lunes, 29 de marzo de 2021

CHIRÓN RESTAURANTE: Minimialismo impactante y la forma de presentación

CHIRÓN RESTAURANTE, a 27 de marzo de 2020 en la calle Alarcón 27 de Valdemoro, en pleno centro de la localidad.

Como seguimos parcialmente encerrados en nuestras casas o localidades porque el bicho sigue entre nosotros y no nos han vacunado para poder empezar a tener una vida medianamente normal, vamos a tirar la casa por la ventana y a darnos un homenaje en un restaurante con una estrella Michelín.



Chirón Restaurante basa su gastronomía en platos de la cultura madrileña y de las dos Castillas. Existen varios menús degustación, cuya diferencia principal estriba en el número de platos y precio, claro, y cuya materia prima se quiere que provenga esencialmente de esta zonas. Se intenta dar prioridad a productos de la zona de Las Vegas madrileña, por lo que han ideado los menús denominados Jarama, Tajuña y Tajo.

Partiendo de la gastronomía castellana y recetas tradicionales, nos transportan a nuevos sabores de la tierra con influencias de platos del resto del mundo.

Cuando se realiza la reserva, ya tienes que decidir cual de los menús quieres reservar, así que, sin complejos, nos decidimos por el Menú Degustación Tajo, el más completo, con 10 aperitivos, 7 platos, 2 postres y un dulce final.

Chirón Restaurante está situado en el centro de Valdemoro, en una primera planta de un coqueto local, con una decoración en las paredes de esbeltas aves en tonos muy cálidos y una cristalera de vivos colores en el techo que le da al local cierta alegría. Manteles y servilletas de tela, cada plato servido en un plato o soporte de distinto diseño (ver las fotos), cambio de cubierto con cada plato y mesas auxiliares para servir a las mesas los complicados platos. Camareros muy en su papel, explicando la composición de cada original plato y siempre listos para llenar los vasos, tanto de vino como de agua (botellas de agua con la etiqueta del propio restaurante), según la elección de cada comensal.



Tras la pregunta de si queremos tomar algo antes de empezar con el menú degustación, pedimos vermut blanco y cerveza, y nos sirven vermut Zecchini y cerveza La Verbena, ambos aperitivos elaborados en el mismo Valdemoro.

Para comenzar nos sirven una aceituna de gran tamaño y con relleno de un souflé de vermut del propio Valdemoro, en el que la acidez de la aceituna se come un tanto el sabor del vermut; una crema templada de alcachofas con vainilla y pipas, muy suave y con aspecto de souflé (se ha obtenido esa textura porque se ha servido la crema a través de un sifón); y una croqueta muy delicada de jamón ibérico. Increíble la combinación de sabores entre la crema de alcachofas y la humilde pipa, hay que comprobarlo.



Continuamos con una pequeña/gran sorpresa, degustación de una selección de aceites de Madrid, un arbequina de Villaconejos de un color entre verde y dorado, un changlot real de la huerta de Carabaña y un aceite de cosecha temprana de picual de Villarejo de Salvanés. Lo acompaña un precioso y tierno pan de masa madre en el que empapar el rico y espeso aceite. Puro deleite el arbequina.



El siguiente y sorprendente plato es una infusión o caldo que se realiza en la misma mesa. En una especie de tetera se introducen hierbas como tomillo, romero, apio fresco, naranja seca, jengibre o piparra (guindilla de carne tierna y piel fina) a la que se añade un caldo hecho a base de conejo, perdiz y liebre aderezado todo con aceite ahumado de Santa Cruz de Retamar. Se sirve su punto, con una temperatura perfecta, entra muy bien. Al tiempo que se organiza el caldo de caza, nos colocan en la mesa un tasajo de ciervo (una pequeña loncha) y una colección de verduritas encurtidas y crudas, como una lámina de zanahoria, un mini pepinillo o una rodaja de nabo junto con una escasa flor de coliflor, todo ello para contraste del sabor con el caldo de hierbas y caza.


