domingo, 12 de julio de 2020

TABERNA PEDRAZA: Por toda España.


TABERNA PEDRAZA, a 11 de julio de 2020, en la calle Recoletos n.º 4, calle que sale del paseo de Recoletos, calle relativamente corta y con un gran número de restaurantes, gran variedad gastronómica en pocos pasos.
Vamos a tratar de recuperar ese tiempo que hemos perdido por culpa del bicho en el que hemos estado bajo arresto domiciliario e intentaremos ponernos al día para seguir jugando con los cubiertos y disfrutar de un buen sitio cada cierto tiempo.
En este mes de julio, nos hemos decidido por una taberna que trabaja con recetas y productos de toda la geografía patria: anchoas de Santoña, tortilla de Betanzos, chistorra de Lasarte, jamón de Jabugo, berberechos de las Rías Gallegas, y más.

Entrada a la Taberna Pedraza
Nada más entrar nos encontramos con un adorno curioso, un contador de tortillas, que en el momento de nuestra entrada marca nada más y nada menos que 52.380 tortillas de Betanzos servidas desde el 10 de abril de 2014. Nosotros nos comimos la 52.382.

Contador de tortillas

Junto con la cañita y vermut que pedimos de aperitivo, nos han sorprendido con una sabrosa mantequilla de Galicia, cremosa y nada fría, preparada para untar en los panes tostados que la acompañaban. Y junto a la mantequilla, unas gotas de aceite ecológico, suave y denso, que sobre el pan estaba delicioso. A destacar los utensilios que acompañan a este aperitivo, el pequeño cuchillo para untar la mantequilla y la cucharita para poder coger gotas de aceite sin que se derrame.

La mantequilla, el aceite ecológico y pan tostado

Después de servirnos la cañita y el vermut, esta vez servido en un vaso un tanto escaso, nos decidimos a pedir para degustar esa tortilla de Betanzos, tortilla hecha con patata agria gallega cortada en láminas pequeñas y frita, no pochada, y sin cebolla, y revuelta en cuatro huevos de corral y nada cuajada. Se notaba que la patata tenía ese toque de dureza que tiene la patata frita en los bordes y el resultado ha sido sorprendentemente agradable, incluso a la vista, ese huevo meloso y casi sin cuajar.

La tortilla de Betanzos

No podíamos dejar pasar la oportunidad de probar unas croquetas de pollo con huevo y croquetas de merluza, hechas con una besamel de lo más fina y cremosa que hayamos probado. Finas y delicadas, han resultado un manjar, y apuntar, que se notaba más el sabor del pollo en la croqueta, que de la merluza, que es verdad que tiene un sabor menos fuerte.

Croquetas de pollo y merluza, dos y dos

Acompañando a las croquetas, unos Felinos Mejillones Tigre, que hacía mucho tiempo que no probábamos. Y como las croquetas, un relleno fino y delicado, con sabor a marisco y su toque picante, ese que da la pimienta molida, y servidos sobre pizarra, nada de platos.

Mejillones Tigre

Otra de las especialidades de la Taberna Pedraza son las carnes; en este caso la oferta de carnes son todas de Galicia: chuletón, solomillo, chuleta, pluma, rabo,… Y como un día es un día, hemos querido probar un lomo de vaca rubia gallega madurado durante 11 meses; en definitiva, un chuletón de unos 5 centímetros de grosor y de 1,247 kilos de peso. Ha sido verlo en crudo, cuando nos lo han presentado en la mesa antes de cocinarlo, y pensar que no podríamos con ello; pero ha sido que sí, que nos lo hemos acabado sin chistar. Es curioso el sabor de este chuletón de vaca rubia gallega, porque en verdad sabe a viejo, siendo tierno y jugoso, el sebo del bicho te deja en el paladar un sabor que raspa y que tarda en irse. Y para que no falte de nada, viene acompañado de una fuente de patatas recién fritas, calentitas y crujientes; y no son congeladas.

