domingo, 1 de marzo de 2026

EL REFUGIO DE LA VEGA: Para repetir con ese cocido montañés

EL REFUGIO DE LA VEGA, a 28 de febrero de 2026, en la calle de la Pozuela n.º 3, en Alpedrete, Madrid.

Puede que la palabra pozuela se refiera a una pequeña poza o charca que pudiera existir en el lugar en el que se sitúa esta calle en la localidad de Alpedrete; a un paso de ella se encuentra el Ayuntamiento y en la sede de la policía municipal de la localidad se encuentra en esta misma calle Pozuela. 

Alpedrete es pueblo situado en la Comunidad de Madrid, tiene empadronadas a unos 16.550 vecinos y está gobernando por el Partido Popular. Sus habitantes son conocidos como alpedreteños/as y su patrona es Santa Quiteria.

Dicho y hecho, en el día de hoy hemos decidido salir de la zona de confort que suponen los restaurantes del centro de la capital a los que podemos llegar en transporte público, para acercarnos hasta Alpedrete, situado al norte de Madrid, a unos 40 kilómetros, para visitar y conocer El Refugio de la Vega, restaurante que regentan Pedro y Beatriz, para deleitarnos con la comida cántabra en este rincón de la sierra madrileña.




Pensando en probar el cocido montañés o unas anchoas de Santoña, hemos reservado en la terraza, hoy que parece que la temperatura casi primaveral acompaña. Para nuestra sorpresa, toda la comida ha estado acompañada con la música de fondo de la Oreja de Van Gogh y su disco "Dile al Sol, que vio la luz allá por el año 1998, 

Terraza de El Refugio de la Vega

El cocido montañés, todo un clásico de la cocina cántabra, lleva entre sus ingredientes alubias, berza o repollo, según lo disponga el mercado, un chorizo ahumado de Cantabria, morcilla, panceta fresca, una punta de jamón, ajo, sal y agua.

La diferencia entre el cocido Montañés y el Lebaniego es que este último se elabora con garbanzo de Potes o Liébana en vez de alubias, y se sirve primero la sopa, luego los garbanzos con las verduras y para terminar las carnes, mientras que el cocido montañés se sirve todo a la vez y lleva alubias en lugar de garbanzos.

Existen en España otro tipo de cocidos, como el madrileño con sus tres vuelcos, el maragato en el que se sirve primero las carnes, luego las verduras y se finaliza con la sopa; el cocido gallego en el que abundan las carnes de cerdo y los grelos; el cocido Andaluz o de Puchero que se sirve con la pringá y en dos vuelcos; o la escudella catalana, que se elabora con butifarra y galets, que es una pasta, tipo macarrón, pero con forma de caracol grande.

Tras sentarnos en la mesa nos pedimos unas cervezas, mientras miramos la carta y ver si pedimos algún entrante antes de entrar de lleno con el cocido montañés, cerveza que viene acompañada de un aperitivo que consiste en una rebanada de pan untada con queso crema y por encima una estupenda anchoa y un medio tomate cherri. Mientras saboreamos la cerveza nos decantamos por comenzar con unas patatas revolconas, que aunque no sea un plato típico ni de Madrid ni de Cantabria, sino de Castilla y León, y en especial de Salamanca y de Ávila, en el Refugio de la Vega las preparan con una patata con todo su sabor, con un buen pimentón y unos trocitos de torrezno tierno que han resultado un plato digno de paladares exigentes.

Aperitivo con anchoa y tomate cherri


Patatas revolconas

Seguimos con el cocido montañés, y ya en el primer bocado notamos que además de las alubias, el chorizo, la patata y la berza, que es lo que más salta a la vista, este plato tiene otro toque especial que le dan las costillas adobadas que apreciamos más tarde y sobre todo, el sabor de la morcilla, que aunque no la veamos, porque está muy triturada, si notamos todo su sabor. Un plato caliente, sabroso y contundente, para un día soleado de casi primavera y otro de los sitios en los que no importa repetir visita.

Cocido montañés

El puchero que nos han traído ha dado para servirnos dos platos de cocido montañés para cada uno, pero no por eso vamos a dejar dejar de probar, como casi siempre, los postres caseros que nos ofrezca el lugar, y sin pensar mucho nos decidimos por una tarta de queso, que ha resultado tener una textura muy suave y delicada, lejos de las típicas tartas de queso al uso,  con un sabor muy suave y con sus frutos rojos por encima. Además probamos una idea del chef, como lo es una delicia de hojaldre con rodajas de manzana asada y nata, y en la que distinguimos una mermelada de albaricoque entre hojaldre y manzana que le ha dado al postre una mayor jugosidad. Podemos decir que es una especie de miguelito de La Roda, en el que se distingue ese hojaldre tan suave y vaporoso, con bastante sabor a mantequilla, pero relleno de manzana asada y nata en lugar de crema.

