lunes, 17 de mayo de 2021

LA FONDA: Colombia en estado puro

LA FONDA, a 15 de mayo de 2021, en la calle Ferroviarios n.º 27 de Madrid, en pleno barrio de Usera. Vamos a comprobar que no es necesario ir al centro de Madrid para degustar una gastronomía de renombre, que no es necesario ir a los sitios de moda para encontrar un sitio agradable y comer platos típicos de otros países. 


Entrada en La Fonda

Local inaugurado allá por el año 1997, con una decoración bastante rústica, con mesas de madera redondas, casi todas; podríamos compararlo con el típico mesón castellano, salvando las distancias, y con muchos objetos de decoración del país. Manteles individuales de papel; cubiertos, platos y vasos modestos. 

Interior de La Fonda



Como buen colombiano, se puede degustar un sancocho (guiso a base de patatas, yuca y costilla de ternera o pollo), una bandeja paisa (comida tradicional de Antioquía, que es una especie de plato combinado a base de carne, judías, plátanos, huevos fritos y salsa hogao). Nos hemos citado pronto, porque La Fonda no admite reservas, así que, nos acercamos a la hora en la que abren, a las 13.30, y ya hay gente en las mesas. Nos sitúan en una mesa pegada a la barra, y vemos unas bolsas que llaman la atención por el color que tienen, un naranja intenso y con forma de flor, aunque no tan altas. Son Solteritas de Colombia, aunque en estas bolsas aparezca la palabra Valencia, España. Una curiosidad de La Fonda. 

Solteritas y su precioso color



 No hay carta en papel, como en otros muchos restaurantes, y hay que descargar la carta en el móvil. Mientras tanto, mientras nos decidimos por algo rico, rico, y típico de Colombia nos ofrecen un aguapanela (bebida típica de América Central y del Sur a base de agua, panela a la que se le añade un chorro de lima o limón, muy parecido al nestea) y lo vamos saboreando bien fresquito. 

Optamos por pedir dos entrantes, como siempre, y luego un segundo cada uno, pero ya nos dice el camarero que los segundos son bastante completos y que con un entrante cree que tendremos suficiente. Como siempre, hacemos caso del profesional, y pedimos únicamente un ceviche de camarones (parece que en Colombia llaman camarones a lo que en España llamamos gambas). Nos sirven un estupendo plato de gambas aderezadas con lima, cilantro y tomate, y acompañado de cebolla muy picada, rodajas de mango y finas tiras de plátano frito, con un ligero toque picante, pero tan ligero que se confunde con la intensidad del zumo de lima. Se trata de empujar tanto el camarón como la rodaja de mango con al plátano frito. Muy interesante.

Ceviche de camarones



Primer plato que probamos, y surgen las comparaciones con el resto de comidas de Sudamérica, en especial de la peruana. Y llama la atención lo fina que es la comida peruana, los cortes de carnes y pescados son delicados y en Colombia los trozos son más grandes, más bastos. Se puede comparar los pequeños trozos de la corvina del ceviche del Perú con esa gamba grandota del ceviche de camarones colombiano, y sin embargo, no sabría con cual quedarme; el ceviche colombiano me ha resultado muy sabroso y con el toque de lima menos intenso que en el peruano, lo que ha permitido saborear más y mejor el resto de ingredientes. 

De segundo nos hemos decantado por un tamal colombiano, que es una especie de pastel hecho sobre una base de hojas de plátano, y en donde se mezcla pasta de maíz con arroz, maíz en grano, patata y zanahoria cocida, y pedazos grandes de pollo y costilla de cerdo, formando esa especie de pastel que debe de pasar un momento por el horno, acompañado de una salsa de tomate y cebolla y dos arepas triangulares que sustituyen al pan. Existen en Colombia diversos tipos de tamales, según la zona, los hay bogotanos, vallunos, tolimenses, nariñences, antioqueños, y no sé que tipo de tamal sirven en La Fonda.

 
Tamal con su salsa y arepas


Tenía razón el camarero, con este tamal comen dos personas, ración muy grande y contundente..

 Y otro segundo, una sobrebarriga (lo que aquí conocemos como aleta), que es un plato de carne de ternera, fibrosa y supertierna, aderezada con esa salsa de tomate y cebolla que viene con el tamal (posiblemente salsa hogao), y acompañado de arepas, arroz, aguacate, papas y yuca. Se trata de empapar ese arroz servido a parte en esa salsa de tomate y cebolla tan estupenda y comer bocado de sobrebarriga y arroz y bocado de sobrebarriga y papa o yuca.