Continuamos con las sorpresas y sobre una especie de rama de árbol con tres bandejitas, nos encontramos con un especial bocadillo de calamares, que más bien parecía un trozo de shusi, servido en frío y con un perfecto sabor de marisco; un cocido de taba con su hierbabuena y su carne y con presencia de humus de garbanzos; y una rosquilla de morteruelo suave y delicada.



Y llega el yogur de morcilla, servido en un tarro de cristal de los antiguos yogures, con suave puré de patata, y una morcilla a la vez dulce y picante, dulzor que le da la manzana con la que se ha condimentado.



Seguimos con la ostra de mojete con tomates semisecos y pepino encurtido y servido en la mesa con un helado de tomate en polvo y aderezado con unas gotas de delicioso aceite.



Otro plato, el guisante lágrima con un pil pil de berberechos, servido en caliente y con un gran berberecho en la cima del pequeño plato.



Llegamos al conejo de campo servido en un escabeche de algas de un color verde intenso, y acompañado de pequeñísimo camarones fritos. Nos encontramos con 5 pedacitos de conejo y guisados de dos formas diferentes, unos como a la plancha y otros como una especie de mini albóndiga. Muy original y sabroso.



Vamos con el soldadito de Pavía, que para quien no lo sepa, es una tajada de bacalao rebozado, y en este caso servido en una caja de madera y con una cama de lo que podría ser a simple vista virutas de madera, pero que en realidad son como obleas cortadas en tiritas muy finas. La fritura del bacalao muy ligera, de tal forma que se deshacía a cada bocado. Ese soldadito de Pavía, se dice, se comenta, que nació en la famosa tasca Casa Labra de Madrid.



Siguiente: una mini cazuela con unos sabrosos y ligeros callos de bacalao a la madrileña, con ese suave toque picante, y digo ligeros porque no tenían esa dureza que a veces tienen los callos de ternera. Un manjar para quien le guste el sabor intenso de los callos.



La merluza no puede faltar en un menú degustación, y en esta ocasión nos presentan una rodaja pequeña del estupendo pescado con una base de pimientos del piquillo y una salsa de los mismos pimientos, y aderezado en la superficie con ese polvillo negro que deja el pimiento al ser asado. Delicioso.



Continuamos con el arroz de mar y monte, ya se sabe, carne y pescado, con carne que parece de caza y aderezado con hierbas del litoral; va acompañado de un pequeño tasajo de liebre y una salsa muy espesa entiendo que elaborada con la cocción de los animales de caza.



Terminamos los diez aperitivos y los siete platos platos con un estupendo lomo asado de ciervo con parmentier de patata y trufa. Deliciosas las cremas que acompañan al venado.



A estas alturas sentimos que aunque los platos son pequeños, estamos llenos y satisfechos con todo lo que nos han servido. Incluso la camarera nos da la enhorabuena por cómo hemos dejado los platos, entendiendo que hemos probado todo, todo, que nos lo hemos comido todo, todo; en mi caso, incluso los guisantes.

Pero todavía quedan los postres y nos sorprenden con un mojito de melón y anís de Chinchón, con hierbabuena y lima, servido en vez de en vaso, en una especie de probeta, y sobre una fuente que emite una especie de vapor, que poco a poco va llenado la mesa. Espectacular la presentación, lo mismo que el sabor de la combinación del melón y el anís, más a melón que a anís, todo hay que decirlo.


Este mojito de melón se he presenta en dos formas, la líquida vista en la foto de arriba y otra más sólida, servida en una especie de sartén de cristal; sobre una base de chocolate blanco y una crema gelatinosa de anís más empalagosa, se han colocado las bolas de melón. Las hojitas de hierbabuena que no falten.



Y qué decir del huevo thai; sobre una fuente nos presentan lo que parece un huevo crudo, que resulta ser una especie de cáscara de chocolate y dentro un crema de coco, hierbas frescas y vainilla, haciendo de clara y una crema como de curri haciendo de yema. Todo un descubrimiento la mezcla de sabores y colores. 




Todavía les queda un pequeño hueco para un dulce final, que consiste en un pastelito de almendra, una nube de violetas y una gominola de frambuesa. Un detalle agradable.



Hacía tiempo que no disfrutábamos de una comida tan especial, en la que todos los platos tuviesen una nota de sobresaliente, y prácticamente, ningún pero.

