lunes, 29 de junio de 2020

GASTRO JAMES: Arroz Señoret en su punto


ST. JAMES, GASTRO JAMES, a 27 de junio de 2020, en la calle Rosario Pino n.º 14-16, muy cerca de plaza Castilla, porque así, entre edificios altos, si divisa una de las Torres Kio, uno de los emblemas arquitectónicos de Madrid.
Dejamos aparcado por unas horas al bicho, al llamado coronavirus, para intentar recuperar un poco de nuestra antigua vida, esa que nos parece ahora tan lejana, esa en la que íbamos a jugar y disfrutar una vez al mes con los cubiertos, a disfrutar de una velada gastronómica. Vamos a intentar recuperar poco a poco una nueva normalidad, esa que tanto echamos de menos.
Y para continuar con nuestras visitas a los restaurantes diferentes, esos que forman parte de nuestro juego hemos escogido una terracita, porque ya se ha echado el calor encima y apetece comer al aire libre, después de tanto encierro.
La entrada a la terraza de Gastro James

La llegada al Gastro James se hace bajo una especie de alfombra de césped artificial, y macetas a los lados; al fondo las mesa de madera bajo sombrillas blancas para protegernos del sol. Hace calor, y bajo la sombrilla se está bien, pero mucho mejor cuando al cabo de unos minutos el sol se esconde detrás de los edificios y se queda una brisa muy agradable, brisa que no impide comer muy a gusto.
Mesa de madera que previamente ha sido desinfectada, nos sentamos, y al poco nos ponen mantel blanco, plato, cubiertos mientras pedimos cervecita y vermut. Para acompañar, nos sirven una crema de queso con tres colines y una quiche de atún muy delicada y sabrosa. Y sin preguntar preferencias, barrita individual de pan blanco para uno y de semillas para otro.
Aperitivo de crema de queso y quiche de atún

Nos traen esa carta que hay que ver con el móvil, y también nos la traen en papel (mejor así para los que la tecnología no es nuestro fuerte). Vemos que la mayor oferta la tienen en arroces y paellas, pero el camarero nos comenta que, fuera de carta, tienen almejas, berberechos y coquinas con su salsa de limón.
Almejas en salsa de limón

Como entrante nos decimos por unas almejas cocinadas con una delicada salsa de limón y un cierto toque picante, y servidas con cilantro, esa hierba tan aromática parecida al perejil. Muy tiernas y sabrosas.
Y de segundo, de entre todas las paellas y arroces que nos ofrece la carta, arroz con bogavante, con boletus, con verduras, con marisco, negro, a banda, arroz meloso, paella valenciana,... nos decidimos por el Arroz Señoret, en el que destaca sobre la paellera, el arroz con ese color tostado y las judías verdes planas, aunque, además, tiene gambas, pollo, magro de cerdo, mejillones y calamares, y servido con una salsa alioli presentada en una salsera para que cada comensal se sirva a su gusto. Un valenciano diría que es un arroz con cosas, y los que no somos de Valencia, diríamos que es una paella mixta, pero lo cierto es que estaba en su punto.
Arroz Señoret

Sitio para el postre; esta vez queremos probar la tradicional tarta de queso, servida con mermelada de frambuesa y un crujiente y cremoso de chocolate con suzette de frutas y sorbete de frambuesa. Se trata de, digamos, dos empanadillas de ligerísimo hojaldre de forma triangular (tipo sambosas etíopes), con relleno de chocolate negro algo amargo y acompañado de frutas en almíbar cortadas en dados pequeñitos y con un toque de canela, y a su lado, el sorbete de frambuesa. Y todo adornado con azúcar glas.

Tarta de queso
Crujiente de chocolate







Servicio atento, todos con mascarillas y distancias entre mesas. Hemos pedido una botella de agua, que nos la han servido en una cubitera como si fuese cava. Cuando me he querido servir más agua, me he tenido que levantar porque desde donde estaba sentada no llegaba, y al verme el camarero, me ha dicho de broma, que ese era su cometido y que le quería quitar el trabajo. La anécdota del día.