Sobrebarriga tierna


De las pocas veces que nos ha pasado, no teníamos hueco para el postre, aunque también hay que decir que en la carta no había tales. En un frigorífico a la vista, había helados, pero nada de postres caseros. Y como nos han llamado la atención las Solteritas, nos llevamos a casa un paquete, que junto con su salsa, degustaremos tranquilamente otro día. 

En definitiva y como conclusión, la comida colombiana es bastante contundente, y servida en grandes cantidades. Cuando salimos, había como unas diez personas esperando para entrar; parece que es muy buena señal de la estupenda calidad de la comida que ofrecen, aunque hay algunas críticas en internet que hablan de la tardanza en ser atendidos o el mucho tiempo de espera.

Lo bueno de la experiencia de mayo, lo cerca que está de casa y lo abundante y sabroso de los platos. Lo peor, lo contundente del condumio que no nos ha permitido probar el postre, si es que lo había, que me imagino que sí.






miércoles, 21 de abril de 2021

GAMAN DE LUIS ARÉVALO: Discreto toque picante

GAMAN DE LUIS ARÉVALO, a 17 de abril de 2021, en la calle Ferrer del Río n.º 7 de Madrid, por la calle Francisco Silvela.

Se trata de un restaurante cuya cocina se basa en esa fusión que se puso de moda hace algunos años entre los platos japoneses y peruanos, lo que se llama cocina nikkei.

Luis Arévalo, peruano de nacimiento, ha trabajado en Chile, Suiza, para terminar recalando en Madrid, formando parte de ese exitoso proyecto llamado Nikkei 225, restaurante de los primeros que visitamos allá por 2010, mas o menos.

Logotipo de Gaman

La cocina de Gaman tiene como principios básicos el sabor, el aroma, el frescor y por supuesto, la técnica con que se elaboran esos productos de temporada.

Por esa mezcla de cocina peruana y japonesa podemos encontrar ceviches, tartares, gyozas, niguiris, rolls, atún, aguacate,…

Nuestra reserva se encuentra dentro de la sala, sala decorada con colores tierra que parecen pedir calma y sosiego, aunque también hay mesas en el exterior, como manda la situación a la que nos aboca el bicho.

Nos encontramos con un salón relativamente pequeño, pocas mesas para lo que esperaba encontrar en alguien que había trabajado en Nikkei 225. Servicio muy atento, explicando los ingredientes de cada plato. Palillos para comer, copas para vino y servilletas de tela.

Interior de Gaman


Como siempre, nos preguntan si queremos tomar algo de aperitivo, nos ofrecen cerveza, pisco, e inmediatamente decimos que sí, que nos apetece un pisco fresquito. El pisco es un aguardiente elaborado en Perú y Chile con la destilación de la uva, pero sin la crianza en barricas de madera. A la vista, un pisco podría confundirse con un vaso de limonada, por el color, pero el que nos sirven en Gaman no tiene nada que ver con el limón y sí con el vino y su posible estado de contento a futuro (no sé si me he explicado bien). Menos mal que junto con el pisco, nos sirvieron de acompañamiento unos edamames salteados con escamas de sal, sésamo tostado y ajo frito. Los edamames son las vainas tiernas de la soja hervidas con sal, con un resultado muy sabroso para el haba interior y mucho más cuando lo envuelves en esa salsa rosada.

Edamames verdes con salsa


Entre trago y trago de pisco, y cada vez más eufóricos y sonrientes, nos van sirviendo poco a poco el menú degustación, cuyo primer plato consiste en unas gyozas de langostino cocidas al vapor con curry japonés y huacatay. Las gyozas son empanadillas japonesas hechas de masa de harina de trigo, maicena, agua y sal, y cuyo relleno da para muchas variedades: cerdo, marisco, pollo, champiñones... Dan mucho juego. Para mi gusto, al ser cocidas al vapor, quedan un poco sosas, aunque la salsa huacatay, que es una hierba aromática con un sabor parecido a la albahaca, le da más sabor. Cogimos la gyoza con una cuchara acompañado de esa salsa con huacatay, en la que intuimos ají picante, y no resultó tan sosa.