Chuletón de vaca rubia 
La crujientes patatas fritas















Tenemos poco sitio para el postre, y optamos por pedir uno casero, una quesada, servida en la mesa templada y que no nos ha costado comer en un día de calor como hoy. Quesada casera que me ha recordado a las que tomamos en el viaje a Cantabria, en esos obradores que ofrecían, también, quesadas recién hechas. La quesada se hace a base de huevos, azúcar, mantequilla, ralladura de limón, harina y leche y hay quien le añade yogur o queso fresco, pero creo recordar de cuando estuvimos en la fábrica Casa El  Macho, nos contaron que la quesada se hace sin queso.

La quesada

En cuanto al servicio, comentar una muy buena atención, rápido y con los camareros de uniforme y con el logo del restaurante en la mandil negro. Y todos con mascarilla, claro. Y sobre la mesa, un sobrecito con gel hidroalcohólico, en vez de las antiguas toallitas de limón para quitar el olor del marisco. Los tiempos cambian.


Para terminar, y como siempre, esa señalización de los aseos, carteles a veces originales, a veces de andar por casa. Esta vez sí diría que es una señalización para salir del paso, tal vez porque sólo había un aseo que no distinguía de hombres y mujeres.

lunes, 29 de junio de 2020

GASTRO JAMES: Arroz Señoret en su punto


ST. JAMES, GASTRO JAMES, a 27 de junio de 2020, en la calle Rosario Pino n.º 14-16, muy cerca de plaza Castilla, porque así, entre edificios altos, si divisa una de las Torres Kio, uno de los emblemas arquitectónicos de Madrid.
Dejamos aparcado por unas horas al bicho, al llamado coronavirus, para intentar recuperar un poco de nuestra antigua vida, esa que nos parece ahora tan lejana, esa en la que íbamos a jugar y disfrutar una vez al mes con los cubiertos, a disfrutar de una velada gastronómica. Vamos a intentar recuperar poco a poco una nueva normalidad, esa que tanto echamos de menos.
Y para continuar con nuestras visitas a los restaurantes diferentes, esos que forman parte de nuestro juego hemos escogido una terracita, porque ya se ha echado el calor encima y apetece comer al aire libre, después de tanto encierro.
La entrada a la terraza de Gastro James

La llegada al Gastro James se hace bajo una especie de alfombra de césped artificial, y macetas a los lados; al fondo las mesa de madera bajo sombrillas blancas para protegernos del sol. Hace calor, y bajo la sombrilla se está bien, pero mucho mejor cuando al cabo de unos minutos el sol se esconde detrás de los edificios y se queda una brisa muy agradable, brisa que no impide comer muy a gusto.
Mesa de madera que previamente ha sido desinfectada, nos sentamos, y al poco nos ponen mantel blanco, plato, cubiertos mientras pedimos cervecita y vermut. Para acompañar, nos sirven una crema de queso con tres colines y una quiche de atún muy delicada y sabrosa. Y sin preguntar preferencias, barrita individual de pan blanco para uno y de semillas para otro.
Aperitivo de crema de queso y quiche de atún

Nos traen esa carta que hay que ver con el móvil, y también nos la traen en papel (mejor así para los que la tecnología no es nuestro fuerte). Vemos que la mayor oferta la tienen en arroces y paellas, pero el camarero nos comenta que, fuera de carta, tienen almejas, berberechos y coquinas con su salsa de limón.
Almejas en salsa de limón

Como entrante nos decimos por unas almejas cocinadas con una delicada salsa de limón y un cierto toque picante, y servidas con cilantro, esa hierba tan aromática parecida al perejil. Muy tiernas y sabrosas.
Y de segundo, de entre todas las paellas y arroces que nos ofrece la carta, arroz con bogavante, con boletus, con verduras, con marisco, negro, a banda, arroz meloso, paella valenciana,... nos decidimos por el Arroz Señoret, en el que destaca sobre la paellera, el arroz con ese color tostado y las judías verdes planas, aunque, además, tiene gambas, pollo, magro de cerdo, mejillones y calamares, y servido con una salsa alioli presentada en una salsera para que cada comensal se sirva a su gusto. Un valenciano diría que es un arroz con cosas, y los que no somos de Valencia, diríamos que es una paella mixta, pero lo cierto es que estaba en su punto.
Arroz Señoret