Y la señalización de los aseos, me ha resultado muy elegante y original, me atrevería a decir que sublime.


domingo, 8 de marzo de 2020

NURIA es injera y vino de miel


NURIA, a 7 de marzo de 2020, en la calle Manuela Malasaña n.º 6, zona glorieta de Bilbao y aledaños, comercial y de mucho tapeo.
Seguimos con el juego de los cubierto, pero en plan “remenber”, repitiendo esos sitios que, antaño, más nos llamaron la atención. Este mes nos decidimos por un restaurante etíope que ya visitamos en septiembre de 2014, y nos dejó una muy grata impresión, una comida sabrosa, servida de forma diferente y en la que no se utilizan cubiertos, se come con las manos utilizando unas obleas de pan con las que empujar la comida.
Mesob etíope en el que se sirve el menú degustación

Como siempre, nos preguntan que si queremos algo de beber; preguntamos que si tienen alguna cerveza o algo típico de Etiopía, y como resulta que no tenían cerveza de allí, nos han ofrecido vino de miel, oferta que hemos aceptado. Nos lo han servido en una botellita pequeña y de cuerpo rechoncho, sin vasos, y sólo una botella, nos propone el camarero, porque primero había que probarlo, por si no nos gustaba. Y sí, es un vino especial, con un grato sabor a miel. El camarero no se ha quedado muy convencido, porque a mí me ha ofrecido una cerveza, (supongo que española) y le he dicho que no, que seguíamos con el vino de miel.

Botella de vino de miel

El menú degustación que nos han servido, en esa especie de cazuela de juncos de colores, es la base de la comida etíope, con pollo, cordero, ternera y verduras, todo ello guisado, cada plato con su salsa especial y servido en un bandeja como la que usan lo camareros para servir las bebidas, y encima de la bandeja una fina capa de injera, una especia de crepé o pan plano hecho de un cereal que se cultiva en Etiopía, que se llama teff, uno de los cereales más pequeños que existen. Y sobre la injera, el guiso de carnes y verduras, en porciones separadas y acompañado, además de lechuga, tomate, queso fresco, patatas hervidas, puré de lentejas y zanahorias.

Menú degustación de NURIA

Además de la injera sobre la que se coloca el guiso, la bandeja viene acompañada de una injera para cada uno aparte, que sirven a modo de cuchara: se corta un pedazo de injera, pongamos que del tamaño de un billete de cinco euros, y con ella se envuelve la comida y se lleva a la boca. Con las manos, sin accesorios, y después, un trago de vino de miel.
Hemos empezado a cortar pedazos de injera y a envolver los distintos tipos de comida con ella, ahora el pollo, ahora el huevo, ahora esa ternera cortada en trozos pequeños y algo picante, ahora patata; y así lo hemos comido, saltando de sabor en sabor.
Así se come en un etíope

Con el menú degustación podíamos escoger un entrante y éste han sido unas sambosas, esa especie de empanadillas triangulares de masa hojaldrada frita rellenas, esta vez, de carne picada y de lentejas, y servidas con una salsa algo picante.
Sambosas de carne y lentejas con salsa picante

Junto con el menú degustación nos han servido de postre unos rollitos de hojaldre con miel, típicos de la cocina árabe, con trocitos de pistacho. El hojaldre estaba muy bien conseguido, con las capas nada apelmazadas y en los que se notaba el intenso sabor de la miel. Algo contundentes.

Rollitos de hojaldre y miel

NURIA es un restaurante sencillo, decorado con elementos de la cultura etíopes, con servicio de camareros muy ambles, pero que nos han traído la cuenta antes de pedirla y que incluso no nos han preguntado si queríamos café. Y es extraño, porque la cultura del café está muy extendida y arraigada en Etiopía, café que suele ser de muy buena calidad, y combinado con cardamomo, más aromático todavía. Ha resultado, cuanto menos, curioso, aunque, tal vez tenían demasiadas reservas para el día de hoy.



Para terminar, la señalización de los aseos, correcta y muy aclaratoria en el baño de las chicas, con puertas pintadas de rosa-rosa, porque en el de los chicos, no había puerta. Otra de las curiosidades del local

domingo, 16 de febrero de 2020

MERCATO BALLARÓ: Sicilia acogedora y dulce


MERCATO BALLARÓ, a 15 de febrero de 2020, en Santa Engracia nº 24, zona de Alonso Martínez.
En este segundo mes de febrero hemos decidido jugar a los cubiertos y al “remember”, es decir, volver a visitar esos restaurantes que a lo largo de los años nos han dejado huella, por sus platos, por el ambiente que se respira, por el trato... y comenzamos por este Mercato Ballaró que ya visitamos en enero de 2014 y que tanto nos gustó, esa comida italiana de la zona de Sicilia, o esa cocina marinera de la isla del sur de Italia.


