domingo, 14 de octubre de 2018

LOBSTERIE: Protagonista, señora bogavante.



LOBSTERIE a 13 octubre de 2018, en la calle Gravina 17, zona de Chueca, con el encanto que tienen todas estas calles, gente guapa y a la última moda.
Los cubiertos, las tenazas y el plato cuqui

Ya su página de internet nos habla de un local muy americano con raíces francesas y producto gallego; entiendo que el bogavante proviene de las rías gallegas y que las recetas tienen una base francesa y americana.

Y aquí nos encontramos; dejamos de lado la comodidad de los restaurantes tradicionales y nos adentramos en un bar, con su barra nada más entrar a la izquierda en la que servir cócteles y tapas, y con unas 5 ó 6 mesas altas, con taburetes altos. Incómodo para una comida que puede durar una hora y media.

Los vasos de agua no son de cristal
Con relación a la decoración, nada de adornos en las paredes, todo lo que merece la pena destacar del local está en las mesas: platos cuquis, cubiertos con mangos de madera, vasos de agua de metal tipo edad media (tal vez un detalle anacrónico en un sitio tan informal), servilletas de papel reciclado... 

La mesa en la que comemos está compuesta de dos, una redonda poco más grande que la bandeja de un camarero y otra triangular. Y aquí nos acomodamos los tres, en los taburetes altos, intentando conservar el equilibrio para no caernos, pensar qué hacemos con la espalda y que los pies no se nos duerman. Aunque eso sí, lo primero que te dicen es que tienes un gancho donde dejar el bolso (un detalle). Y vamos con lo importante, a conocer al protagonista del mes de octubre.
Las patatas fritas con pimentón

Lo primero, cuando nos sentamos, es preguntarnos si queremos algo de beber, e inmediatamente nos traen de aperitivo unas patatas fritas (de las de bolsa de toda la vida). Como curiosidad, decir que las primeras que probé, las de arriba, las encontré un poco húmedas; estaban salpicadas de pimentón y luego descubrimos que les echaban con un pulverizador vinagre de Jerez, aunque hay que señalar que que no se notaba ese sabor a vinagre.

Las croquetas de bogavante

La carta es especialmente corta, por lo que no cuesta trabajo escoger, y en esta ocasión nos decantamos por unas croquetas de bogavante (¿qué si no?), que aunque tenían una bechamel muy delicada, el sabor a bogavante era discreto. 

El carpaccio de cigala


Y un carpaccio de cigala, cigala cortada en láminas muy finas y servida con una leve mayonesa, rodajitas de naranjas enanas y adornado con huevas negras. Un plato muy fresco y apetecible.



Uno de nosotros peleando con el bicho
Pasamos a la gran protagonista en todo su esplendor, porque pedimos un bogavante asado para dos personas. Sirven una pieza cortada longitudinalmente con una ensalada de col, patatas fritas y mayonesa de bogavante, de la que intuyo una pizca de pimentón (dicen que con langosta es un plato muy americano). Imagino que a los que les gusta el marisco disfrutarán con este plato, y más intentando partir las tenazas del bicho y acceder al interior para atrapar su carne, con las herramientas adecuadas.
Añadir que las patatas fritas estaban en su punto y que la ensalada de col llevada, además, zanahoria, mayonesa, cebolleta, pimentón y lo que yo creo que son semillas de sésamo. Buen acompañamiento.
El lobster roll con su ensalada y patatas
Y la sorpresa: un lobster roll. Se trata de un pan de brioche cuadrado y a la plancha, del tamaño de una rebanada de pan de molde y de ancho unos cinco centímetros, al que se le ha introducido cachitos pequeños de bogavante y una salsa de apio, limón, mayonesa y cebollino. El contraste del dulce del pan de brioche con el bogavante y la salsa delicadamente salada, es intenso y espectacular. Merece la pena probarlo.

Esta vez fuimos bastante comedidos a la hora de pedir, por lo que nos quedaba sitio para los postres, y como sólo nos ofrecieron tres, pues los tres que pedimos. 

