alcachofas, pimientos; ensaladas y menestras, lo que en el día de hoy ofrezca el mercado.
| Logotipo del restaurante |
Nada más entrar en el local, nos da la bienvenida una mesa enorme en donde se exponen esas verduras de temporada luciendo majestuosas: berenjenas moradas, calabacines verdes, pimientos rojos y verdes, tomates rojos, una bonita combinación de colores y formas.
El local exhibe una decoración discreta, de colores cálidos, hojas verdes en las paredes, no sé si de papel o tela, cuadros con verduras, mesas con mantel de tela, estufita de leña al lado. A destacar, esos platos adornados con dibujos de de verduras y hortalizas, como espárragos, nabos, pimientos…
| Interior del local |
Para abrir boca, pedimos unas cervezas y vermut, que vienen acompañadas de unas aceitunas verdes tamaño gigante y aceitunas negras, con trozos de pimiento y cebolla. Muy sabrosas.
Mientras miramos la carta con el código QR y decidimos qué saborear en un día otoñal, nos animan la comida con un detalle: una crema de coliflor con piñones servida en un platito degustación, deliciosa. La jornada comienza con buen pie, porque de inmediato nos ponen sobre la mesa panes calientes con algunos colines tiernos.
| Aperitivo de crema de coliflor |
El chef ha hecho una serie de recomendaciones para el día de hoy, y decidimos escoger una de ellas como entrante y para compartir: una menestra de setas con huevo poché. Nos sirven una mezcla de hongos, a saber, setas, champiñones y níscalos, con una suave crema y por encima, un huevo poché o escalfado, ya se sabe, cocido sin cáscara a baja temperatura, quedando la clara sólida y la yema cremosa. Una mezcla exquisita, aún con su ligero toque de pimienta, cayena y lo que parece, pizca de hojas de eneldo.
| Menestra de setas con huevo poché |
Otro entrante que nos ha llamado la atención, que por eso estamos en el local ideal para saborear verduras, es el carpaccio de calabacín ecológico con salsa pesto, rúcula y piñones. Un plato estrella, con ese calabacín cortado en finísimas láminas, formando una especie de corona, con ese simpático color blanqui-verde, y por encima, la rúcula, la salsa pesto y una montaña de queso rallado. Con ese aderezo de aceite, vinagre y salsa pesto, ha resultado un plato delicioso, aunque algo contundente con el añadido del queso.
| Carpaccio de calabacín, rúcula y salsa pesto |
Vamos con los segundos: una tempura de gambas, espárragos trigueros partidos en dos y a lo largo y aros de cebolla dulce, acompañada de salsa de soja y una estupenda salsa romesco (salsa hecha a base de tomates, pimiento y almendra). Una tempura muy bien hecha para unas verduras en su punto, con ese sabor intenso del esparrago verde y la sutileza de la cebolla dulce.
| Tempura de espárragos, gambas y cebolla con salsas |
Como no estamos en un vegetariano, sino que estamos en un restaurante que mima las verduras y hortalizas de temporada, no hemos tenido empacho en probar un llamado Tomahawk steak de carne roja a la parrilla. Sobre el plato, un chuletón fileteado y a su lado el hueso, por si alguien lo quiere rebañar. Una carne roja, poco hecha, sabrosa y muy tierna.
| Tomahawk en su punto |
Aunque estamos un tanto llenos, siempre hay que hacerle un hueco a los postres, y en especial, si son caseros. Parece que queremos probar todas las tartas de queso que se ofrezcan por la ciudad, así que nos decidimos a probar lo que más se le parece, un souflé de queso con mermelada de frambuesa: pequeño bollo que al partirlo, sale al exterior una rica y suave crema de queso. Delicioso.
Otro postre típico, tiramisú de soletilla de café y mascarpone, servido en una taza con su asa, y en el que hay que hundir bien la cuchara para poder alcanzar la soletilla empapada en café y el queso, con su cacao por encima. Una mezcla increíblemente buena.
Ambos postres vienen adornados con fresas en láminas y hojas de hierbabuena y servidos en platos originales.
| Souflé de queso y tiramisú |
Y para terminar, la inevitable comparación de la señalización de los aseos, que en este caso me ha resultado elegante, glamuroso y original.
martes, 9 de noviembre de 2021
SEOUL: El picante no es problema.
SEOUL, a 9 de noviembre de 2021, día de La Almudena, en la Ronda de Segovia 25, muy cerca del derruido estadio Vicente Calderón.
| La carne preparada para la plancha, la plancha y las hojas de lechuga con la pasta de soja listo para ser utilizado. |
| Granizado de cítrico |
Y como siempre, para las curiosas que me leen, la señalización de los aseos, fino y elegante para un local en apariencia, modesto.
lunes, 18 de octubre de 2021
ORELLANA: Esta vez sí, lo mejor, los postres.