La entrada a Mercato Ballaró

El nombre del restaurante se debe al más antiguo mercado de Palermo, con base de platos de raíz popular, marineros y sobre todo, platos de temporada, en el que destaca esa unión de pasta y pescado. A destacar, chipirones, mejillones, berberechos,…
Nos encontramos con un restaurante con dos alturas, la de abajo junto a la barra, con algunas mesas y taburetes altos, algo más informal y la de arriba, en donde nos sitúan a nosotros, muy acogedora ventanas con macetas y plantas por donde entra el sol. Un gran espejo en la pared del fondo hace que el sitio parezca más grande. Mesas con manteles, servilletas y platos blancos, con adorno de jarrón con florecillas, y que poco a poco se empieza a llenar.


Interior del restaurante

Nos traen la carta, que viene acompañada con los platos del día, que es en los que más nos fijamos; el camarero al mismo tiempo nos pregunta se queremos algo de beber. Al ver que en la carta tienen spritz aperol (cava, aperol, soda, rodajita de naranja y hielo), nos pedimos dos que nos lo traen bien fresquitos y acompañado de un paté de aceitunas exquisito y rebanadas de pan, diría que de pueblo, miga esponjosa y corteza algo dura. 


Un spritz aperol fresquito


Dentro de los platos del día sorprenden tres de nombres curiosos, que son la ensalada de Enma Suaréz (la actriz), el carpaccio de Manuel Vicent (el escritor), y la sopa de Jordi Socias (fotógrafo). Le preguntamos al camarero por estos platos y nos cuenta que los tres son bastante asiduos de este restaurante. Nos dejamos aconsejar por el camarero y de lo que nos ofrece la carta, nos decidimos como entrante y a compartir, por el carpaccio de Manuel Vicent. Se trata de un carpaccio de corvina salvaje (pescado blanco muy voraz) cortado en láminas muy finas, casi transparentes, acompañado de berberechos y trocitos de pistacho, con un toque de cítricos y lascas de trufa negra, que le da a los platos ese sabor tan intenso y especial. Para mí lo mejor del menú, esa delicadeza de la corvina superfina, con la mezcla del cítrico y la trufa resulta en la boca un auténtico manjar.

El carpaccio de corvina

De segundos nos hemos decidido por una lasaña de tres carnes, con su besamel y una corteza, supongo que de queso gratinado, realmente casera y sorprendente. Regada al gusto de parmesano reggiano le ha dado mayor sabor a la ya de por sí sabrosa lasaña.


Lasaña tres carnes

Y unos linguini a la carbonara con trigueros, crema de trufa negra y papada de cerdo. Los linguini son lo que podríamos denominar tallarines, aunque yo creo que un poco más anchos que los que comemos en España, y en este caso vienen acompañados de pequeños trozos de espárragos trigueros, con su característico sabor, y una crema de nata y trufa negra, que le daba al plato un color anaranjado, y un sabor peculiar esa mezcla de trigueros y trufa. Muy interesante.


Linguinis de trigueros y papada de cerdo

Le comentamos al camarero que habíamos pedido para compartir un plato de mejillones de la tierra, de Sicilia, también llamados “cozze a la palermitana”, y que no nos lo habían puesto junto con el carpaccio. El camarero nos dice, que con los que habíamos pedido creía que teníamos suficiente, y que el carpaccio sustituía a los mejillones, a lo que le hemos dicho que, vale, que no los trajera, porque era verdad que con la pasta y el carpaccio teníamos suficiente, y que queríamos probar los postres. Es una manera de valorar la profesionalidad de los camareros, que, a su modo, ha evitado que un plato, el de mejillones, no sea valorado en su justa medida, porque no habríamos podido con él.
Vamos con los postres, y si estamos en un italiano, no puede faltar el tiramisú, servido en un platillo hondo de postre, con un queso mascarpone suave y bien batido, poca galleta, aunque poco sabor a café. Y los cannolos, dulce típico de la región de Sicilia, ese tuvo de hojaldre frito y relleno de suave crema de queso ricota con un ligero sabor a limón o vainilla.