Los tres postres caseros: tarta, calabaza confitada y tiramisú
Ante nuestros ojos sacan de la nevera los postres que nos hacen pensar que son postres caseros. Empezamos por la tarta de chocolate flambeada en el propio mostrador; se trata de una tarta de chocolate negro, intensa con un toque de licor que no distinguimos y recreada por el chef en honor al cocinero francés Constance (?). Calabaza confitada con su crema, que, aunque me parece estar hecha de nata y una hierba fresca (podría haber sido hierbabuena), resulta no tener ninguna hierba y estar ahumada con sarmiento (me resulta difícil imaginar cómo se hace algo así). La calabaza siempre me ha resultado un plato soso, y hoy también: le faltaba sabor aunque lo compensaba con la crema, tan fresca
Y la estrella de los postres en el día de hoy: tiramisú, sacado de la nevera en una bandeja que demuestra ser casero, casero. Imprescindible.

Hay que hacer mención especial al servicio de mesa; se alternan dos personas para servirlas y la camarera ha sufrido nuestras preguntas con bastante elegancia. Se ha molestado en ir a preguntar al chef por ingredientes y formas de cocinar los platos. Por eso hemos sabido que casi todos ellos van aderezados con pimentón y cominos (este último ingrediente no lo he saboreado), porque es el toque español que le ha querido dar el cocinero, que es de origen francés, a sus especialidades. Gracias por la paciencia y la atención. 

El protagonista presidiendo el aseo
Los baños. Por primera vez nos encontramos con que en este local los aseos no están señalizados. Hay que preguntar que dónde están y lo que vemos es una puerta blanca, así, sin más. Y ya dentro vemos que es un único aseo, para todo el personal y adaptado a minusválidos, y con una foto a tamaño real del protagonista de esta historia.


En resumen, una nueva forma de comer para nosotros, una nueva experiencia, marisco presentado de forma original y en taburetes. 

domingo, 16 de septiembre de 2018

LAS TORTILLAS DE GABINO ¿Qué me dices de una tortilla guisada con callos?


LASTORTILLAS DE GABINO, a 15 de septiembre de 2018, en la calle Rafael Calvo 20, puro Chamberí, una de las zonas cuquis de Madrid.

El local tiene forma de U, estando la cocina en el centro y en las alas, las mesas. Y aunque la cocina está abierta, desde nuestra mesa no era posible ver el trabajo de los cocineros (¡qué pena!). La decoración del interior es bastante sencilla, paredes pintadas de blanco sobre piedras y nada de cuadros o adornos. La propias lámparas de distintos tamaños, hacen el espacio acogedor. Y al fondo, la vinoteca. Servicio esmerado con camareros jóvenes y muy profesionales.

La entrada a la tortillería

Disponen de una carta no muy extensa, pero la idea era probar las tortillas de Gabino, y compararlas con las propias, de madres, abuelas, bar de la esquina, amig@s y demás, por eso nos decidimos por unos entrantes a compartir que intentan ser originales y que nos apetece probar en este sitio, para luego probar la comida especial de la casa. 



Anchoas de Castro Urdiales y el tomate
Empezamos por unas anchoas de Castro Urdiales en salazón, que aunque estaban muy bien de sabor les sobraban algunas espinas, y eso nos hizo recordar las anchoas de Santoña, anchoas Ana María, que no tenían ni una espina, las enlatan totalmente limpias y firmes en su aceite. Las anchoas vienen acompañadas de un platito de tomate, digamos que espachurrado, para ponerlo sobre pan tostado. Mejor el tomate que la anchoa, dada mi predilección por el buen tomate con sabor a tomate y no a invernadero.


Croqueta de boletus y bocadito de foie
Seguimos con unas croquetas de boletus y un bombón caliente de foie; ambos entrantes se tienen que meter en la boca de una vez (primero uno y luego otro, obviamente), no morder y esperar que se deshaga poco a poco para apreciar todo el sabor. Y vaya si se aprecia, sobre todo en la croqueta de boletus, ¡qué sabor intenso y a la vez delicado a boletus! Por su parte el bocadito de foie tiene un sabor dulce que no terminamos de identificar; supongo que sería la pieza que coronaba el bocadito.