Sitio para el postre; esta vez queremos probar la tradicional tarta de queso, servida con mermelada de frambuesa y un crujiente y cremoso de chocolate con suzette de frutas y sorbete de frambuesa. Se trata de, digamos, dos empanadillas de ligerísimo hojaldre de forma triangular (tipo sambosas etíopes), con relleno de chocolate negro algo amargo y acompañado de frutas en almíbar cortadas en dados pequeñitos y con un toque de canela, y a su lado, el sorbete de frambuesa. Y todo adornado con azúcar glas.

Tarta de queso
Crujiente de chocolate







Servicio atento, todos con mascarillas y distancias entre mesas. Hemos pedido una botella de agua, que nos la han servido en una cubitera como si fuese cava. Cuando me he querido servir más agua, me he tenido que levantar porque desde donde estaba sentada no llegaba, y al verme el camarero, me ha dicho de broma, que ese era su cometido y que le quería quitar el trabajo. La anécdota del día.



Y la señalización de los aseos, me ha resultado muy elegante y original, me atrevería a decir que sublime.


domingo, 8 de marzo de 2020

NURIA es injera y vino de miel


NURIA, a 7 de marzo de 2020, en la calle Manuela Malasaña n.º 6, zona glorieta de Bilbao y aledaños, comercial y de mucho tapeo.
Seguimos con el juego de los cubierto, pero en plan “remenber”, repitiendo esos sitios que, antaño, más nos llamaron la atención. Este mes nos decidimos por un restaurante etíope que ya visitamos en septiembre de 2014, y nos dejó una muy grata impresión, una comida sabrosa, servida de forma diferente y en la que no se utilizan cubiertos, se come con las manos utilizando unas obleas de pan con las que empujar la comida.
Mesob etíope en el que se sirve el menú degustación

Como siempre, nos preguntan que si queremos algo de beber; preguntamos que si tienen alguna cerveza o algo típico de Etiopía, y como resulta que no tenían cerveza de allí, nos han ofrecido vino de miel, oferta que hemos aceptado. Nos lo han servido en una botellita pequeña y de cuerpo rechoncho, sin vasos, y sólo una botella, nos propone el camarero, porque primero había que probarlo, por si no nos gustaba. Y sí, es un vino especial, con un grato sabor a miel. El camarero no se ha quedado muy convencido, porque a mí me ha ofrecido una cerveza, (supongo que española) y le he dicho que no, que seguíamos con el vino de miel.

Botella de vino de miel

El menú degustación que nos han servido, en esa especie de cazuela de juncos de colores, es la base de la comida etíope, con pollo, cordero, ternera y verduras, todo ello guisado, cada plato con su salsa especial y servido en un bandeja como la que usan lo camareros para servir las bebidas, y encima de la bandeja una fina capa de injera, una especia de crepé o pan plano hecho de un cereal que se cultiva en Etiopía, que se llama teff, uno de los cereales más pequeños que existen. Y sobre la injera, el guiso de carnes y verduras, en porciones separadas y acompañado, además de lechuga, tomate, queso fresco, patatas hervidas, puré de lentejas y zanahorias.