ORELLANA, a 16 de octubre de 2021, en la calle Orellana n.º 6 de Madrid, barrio de Las Salesas, entre Colón y la plaza de Alonso Martínez. Después de un verano intenso, disfrutando de una gastronomía de diseño, paladar sabroso, chuletones gourmet, delicias minion, y otras exquisiteces, este mes toca centrarnos en la comida castiza y tradicional, con un toque de fusión de inspiración andaluza. Platos populares que el chef Guillermo Salazar imprime su experiencia personal. Así pues, podemos encontrar guisos de atún, torreznos, carrilleras, callos, chipirones en su tinta,...
| Entrada de Orellana con su logotipo |
Nos encontramos con un local de ambiente moderno, con mesas altas para cuatro personas con sus altos taburetes para degustar tapas, y mesas bajas, más pegadas a la pared, con su mantel, servilleta de tela y logotipo de la casa en el plato. Como única decoración, alacenas que exhiben botes de conservas de atún, de habitas, de espárragos, de confituras, de pimentón, de espárragos, ... Botes de cristal tamaño XXL con encurtidos de todas clases, aceitunas, cebollas, alcachofas, ... Y en las paredes, espejos en los que se han escrito los platos que figuran en la carta y su precio. Me ha recordado mucho a las tascas de hace sesenta años; sólo faltaban los toneles con los vinos y vermut a granel.
| Interior de Orellana |
| Detalle de la decoración |
Como siempre, lo primero que nos preguntan cuando nos sentamos es que si queremos algo de beber. Para abrir boca, pedimos vermut (no preguntan que si blanco o rojo y nos sirven vermut rojo) y cerveza de trigo, que figura en uno de los carteles. Primera sorpresa, no les queda cerveza de trigo, así que nos conformamos con una cerveza normal, ¡qué remedio!. El aperitivo viene acompañado de unas olivas machacadas y aliñadas de pimentón, ajo y guindilla.
Echamos un ojo a la carta y nos llama la atención los platos que denominan guisos, pero como entre los entrantes hay croquetas, nos decidimos por pedir, en primer lugar, esa maravilla que es un lujo si está bien hecha; así que nos deleitamos con una croqueta de rabo de toro recién frita, caliente, con una bechamel suave y cremosa en la que destacan los trocitos de la carne, pero que ha resultado un pelín pasada de sal para lo que estamos acostumbrados.
| Croquetas de rabo de toro |
Seguimos con una ración de cazón en adobo, que me ha parecido un plato singular porque no se suele ofertar mucho en los restaurantes, servido sobre tabla de madera y papel con el logotipo de la casa, con una fritura en su punto, caliente y aderezada con un toque de pimienta por encima, que le ha dado un toque de color en esta mañana un poco otoñal. Este plato viene acompañado de una mayonesa ligera con unas gotas de aceite por encima. Ya se sabe, taco de cazón pringado de esa mayonesa y a la boca. Delicioso.
| Cazón en adobo |
Un guiso que nos ha llamado la atención y hemos decidido probar, han sido los chipirones en su tinta con arroz blanco. Sobre un plato de barro, tiernos chipirones envueltos en una espesa salsa negra y sabrosa, acompañada de un arroz blanco pensado para que sea envuelto con la salsa de la tinta, y coloreado con verde cebollino, para resaltar en ese plato blanquinegro. Una buena elccción
| Chipirones en su tinta con arroz blanco |
Para terminar, otro guiso castizo, callos, pata y morro, típico plato madrileño servido en plato de barro, pero que en este caso han resultado espesos, fuertes, y con un ligero sabor dulce que no los hacía muy apetecibles, y ese toque de cebollino verde que no le pegaba mucho. Aunque hay que hacer notar que estaban muy tiernos.
| Callos, pata y morro |
Como siempre, hay que dejar hueco para el postre y aunque no había mucha oferta, nos decidimos por pedir postres caseros y seguir probando las tartas de queso que se ofertan por Madrid, y en Orellana sirven una de queso payoyo, ese queso elaborado con leche de cabra que proviene de la sierra de Cádiz, la conocida como cabra payoya, y leche de oveja. Viene acompañado de un poquito de mermelada. Deliciosa.
| Tarta de queso payoyo |
Y el cremoso de chocolate, toffee, aceite de oliva y sal, que resulta una especie de rueda de crema de chocolate en cuyo centro se concentra un crema más suave, también de chocolate, una textura más ligera en la que se intuye el aceite de oliva y en la que se aprecian escamas de sal. Una delicia el chocolate con sal.
| Cremoso de chocolate y toffee |
Por hacer un pequeño resumen de la experiencia gastronómica de octubre, comentar que lo mejor han sido los postres y lo peor, que el pan nos lo han servido cuando ya habíamos degustado los dos primeros platos y esa taza de porcelana toda desportillada (esas tazas deterioradas que utilizaban nuestras abuelas) en la que nos han traído la cuenta. A lo peor resulta que este elemento ha sido escogido así por algún misterioso motivo, que lo hace imprescindible en Orellana, pero a mí me ha parecido un detalle poco elegante.
| Taza en la que nos han servido la cuenta |
Y para mis amigas curiosas, esas que siempre esperan ver la señalización de los aseos, esta vez van a gozar, porque en Orellana son de lo más original. Ahí van.