El tuétano es flambeado
El tuétano ya flambeado con el pan
Terminamos los entrantes con un tuétano glaseado. La verdad es que decidimos pedir este plato por tener un nombre muy sonoro, y porque en todos estos años no habíamos probado un plato parecido. Y nos presentan sobre una fuente lisa de madera, un hueso de vacuno partido a la mitad longitudinalmente, acompañado de unas rebanadas de pan un poco tostado (sólo le han dado un toque de calor), con unas hojas de hierbabuena, cilantro (con ese sabor tan peculiar que tiene) y albahaca y unos granitos de lo que han denominado torrezno, con aspecto de pan rallado.


Pan con tuétano, vegetales y migas
Pues bien, con todo ello sobre la mesa, se acerca el camarero con la pistola de fuego y glasea toda la parte de encima durante un minuto, más o menos. Cuando termina, cogemos con una cucharita parte del tuétano y la ponemos sobre el pan, ponemos encima unas hojas de los vegetales y por encima, los granos de torreznos. ¡Capricho de dioses!, ¡que plato tan delicado! Y cuando hemos acabado con el tuétano, rebañamos con la cuchara lo tostado que ha dejado el fuego sobre el hueso, esa costrita tan sabrosa. Todo un invento.

Tortilla con callos y clásica

Pasamos al plato estrella del local, y escogemos La tortilla Velazqueña la clásica que hacía Gabino y la Tortilla guisada con callos. Ambas vienen en una cazuela de barro que el camarero nos sirve en nuestros platos. No es fácil de explicar la sensación que se tiene cuando vas a una tortillería y esperas que te pongan sobre la mesa una tortilla redonda, caliente y firme. Pero lo que nos sirven es una especie de guisado de tortilla, patata frita en su punto y el huevo casi cuajado. Y la pregunta más importante que te hacen en el local: ¿con cebolla o sin cebolla? Los comensales al unísono: Con cebolla, por supuesto. Y según explicaciones del camarero, el 90% de los clientes prefieren la tortilla con cebolla. Puristas de la tortilla, "al loro".

De la primera, la tortilla clásica, como su nombre indica nos encontramos con una especie de guiso de patatas con huevo muy poco cuajado, y por tanto sin forma definida, pero con una sabor excepcional. Y de la segunda, tortilla española con callos, la misma base de patatas y huevo poco cuajado y callos a la madrileña por encima, que por cierto estaban muy tiernos. ¿Que no pega? Vale, lo admito, pero estaba buenísima, aunque eso sí, resultó bastante contundente.

Chipirones a la plancha

Y a uno de nosotros, que había visto la carta previamente, se le antoja los chipirones a la plancha. Nos sirven unos 8 chipironcitos a la plancha, tiernos y jugosos, con hojas de rúcula, con una base de aceite de oliva con una aspecto y un color divino, y pegotes de mahonesa.

Y tenemos que hacer una mención especial al pan, puesto sobre la mesa en un cestito de tela y templado al tacto y en boca.




La torrija con helado de vainilla 
El goloso de chocolate y avellana


Los postres son parte importante del menú, y aunque un poco llenos, tenemos que probar lo más original que encontremos, y por ello pedimos Goloso de chocolate y avellana, servido en un vaso resulta ser una mezcla de helado de chocolate y otras delicias. Una torrija con helado de vainilla, que no es una torrija como la entendemos en Madrid, puesto que no es una rebanada de pan mojado en leche y frita, sino que es un pan mojado en leche y glaseado en la superficie; un poco decepcionante. Y la que me ha resultado más apetecible: Flan “accidental” de queso brie, flan con una textura más firme que la receta tradicional y con sabor a queso acompañado de una bola de nata con sabor a nata. Delicioso.



Y el final lo dedicamos a la señalización de los baños: muy original. A estas altura de la película me sorprende que estas indicaciones no se repitan en estos 9 meses que llevamos de juego. En Las Tortillas de Gabino, la señal la componen un “grafiti” de la silueta de la cara de una mujer y un hombre, perfectamente identificables. Muy original y bonito. Un 8 para el artista y su ideario.


En resumen, un local muy acogedor en el que las tortillas son su especialidad y esperando que ensayen otras combinaciones y mezclas de sabores y texturas para seguir probando platos nuevos.

domingo, 12 de agosto de 2018

LA BODEGA DE LOS SECRETOS: En las entrañas de Madrid.