Un último comentario, después de esta super experiencia, la señalización de los aseos, que resultó correcta, no ha lugar comentario alguno. Y fijarse bien en todos los recipientes en los que se sirve la comida, que son impactantes.

martes, 9 de marzo de 2021

SA BRISA: sabor de mar y aguacate

SA BRISA, a 6 de marzo de 2021 en la calle Menéndez Pelayo n.º 15, por la preciosa zona que rodea el parque del Retiro, ese pulmón de aire y encanto en el centro de Madrid, con sus grandiosos e históricos árboles, aunque ahora algunos un poco deteriorados después del paso de Filomena, esa tormenta de nieve de primeros de enero. Después de dos meses sin poder disfrutar de nuestras rutas gastronómicas porque el bicho nos sigue maltratando, volvemos a salir, eso sí, con todas las precauciones, para saborear platos sabrosos y auténticas obras de arte en su presentación.
Nos encontramos con un restaurante inaugurado en 2018, de cocina mediterránea, que trata de recuperar platos tradicionales de la gastronomía ibicenca, fusionados con platos de otras culturas, sobre todo asiática y sudamericana, y entre las que se puede encontrar el bullit de peix (guiso de pescado), o una espardeña (o pepino de mar) rellena de sobrasada. Desde la mesa en la que nos sientan, podemos ver la cocina en la que trabajan siete cocineros. Servicio muy atento, platos de diseño, servilletas de tela blanca, luz tenue, decorado suave, ambiente cálido...
Después de pedir vermut y cerveza, que vienen acompañados de unas patatas fritas con pimentón de aperitivo, nos descargamos la carta en el móvil. Se hace muy difícil escoger un plato, la oferta es bastante amplia y sugerente. La carta está dividida en varios apartados, una de ellas que han denominado Menu ibicenco lo que podría ser un menú degustación, embutidos y quesos de Baleares, Los Clásicos de Barra o las típicas raciones, Los Clásicos de Sa Brisa, Los más sanos en la que se incluyen las ensaladas y las verduras, pescados, carnes, menús para niños, el Mundo Dulce y sus postres o la Bodega. 

Como no queda más remedio que elegir, nos decantamos por las croquetas con sabores de Ibiza y del mundo, esas croquetas suaves y melosas servidas en una especie de árbol metálico y acompañado de sus salsas. Hay que degustarlas en un orden determinado, según nos indica la camarera, así que empezamos por la croqueta de coliflor acompañada de salsa de parmesano, después la de bullit de peix con alioli y perejil y para terminar croquetas de costilla de cerdo con salsa barbacoa. Muy logradas las dos últimas, porque las de peix tenían el toque del pescado y las de costilla de cerdo se notaba la tierna carne en cada bocado.
A continuación nos sirven las quesadillas de gambas con guacamole. Se trata de una torta de trigo doblada, podríamos decir que parece una empanadilla grande abierta, en la que se deshace esa delicada crema de aguacate, trozos de gamba templada, cebolleta, cilantro y mozarella, acompañada de salsa de achiote (esa salsa un poquito picante y un poquito dulce al mismo tiempo). A destacar el soporte de diseño en las que nos las sirven, imagino que especial para estas quesadillas. (Mejor ver la foto).
Terminamos los entrantes con una gamba roja pequeña sobre taco de lechuga con daditos de tomate, cebolleta, aguacate y mayonesa de chipotle. Y es eso, sobre una base de una hojita de lechuga pequeña, se entremezclan el cremoso aguacate, tomate, gamba y mahonesa de chipotle, (pimiento originario de México que da a los platos un sabor entre picante, ahumado y agridulce), aunque en el caso de esta delicia no se apreciaba apenas ese toque picante.
De los segundos platos, a destacar un arroz meloso acompañado de tiras de secreto ibérico en su punto, tierno y jugoso, aderezado de canela, clavo y pimienta de Jamaica. Aunque en un principio nos pueda parecer que la canela, con ese sabor tan característico, no es un sabor que combine con el arroz, esta plato de color marrón que le da la especia ha sido un auténtico lujo que invito a probar.
Otro plato que degustamos fue la ensalada payesa ibicenca con peix sec de Formentera, a base de tomate y pimiento rojo, aunque para mi gusto tenía un exceso de pimiento rojo demasiado crudo y los tomates, demasiado grandes en su presentación para que inviten a probarlos. Aunque esos trocitos de pan sobre la ensalada le daban un toque singular.
Los postres, que no pueden faltar en nuestras comidas, y a los que siempre hay que dejar hueco, y que son el punto de prueba de todas las gastronomías, hoy optamos por una torrija Ibicenca, hecha a base de queso de cabra, helado casero de higos secos y almendras y caramelo endurecido por encima, de tal forma, que costaba trabajo partirlo y meter la cuchara. Una vez que partes la torrija, nos encontramos con una suave crema de queso, aunque un poco empalagosa por el caramelo.
El otro postre es un flao, postre típico de Ibiza, a base de queso de cabra con mezcla de hierbas ibicencas y helado de licor. Sobre una base de galleta, una mezcla de queso de cabra, hierbas y hierbabuena, que tenía todo el aspecto de una tarta de queso pero de un color tirando a verdoso y de con un sabor muy conseguido es mezcla tan singular.
Por último la señalización de los aseos; nada original aunque sí muy claros en lo que se quiere indicar.