Gyozas de langostino


Continuamos con un saam de corvina, con reducción de sudado de pescado y encurtidos, servidas sobre unas hojitas de lechuga. Se trata de un pequeño bocado de corvina marinada sobre esas hojas de lechuga y que se come envolviendo el saam en la lechuga, y así bocado a bocado. Y coronando el saam, lo que parecen unas patatas paja.

Saam de corvina


Seguimos con un plato humilde y simpático, un jurel (ese pescado azul conocido también como chicharro) con guisantes, sitakes (esas setas de color marrón tan sabrosas de origen en el Asia oriental) sobre crema de miso (es una pasta que se obtiene a partir de soja, sola o acompañada de algunos cereales, como arroz, cebada o centeno, fermentada con sal marina). Nos encontramos con varias lonchas de jurel sobre una salsa color mostaza y láminas de sitakes, y sobre el pescado, algunos guisantes. Un contraste estupendo, aunque fue uno de los platos que más picaban.

Jurel con sitakes


A estas alturas ya nos percatamos de que la comida nikkei, no sé si toda pero sí la de Gaman, pica bastante y que el pescado está crudo y aderezado con distintas salsas. Además, con cada nuevo plato, nos cambian la cuchara con la que coger el bocado y la salsa que lo acompaña; para no dejar ni una gota.

A continuación nos sirven un tiradiro de hamachi (que es un pescado bastante graso muy utilizado en Japón) cortado muy fino, con erizo de mar y emulsión de jalapeños y sisho. Parece que el plato tiene un toque del conocido wasaby y viene acompañado de daditos de lo que parece batata o zanahoria, por el color naranja que tiene y el dulzor que se saborea. Delicioso.

Tiradito de hamachi


Ya se sabe, menú degustación, platos grandes o de diseño (ver las fotos) y bocado pequeño, pero sabroso. Así que vamos con las ocho piezas de sushi variado y a gusto del chef, entre los que encontramos una lubina con cremoso de aguacate y tabasco y el atún con tallos de wasaby al momento, y acompañados de esa salsa de soja en la que mojar los preciados bocados. 

Sushi de lubina y de atún


El sushi de calamar con miso y el salmón flameado con chalaquita (mezcla de pescado tomate, cebolla y ajonjoli, por ejemplo) y su toque picante. 

sushi de salmón flameado


Otros más, el tartar de vieira con cebollino y el pez mantequilla (uno de los pescados más sabrosos y delicados que he probado) con ese toque picante que se va enseguida del paladar. 

sushi de vieira y de pez mantequilla


Y más, el salmonete con escabeche de cebolla (éste no pica) y el batallaqui de calamar (especie de maki, esa delicia envuelta en alga negra nori) relleno con las patitas salteadas del calamar con mantequilla y ajo, muy blando y sabroso.

Sushi de salmonete

Batallaqui de calamar


Y antes del postre, terminamos con un temaki de atún marinado o gamba cristal. Sobre el plato una especie de cucurucho en el que se aprecia el atún, el arroz, el aguacate y esas minúsculas gambas cristal, que podrían ser camarones, con el siempre toque picante. Delicioso. Y para concluir con los platos principales, y a destacar que no es un pescado como los anteriores, una panceta glaseada en chicha morada y puré de papa seca, con su cebolla morada, con un toque entre dulzón y picante, tal vez por lo que se intuye salsa de soja y rocoto (o ají picante).

Temaki de atún marinado

Panceta glaseada


Yo, que no soy de picante, los platos de Gaman me han resultado muy gratos al paladar, sabrosos; una experiencia muy interesante.

Para concluir, el postre, un helado de copoazú (que es cacao blanco de Brasil, en este caso) con mango, y sopa de café. Diferente.

Helado de copoazú


lunes, 29 de marzo de 2021

CHIRÓN RESTAURANTE: Minimialismo impactante y la forma de presentación

CHIRÓN RESTAURANTE, a 27 de marzo de 2020 en la calle Alarcón 27 de Valdemoro, en pleno centro de la localidad.

Como seguimos parcialmente encerrados en nuestras casas o localidades porque el bicho sigue entre nosotros y no nos han vacunado para poder empezar a tener una vida medianamente normal, vamos a tirar la casa por la ventana y a darnos un homenaje en un restaurante con una estrella Michelín.