El tiramisú y el cannolo detrás

Como colofón, comentar que las más de las veces, cuando hemos repetido una segunda visita a un restaurante que nos había gustado mucho, esa segunda vez habíamos quedado algo decepcionados; el buen recuerdo de la primera visita se diluía con la realidad de lo que consideramos inferior calidad en la segunda visita. No ha sido así en el caso de Mercato Ballaró, porque las expectativas que llevábamos preparadas han quedado superadas.

Nos queda la señalización de los aseos, muy sencilla y a la vez elegante acorde con el sitio en el que estamos.



sábado, 18 de enero de 2020

MONSIEUR SUSHITA: Contraste de sabores


MONSIEUR SUSHITA, a 18 de Enero de 2020, en la calle Velázquez 68, pleno barrio de Salamanca.
Comenzamos un nuevo año y seguimos jugando con los cubiertos, y en este mes frío nos hemos decidido a probar un restaurante que se define como japo-marroquí. Promete ser una combinación interesante, porque ofrecen shusis, samosas (que se hornean y no se fríen), humus, dim sun, ensalada de wakame, sopa miso, pastela, tataki de atún, makis, poké hawaiano, tiraditos, ceviche; es una carta muy amplia.
La entrada al restaurante llama la atención por su decorado con lámparas de lágrimas y muchas luces, manteles muy blancos y muchas plantas; parece una decoración muy glamurosa; como para gente guapa. 
Interior de Monsieur Sushita
Nos ha llamado la atención el que a las dos de la tarde, hora de nuestra cita siempre a todos los restaurantes, en el día de hoy el local esté muchas de las mesas ya ocupadas, y las personas ya comiendo; señal de que hace tiempo que han llegado, lo que me induce a pensar en que es un local de moda en la zona.

Se puede decir que el restaurante tiene tres ambientes, dos en la planta baja y otro en la parte de arriba. A nosotros nos sitúan en un espacio muy cerca de la cocina, cocina con no menos de ocho cocineros y a la vista, todos ellos vestidos de negro con su correspondiente gorrito, también negro y en el que se adivinan cocineros de distintas nacionalidades. La decoración en esta parte es curiosa, ya que no tiene ningún cuadro y es la pared la que está pintada con ramas y hojas, diría que muy al estilo oriental.
Cuando nos traen la carta, pedimos vermut y cañita. No debe de haber platos fuera de carta, ésta ya de por sí extensa, ya que el camarero no nos comenta que lo haya. Así que nos toca escoger.
La carta está dividida en entrantes, a compartir, especialidades, makis, pizzas… Y nos decidimos por una de cada.
Empezamos por el maki roll de bogavante en tempura. Se trata de una base sólida muy blandita y suave, con un pedazo crujiente de bogavante en la cima, aderezado con mayonesa y cebollino; delicioso al paladar. Le acompañaba el pedacito de wasabi y el jengibre, para darle más sabor a la salsa de soja que nos han servido en un platito a parte, y que no hemos tocado.


Maki de bogavante
Hemos empezado en plan japo y vamos a seguir con unas samosas de pollo de corral al horno con salsa de aguacate y lima. Las samosas son una especie de empanadillas triangulares con base de hojaldre, típicas del sur de India, y que aquí están rellenas y bien rellenas de carne de pollo, suave y blanda. Le acompaña una salsa delicada de aguacate y lima; muy agradable la combinación.

Samosas de pollo con salsa de aguacate 

No podía faltar la pastela, que en este caso era una pastela de pato confitado con salsa de manzana, y no la típica pastela marroquí de pollo y almendras. La pastela de Monsieur Sushita está hecha de hojaldre crujiente por fuera y relleno con el pato desmigado y pasas dulces, que estaba realmente deliciosa. Es muy de destacar el contraste del sabor dulce de las pasas, con el del pato y el hojaldre salado, que junto con la compota de manzana con la que lo ha regado el camarero por encima, resulta muy llamativo y sabroso.