LABODEGA DE LOS SECRETOS, a 11 de Agosto de 2018, en la calle San Blas nº 4, de espaldas a la calle Atocha y muy cerquita del paseo del Prado. Estamos en el barrio de las Letras, podemos visitar la casa de Cervantes, de Lope de Vega y del Ateneo.

Por uno de los pasillos
¡Vaya local, si se puede llamar así, curioso, que nos hemos encontrado! En realidad ha sido escogido precisamente por lo que es, y no por la comida en sí que nos pudiesen ofrecer, pero nos ha sorprendido muy gratamente: ha sido una nueva forma de comer en Madrid. Se trata de una antigua bodega reconvertida en restaurante, situada entre el Caixa Forum y el Ministerio de Administraciones Públicas, en una callecita pequeña, recoleta, tranquila y silenciosa. Un lujo en la canícula de la capital, con un mes de agosto caluroso.
El techo visto desde la mesa


Según la historia del local, se trata de una antigua bodega que data de hace unos 400 años, situada en la afueras de Madrid por aquellas fechas, y tal vez construida como escondite de mercancías para evitar impuestos y como refugio de personas en caso de apuro, con sus tantos pasillos  y con varias salidas para ser utilizadas en caso de persecuciones. Tal sucedió en las guerras napoleónicas o en la guerra civil española. 

Según entras desde la calle al local, hay que bajar una planta y nos encontramos con un pasillo a izquierda y derecha, todo ello de ladrillo visto, incluso el techo, con un cierto estilo románico porque, de hecho, parece ser que la bodega perteneció a unos monjes de la congregación de San Felipe Neri. Somos conducidos a un espacio o hueco en el que cabe una mesa con dos bancos en el que nos acoplamos los cuatro, eso sí, un poco ajustados. Posiblemente era uno de los sitios en los que las botellas de vino guardaban su tiempo de reposo hasta estar listas. La luz nos la sirve una lámpara que hay encima de la mesa, suficiente, y no parece que haya aire acondicionado, aunque hubo un momento en que se notó que la temperatura subía. Fuera, en la calle, hace calor.
Vasitos de gazpacho y el pan

Como siempre, nos preguntan que si queremos algo de beber; pedimos cervezas, nestea y agua; nos sirven unos vasitos de gazpacho de aperitivo, que nos sabe mucho a pimiento, demasiado líquido, demasiado suave. Y de paso nos ponen el pan en su  cestita.

El pulpo braseado con base de patata
La carta no parece muy extensa, aunque suficiente para poder elegir entre cierta variedad. Como siempre, pedimos cuatro entrantes: croquetas de jamón ibérico, con una besamel muy delicada; laminado de pez mantequilla con deconstrucción de trufa o filetes superfinos de pez mantequilla, creo que ahumada, regada con aceite y trufa molida por encima. Una delicia el pez mantequilla. Le sigue el pulpo braseado con aceite y pimentón de la Vera y puré de patata trufada de textura super suave.
La burrata con su crema de tomate

Delicioso pez mantequilla y trufa
Por último, burrata (queso suave italiano hecho de mozzarella y crema) sobre crema de tomate y albahaca con olivada de aceitunas negras y gotas de aceite verde flotando entre la crema de tomate. Han sido unos entrantes de lujo, y de los cuatro me quedo con la burrata y su crema de tomate; soy fan de los tomates en todas sus variaciones y presentaciones, y si es crudo, mejor.

Los raviolis con su crema de setas
El bacalao confitado con pera
Vamos con los segundos: raviolis con crema de setas y queso: el toque que le da a la crema de setas el queso, la trufa que se intuye y el cebollino que se aprecia por encima del plato, lo hacen muy apetitoso. Bacalao confitado y gratinado con alioli de pera y azúcar mascavado (azúcar moreno y sin refinar) y sus gotas de aceite verde. Aunque el bacalao estaba en su punto, el aliño del alioli da como resultado un plato contundente, y aunque la pera, que parecía haber sido calentada en la plancha o confitada con el bacalao, le añadía un toque dulzón, ha resultado un plato un tanto pesado.
El solomillo con salsa de moixernos
El entrecot del Pirineo muy tierno

También pedimos entrecot del Pirineo braseado con sus patatitas asadas, muy tierno, y un solomillo de ternera con salsa moixernons (cierta clase de setas diminutas) que da como resultado una carne muy jugosa y de guarnición, brócoli y zanahoria. Y como soy poco carnívora, me quedo con los raviolis de setas y queso.