Chirón Restaurante basa su gastronomía en platos de la cultura madrileña y de las dos Castillas. Existen varios menús degustación, cuya diferencia principal estriba en el número de platos y precio, claro, y cuya materia prima se quiere que provenga esencialmente de esta zonas. Se intenta dar prioridad a productos de la zona de Las Vegas madrileña, por lo que han ideado los menús denominados Jarama, Tajuña y Tajo.

Partiendo de la gastronomía castellana y recetas tradicionales, nos transportan a nuevos sabores de la tierra con influencias de platos del resto del mundo.

Cuando se realiza la reserva, ya tienes que decidir cual de los menús quieres reservar, así que, sin complejos, nos decidimos por el Menú Degustación Tajo, el más completo, con 10 aperitivos, 7 platos, 2 postres y un dulce final.

Chirón Restaurante está situado en el centro de Valdemoro, en una primera planta de un coqueto local, con una decoración en las paredes de esbeltas aves en tonos muy cálidos y una cristalera de vivos colores en el techo que le da al local cierta alegría. Manteles y servilletas de tela, cada plato servido en un plato o soporte de distinto diseño (ver las fotos), cambio de cubierto con cada plato y mesas auxiliares para servir a las mesas los complicados platos. Camareros muy en su papel, explicando la composición de cada original plato y siempre listos para llenar los vasos, tanto de vino como de agua (botellas de agua con la etiqueta del propio restaurante), según la elección de cada comensal.



Tras la pregunta de si queremos tomar algo antes de empezar con el menú degustación, pedimos vermut blanco y cerveza, y nos sirven vermut Zecchini y cerveza La Verbena, ambos aperitivos elaborados en el mismo Valdemoro.

Para comenzar nos sirven una aceituna de gran tamaño y con relleno de un souflé de vermut del propio Valdemoro, en el que la acidez de la aceituna se come un tanto el sabor del vermut; una crema templada de alcachofas con vainilla y pipas, muy suave y con aspecto de souflé (se ha obtenido esa textura porque se ha servido la crema a través de un sifón); y una croqueta muy delicada de jamón ibérico. Increíble la combinación de sabores entre la crema de alcachofas y la humilde pipa, hay que comprobarlo.



Continuamos con una pequeña/gran sorpresa, degustación de una selección de aceites de Madrid, un arbequina de Villaconejos de un color entre verde y dorado, un changlot real de la huerta de Carabaña y un aceite de cosecha temprana de picual de Villarejo de Salvanés. Lo acompaña un precioso y tierno pan de masa madre en el que empapar el rico y espeso aceite. Puro deleite el arbequina.



El siguiente y sorprendente plato es una infusión o caldo que se realiza en la misma mesa. En una especie de tetera se introducen hierbas como tomillo, romero, apio fresco, naranja seca, jengibre o piparra (guindilla de carne tierna y piel fina) a la que se añade un caldo hecho a base de conejo, perdiz y liebre aderezado todo con aceite ahumado de Santa Cruz de Retamar. Se sirve su punto, con una temperatura perfecta, entra muy bien. Al tiempo que se organiza el caldo de caza, nos colocan en la mesa un tasajo de ciervo (una pequeña loncha) y una colección de verduritas encurtidas y crudas, como una lámina de zanahoria, un mini pepinillo o una rodaja de nabo junto con una escasa flor de coliflor, todo ello para contraste del sabor con el caldo de hierbas y caza.


Continuamos con las sorpresas y sobre una especie de rama de árbol con tres bandejitas, nos encontramos con un especial bocadillo de calamares, que más bien parecía un trozo de shusi, servido en frío y con un perfecto sabor de marisco; un cocido de taba con su hierbabuena y su carne y con presencia de humus de garbanzos; y una rosquilla de morteruelo suave y delicada.



Y llega el yogur de morcilla, servido en un tarro de cristal de los antiguos yogures, con suave puré de patata, y una morcilla a la vez dulce y picante, dulzor que le da la manzana con la que se ha condimentado.



Seguimos con la ostra de mojete con tomates semisecos y pepino encurtido y servido en la mesa con un helado de tomate en polvo y aderezado con unas gotas de delicioso aceite.



Otro plato, el guisante lágrima con un pil pil de berberechos, servido en caliente y con un gran berberecho en la cima del pequeño plato.