Delicia de hojaldre y tarta de queso

Con relación a la señalización de los aseos, ha resultado muy aristocrática y señorial, aunque el interior no lo fuese tanto.




lunes, 23 de febrero de 2026

CAN PUNYETES: Unos calçots muy mejorables

 CAN PUNYETES, a 21 de febrero de 2026, en la calle de San Agustín n.º 11 de Madrid.

De vez en cuando, cuando la imaginación y el tiempo nos lo permite, decidimos regresar a ciertos restaurantes que tan buen sabor nos dejaron, para seguir probando cosas interesantes y hoy es uno de esos días, y hemos decidido volver a CAN PUNYETES, restaurante catalán en el que estuvimos en septiembre del 2024, para comprobar como cocinan aquí los calçots, que justo en estas semanas están en su punto.



Lo primero que hacemos es pedir un poco de sangría, de vino, no de cava, que también la ofertan y acto seguido nos traen los baberos de plástico que nos ponemos raudos para no mancharnos.

Sangría de vino

Como la ración de calçots había que encargarla previamente, es lo primero que nos traen nada más sentarnos. Los calçots son esas cebollas tiernas y largas que se dan sobre todo en la zona de Valls, Tarragona, que más bien parecen un puerro delgado, que servido en una teja hemos ido saboreando poco a poco. No sé si es porque el local estaba lleno y mucha gente comiendo tan famoso plato, pero nos ha resultado un entrante soso y lo que es más grave, poco hechos y duros. La salsa romesco que lo acompaña sí estaba en su punto, esa salsa típica de la zona de Tarragona, entre cuyos ingredientes encontramos, tomates, ajos, pan, almendras y/o avellanas tostadas, pimiento rojo seco, aceite de oliva y sal.

Calçots y salsa romesco

Para ir abriendo boca mientras nos sirven los segundos platos, hemos pedido una butifarra blanca de perol, que es un tipo de longaniza blanca típico de Gerona y el Maresme elaborado con carne magra del cerdo, de la parte de la papada, tocino y cortezas de cerdo con una melosidad asombrosa y un sabor muy agradable. Esta butifarra viene junto con un pan tomaca que hace que cualquier plato se convierta en un espectáculo.

Butifarra de perol con pan tomaca

Superada la experiencia de la cata de unos calcots nada tiernos y con el buen sabor que deja la butifarra de perol, vamos con el segundo plato, y hemos probado un entrecot a la brasa tierno y jugosos que viene acompañado de una patata asada y un poco de salsa alioli, y un pan tomaca con una tortilla francesa. El pan payés con tomaca, con cualquier acompañamiento es un lujo gastronómico.

Entrecot con patata asada

Pan tomaca y tortilla francesa

Para terminar, en esta ocasión nos hemos decidido por unos postres sencillos, como lo son el flan y un requesón con miel, ambos deliciosos.



lunes, 19 de enero de 2026

ALBORZ: Delicioso arroz dulce y berenjena

ALBORZ, a 17 de enero de 2026, en la calle del Profesor Waksman n.º 11 de Madrid, en el distrito de Chamartín, en el barrio de Hispanoamérica, muy cerca del estadio de fútbol y otros eventos, Santiago Bernabeu.

Selman Abraham Waksman, fue un bioquímico y microbiólogo nacido en la Rusia de 1888, en lo que hoy podría ser Ucrania; se trasladó a Estados Unidos en el año 1910 y consigue la residencia estadounidense en el año 1916, país en el que fallece en 1973. Fue el descubridor de la estreptomicina, junto con su alumno Albert Schazt, segundo antibiótico imprescindible en medicina descubierto tras la penicilina Obtuvo el premio Nobel de medicina en el año 1952.

Alborz es un restaurante dedicado a la gastronomía iraní o persa; así podemos encontrar pan barbari, halim o guiso tradicional del país elaborado a base de trigo con carne y acompañado de pan barbari; el abgusht o cocido persa a base de cordero y legumbres, y también un kale pacheh elaborado con cabeza de cordero, lengua y sesos.