Menú degustación de NURIA

Además de la injera sobre la que se coloca el guiso, la bandeja viene acompañada de una injera para cada uno aparte, que sirven a modo de cuchara: se corta un pedazo de injera, pongamos que del tamaño de un billete de cinco euros, y con ella se envuelve la comida y se lleva a la boca. Con las manos, sin accesorios, y después, un trago de vino de miel.
Hemos empezado a cortar pedazos de injera y a envolver los distintos tipos de comida con ella, ahora el pollo, ahora el huevo, ahora esa ternera cortada en trozos pequeños y algo picante, ahora patata; y así lo hemos comido, saltando de sabor en sabor.
Así se come en un etíope

Con el menú degustación podíamos escoger un entrante y éste han sido unas sambosas, esa especie de empanadillas triangulares de masa hojaldrada frita rellenas, esta vez, de carne picada y de lentejas, y servidas con una salsa algo picante.
Sambosas de carne y lentejas con salsa picante

Junto con el menú degustación nos han servido de postre unos rollitos de hojaldre con miel, típicos de la cocina árabe, con trocitos de pistacho. El hojaldre estaba muy bien conseguido, con las capas nada apelmazadas y en los que se notaba el intenso sabor de la miel. Algo contundentes.

Rollitos de hojaldre y miel

NURIA es un restaurante sencillo, decorado con elementos de la cultura etíopes, con servicio de camareros muy ambles, pero que nos han traído la cuenta antes de pedirla y que incluso no nos han preguntado si queríamos café. Y es extraño, porque la cultura del café está muy extendida y arraigada en Etiopía, café que suele ser de muy buena calidad, y combinado con cardamomo, más aromático todavía. Ha resultado, cuanto menos, curioso, aunque, tal vez tenían demasiadas reservas para el día de hoy.



Para terminar, la señalización de los aseos, correcta y muy aclaratoria en el baño de las chicas, con puertas pintadas de rosa-rosa, porque en el de los chicos, no había puerta. Otra de las curiosidades del local

domingo, 16 de febrero de 2020

MERCATO BALLARÓ: Sicilia acogedora y dulce


MERCATO BALLARÓ, a 15 de febrero de 2020, en Santa Engracia nº 24, zona de Alonso Martínez.
En este segundo mes de febrero hemos decidido jugar a los cubiertos y al “remember”, es decir, volver a visitar esos restaurantes que a lo largo de los años nos han dejado huella, por sus platos, por el ambiente que se respira, por el trato... y comenzamos por este Mercato Ballaró que ya visitamos en enero de 2014 y que tanto nos gustó, esa comida italiana de la zona de Sicilia, o esa cocina marinera de la isla del sur de Italia.


La entrada a Mercato Ballaró

El nombre del restaurante se debe al más antiguo mercado de Palermo, con base de platos de raíz popular, marineros y sobre todo, platos de temporada, en el que destaca esa unión de pasta y pescado. A destacar, chipirones, mejillones, berberechos,…
Nos encontramos con un restaurante con dos alturas, la de abajo junto a la barra, con algunas mesas y taburetes altos, algo más informal y la de arriba, en donde nos sitúan a nosotros, muy acogedora ventanas con macetas y plantas por donde entra el sol. Un gran espejo en la pared del fondo hace que el sitio parezca más grande. Mesas con manteles, servilletas y platos blancos, con adorno de jarrón con florecillas, y que poco a poco se empieza a llenar.


Interior del restaurante

Nos traen la carta, que viene acompañada con los platos del día, que es en los que más nos fijamos; el camarero al mismo tiempo nos pregunta se queremos algo de beber. Al ver que en la carta tienen spritz aperol (cava, aperol, soda, rodajita de naranja y hielo), nos pedimos dos que nos lo traen bien fresquitos y acompañado de un paté de aceitunas exquisito y rebanadas de pan, diría que de pueblo, miga esponjosa y corteza algo dura. 


Un spritz aperol fresquito


Dentro de los platos del día sorprenden tres de nombres curiosos, que son la ensalada de Enma Suaréz (la actriz), el carpaccio de Manuel Vicent (el escritor), y la sopa de Jordi Socias (fotógrafo). Le preguntamos al camarero por estos platos y nos cuenta que los tres son bastante asiduos de este restaurante. Nos dejamos aconsejar por el camarero y de lo que nos ofrece la carta, nos decidimos como entrante y a compartir, por el carpaccio de Manuel Vicent. Se trata de un carpaccio de corvina salvaje (pescado blanco muy voraz) cortado en láminas muy finas, casi transparentes, acompañado de berberechos y trocitos de pistacho, con un toque de cítricos y lascas de trufa negra, que le da a los platos ese sabor tan intenso y especial. Para mí lo mejor del menú, esa delicadeza de la corvina superfina, con la mezcla del cítrico y la trufa resulta en la boca un auténtico manjar.