Llegamos al conejo de campo servido en un escabeche de algas de un color verde intenso, y acompañado de pequeñísimo camarones fritos. Nos encontramos con 5 pedacitos de conejo y guisados de dos formas diferentes, unos como a la plancha y otros como una especie de mini albóndiga. Muy original y sabroso.



Vamos con el soldadito de Pavía, que para quien no lo sepa, es una tajada de bacalao rebozado, y en este caso servido en una caja de madera y con una cama de lo que podría ser a simple vista virutas de madera, pero que en realidad son como obleas cortadas en tiritas muy finas. La fritura del bacalao muy ligera, de tal forma que se deshacía a cada bocado. Ese soldadito de Pavía, se dice, se comenta, que nació en la famosa tasca Casa Labra de Madrid.



Siguiente: una mini cazuela con unos sabrosos y ligeros callos de bacalao a la madrileña, con ese suave toque picante, y digo ligeros porque no tenían esa dureza que a veces tienen los callos de ternera. Un manjar para quien le guste el sabor intenso de los callos.



La merluza no puede faltar en un menú degustación, y en esta ocasión nos presentan una rodaja pequeña del estupendo pescado con una base de pimientos del piquillo y una salsa de los mismos pimientos, y aderezado en la superficie con ese polvillo negro que deja el pimiento al ser asado. Delicioso.



Continuamos con el arroz de mar y monte, ya se sabe, carne y pescado, con carne que parece de caza y aderezado con hierbas del litoral; va acompañado de un pequeño tasajo de liebre y una salsa muy espesa entiendo que elaborada con la cocción de los animales de caza.



Terminamos los diez aperitivos y los siete platos platos con un estupendo lomo asado de ciervo con parmentier de patata y trufa. Deliciosas las cremas que acompañan al venado.



A estas alturas sentimos que aunque los platos son pequeños, estamos llenos y satisfechos con todo lo que nos han servido. Incluso la camarera nos da la enhorabuena por cómo hemos dejado los platos, entendiendo que hemos probado todo, todo, que nos lo hemos comido todo, todo; en mi caso, incluso los guisantes.

Pero todavía quedan los postres y nos sorprenden con un mojito de melón y anís de Chinchón, con hierbabuena y lima, servido en vez de en vaso, en una especie de probeta, y sobre una fuente que emite una especie de vapor, que poco a poco va llenado la mesa. Espectacular la presentación, lo mismo que el sabor de la combinación del melón y el anís, más a melón que a anís, todo hay que decirlo.


Este mojito de melón se he presenta en dos formas, la líquida vista en la foto de arriba y otra más sólida, servida en una especie de sartén de cristal; sobre una base de chocolate blanco y una crema gelatinosa de anís más empalagosa, se han colocado las bolas de melón. Las hojitas de hierbabuena que no falten.



Y qué decir del huevo thai; sobre una fuente nos presentan lo que parece un huevo crudo, que resulta ser una especie de cáscara de chocolate y dentro un crema de coco, hierbas frescas y vainilla, haciendo de clara y una crema como de curri haciendo de yema. Todo un descubrimiento la mezcla de sabores y colores. 




Todavía les queda un pequeño hueco para un dulce final, que consiste en un pastelito de almendra, una nube de violetas y una gominola de frambuesa. Un detalle agradable.



Hacía tiempo que no disfrutábamos de una comida tan especial, en la que todos los platos tuviesen una nota de sobresaliente, y prácticamente, ningún pero.

Un último comentario, después de esta super experiencia, la señalización de los aseos, que resultó correcta, no ha lugar comentario alguno. Y fijarse bien en todos los recipientes en los que se sirve la comida, que son impactantes.