domingo, 20 de diciembre de 2020

LA POLONESA: Esas sopas tan sabrosas

 

LA POLONESA , a 19 de diciembre de 2020, en la calle Narciso Serra n.º 3, zona de Pacífico. Es una mañana lluviosa en Madrid, de lluvia fina y apetece dar un paseo por esas calles vacías de gente.

Después de unos meses de confinamiento, miedos y resquemores por el bicho, intentamos volver a nuestra nueva y pequeña normalidad, aunque sea poco o poco, y es por lo que nos atrevemos a reservar en un restaurante que sirve la típica comida polaca: sopas, empandillas cocidas, carnes....

La gastronomía polaca tiene como base una mezcla de todos esos pueblos que la han conquistado y con los que de una forma u otra se ha relacionado: platos eslavos, rusos, ucranianos, alemanes, judíos, lituanos...

Aunque pueda parecer en un principio que la comida polaca es muy grasa, tal vez por su situación geográfica, sin embargo su cocina tiene como base gran variedad de verduras, porque en el siglo XVI la reina Bona Sforza (de la familia de los Sforza de Milán, quien se convirtió en reina de Polonia en 1518) las introdujo desde Italia.

Nos encontramos en un local muy agradable, con paredes llenas de cuadros, mesas de madera y manteles de fácil eliminación. Platos blancos, cubremanteles y servilletas de papel. Todo muy correcto.

Interior de La Polonesa

La carta de La Polonesa no es muy extensa, y como siempre queremos probar los platos más importantes de la gastronomía polaca, por lo que nos atrevemos a pedir el menú degustación, ya que la camarera nos explica que ahí está lo más típico del país, cosa lógica, por otra parte. Lo acompañaremos con una cerveza del país, al tiempo que nos sirven en un cestillo rebanadas de pan blanco y de pan con cereales.

Cerveza polaca


Allá vamos, para empezar, un plato pequeño en el que nos ofrecen una rodaja de queso de oveja ahumado y frito, en polaco 0scypek, con mermelada de arándanos, mermelada que tenía el aspecto de ser casera, ya que los trozos de la fruta eran muy grandes y no demasiado dulce. Parecía que estaba frito con mantequilla y no con aceite, por el sabor peculiar que tenía, aunque la textura era un tanto chiclosa.

Queso de oveja frito con mermelada


Continuamos con una sopas típicas del país, la sopa de remolacha (barszcz czerwony) con su precioso color granate y en el que había varios pedazos de algún tipo de pasta, tipo macarrón, pero de gran tamaño y lo que parece orégano flotando en el caldo. Una vez que te comes la pasta, queda un caldo, que se puede beber sin utilizar la cuchara y que deja un ligero sabor dulce en la boca.