El carpaccio de corvina

De segundos nos hemos decidido por una lasaña de tres carnes, con su besamel y una corteza, supongo que de queso gratinado, realmente casera y sorprendente. Regada al gusto de parmesano reggiano le ha dado mayor sabor a la ya de por sí sabrosa lasaña.


Lasaña tres carnes

Y unos linguini a la carbonara con trigueros, crema de trufa negra y papada de cerdo. Los linguini son lo que podríamos denominar tallarines, aunque yo creo que un poco más anchos que los que comemos en España, y en este caso vienen acompañados de pequeños trozos de espárragos trigueros, con su característico sabor, y una crema de nata y trufa negra, que le daba al plato un color anaranjado, y un sabor peculiar esa mezcla de trigueros y trufa. Muy interesante.


Linguinis de trigueros y papada de cerdo

Le comentamos al camarero que habíamos pedido para compartir un plato de mejillones de la tierra, de Sicilia, también llamados “cozze a la palermitana”, y que no nos lo habían puesto junto con el carpaccio. El camarero nos dice, que con los que habíamos pedido creía que teníamos suficiente, y que el carpaccio sustituía a los mejillones, a lo que le hemos dicho que, vale, que no los trajera, porque era verdad que con la pasta y el carpaccio teníamos suficiente, y que queríamos probar los postres. Es una manera de valorar la profesionalidad de los camareros, que, a su modo, ha evitado que un plato, el de mejillones, no sea valorado en su justa medida, porque no habríamos podido con él.
Vamos con los postres, y si estamos en un italiano, no puede faltar el tiramisú, servido en un platillo hondo de postre, con un queso mascarpone suave y bien batido, poca galleta, aunque poco sabor a café. Y los cannolos, dulce típico de la región de Sicilia, ese tuvo de hojaldre frito y relleno de suave crema de queso ricota con un ligero sabor a limón o vainilla.

El tiramisú y el cannolo detrás

Como colofón, comentar que las más de las veces, cuando hemos repetido una segunda visita a un restaurante que nos había gustado mucho, esa segunda vez habíamos quedado algo decepcionados; el buen recuerdo de la primera visita se diluía con la realidad de lo que consideramos inferior calidad en la segunda visita. No ha sido así en el caso de Mercato Ballaró, porque las expectativas que llevábamos preparadas han quedado superadas.

Nos queda la señalización de los aseos, muy sencilla y a la vez elegante acorde con el sitio en el que estamos.



sábado, 18 de enero de 2020

MONSIEUR SUSHITA: Contraste de sabores


MONSIEUR SUSHITA, a 18 de Enero de 2020, en la calle Velázquez 68, pleno barrio de Salamanca.
Comenzamos un nuevo año y seguimos jugando con los cubiertos, y en este mes frío nos hemos decidido a probar un restaurante que se define como japo-marroquí. Promete ser una combinación interesante, porque ofrecen shusis, samosas (que se hornean y no se fríen), humus, dim sun, ensalada de wakame, sopa miso, pastela, tataki de atún, makis, poké hawaiano, tiraditos, ceviche; es una carta muy amplia.
La entrada al restaurante llama la atención por su decorado con lámparas de lágrimas y muchas luces, manteles muy blancos y muchas plantas; parece una decoración muy glamurosa; como para gente guapa. 
Interior de Monsieur Sushita
Nos ha llamado la atención el que a las dos de la tarde, hora de nuestra cita siempre a todos los restaurantes, en el día de hoy el local esté muchas de las mesas ya ocupadas, y las personas ya comiendo; señal de que hace tiempo que han llegado, lo que me induce a pensar en que es un local de moda en la zona.