Pastela de pato confitado
Terminamos con un tataki de atún al carbón con chips de kale, o pequeñas rodajas de atún, del grosor de medio dedo, aderezado con lo que me ha parecido salsa de soja y sésamo. Le acompañaban chips de kale, que es una planta de hoja muy verde, de la misma familia que el repollo, y que es como una col rizada y muy verde, aunque el sabor me hace recordar a las algas. Me ha sorprendido muy gratamente este nuevo alimento del que desconocía su existencia.
El tataki de atún con el sabroso kale
Y para terminar, no puede faltar nunca el postre. Pedimos una tarta de queso, redonda con su base de galleta, regada con sirope de fresa y por encima, bola de helado de frambuesa, otra bola de helado de lima y rodajitas de fresas y como adorno, pétalos de rosas. Delicioso y contundente.

Tarta de queso con helados
Si hubiese que ponerle un pero a Monsieur Sushita, sería el tiempo que transcurre entre plato y plato, que en algunos momentos se ha demorado más de lo que recomienda el protocolo, incluso a la hora de pagar, lo que ha hecho que la nota de valoración haya sido un poco baja, aunque los platos hayan resultado realmente estupendos y sabrosos.

No podemos dejar de mencionar el famoso apartado de la señalización de los aseos: en este caso muy acorde con el sitio y su nombre, en definitiva muy adecuado. La pena es que el aseo de las señoras estaba en el piso de arriba, de difícil acceso para mujeres con algún problema de movilidad.

sábado, 14 de diciembre de 2019

PICOROCO: O la sopa con pan opaco


PICOROCO, a 14 de diciembre de 2019, en la calle Orellana n.º 19, zona de Tribunales,
Es casi invierno y empieza a hacer frío, por lo que apetece y mucho, un plato de cuchara. Y Picoroco se nutre de la cocina tradicional vasca, y en los productos de temporada, todo de la chef Itxaso Elosegui. Su cuna ha sido todo lo aprendido de la cocina casera, lo que siempre hemos llamado, la cocina tradicional vasca de la abuela. 
El nombre de Picoroco se debe a un crustáceo del mismo nombre muy famoso en Chile; es de la misma familia que el percebe y les une cierta semejanza en la forma, y como tal, también vive en colonias.
Colores muy cálidos en la decoración, mesas con mantel y servilletas de tela, cubiertos de diseño y copa para el vino, todo muy cuidado y con mucho detalle. Sin olvidar esas lámparas tan originales.
Interior de Picoroco

Y en verdad es un sitio tranquilo, en una calle tranquila del centro de Madrid; los camareros muy atentos, preguntando cada cierto tiempo si la comida era de nuestro agrado, y aunque entre plato y plato, tengo la sensación de que han tardado más de lo debido en servirnos, tengo la sensación de que es debido a que todo en la carta es casero y el toque final lo hacen en el momento. Y eso se lleva su tiempo.
Como siempre, nos preguntan que si queremos algo de beber, y nos decantamos por un Nestea fresquito, y por una tisana caliente, un te rooibos o te rojo sudafricano. Es la primera vez que pedimos algo caliente como aperitivo, y la verdad es que ha entrado muy bien en un día frío. Nos han puesto de aperitivo una cazuelita de crema de calabacín y acelga, aderezado con una pizca de crema de lentejas, que le daba una pincelada de color marrón entre tanto color verde.
El aperitivo de crema de calabacín y acelgas

La carta que se nos presenta es muy interesante, con sus apartados de picoteo, entrantes, cuchareo, pescados y carnes, sin contar postres y carta de vinos.
Y mientras van preparando los entrantes, pedimos unas patatas bravas de picoteo y puedo afirmar que hacía mucho tiempo que no tomaba una patatas con esta fritada tan especial, recién fritas, calientes, blanditas por dentro y crujientes por fuera, con su salsa brava pelín picante, adornado con un chorro de mayonesa y su toque de cebollino. Únicas y especiales.
Las irrepetibles patatas bravas

Continuamos con un sopa de pescado a la Donostiarra, sopa que nos han servido en plato de cerámica, sopa espesa en el que nadan pedazos de pescado y a la que no le hace falta ni fideos ni arroz. Tiene una sabor y un color que no terminamos de identificar, la camarera pregunta a la chef, y a parte del caldo con los mariscos, su cebolla y tomate, tiene pan opaco, que no sabemos lo que es, pero apostamos por el pan de centeno, más que nada por el color del caldo.
La sopa de pescado a la Donostiarra