Sopa de remolacha


La otra sopa que nos ofrecen para degustar es la que está cocinada con harina de centeno o Zurek, que es una sopa algo espesa y melosa (que será de la masa madre del centeno con la que está elaborada) y con rodajas de salchichas, trozos pequeños de patata y setas, huevo duro y muchas especias de difícil identificación. Flotan granos de pimienta y se nota el intenso sabor de la misma y el ligero picor que te deja en el paladar.

Sopa tradicional


Esta sopa, en su tradición polaca, se sirve en una hogaza de pan al que se le ha quitado la miga, aunque a nosotros nos la han servido en un cuenco. Y esto me recuerda a la sopa gulash que degustamos hace tantos años en Praga, una sopa servida en el hueco de un pan y que tanto nos sorprendió, tanto por su sabor, como por su presentación.

Continuamos con una empanadillas o pierogi, plato estrella de la cocina polaca. Se trata de una masa del tamaño de las empanadillas que conocemos en España, masa de harina, agua y sal, pero no están fritas, sino que parecen cocidas o al vapor y rellenas, en este caso de una masa de puré de patata con requesón unas, otras de carne de cerdo muy picada y otras de repollo con setas. Están servidas con trocitos de cebolla ligeramente pochada por encima. Original y sabrosas, sobre todo las de patata y queso.

Empanadillas mixtas


Para terminar con el menú degustación, solomillo de cerdo con salsa de boletus, en polaco poledwiczki wieprzowe. Sobre el plato, lonchas el solomillo muy tierno sobre una salsa de boletus muy fina, con ese color caramelo tan apetecible, al que le han añadido una gran seta boletus de gran tamaño que se ha confundido con una tajada de solomillo. Lo acompañan unas patatas asadas y un porción de ensalada de col con zanahoria, y todo regado con mucho eneldo. Muy sabroso.

Solomillo con salsa de boletus


Para terminar con el postre, nos sirven una tarta de queso que ha resultado poco delicada, no era fácil partirla con el tenedor y al paladar también resultaba algo basta. Y la tarta de amapola, que a la vista podría confundirse con un bizcocho al que se le ha añadido algo de chocolate, pero en la boca ha resultado demasiado empalagosa, con un sabor que me recuerda mucho al mazapán, dulce que no está entre mis preferidos.

Tarta de queso
Tarta de amapola




De toda la experiencia culinaria de diciembre, los postres han sido un poco decepcionantes. Y en cuanto al servicio, en ciertos momentos ha sido algo lento.

Y para terminar, esa señalización de los aseos, que ya parece que se van repitiendo los emblemas y hemos dejado atrás la originalidad. Aunque, tal vez, el poner la señal en el marco de la puerta o encima, y no en el centro de la la misma, es un signo de originalidad, y que en este caso, el aseo de minusválidos coincide con el de caballeros y no con el de señoras, como casi siempre.



martes, 25 de agosto de 2020

RAIMUNDA: Guacamole en jardín

RAIMUNDA, a 22 de agosto de 2020, en el paseo de Recoletos n.º 2, junto a la plaza de Cibeles, pegado al Palacio de Linares, palacio que estuvo en desuso durante un siglo y vuelto a abrir en 1992, ya como la Casa de América en Madrid. Estamos en una terraza-jardín, cuya cocina tiene muchos toques de la gastronomía iberoamericana, como señal de lo cerca que tenemos la casa de América, así podemos encontrar aderezos con yuca, lima, aguacate o achiote, esa planta de América Central de la que se extrae un colorante alimentario rojizo y de sabor parecido al pimentón y algo dulzón.
Entrada en Raimunda
Entrada en Raimunda

Seguimos tratando de ponernos al día y recuperar esas salidas que la covid 19 nos ha impedido disfrutar, por eso este mes hemos salido dos veces; dos terrazas, gastronomía al aire libre, que es lo mejor para estos tiempos de un virus viajando por su cuenta. 