Se puede decir que el restaurante tiene tres ambientes, dos en la planta baja y otro en la parte de arriba. A nosotros nos sitúan en un espacio muy cerca de la cocina, cocina con no menos de ocho cocineros y a la vista, todos ellos vestidos de negro con su correspondiente gorrito, también negro y en el que se adivinan cocineros de distintas nacionalidades. La decoración en esta parte es curiosa, ya que no tiene ningún cuadro y es la pared la que está pintada con ramas y hojas, diría que muy al estilo oriental.
Cuando nos traen la carta, pedimos vermut y cañita. No debe de haber platos fuera de carta, ésta ya de por sí extensa, ya que el camarero no nos comenta que lo haya. Así que nos toca escoger.
La carta está dividida en entrantes, a compartir, especialidades, makis, pizzas… Y nos decidimos por una de cada.
Empezamos por el maki roll de bogavante en tempura. Se trata de una base sólida muy blandita y suave, con un pedazo crujiente de bogavante en la cima, aderezado con mayonesa y cebollino; delicioso al paladar. Le acompañaba el pedacito de wasabi y el jengibre, para darle más sabor a la salsa de soja que nos han servido en un platito a parte, y que no hemos tocado.


Maki de bogavante
Hemos empezado en plan japo y vamos a seguir con unas samosas de pollo de corral al horno con salsa de aguacate y lima. Las samosas son una especie de empanadillas triangulares con base de hojaldre, típicas del sur de India, y que aquí están rellenas y bien rellenas de carne de pollo, suave y blanda. Le acompaña una salsa delicada de aguacate y lima; muy agradable la combinación.

Samosas de pollo con salsa de aguacate 

No podía faltar la pastela, que en este caso era una pastela de pato confitado con salsa de manzana, y no la típica pastela marroquí de pollo y almendras. La pastela de Monsieur Sushita está hecha de hojaldre crujiente por fuera y relleno con el pato desmigado y pasas dulces, que estaba realmente deliciosa. Es muy de destacar el contraste del sabor dulce de las pasas, con el del pato y el hojaldre salado, que junto con la compota de manzana con la que lo ha regado el camarero por encima, resulta muy llamativo y sabroso.

Pastela de pato confitado
Terminamos con un tataki de atún al carbón con chips de kale, o pequeñas rodajas de atún, del grosor de medio dedo, aderezado con lo que me ha parecido salsa de soja y sésamo. Le acompañaban chips de kale, que es una planta de hoja muy verde, de la misma familia que el repollo, y que es como una col rizada y muy verde, aunque el sabor me hace recordar a las algas. Me ha sorprendido muy gratamente este nuevo alimento del que desconocía su existencia.
El tataki de atún con el sabroso kale
Y para terminar, no puede faltar nunca el postre. Pedimos una tarta de queso, redonda con su base de galleta, regada con sirope de fresa y por encima, bola de helado de frambuesa, otra bola de helado de lima y rodajitas de fresas y como adorno, pétalos de rosas. Delicioso y contundente.

Tarta de queso con helados
Si hubiese que ponerle un pero a Monsieur Sushita, sería el tiempo que transcurre entre plato y plato, que en algunos momentos se ha demorado más de lo que recomienda el protocolo, incluso a la hora de pagar, lo que ha hecho que la nota de valoración haya sido un poco baja, aunque los platos hayan resultado realmente estupendos y sabrosos.