Y hoy sí que hemos pedido vino, vino de Ribeiro denominado San Clodio. Correcto.

Aunque los platos han resultado completos, hemos dejado un pequeño hueco para los postres, porque es nuestra filosofía el probarlos. Nos hemos decantado por el sorbete de mandarina, tiramisú de Jack Sparrow, torrija de toda la vida y couland de chocolate con helado de mango. Es difícil decidirse por alguno de los cuatro; como el tiramisú ha resultado con poco sabor a café y un tanto soso, doy mi voto a la torrija de toda la vida, grande y jugosa. Deliciosa.


El sorbete de mandarina
El couland con sus acompañantes

El tiramisú soso y la torrija de siempre










En contra de La bodega de los Secretos diré que nos cobraron dos euros por persona en concepto de pan y aperitivo, aperitivo que no habíamos pedido. Y aunque ya lo sabíamos porque lo habíamos visto en la página web, no deja de ser un detalle que no me gusta, aunque a cambio nos invitasen a los cafés. Prefiero que no me cobren ese aperitivo que no hemos pedido y pagar los cafés que sí nos apetecía tomar para acabar la fiesta.

Y con respecto a la indicación de los baños, comentar que este restaurante se inclinó por poner dos reseñas en lugar de una. Una de ellas con los carteles de Ladies y Gentlemen. Si me pongo a pensar en el Madrid de hace cuatro siglos, su picaresca, el intento de tomarle el pelo al de al lado que aun practicamos, el formato superformal traído de los países anglosajones me parece fuera de lugar. Por eso me quedo con la segunda acepción, en el que cabemos todos, incluso los que no se sienten aludidos por el adjetivo.

Como conclusión, un poco caro, pero muy original, un sitio para lucirse.


lunes, 16 de julio de 2018

EL BUND: Alta cocina china


ELBUND, a 14 de Julio de 2018, en la calle Arturo Baldasano nº 22, zona de Arturo Soria. Se trata de cocina china: cantonesa, shangainesa, sichuanesa, pequinesa o de Hangzhou, y escogida, como todos los veranos, por la terracita al aire libre.

El comedor al anochecer 

Nos encontramos con un chalet en una bocacalle de la calle Arturo Soria, al que le han reconvertido en restaurante con amplia terraza en dos niveles. Todo el inmueble está decorado con elementos orientales: elefantes, budas, fotos, vajillas, cerámica, … todo muy acorde. A nosotros nos sitúan en el nivel más bajo de la terraza y al fondo, junto al muro de separación con el chalet colindante, bajo un frondoso árbol y una sombrilla blanca, para que no nos caigan hojas del árbol, entendemos. Hace una noche estupenda, porque no hace mucho calor y la situación acompaña a que disfrutemos del momento.
Detalle de los dinsum de verduras y cordero


Una de las cosas que nos llama la atención cuando nos entregan la carta, es que la comida de Sichuan lleva salsa picante, y como no nos gusta mucho lo picante, decidimos preguntar por el resto de los platos antes de pedir.

Como los hay enamorados de los dimsun (especie de empanadillas hechas con una oblea de masa blanca, posiblemente de arroz y al vapor), y aunque los hemos probado en muchos sitios, nos decidimos a seguir probando estas especialidades de la cocina oriental. Según nos cuenta el chef, la masa la hace el cocinero en el momento en que se hace el pedido y es por eso que están tan jugosas. 


Detalle del shengjian y el shaomei
Nos decidimos por el dinsum de verduras, todo relleno de verduras cortadas en pedacitos muy pequeños en el que se intuye espinacas, y, tal vez, cebolleta, pimiento verde y apio, con un sabor intenso que no termino de identificar (¿tal vez jengibre?). Por el jiaozi de cordero, de tamaño más pequeño que el dinsum, menos redondo, y más hueco, pero con un relleno de cordero exquisito y servidos ambos en recipiente de madero y/o bambú.

También pedimos de entrante un shengjian shangaines relleno de carne y un toque de jengibre, con una base crujiente y sésamo, y un shaomei cantonés, a base de verduras y con una gamba en la corona, que técnicamente no es un dinsum al no estar envuelto en la oblea blanca.