De espaldas al Palacio de Linares, y con entrada por el Paseo de Recoletos nos encontramos con un jardín frondoso, con una fuente de refrescante, agua cantarina, y en la que han instalado parasoles negros para protegernos del sol. Nos sitúan en la mesa que está justo al lado de la fuente, fuente que utilizan los pájaros para beber y refrescarse, porque hoy hace calor. Mesa de cristal, platos de diseño, algunas sillas de mimbre, otras de hierro, un conjunto muy armónico y agradable.
El jardín de Raimunda

Como no tienen carta en papel, la tenemos que descargar en el móvil a través de la app lens, que es la modernidad a la que nos ha obligado el bicho. Y lo primero que vemos es que tienen cókteles, así que en vez de la manida cervecita y vermut, pedimos un mojito fresquito, su ron, su azúcar, su hierbabuena, su zumo de lima, su agua con gas y su hielo picado, que en verano entra muy bien.
El mojito refrescante

Mientras decidimos qué pedir, nos sirven un aperitivo de ajoblanco con melón y aceite de oliva, servido en un mini cuenco. Curiosa la combinación de sabores y texturas; se trataba de una sopa ligera, aunque en este caso primaba el sabor del melón sobre la almendra o el ajo.
El ajoblanco con melón y aceite

Estamos en la Casa de América y parece que el ambiente invita a saborear platos de la zona, así que nos decidimos por dos entrantes típicos, unas empanadas chilenas de carne de ternera acompañadas de un aderezo denominado pico de gallo, a base de daditos minúsculos de cebolla, tomate, pimiento, chiles jalapeños, cilantro y salsa de lima. Partimos la empanada casi triangular de hojaldre por la mitad y le vamos añadiendo el pico de gallo. Delicioso.
Empanadas chilenas con pico de gallo

El segundo entrante que se nos antoja son unos tequeños venezolanos con mojo verde de lima de queso fresco. Podríamos decir que los tequeños son una especie de pepito frito en pequeño de unos seis centímetros, ese bollo relleno de crema, pero que como plato venezolano está relleno de queso fresco, pero no de ese queso que en España identificamos como queso de Burgos, sino un queso que en Venezuela llaman fresco, pero que es más consistente, lo que aquí denominaríamos como queso tierno. Y mojados en la salsa de lima verde, resultan muy agradables.
Los tequeños venezolanos y su salsa de lima

En un sitio que ofrece estas delicias hispanas, no podía faltar uno de los platos más típicos: el guacamole, esa pasta de aguacate servida con los típicos daditos de tomate, cebolla morada, lima y cilantro, servido en una especie de bol de piedra que pesaba lo suyo, y el hueso del aguacate en medio, para que se vea y se identifique bien lo que estamos saboreando, acompañado de láminas de yuca frita en donde untar el guacamole, como sustituto del pan tostado.
El guacamole en bol de piedra

Nos hemos venido muy arriba, pero que muy arriba y como se nos ha acabado el mojito, hemos continuado con un daikiri, bebida cubana a base de ron blanco, zumo de lima y azúcar. Muy fresquito, también, se deja beber muy cómodamente. 

 Vamos con los segundos. Nos decantamos por un ceviche de corvina (pescado blanco y de aguas saladas), con mango y aguacate. El ceviche es un plato típico de Perú y podríamos decir que es una especie de ensalada de pescado crudo, en este caso de corvina, macerado con lima y aderezado con cebolla morada, daditos de mango, ají, maíz frito, aguacate y cilantro, con ese sabor intenso que da el jugo de lima y con un ligero toque picante.
El ceviche de corvina

Y lasaña de rabo de toro con boletus y trufa. Es una lasaña, diría que especial porque está formada por unas obleas muy finas, parecen fritas, y desde luego no es la típica pasta que podamos comprar en el súper. Entre las obleas, un guiso de rabo de toro y boletus espectacular, con base de salsa de tomate y por encima, queso al grill. 
La lasaña de rabo de toro y boletus

Ha sido una comida intensa y sabrosa, pero siempre hay que hacer un hueco para saborear los postres caseros del lugar, en este caso una tarta de queso, con unos discos de mermelada servidos a parte y no sobre la misma tarta, y dos moras gigantes. El otro postre, mucho más original y elaborado, son unos llamados huesos, que en realidad son unas obleas superfinas y crema de nutella entre ellas, también muy fina y de textura crujiente, aunque algo contundente.