No podemos dejar de mencionar el famoso apartado de la señalización de los aseos: en este caso muy acorde con el sitio y su nombre, en definitiva muy adecuado. La pena es que el aseo de las señoras estaba en el piso de arriba, de difícil acceso para mujeres con algún problema de movilidad.

sábado, 14 de diciembre de 2019

PICOROCO: O la sopa con pan opaco


PICOROCO, a 14 de diciembre de 2019, en la calle Orellana n.º 19, zona de Tribunales,
Es casi invierno y empieza a hacer frío, por lo que apetece y mucho, un plato de cuchara. Y Picoroco se nutre de la cocina tradicional vasca, y en los productos de temporada, todo de la chef Itxaso Elosegui. Su cuna ha sido todo lo aprendido de la cocina casera, lo que siempre hemos llamado, la cocina tradicional vasca de la abuela. 
El nombre de Picoroco se debe a un crustáceo del mismo nombre muy famoso en Chile; es de la misma familia que el percebe y les une cierta semejanza en la forma, y como tal, también vive en colonias.
Colores muy cálidos en la decoración, mesas con mantel y servilletas de tela, cubiertos de diseño y copa para el vino, todo muy cuidado y con mucho detalle. Sin olvidar esas lámparas tan originales.
Interior de Picoroco

Y en verdad es un sitio tranquilo, en una calle tranquila del centro de Madrid; los camareros muy atentos, preguntando cada cierto tiempo si la comida era de nuestro agrado, y aunque entre plato y plato, tengo la sensación de que han tardado más de lo debido en servirnos, tengo la sensación de que es debido a que todo en la carta es casero y el toque final lo hacen en el momento. Y eso se lleva su tiempo.
Como siempre, nos preguntan que si queremos algo de beber, y nos decantamos por un Nestea fresquito, y por una tisana caliente, un te rooibos o te rojo sudafricano. Es la primera vez que pedimos algo caliente como aperitivo, y la verdad es que ha entrado muy bien en un día frío. Nos han puesto de aperitivo una cazuelita de crema de calabacín y acelga, aderezado con una pizca de crema de lentejas, que le daba una pincelada de color marrón entre tanto color verde.
El aperitivo de crema de calabacín y acelgas

La carta que se nos presenta es muy interesante, con sus apartados de picoteo, entrantes, cuchareo, pescados y carnes, sin contar postres y carta de vinos.
Y mientras van preparando los entrantes, pedimos unas patatas bravas de picoteo y puedo afirmar que hacía mucho tiempo que no tomaba una patatas con esta fritada tan especial, recién fritas, calientes, blanditas por dentro y crujientes por fuera, con su salsa brava pelín picante, adornado con un chorro de mayonesa y su toque de cebollino. Únicas y especiales.
Las irrepetibles patatas bravas

Continuamos con un sopa de pescado a la Donostiarra, sopa que nos han servido en plato de cerámica, sopa espesa en el que nadan pedazos de pescado y a la que no le hace falta ni fideos ni arroz. Tiene una sabor y un color que no terminamos de identificar, la camarera pregunta a la chef, y a parte del caldo con los mariscos, su cebolla y tomate, tiene pan opaco, que no sabemos lo que es, pero apostamos por el pan de centeno, más que nada por el color del caldo.
La sopa de pescado a la Donostiarra

Terminamos que unos callos con nido de patatas paja, unos callos calientes, cortados en trozos pequeños, acompañados de jamón y chistorra, y aderezado de tomate, pimiento seco y cebollino. No puede faltar ese toque intenso y algo picante de los callos en Madrid.
Los callos sobre nido de patatas paja

A compartir también un arroz meloso con pedacitos de oreja de cerdo y trompetas de la muerte, esa seta de color negro. Un plato curioso, porque destaca sobre todo el sabor intenso de la seta sobre la oreja ibérica, incluso sobre el arroz con el toque de cebollino. Una receta especial.
El arroz con oreja y trompetas de la muerte

De vez en cuando, los camareros se pasaban por las mesas ofreciendo rebanadas de pan de cereales muy tierno.
Después de la intensidad de los callos, nos quedaba poco hueco para el postre y el poco hueco que quedaba, hemos decidido llenarlo con un hojaldre de manzana casero recién hecho, servido templado, acompañado de una bola de helado de mango y una frambuesa. Una tarta sobresaliente.
El hojaldre de manzana

Y en cuanto a la señalización de los aseos, comentar que ya los hemos visto en otro sitio, en Zest, por lo que no los podemos considerar original, aunque el diseño sí es moderno.