Y para empezar, nos parece alta cocina china. Ni asomo de rollitos de primavera, ni arroz tres delicias, ni pollo al limón.

La pasta cortada al momento
Seguimos con los segundos platos, que también compartiremos. Empezamos con la pasta cortada en el momento y salteada, y nos encontramos con unos tallarines pero de un centímetro de ancho, cortados en varios tamaños y servidos con una salsa ligera y un toque efímero de carne, cebolla, gambas y espinacas. Nunca habíamos comido una pasta tan ancha y tan sabrosa, y se puede comer por sí sola, o acompañada de carnes, porque va bien con todo.

El arroz frito de la casa
Otro plato que nos sirvieron fue pato crujiente, (ni pato laqueado ni pato cantonés) que estaba rebozado, si es que se puede denominar así, de una masa crujiente, y servido con una salsa a parte, que yo no probé, por lo que no sé si picaba, y que preferí comerlo junto con la pasta.

Seguimos con un arroz frito de la casa, arroz blanco con trocitos de pimiento rojo y huevo, casi envuelto en una delgada oblea que parecía la masa del crepé, aunque un poco sosa. Y aunque tenía pocos aderezos, resultó un arroz muy sabroso

El cerdo a la pequinesa
Probamos también el cerdo a la pequinesa, que resultaron ser unos rollitos, pero no hechos con la masa de hojaldre, rellenos de carne de cerdo cortada en trozos muy finos, con zanahoria en tiras y otras verduras, y tal vez un toque picante, pero tan leve, que no todos lo percibimos.


Las berejenas de la abuela hirviendo
Y terminamos con las berenjenas al estilo de la abuela, cuatro medias berenjenas, supongo que asadas y servidas en una fuente de calor hirviendo, con una salsa espesa, muy oscura, que me vuelve a recordar a la salsa de ostras de los chinos de toda la vida. En su punto y qué maravilla de plato cocinado con una verdura tan humilde, porque no todo el sabor estaba en la salsa.

Quedaba hueco para los postres, y nos recomendaron los helados de la casa. Pedimos helado de te verde y de chocolate, sorbete de mandarina y tarta de tres chocolates; tal vez demasiado fría, para mi gusto, pero deliciosa.


La deliciosa tarta de tres chocolates
Y todavía alguien se atrevió a pedir un te, para concluir la jornada, y en vez de azúcar, se endulzó el brebaje con lichis (típico fruto chino con sabor parecido a la uva). Original.

¿Shangai, Pekín, Cantón? Me quedo con todo. Espectacular y no tan caro como creíamos. Mesas con manteles blancos y sus palillos (cuchillo y tenedor para los poco atrevidos), platos blancos con diseño original, sillones de mimbre, suelo de madera, camareros muy atentos a los platos vacíos (e interesándose por las marcas de los móviles que usamos), botella de agua premium... Y silencio y mucha tranquilidad; intuíamos, tal vez, que los vecinos estaban cerca, las ventanas abiertas y había que bajar la voz.



La señalización de los baños, muy acorde con el lugar. Creo que sobran las palabras porque la imagen lo dice todo: señor y señora orientales con los vestidos tradicionales de alguna cultura de China, intuyo que muy antigua, todo lujo, mucho color.

Si queréis quedar bien, y que amigos y familia se animen a probar la comida china, si no la conocen, es el sitio ideal

domingo, 10 de junio de 2018

TABERNA BALKANIKA: Bulgaria y Serbia también existen.


TABERNA BALKANIKA, el 9 de junio de 2018, en la calle Urquiza 15, a un paso de la zona comercial de la calle Alcalá.
La entrada de la taberna.Lo mejor está dentro.

Este mes nos hemos decantado por alejarnos por un momento de la comida asiática e italiana y nos adentramos a descubrir la comida que se sirve en los Balcanes, sobre todo, de Serbia y Bulgaria que sirven en la Taberna Balkanika.