Terminamos que unos callos con nido de patatas paja, unos callos calientes, cortados en trozos pequeños, acompañados de jamón y chistorra, y aderezado de tomate, pimiento seco y cebollino. No puede faltar ese toque intenso y algo picante de los callos en Madrid.
Los callos sobre nido de patatas paja

A compartir también un arroz meloso con pedacitos de oreja de cerdo y trompetas de la muerte, esa seta de color negro. Un plato curioso, porque destaca sobre todo el sabor intenso de la seta sobre la oreja ibérica, incluso sobre el arroz con el toque de cebollino. Una receta especial.
El arroz con oreja y trompetas de la muerte

De vez en cuando, los camareros se pasaban por las mesas ofreciendo rebanadas de pan de cereales muy tierno.
Después de la intensidad de los callos, nos quedaba poco hueco para el postre y el poco hueco que quedaba, hemos decidido llenarlo con un hojaldre de manzana casero recién hecho, servido templado, acompañado de una bola de helado de mango y una frambuesa. Una tarta sobresaliente.
El hojaldre de manzana

Y en cuanto a la señalización de los aseos, comentar que ya los hemos visto en otro sitio, en Zest, por lo que no los podemos considerar original, aunque el diseño sí es moderno.

domingo, 8 de diciembre de 2019

AHORA EN EL 16: Italiano sin peros.


AHORA EN EL 16, en la calle Martín de los Heros 16, en la zona intelectual de Madrid, junto a los cines Renoir y Golen, en los que las películas son en versión original, junto a Plaza de España.
Diciembre es un mes complicado, porque todos tenemos fiestas, comidas y saraos y es difícil detenerse a saborear y apreciar la comida, porque estamos más enfrascados en conversaciones que en platos. Y por ser mes de muchos eventos, no todos los restaurantes están a la altura.
Y así, sin preparación alguna, hemos salido por la noche al centro porque teníamos entradas para el teatro, y la idea era cenar “cualquier cosa, en cualquier sitio” por esa zona de Plaza de España, que por cierto, tiene muchos sitos donde escoger.
Paseamos arriba y abajo, buscando sitio. Hay mucha gente por la calle y hay que tomar una decisión. Hemos visto un localillo con un cartel en la puerta en la que ofrecen berenjenas rellenas. Aquí nos quedamos.
Nos encontramos con una especie de tasca, mesas bajas y altas con taburetes, poco iluminado, pequeño, y gente tomando cañas.
Interior de Ahora en el 16
El camarero, un italiano llamado Massimo, nos presenta al cocinero, un chico muy joven y nos cuenta que no todo lo que está en la carta lo tienen en esos momentos, porque ellos hacen los platos con productos frescos, en muy poca cantidad porque la cocina es muy pequeña, y que en esos momentos se está terminando de cocinar una lasaña con merluza y gambas y otra de carne. A mi me ha llamado la atención las berenjenas.
Y entre charla y charla con el enrollado Massimo pedimos lo único fresco que tienen en esos momentos, una burrata, eso queso primo hermano de la mozzarella, pero mucho más cremoso y jugoso. Venía acompañado con unos tomates y unos higos secos, y aderezado con una ligera salsa pesto, que le daba ese color verdoso al plato y salpicado con piñones y pasas. Una humilde burrata y todo un manjar.
La burrata con pesto
Por supuesto, pedimos la berenjena rellena. Sobre el plato, rodajas de berenjena y sobre ella, pedazos de tomate y calabacín, todo muy al dente, poco cocido, para así apreciar todos los sabores y texturas. Y una deliciosa y suave (no parecía parmesano) capa de queso poco gratinado por encima. Otro manjar artesano.
La berenjena rellana
No podía faltar la lasaña, en este caso con pasta fresca, con su carne picada y su ligera bechamel. Es una lasaña, digamos "normal, pero también la preparan para celiacos; claro que por encargo.
La lasaña de pasta fresca
Como no ha sido una cena muy contundente, vamos a por los postres y Massimo nos ofrece el típico tiramisú, que hay que decir que tenía su sabor a café y el queso mascarpone batido en su punto, con su licor y azúcar también en su punto. 
El tiramisú en su punto
Y un cannolo, dulce típico de Sicilia, que consiste en una masa enrollada en forma de tubo y frita, y por dentro una suave crema de requesón y diminutos trocitos de cáscara de naranja, o naranja confitada, que le daba ese ligero sabor amargo.
El cannolo siciliano
En definitiva, típica comida italiana casera, elaborada con productos frescos y con mucho mimo. Se recomienda una visita para saludar a Massimo y que te haga las recomendaciones del día.
Por esta vez nos olvidamos de la señalización de los aseos. Había prisa por no llegar tarde al teatro.