Nos encontramos con un local amplio, con una decoración en tonos marrones oscuros y dorados, sillas cómodas y con mesas sin manteles de tela, pero con un pequeño taco de madera para sujetar los cubiertos, lo que le da un toque de distinción.

Interior de Alborz

Como siempre, mientras nos sentamos nos preguntan que si queremos beber algo y preguntamos que si tienen alguna bebida típica del país, a lo que nos contestan que tienen una bebida elaborada a base de yogur, agua, sal y menta. Por supuesto lo pedimos y nos traen un vasito en el que catamos el dough, típico iraní. Resulta una bebida fresca con una unión de sabores salado y ácido muy agradable.

Dough iraní

Tras escuchar las recomendaciones del jefe de sala nos decidimos por probar lo que sigue siendo lo más típico e interesante de la gastronomía persa, como lo es la berenjena en todas sus condiciones. Por eso nos hemos decantado por probar el Mirza ghasemi, o lo que es lo mismo, una crema de berenjena asada, tipo humus, acompañada de salsa de tomate, ajo y sal; el plato viene adornado de una porción de salsa de yogur, aceite de oliva, cebolla y polvo de nueces Este plato viene acompañado de un pan típico del país recién horneado, que suponemos será el pan barbari, más grueso que el pan de pita, por ejemplo, con semillas de sésamo por encima. Así presentado, untamos la crema de berenjena en el pan blando y tierno y ha resultado un bocado de lo más delicioso. Si a ese bocado lo acompañamos de algún trago de dough tenemos un plato muy interesante y sabroso.

Mirza ghasemi


Pan barbari

Seguimos probando esa gastronomía típica persa y por recomendación del camarero pedimos el Kubideh, o brocheta de carne picada de ternera acompañada de tomates y de pimientos del padrón asados. Esta brocheta, que no viene ensartada en ningún pincho, se presenta acompañada de un arroz dulce, que consiste en un arroz tipo jazmín de grano largo, cocido y con un bonito color anaranjado que le ha dado el haber sido bañado o cocido con hebras de azafrán y tal vez el zumo de naranja; este arroz viene aderezado con zanahoria rallada, láminas de almendra cruda, pistacho en polvo y piel de naranja en juliana. Ha resultado uno de los platos más interesantes y deliciosos que hemos probado en los últimos tiempos, con ese arroz en el que predomina ese sabor dulce de la naranja.

Kubideh o brochetas con arroz dulce

Otra recomendación del camarero ha sido el Baghali Polo Mahiche, o lo que es lo mismo, jarrete de cordero, o parte de la pata del animal, asado al horno a baja temperatura durante unas 20 horas y acompañado de arroz verde, en este caso un arroz jazmín aderezado con habas y mucho eneldo, y de un pequeño bol con salsa emanada de la misma cocción del cordero, cuya carne es tan tierna que con mucha facilidad se puede desprender del hueso. Una carne tierna, sabrosa, con un arroz con fuerte sabor a eneldo.

Baghali Polo Mahiche

En un momento de la comida y coincidiendo que nuestra mesa está al lado de un expositor de vinos, en el que hay sobre todo vinos de la Ribera del Duero, le preguntamos al que parece jefe de sala si en Irán se elaboran vinos, a lo que nos contesta que no, que es un país musulmán y por lo tanto el alcohol está prohibido, pero que existe en Yecla, Murcia, un cultivo de vides traídas directamente de su país, Irán, suponemos que con características peculiares. La conversación deriva en el cultivo del azafrán, del que Irán es un gran productor y exportador y nos cuenta que además de la cantidad, el azafrán iraní destaca por su calidad, a lo que nosotros sacando la vena nacionalista que a veces llevamos dentro, manifestamos que parece que el azafrán de La Mancha es el de mejor calidad. Ahí lo dejamos.

Llegamos a los postres y en una bandeja nos dan a escoger entre varios tipos de postres caseros, entre los que se encuentra la baklava, postre típico oriental elaborado a base de masa hecha de nueces o pistachos y bañado con almíbar o miel; difícil elección, pero el pastel o rollet de chocolate, tan suave y cremoso, y el rollet vainilla, con rodajas de fresa por encima, también muy suave, ha resultado un final delicioso.

Rollet de vainilla y de chocolate

No podemos dejar de pasar la oportunidad de probar el té persa, muy suave y al que no le ha hecho falta añadirle azúcar.