Ya la entrada al restaurante impresiona, porque lo primero que nos encontramos es una especie de portal de unos ocho metros de largo, con arcos de piedra, para después descubrir el restaurante, propiamente dicho. Voy a ser un poco atrevida y decir que parece un antiguo templo reconvertido en restaurante, o una posada de hace siglos en Madrid, por la piedra y la amplitud. Es un local muy grande, para lo que esperábamos y con un decorado semejante a un mesón castellano, aunque no tan rústico. Manteles en las mesas y adornos en las paredes de trajes típicos de los Balcanes,  utensilios de cocina antiguos y dibujo de señora con traje típico.
Ensalada del chef. Todo color.
La carta que nos presentan es bastante amplia, y ahí empiezan las dudas sobre qué pedir. Y como no conocemos nada de la comida balcánica, nos decidimos por pedir de entrante una ensalada denominada del chef, que incluye cinco porciones de ensaladas de las zona, acompañadas de huevo duro, rodajas de un embutido similar al fuet, tomate (con bastante sabor a tomate), queso feta y pepino.

De las cinco ensaladas que nos presentan, una es la típica ensaladilla rusa y otra de pimientos asados que todos conocemos. De las otras tres, una de ellas de color blanco a base de crema de yogur, pepinos, ajo y eneldo (deliciosa) llamada ensalada SNEZHANKA, tipica de Bulgaria; otra, de un inusual color rojo llamada AIVAR de Serbia con una base de pimientos asados y berenjenas cortados en trozos muy pequeños; otra de ellas de un color naranja intenso llamada URNABES, también de Serbia, que resulta una crema hecha de pimientos rojos asados, queso feta, huevo duro ajo y perejil (la que más me ha impresionado).

Los deliciosos panes
Para acompañar los platos hemos pedido pan, que nosotros llamamos pan de pita, uno “normal” y otro con queso rallado por encima, panes del tamaño de un plato. Es verdad que con estos panes, para nuestra forma de comer resultan poco prácticos, porque son muy finos y no puedes ni empujar la comida ni mojar, pero estaban del todo deliciosos, sobre todo el “normal”.

Tras las ensaladas nos trajeron un plato llamado ZELEVI SARMI, que resultó ser una especie de albóndigas XXL, a base de arroz con carne picada de cerdo, envueltas en una hoja de repollo y salsa templada de yogur. Y la gracia del plato estaba en la hoja de repollo, que podría estar cocida y caramelizada, por la textura y el sabor que tenía tan atrayente, como si estuviese frita.

El SACH MIXTO todavía hirviendo
Para completar la comida pedimos un SACH MIXTO, trocitos de carne de pollo, ternera y cerdo en salsa, servido en la mesa en una cazuela humeante e hirviendo (¡como hacía chuf chuf!). Y lo mejor, los champiñones que acompañaban a la carne, y la salsa, que me recordaba a la salsa de ostras que sirven en los “chinos de toda la vida”, muy marrón y muy espesa. Si en un principio se veía que la cazuela tenía mucha salsa, cuando terminamos de servir la carne en los platos, ya se había consumido con el calor de la cazuela. De todo lo que degustamos, es lo que menos me emocionó, aunque es verdad que la carne estaba muy tierna.

Tarta de chocolate y crepé.
Detalle de la tarta biskvitena búlgara.
Y un final feliz: los postres; pedimos tarta de chocolate (con estratos de chocolate y galleta con coco), crepé de chocolate (fino, fino), tarta de chocolate blanco con coco (estratos de chocolate blanco y coco) y tarta biskvitena de Bulgaria (suave crema, galleta y caramelo). Y ocurre que en todas las comidas del juego, trato de decidir cuál de los postres me gusta más, porque siempre hay unos más apetitosos que otros; pero hoy no ha sido el caso, porque me han gustado los cuatro por igual. Un triunfo.

Y de la señalización de los baños, considerar un pro: que las imágenes griegas/romanas parecen muy acorde con el sitio. Y la contra, que al de caballeros se le ha añadido el emblema tradicional de los aseos, y la de señoras, por ende, se ha quedado un pelín coja. ¿Y esto por qué? Pues tal vez porque los que tenemos una edad, y no llevamos gafas, no distinguimos bien la silueta, y al final tenemos que preguntar que cuál es el aseo que nos corresponde. Y para ahorrar tiempo, se decide añadir el emblema tradicional al aseo que está más cerca de los comensales. Filosofía barata la mía.


Si tenéis que invitar a alguien a comer o cenar, es un sitio muy interesante y barato.