domingo, 1 de diciembre de 2019

EL BROTE: Hongos al poder


EL BROTE, a 30 de Noviembre de 2019, en la calle de la Ruda n.º 14 de Madrid, en la zona de el Rastro, Cascorro y Mercado de La Cebada, Latina.
Este restaurante de noviembre ha sido escogido por tener la especialidad en guisos a base de setas y productos silvestres. Y desde luego, las expectativas han quedado sobradamente cumplidas.

Cartel anunciador de El Brote

Nos encontramos con una especie de tasca, mesas redondas o cuadradas pequeñas, sillas que parecen las de la salita de nuestras casas, platos pequeños, servilletas de papel, decoración de dibujos de toda clase de setas, y servicio muy amable. Después de pedir la cervecita de rigor, el camarero que parece que lleva un poco la voz cantante, de los dos que hay, nos hace sugerencias para escoger los platos de la escasa carta, carta que tiene solamente nueve platos, de los que siete lo son de diversas setas.

Interior del local de El Brote

Como la idea era degustar sabores y texturas de los distintos hongos, nos decantamos por probar los níscalos, lengua de vaca y senderuelas (aunque también había boletus o trompeta de los muertos). Sin olvidarnos de ese plato de tomate dulce aderezado con riquísimo aceite de Arbequina y sal; tal vez la piel del tomate resultaba un poco dura, pero de sabor extraordinario, puro tomate-tomate.

Tomate dulce con aceite de Arbequina

El primer plato que nos sirven, junto con los tomates, y que ha sido el más recomendado por el camarero, han sido los níscalos (también llamado rebollón) en escabeche de cítricos, berenjena asada y alcachofa de Jerusalén frita (o tupinambo). Nos presentan en un plato hondo los níscalos cortados en tiras, tiernos y envueltos en una salsa de cítricos en la que se advierte el sabor de la naranja y se observa la presencia de hojas de lima. Le acompaña la alcachofa de Jerusalén frita en láminas, que aunque se llame así, no es una alcachofa, se trata de un tubérculo que tiene un sabor parecido a la alcachofa, pero con una forma parecida al jengibre.

Los níscalos en salsa de cítricos

Otra seta que hemos decidido probar son unas senderuelas con sofrito de alcachofa de Jerusalén, con espinacas y gambas. Esta seta tiene una textura y un sabor más suave que el níscalo, más pequeña, y con el acompañamiento de las hojas crudas de espinaca y el toque del sabor de la gamba resulta un plato muy delicado.
Senderuelas con espinacas

Y por último, una seta llamada lengua de vaca con espinaca, caldo, molleja de ternera y patatitas con menta y perejil. Una seta llamada lengua de vaca, de la nunca había oído hablar, es un hongo de color crema y con un cierto amargor, pero en el plato que nos sirven no se nota ese amargor. La mezcla en la boca de la sabrosa patatita asada con el toque de menta, pedazo de la tiernísima molleja de ternera y la lengua de vaca, es todo un manjar.

Lengua de vaca, molleja de ternera y patatitas

El servicio en la mesa muy correcto, en el que hay que comentar el interés de los camareros en saber la opinión de los platos, sobre todo del muy recomendado, níscalos con salsa de cítricos.
La comida ha sido ligera, porque las setas no son un plato pesado, así que, tenemos sitio para el postre. Y sólo tenían uno, que resultó un flan de rebozuelos (también llamado chantarela) regado con caramelo. El rebozuelo es un hongo que puede llegar a tener un color anaranjado y con forma de trompeta y de sabor dulce, por eso ha sido utilizado en este postre. Más que un flan, yo diría que se parecía a una tarta de queso esponjosa.  Sobresaliente.



Como colofón, la señalización de los aseos, en este caso un único aseo, para mujeres, hombres y personas con alguna discapacidad, con el letrero de los taxistas LIBRE (en verde) y OCUPADO (en rojo), letrero que el usuario daba la vuelta según la ocasión. Original.