Té persa

Para terminar, esa señalización de los aseos también ha resultado muy original, insinuando eso mundo oriental y tan desconocido para casi todos, aunque es verdad que el dibujo de las figuras estaba poco marcado y no se distinguía muy bien.




jueves, 1 de enero de 2026

LA PARRILLA GAUCHA: Orcasitas también existe

 LA PARRILLA GAUCHA, a 23 de diciembre de 2025, en la calle Gainza n.º 315, en el distrito de Usera, barrio de Orcasitas.

La Parrilla Gaucha se encuentra en el barrio de Orcasitas, concretamente en el Poblado Dirigido de Orcasitas, en donde casi todos los nombres de las calles se refieren a pueblos guipuzcoanos o navarros, como Guetaria, Lezo o Leiza.

En concreto Gainza es una población situada al oeste de la provincia de Guipúzcoa, tiene unos 122 habitantes, está situada a 444 metros de altitud y sus lugareños son conocidos como gainzarros/as. Se encuentra dentro de la comarca del Goyerri y de la vertiente guipuzcoana de la sierra de Aralar.


Nos encontramos con un local situado entre urbanizaciones y que da a una plaza en la que en verano ofrece la posibilidad de sacar muchas mesas al fresco para tomar el vermut. Como vamos sin reserva, nos ofrecen una mesa en la terraza, que está cerrada y con las consiguientes estufas para dar calor en este día de diciembre tan frío, aunque justo la que está más cerca de nosotros está por no querer funcionar muy bien y dar la lata, por lo que de vez en cuando nos desatempera el frío pelón.

Terraza de La Parrilla Gaucha

Pedimos para abrir boca un vermut rojo, que viene con demasiado hielo para estar en invierno y lo acompaña una ensalada de tomate, huevo, pimientos y trocitos de jamón york, aliñado con aceite de oliva y orégano.

Vemos la carta y nos decantamos por comer en el día de hoy a base de tapas, por ello comenzamos con unos huevos rotos, con esas patatas cortadas en láminas y fritas, acompañadas de tres huevos y por encima jamón serrano. Esas patatas, prefritas y terminadas de freír antes de servirlas parecían algo correosas.

Huevos rotos con jamón

Y de antojo pedimos una morcilla de cebolla a la parrilla, tal vez típica de la gastronomía gaucha, con buen sabor y nada fuerte, y una empanada criolla, rellena de jugosa carne y con una masa que envuelve esa carne, muy ligera.

Empanada criolla

Morcilla de cebolla a la parrilla

Después de esperar algo más de tiempo del esperado en que nos sirvan los siguientes platos, esos platos fuertes que nos apetece catar en un día frío como el de hoy, para calentar el cuerpo, son unos callos a la madrileña, servidos calentitos, con un toque algo picante, como corresponde al plato madrileño, con su morcilla, que no era la misma que la que nos han servido a la parrilla y a los que les faltaba la pata de ternera, esa pata que tiene esa carne tan melosa y blandita, cuando está bien guisada. Aceptables.

Callos a la madrileña

Le pedimos al camarero una jarra de agua y nos dice que no tienen jarras, con lo que nos toca pedir agua mineral embotellada. Un detalle algo feo.

Terminamos nuestra experiencia de hoy con unas albóndigas de ternera, acompañadas con un volcán de arroz blanco y guisantes, ricas y bien guisadas, pero servidas algo frías.

Albóndigas de ternera con arroz

Nos ha costado trabajo pedir un postre porque ya habíamos probado demasiados platos, pero siempre intentamos probar los postres que nos ofrezcan, esos postres caseros que los cocineros se molestan en preparar y que casi todos los restaurantes trabajan o ofrecen. Pedimos un flan casero, pero ya no quedan, por lo que nos decantamos por probar una tarta de limón, la cual el camarero nos dice que es casera. Según nos la presenta no parece que sea casera, demasiada perfecta en su corte y presentación, con una masa supongo que de galleta de base, crema de limón en la parte del medio y un merengue quemado en la superficie que ha resultado demasiado empalagosa, y adornada con unos trazos de sirope de caramelo. No ha sido el postre más rico y elaborado que hayamos probado. Decepcionante.

Tarta de limón

Terminamos la comida con un café cortado y un chupito de manzana sin alcohol y considerando que nos habría gustado que en el barrio de Orcasitas, obrero y humilde, pueda existir una gastronomía de más calidad que atraiga a los grandes comilones, clientes que buscan más calidad que cantidad, y se ponga de moda, como lo es el barrio de Usera y todos los restaurantes asiáticos que pueblan sus calles, algunos muy buenos.

Con relación a la señalización de los aseos, aunque no resulte muy original, si lo considero alegante.