Los huesos de nutella
La tarta de queso







Para finalizar no hay que olvidar la señalización de los aseos, en este caso con el símbolo gigante de la imagen de hombre y mujer, ellas siempre con falda, pero en cristal y sobre la puerta de entrada a ambos aseos, en vez de sobre la puerta de cada uno de ellos. Un toque de originalidad.

domingo, 16 de agosto de 2020

CASA LOBO: Pulpo y panceta.

 

CASA LOBO, a 8 de Agosto de 2020 en la calle Torrecilla del Puerto n.º 5, zona de Arturo Soria, ese urbanista al que debemos la idea de una ciudad lineal, ciudad de chalets y arbolado y bien conectadas a través del tranvía, medio de locomoción de la época.

Estamos en agosto y toca buscar un sitio con terracita donde poder comer al aire libre y disfrutando de la sombra, aunque hay veces en que se está mejor dentro de los locales con en aire acondicionado que en la calle, aunque sea en la sombra. Y hoy hemos tenido suerte, porque aunque hace calor, está un poco nublado y hemos podido disfrutar de nuestra comida al aire libre.

Logotipo de Casa Lobo a contraluz

Mesa con manteles individuales, cubiertos medio empaquetados con la servilleta, platos dados la vuelta y camareros con mascarilla y muy atentos. Como siempre, cervecita y vermut, para empezar a hablar, y como aperitivo, olivas.

Así de primeras, nos encontramos con una carta escasa de platos; encontramos raviolis, croquetas, hamburguesas de wagyu, tempura de verduras... Y para abrir boca nos hemos decantado por un plato de pulpo con panceta porque sonaba rara la combinación de ambos elementos, y ha resultado un éxito total, porque el pulpo estaba en su punto, ni estaba duro ni baboso, como en otros restaurantes, acompañado de trozos de panceta caramelizada, igualmente blandos y en su punto. Plato adornado con cebollino picado y con una deliciosa salsa que podría ser una delicada y suave mahonesa.

Chipirones con panceta

Y de segundo, hemos dudado unos instantes entre pedir cocochas de bacalao o chipirones a la brasa. El camarero nos comenta que los chipirones, al estar cocinados a la brasa, son más sanos, así que pedimos chipirones con salsa romesco de miel y mahonesa ahumada. Un plato con una presentación muy divertida, con un centro de algas verdes y sobre ellos, las patitas de los chipirones fritos y alrededor, ocho piezas de chipirones formando una especie de estrella y bajo ellos, salsa romesco bajo unos (salsa típica de la cocina catalana a base de tomates, almendras, avellanas, pan y ajos), y bajo los otros, la mahonesa ahumada (a la que tal vez se le echo algo de bacon para darle el toque ahumado). Y otra vez, adornado con cebollino. En un primer momento, hemos probado un chipirón sin salsa y ha resultado un tanto soso, pero obviamente, el plato se tiene que tomar mezclando el chipirón con algas y alguna de las salsas, y ha resultado una combinación sabrosa e interesante.

Chipirones en salsa romesco

Y un steak tartar de solomillo “al momento”, carne cruda mezclada con cebolla y pepinillo y un ligero toque picante, y bajo la carne, una sabrosa salsa anaranjada. Y como compañía de la carne, unas delicadas y finas obleas rectangulares con las que tomar la carne a modo de pan tostado sobre el que poner el steak tartar.

El steak tartar con obleas

Queda sitio para el postre, preguntamos si alguno de ellos es casero, y nos decantamos por la siempre socorrida cremosa tarta de queso con helado de mascarpone, servida en copa, con canutillo y con frutos rojos. Y una torrija caramelizada “al momento” con helado de violetas. Es un poco atrevido llamar torrija a lo que nos encontramos: sobre el plato un pedazo de lo que podía ser pan de brioche recubierto de caramelo endurecido, caramelo que se ha debido de hacer "al momento", y que ni está empapado en leche, ni está frito. Le acompaña una salsa ligeramente ácida que podría ser de yogur y que le daba cierta jugosidad y trocitos de pistacho. Y al lado, un delicioso y vistoso helado de violeta y sobre ellos, el canutillo.

La tarta de queso

La torrija caramelizada
La torrija caramelizada











En cuanto a la señalización de los aseos, comentar que es un diseño que ya hemos visto en otros locales: discreto y claro.