martes, 9 de marzo de 2021

SA BRISA: sabor de mar y aguacate

SA BRISA, a 6 de marzo de 2021 en la calle Menéndez Pelayo n.º 15, por la preciosa zona que rodea el parque del Retiro, ese pulmón de aire y encanto en el centro de Madrid, con sus grandiosos e históricos árboles, aunque ahora algunos un poco deteriorados después del paso de Filomena, esa tormenta de nieve de primeros de enero. Después de dos meses sin poder disfrutar de nuestras rutas gastronómicas porque el bicho nos sigue maltratando, volvemos a salir, eso sí, con todas las precauciones, para saborear platos sabrosos y auténticas obras de arte en su presentación.
Nos encontramos con un restaurante inaugurado en 2018, de cocina mediterránea, que trata de recuperar platos tradicionales de la gastronomía ibicenca, fusionados con platos de otras culturas, sobre todo asiática y sudamericana, y entre las que se puede encontrar el bullit de peix (guiso de pescado), o una espardeña (o pepino de mar) rellena de sobrasada. Desde la mesa en la que nos sientan, podemos ver la cocina en la que trabajan siete cocineros. Servicio muy atento, platos de diseño, servilletas de tela blanca, luz tenue, decorado suave, ambiente cálido...
Después de pedir vermut y cerveza, que vienen acompañados de unas patatas fritas con pimentón de aperitivo, nos descargamos la carta en el móvil. Se hace muy difícil escoger un plato, la oferta es bastante amplia y sugerente. La carta está dividida en varios apartados, una de ellas que han denominado Menu ibicenco lo que podría ser un menú degustación, embutidos y quesos de Baleares, Los Clásicos de Barra o las típicas raciones, Los Clásicos de Sa Brisa, Los más sanos en la que se incluyen las ensaladas y las verduras, pescados, carnes, menús para niños, el Mundo Dulce y sus postres o la Bodega. 

Como no queda más remedio que elegir, nos decantamos por las croquetas con sabores de Ibiza y del mundo, esas croquetas suaves y melosas servidas en una especie de árbol metálico y acompañado de sus salsas. Hay que degustarlas en un orden determinado, según nos indica la camarera, así que empezamos por la croqueta de coliflor acompañada de salsa de parmesano, después la de bullit de peix con alioli y perejil y para terminar croquetas de costilla de cerdo con salsa barbacoa. Muy logradas las dos últimas, porque las de peix tenían el toque del pescado y las de costilla de cerdo se notaba la tierna carne en cada bocado.
A continuación nos sirven las quesadillas de gambas con guacamole. Se trata de una torta de trigo doblada, podríamos decir que parece una empanadilla grande abierta, en la que se deshace esa delicada crema de aguacate, trozos de gamba templada, cebolleta, cilantro y mozarella, acompañada de salsa de achiote (esa salsa un poquito picante y un poquito dulce al mismo tiempo). A destacar el soporte de diseño en las que nos las sirven, imagino que especial para estas quesadillas. (Mejor ver la foto).
Terminamos los entrantes con una gamba roja pequeña sobre taco de lechuga con daditos de tomate, cebolleta, aguacate y mayonesa de chipotle. Y es eso, sobre una base de una hojita de lechuga pequeña, se entremezclan el cremoso aguacate, tomate, gamba y mahonesa de chipotle, (pimiento originario de México que da a los platos un sabor entre picante, ahumado y agridulce), aunque en el caso de esta delicia no se apreciaba apenas ese toque picante.
De los segundos platos, a destacar un arroz meloso acompañado de tiras de secreto ibérico en su punto, tierno y jugoso, aderezado de canela, clavo y pimienta de Jamaica. Aunque en un principio nos pueda parecer que la canela, con ese sabor tan característico, no es un sabor que combine con el arroz, esta plato de color marrón que le da la especia ha sido un auténtico lujo que invito a probar.
Otro plato que degustamos fue la ensalada payesa ibicenca con peix sec de Formentera, a base de tomate y pimiento rojo, aunque para mi gusto tenía un exceso de pimiento rojo demasiado crudo y los tomates, demasiado grandes en su presentación para que inviten a probarlos. Aunque esos trocitos de pan sobre la ensalada le daban un toque singular.
Los postres, que no pueden faltar en nuestras comidas, y a los que siempre hay que dejar hueco, y que son el punto de prueba de todas las gastronomías, hoy optamos por una torrija Ibicenca, hecha a base de queso de cabra, helado casero de higos secos y almendras y caramelo endurecido por encima, de tal forma, que costaba trabajo partirlo y meter la cuchara. Una vez que partes la torrija, nos encontramos con una suave crema de queso, aunque un poco empalagosa por el caramelo.
El otro postre es un flao, postre típico de Ibiza, a base de queso de cabra con mezcla de hierbas ibicencas y helado de licor. Sobre una base de galleta, una mezcla de queso de cabra, hierbas y hierbabuena, que tenía todo el aspecto de una tarta de queso pero de un color tirando a verdoso y de con un sabor muy conseguido es mezcla tan singular.
Por último la señalización de los aseos; nada original aunque sí muy claros en lo que se quiere indicar.